DURANTE UN AÑO MÁS

DURANTE UN AÑO MÁS

Salió a dar un paseo por la playa, caminando con sus pies descalzos sobre la fina arena. El océano estaba especialmente sosegado aquel día, como si quisiera mandarle un mensaje de tranquilidad, sin utilizar ninguna botella de envoltorio. Esas cosas solo ocurrían en las películas y en los cuentos. Sonrió ante aquel pensamiento, la sonrisa iluminó su rostro durante unos breves instantes y sacudió la cabeza ligeramente ante la ocurrencia. Continuó caminando por la arena, ya sin el menor asomo de sonrisa.

Acababa de comenzar el mes de enero y la playa estaba desierta. En la distancia podía divisar una sola persona que, acompañada de un animal, paseaba con tranquilidad, al igual que él. Varios kilómetros de arena impoluta, serena, virgen, solo profanada por las huellas de dos personas desconocidas separadas por un enorme abismo en su mente. En el mar, alcanzaba a divisar la silueta de un único buque en el horizonte, difuminado por las brumas que escondía la lejanía aquella mañana. Durante un breve lapso de tiempo, tuvo la sensación de que el mundo se hubiese detenido, al igual que él, al igual que su vida.

Todos los años le ocurría lo mismo en el mes de enero. Aquella fecha simbólica que ponía fin a un año y marcaba el comienzo de uno nuevo ponía en funcionamiento su mente, que parecía replantearse cada año si el camino elegido había sido el correcto. Con gesto serio, se sentó sobre la arena, cerca de la orilla, demasiado cerca quizás para encontrarse en pleno invierno. Las ligeras olas que llegaban hasta él con sosiego le acariciaban los pies descalzos, provocando escalofríos que le recorrían todo el cuerpo. Pero no le importaba, su mente estaba a muchos kilómetros de distancia de allí.

Con la mirada perdida en el lejano horizonte, recordó su antigua vida en Madrid. Recordó con una ligera melancolía todo lo que había dejado atrás. Aquella mañana parecía añorar las prisas de la gran ciudad, el anonimato que le protegía frente al resto del mundo, el trabajo acelerado y sin descanso, el sexo disfrazado de amor sin complicaciones, sin responsabilidades. El relajante sonido del mar se transformó durante unos minutos en el ruidoso tráfico de la capital. El olor a salitre y humedad desapareció para dejar paso al olor a ciudad. Se preguntó si no se habría equivocado dejándolo todo para partir hacia la costa, a su actual vida tranquila y sin sobresaltos.

El sonido de unas pisadas sobre la arena le sacó de su ensimismamiento bañado en añoranza. La persona que paseaba con su perro en la distancia ahora estaba a su altura. El olor marino le sacudió como una bofetada y su cerebro recordó. Recordó, de golpe, todos los motivos que le habían llevado a refugiarse allí. Recordó sus coqueteos con las drogas y con las enfermedades de transmisión sexual. Recordó las noches de amnesia y desenfreno bañadas en alcohol. Recordó la soledad de su apartamento, solo ocupado un par de veces a la semana por una mujer diferente y desconocida en su cama, que partía con los primeros rayos de sol sin compartir con él ni un triste desayuno. Recordó el amago de infarto debido a la sobrecarga de trabajo. Recordó.

Y entonces supo con claridad que había hecho lo correcto, que su vida seguía en orden. Al menos durante un año más.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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Durante un año más by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

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