“Sobre el acantilado” – El Poder de las Letras

“Sobre el acantilado” – El Poder de las Letras

SOBRE EL ACANTILADO

 

Os dejo con mi colaboración con la fantástica página de escritores, El Poder de las Letras, del pasado jueves. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

SOBRE EL ACANTILADO

Sobre el acantilado, el aire que nutre la respiración se vuelve más puro, el cielo parece estar tan bajo que casi aparenta poderse alcanzar con las yemas de los dedos, los rayos del sol inciden sobre tu rostro de tal forma que parecen llegados de tan solo a unos metros de distancia. El acantilado te hace libre, te purifica, te invade de un sosiego que difícilmente se podría lograr en cualquier otro lugar.

Quizá lo más imponente del acantilado sea contemplar la inmensidad del mar desde la altura. Cuando estás allí arriba, todo lo que la vista es capaz de contemplar, si miras hacia el frente, es mar. Una grandiosa amalgama de aguas que se agita victoriosa, tiñendo el horizonte de diversas tonalidades de índigo, se presenta ante ti como lo que verdaderamente es, desnuda y sin atavíos, una auténtica maravilla de la naturaleza. Si agudizas el oído, puedes escuchar la majestuosidad de las olas al estrellarse contra las rocas situadas en los bajos de la ladera, en un perfecto símil de los rugidos de un bárbaro león. De vez en cuando, el graznido de una gaviota, que planea casi a la altura de tu cabeza, interrumpe el estremecedor silencio que reina en el lugar. Solo el ulular del viento, casi siempre presente, llena el vacío auditivo causado por la lejanía de la civilización.

El acantilado es un escenario sublime para disfrutar de la propia soledad. Es el lugar ideal para huir cuando las obligaciones cotidianas te sobrepasan o cuando la melancolía se apodera de tu ser. Suelo hacerlo casi todas las semanas, habitualmente los viernes al anochecer, en busca de la serenidad que me es privada durante el resto de los días. Siempre regreso a la jungla urbanita dispuesto a sobrevivir al menos durante una semana más.

En ocasiones el acantilado te embruja. Hoy, por ejemplo, sentado sobre el borde como me gusta hacer, envuelto en una quietud que desearía durase por siempre, siento su llamada. El mar, al fondo del abismo, entona un cántico similar al de las sirenas, que penetra en mis oídos como si de un llamamiento celestial se tratase. Me izo sobre mis piernas y, con la mirada dirigida hacia el horizonte, donde un apacible sol se dispone a morir sobre las aguas, extiendo mis brazos en horizontal. Siento la fuerza del viento golpear en mis mejillas, purgando de mi semblante los últimos retazos de desazón que hubieran podido perdurar. Escucho el dulce murmullo del agua al pronunciar mi nombre desde las profundidades.

Sin reflexionar ni un segundo más de lo necesario, un ligero vaivén de mi cadera me proporciona el impulso adecuado para proyectarme hacia el vacío con suavidad y precisión. Y, con los brazos aún extendidos, gozo de la sensación de liberación que otorga la caída libre, mientras una sonrisa plena de satisfacción comienza a formarse en mi rostro a la par que mi cuerpo se precipita hacia el mismo piélago infinito que supondrá el óbito del sol. Y el mío propio.

El acantilado te hace libre, te purifica.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

188. LUGAR

Mordisco erótico: Somnofilia 2

Mordisco erótico: Somnofilia 2

Otro delicioso mordisco de nuestro querido Gocho. Sublime.

Gocho Versolari, Obra Poética

Somnofilia 2

Gocho Versolari, Poeta

Entregada. Dormida,
soy una exhalación, una visión,
un calor sin forma,
un humo ardiente.
Tu cabeza hacia atrás.
Tu desnudez.
Me cuelo en tu respiración.
Me sirvo tus pezones.
El rocío cálido del sexo
empapará las llamas de tu sueño.
Un crujir.
Un roce.
Se estremecen las vulvas de la noche.
Entre mis manos
se abren tus ojos. Sin moverte
agitas el fuego de la luna
y estalla el sol.

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GOCHO VERSOLARI

Imágenes: Skomoroch – Deviantart

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El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grande poetas XXIX – Pilar Astray Chacón”

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grande poetas XXIX – Pilar Astray Chacón”

MI QUERIDO OCTAVIO

¡Feliz domingo! Encantada de pasar por aquí un domingo más a traeros otro vídeo-poema que he realizado con todo mi cariño, ya sabéis.

Para esta semana os traigo un bello poema de nuestra querida compañera Pilar Astray Chacón nos regaló como homenaje al gran Octavio Paz. Os dejo con él. Espero que os guste.

¡Hasta el próximo domingo! ¡Feliz verano!

187. CALM

Los 52 Golpes – Golpe #25 – “¿Dónde lo has escondido?”

Los 52 Golpes – Golpe #25 – “¿Dónde lo has escondido?”

DÓNDE LO HAS ESCONDIDO

¿DÓNDE LO HAS ESCONDIDO?

—¿Dónde lo has escondido? —preguntaba Ruth, con una coquetería que escondía dosis de impaciencia y mimo a partes iguales. Creía haber mirado ya en todos los rincones posibles y no podía esperar más.

Sergio la miraba con una sonrisa pícara que implicaba para ella que jamás contestaría a esa pregunta. Todos los años, en el día de su aniversario, él escondía su regalo en un lugar de la casa y Ruth tenía que encontrarlo. Aquel año, Sergio veía cómo su chica buscaba y rebuscaba en todos los lugares posibles, sin éxito, desesperándose a medida que pasaba el tiempo. Llevaba buena parte de la mañana de aquel sábado buscando y aún no había encontrado nada. A Sergio le burbujeaba el estómago cada vez más y siguió con el juego mucho más allá de lo que hubiese imaginado. Necesitaba tiempo para idear cómo salir indemne de aquella.

La mañana terminó sin que Ruth hubiese sido capaz de encontrar su regalo. Durante la comida, que Sergio se había encargado de preparar con esmero, un tenso silencio se instaló entre ellos. Cada uno sumido en sus pensamientos, comían en silencio mientras rumiaban sus propias ideas.

Una sombra de duda pasó por delante de Ruth, pero la desechó al instante. Había revisado todos los lugares de la casa en los que podría Sergio haber escondido su regalo y, aun así, no lo había encontrado. ¿Sería posible que se hubiese olvidado? No, imposible. Tras veinte años juntos, jamás había fallado en ese pequeño detalle. Ella no lo necesitaba, pero él no lo sabía, y la costumbre de la búsqueda del regalo se había convertido en una bonita manera de celebrar aquel día con ilusión. Durante toda la comida estuvo pensando en qué lugar se le podría haber olvidado mirar, pero no consiguió adivinarlo, así que decidió abandonar la búsqueda hasta la tarde. Más relajada, terminó la comida.

Mientras, Sergio trataba con todas sus fuerzas de que la preocupación que llevaba invadiéndole todo el día no se hiciera evidente. Jamás se había olvidado de su aniversario. ¿Cómo se le podría haber pasado en aquella ocasión, justo el día en que celebraban su vigésimo aniversario? Si Ruth se daba cuenta, estaría perdido, pensaba él. De pronto, se le ocurrió una idea. Más relajado, terminó la comida.

El término de la comida dio paso, como siempre, a una acaramelada sesión de besos y abrazos que culminó en sexo tranquilo y acalorado. Así había sido cada tarde, en los fines de semana, desde hacía veinte años. Después, Ruth se dejó llevar por el sopor de la siesta. Sergio la observaba con ternura, mientras le acariciaba con cariño el pelo, esperando el momento en que ella estuviese por completo dormida.

Una hora. Hora y media a lo sumo. Ese era el tiempo que tenía antes de que Ruth despertara para encontrar un regalo lo suficientemente pequeño para que entrase en el diminuto rincón que se había dejado sin mirar. Y caro, tendría que ser caro, pensaba Sergio mientras cerraba la puerta de la casa con sigilo para no despertarla.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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Aquí tenéis mi vigésimo quinta participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana. Ya podéis leer mis golpes 26, 27 y 28. ¡Y ya está listo el 29!

186. PERMITIR

El relato del viernes: “La muñeca”

El relato del viernes: “La muñeca”

LA MUÑECA

LA MUÑECA

Encontró la muñeca en una tienda de antigüedades del centro histórico de la ciudad. Se trataba de una de esas tiendas que vierten un regusto amargo en cuanto atraviesas la puerta, meciéndote en un vaivén de épocas pasadas e historias vividas. Aunque el reclamo principal del anticuario eran los muebles, desde sillones victorianos hasta cabeceros de forja de los años cuarenta, en su interior podías hallar un sinfín de elementos decorativos, apilados en estanterías y cuyo mayor valor era la gruesa capa de polvo que les cubría. Una tenue luz iluminaba el local, lo que le confería una atmósfera que se podía considerar tanto tétrica como mágica. Tras el viejo mostrador de madera, un anciano que debía de tener más edad que cualquiera de las antiguallas allí recogidas hacía las veces de tendero. Hubiera apostado casi con total seguridad a que estaba podrido de dinero con aquel negocio, sin duda familiar, que habría heredado de su tatarabuelo. Y sin embargo, allí estaba, malgastando su tiempo en aquel antro ante la falta de una oportunidad mejor que se le presentase o familia que le esperase en casa.

Ella caminaba por las céntricas y concurridas callejuelas en un estado de abatimiento crítico. Podría decirse que estaba atravesando una mala racha o al menos esperaba que así fuera, solo una mala racha, una época de su vida que algún día recordaría sin pena ni dolor. En el aspecto económico no le iba demasiado mal, así como en el sentimental, pero en el laboral la cosa cambiaba de tercio. Lo cierto era que su superior inmediata se estaba encargando en persona de dificultarle la vida al máximo, lo que provocaba que sus niveles de ansiedad y decaimiento estuviesen alcanzando ya cotas alarmantes para su salud.

Caminaba por la estrecha calle en la que se encontraba la tienda de antigüedades, sin un rumbo fijo y sin elevar el rostro, en un intento por esconder las lágrimas que desde hacía rato se vertían sobre su tez. Nada más sobrepasar el escaparate de la tienda, algo la hizo detenerse. Lo hizo, extrañada, y giró su cabeza en busca de aquello que había provocado esa sensación tan inquietante. Se fijó en la tienda, con su pequeña puerta de madera casi desvencijada a un nivel inferior al de la propia acera, con dos pequeños escalones desportillados por los que acceder. No comprendía bien qué estaba sucediendo, pero el impulso de adentrarse en aquel mundo paralelo era irrefrenable. Sin cavilar demasiado, se dirigió al interior.

La rancia bofetada que le sacudió al entrar hizo que desaparecieran las lágrimas de inmediato. Un menudo anciano de edad imprecisa la saludó desde una mecedora de latón. Correspondió al saludo y se dejó guiar por su instinto.

Este la condujo hacia uno de los sucios estantes repleto de todo tipo de cachivaches, al fondo del establecimiento. Aún no se encontraba ni a dos metros de distancia cuando la vio. Sobre el segundo estante, apilada sobre otras, estaba la muñeca. Era ella. Hubiese reconocido esa cara entre un millón que le hubieran presentado. El mismo tono de piel, la misma melena lacia, los mismos ojos rasgados… Tenía que hacerse con ella costase lo que costase. Por fortuna, el anciano no se aprovechó de su necesidad cuando la vio acercarse con un brillo extraño en los ojos, mientras sujetaba por el cuello a aquella vieja muñeca de trapo. No podía decir que fuese una ganga, pero el precio no le pareció desorbitado. Hubiese pagado mucho más con tal de llevarla consigo. De hecho, aquella muñeca, para ella, no tenía precio.

Salió del establecimiento con una mirada diabólica y una exultante sonrisa en los labios, como hacía demasiado tiempo que no mostraba. En su imaginación ya se estaba viendo disfrutar de los efectos cuando acudiese con ella el día siguiente a la oficina.

Dentro de la tienda, el anciano sin nombre ni edad sonrió satisfecho y se dispuso a colgar el cartel de «cerrado» que colgaba de la puerta de aquel local en ruinas desde hacía más de veinte años.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

185. CALM

Mi jueves de poesía: “No vale la pena”

Mi jueves de poesía: “No vale la pena”

NO VALE LA PENA

 

NO VALE LA PENA

 

Ahora es cuando me pregunto

si todo vale la pena,

si lo nuestro no habrá sido

nada más que aquella feria

en la que nos perdimos juntos

entre los cientos de luces

creyendo que eran de amor.

Se nos apagó el fuego

artificial en nuestro cielo

y ya la música suena

en un tono mono acorde

que llega hasta mis oídos

como consigna aceptable

de que la fiesta murió.

Olvidados han quedado

todos aquellos besos

que nos dimos sin reparos

y que, cuando pasó el tiempo,

guardamos en un cajón

junto con los encajes suaves

de mi enigmática ropa interior.

Hoy me pierdo en tu mirada

y no me reflejo en ella,

tan solo unos ojos vacuos

que miran sin verme a mí.

Y ahora es cuando me pregunto

si todo vale la pena,

si mantener esta farsa

nos hará un poco más felices

de lo que pudiéramos ser.

Nada. Ya nada vale la pena.

 

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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No vale la pena by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

184. NERUDA

Reseña: “Mi isla”

Reseña: “Mi isla”

RESEÑAS LITERARIAS

Podéis creerme si os digo que hace más de dos años que compré esta novela. Me encanta Elísabet Benavent y la adquirí con todas las ganas de comenzar a leerla. Pero algo se debió cruzar en el camino… Más vale tarde que nunca, dicen las malas lenguas. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Mi isla

Autora: Elísabet Benavent

Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial S.A.

Año de publicación: 2016

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 528

ISBN: 978-84-9129-014-8

SINOPSIS

Maggie vive en una isla y regenta una casa de huéspedes…

Maggie tiene un huerto y casi siempre va descalza…

Maggie no quiere recordar por qué está allí; duele demasiado…

Maggie ha renunciado al amor…

Hasta que conoce a Alejandro…

y la calma da paso a una tormenta de sensaciones…

y a la posibilidad de que tal vez sí se puede empezar de nuevo.

SOBRE LA AUTORA

Elísabet Benavent (Valencia, 1984) es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Cardenal Herrera CEU de Valencia y máster en Comunicación y Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en el Departamento de Comunicación de una multinacional. Su pasión es la escritura. La publicación de sus novelas En los zapatos de Valeria, Valeria en el espejo, Valeria en blanco y negro, Valeria al desnudo, Persiguiendo a Silvia, Encontrando a Silvia, Alguien que no soy, Alguien como tú, Alguien como yo, El diario de Lola, Martina con vistas al mar y Martina en tierra firme se ha convertido en un éxito total de críticas y ventas con más de 500.000 ejemplares vendidos. Los derechos audiovisuales de la saga Valeria se han vendido para televisión. En la actualidad colabora con la revista Cuore, se ocupa de la familia Coqueta y está inmersa en la escritura.

51. RESEÑA MI ISLA

En “Mi isla”, Elísabet nos narra la historia de Maggie (Magdalena), una joven personal shopper con vicios recurrentes de alcohol y drogas mientras está inmersa en la vida pudiente de su entorno laboral. Como vía de escape, busca refugio en una pequeña isla, donde se instala en la casa de sus abuelos, convertida por ella en una hospedería. Es allí donde conoce a Alejandro que, huyendo del estrés que le genera su trabajo como modelo de pasarela, recaba en aquella isla sin saber que está a punto de encontrar al amor de su vida.

Comienza aquí la historia de Maggie y Alejandro, nutrida de amor, sexo, errores, rutinas y recaídas. Comenzarán una vida en común fuera de la isla, pero las circunstancias les llevan a la separación. Saber cuáles son esas circunstancias os corresponde a vosotros.

Aunque me declaro una lectora habitual de la literatura romántica de Elísabet Benavent, he de confesar que “Mi isla”, en general, me ha parecido un poco floja. El comienzo de la historia es demasiado lento para mi gusto, aunque es cierto que gana a medida que vas avanzando en la lectura, hasta llegar a un punto en el que me enganchó. Otra cosa que no termina de gustarme es el trasfondo que encierra en última instancia, que podría llegar a considerar incluso frívolo.

La prosa es la habitual en Elísabet, llana, coloquial y muy fluida, de lo que resulta una novela bastante ligera que, unido al hecho de que engancha, hace que sea de lectura fácil y rápida.

Algo que me ha llamado la atención ha sido detectar; en una lectura no correctora, varios errores de puntuación en el texto. Lo cierto es que es algo que me ha sorprendido bastante. Por lo demás, gramaticalmente correcta.

Creo que es la primera vez que me pasa algo así con una novela de Elísabet, que el principio me resulte lento, luego me enganche a ella, y en conjunto me haya gustado… pero no, no sé bien cómo explicarlo. En cualquier caso, lo que sí ha hecho ha sido animarme a leer más de la autora, por lo que las dos últimas novelas que ha publicado durante este año ya están en mi poder.

Recomendado: 65%

183. CALM