Reseña: “Los hombres me explican cosas”

Reseña: “Los hombres me explican cosas”

 

RESEÑAS LITERARIAS

Para esta semana os traigo otra lectura de las tratadas en el club de lectura feminista La ronda púrpura. Se trata de “Los hombres me explican cosas”, de Rebecca Solnit. Desde luego, una lectura más que interesante. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Los hombres me explican cosas

Autora: Rebecca Solnit

Editorial: Capitán Swing Libros SL

Año de publicación: 2016

Presentación: Digital

Número de páginas: 171

ISBN: 978-84-94548147  

SINOPSIS

En este conjunto de ensayos mordaces y oportunos sobre la persistente desigualdad entre mujeres y hombres y la violencia basada en el género, Solnit cita su experiencia personal y otros ejemplos reales de cómo los hombres muestran una autoridad que no se han ganado, mientras que las mujeres han sido educadas para aceptar esa realidad sin cuestionarla. La autora narra la experiencia que vivió durante una cena en la que un desconocido se puso a hablarle acerca de un libro increíble que había leído, ignorando el hecho de que ella misma lo había escrito, a pesar de que se lo hicieron saber al principio de la conversación. Al final resultó que ni siquiera había leído el libro, sino una reseña del New York Times.

El término mansplaining conjuga man (“hombre”) y explaining (“explica”), en alusión a este fenómeno: cuando un hombre explica algo a una mujer, lo hace de manera condescendiente, porque, con independencia de cuánto sepa sobre el tema, siempre asume que sabe más que ella. El concepto tiene su mayor expresión en aquellas situaciones en las que el hombre sabe poco y la mujer, por el contrario, es la “experta” en el tema, algo que, para la soberbia del primero, es irrelevante: él tiene algo que explicar y eso es lo único que importa.

SOBRE LA AUTORA

Editora colaboradora de la revista Harper, donde escribe regularmente la sección «Easy Chair», Rebecca Solnit ha escrito sobre una amplia variedad de temas, incluyendo el medio ambiente, la política y el arte. Desde la década de 1980 ha trabajado en numerosas campañas de derechos humanos —como el Proyecto de Defensa de Western Shoshone a principios de los 90, que describe en su libro Savage Dreams— y con activistas contra la guerra durante la era Bush.

 Entre sus libros más conocidos destaca Un paraíso construido en el infierno (2009), en el que da cuenta de las extraordinarias comunidades que surgen tras ciertos desastres como el del huracán Katrina, un hecho que ya había analizado en su ensayo «Los usos de desastres: notas sobre el mal tiempo y el buen gobierno», publicado por Harper el mismo día que el huracán golpeaba la costa del Golfo. En una conversación con el cineasta Astra Taylor para la revista Bomb, Solnit resumía así el tema de su libro: «Lo que ocurre en los desastres demuestra el triunfo de la sociedad civil y el fracaso de la autoridad institucional». Solnit ha recibido dos becas NEA de Literatura, una beca Guggenheim, una beca Lannan y en 2004 la Wired Rave Award por escribir sobre los efectos de la tecnología en las artes y las humanidades. En 2010 Reader Magazine la nombró como «una de las 25 visionarias que están cambiando el mundo».

 54. RESEÑA LOS HOMBRES ME EXPLICAN COSAS

Bajo el título genérico de “Los hombres me explican cosas”, la autora nos ofrece una serie de ensayos realizados que abordan desde diferentes puntos de vista las cuestiones de diferencias de género. El título en sí es el de uno de dichos ensayos, en los que Rebecca Solnit nos explica con un claro ejemplo real cómo algunos hombres, por el hecho de serlo, se creen con mayores conocimientos sobre un tema, que probablemente incluso desconozcan, que los que podría tener una mujer. De esto precisamente trata el famoso mansplainning. De hecho, en el ejemplo que nos ofrece Rebeca, en una cena de trabajo un individuo le hablaba sobre el libro que ella misma había escrito, dando por supuesto que habría sido escrito por un hombre e infravalorando la capacidad de la autora, al tiempo que se mostraba en evidencia puesto que ni siquiera lo había leído. Esto, que puede parecer un caso particular y aislado, por desgracia es algo usual y frecuente en nuestra sociedad.

Pero no solo sobre mansplainning nos habla la autora. En esta colección de ensayos, a cada cual más interesante que el anterior, pone de manifiesto el alto nivel de machismo y predominio del patriarcado que aún impera en nuestra sociedad. Tomando como ejemplo la sociedad norteamericana, Rebecca habla de una manera franca y abierta acerca de la violencia machista, violaciones y asesinatos que se repiten con continuidad en cualquier lugar del mundo y de cómo hay hombres que todavía se consideran con el derecho de hacerlo, más aún si la violencia se desarrolla en el interior del matrimonio.

Nos habla con dureza del capitalismo y su forma de explotación de las economías menos desarrolladas en beneficio propio, dando un paseo por el escándalo sexual protagonizado por el presidente del FMI, Strauss-Kahn, sin que ello le impidiese continuar en el desarrollo de sus funciones. Se habla de la falta de credibilidad de las víctimas femeninas, que en la amplia mayoría de situaciones no solo deben demostrar la veracidad de sus acusaciones, sino que también deben demostrar su inocencia. Por no hablar de que la primera reacción de la sociedad es tacharlas de histéricas, confusas o mentirosas.

Habla también de la invisibilización histórica de la mujer, que incluso en nuestros días continúa sin grandes avances, y de cómo muchas mujeres debían utilizar nombres masculinos para conseguir que se reconociese su trabajo o, simplemente, se le atribuía a un hombre.

Nos explica cómo el movimiento feminista se ha ido extendiendo a niveles mundiales y cómo poco a poco las mujeres hemos ido perdiendo el miedo a hablar, a contar nuestros testimonios, a crear una extensa red de sororidad. Y de los frecuentes ataques personales contra las mujeres que así lo han hecho.

Un conjunto de ensayos muy interesantes que ofrecen cifras irrebatibles de la situación actual. Si sigues de cerca el movimiento feminista, es una lectura que te aportará mucho. Y si no lo haces, quizá deberías leerlo para abrir un poquito más los ojos a la realidad.

Recomendado: 90%

211. CAMBIO

Revista Intropia Nº19 – Julio 2018

Revista Intropia Nº19 – Julio 2018

 

INTROPIA 19 - JULIO 2018

Como en meses anteriores, os traigo el nuevo número de la revista Intropia, nº 19, correspondiente al mes de julio. Como siempre, tras la mano de la genial Isabel di Vinci, sale a la luz un nuevo ejemplar de la revista con unos muy interesantes contenidos y un diseño espectacular. Podéis acceder al contenido de la revista en este enlace.

Y para no perder la costumbre, os traigo hasta aquí mi colaboración, que espero que os guste.

COMIÉNDONOS JULIO A BOCADOS

COMIÉNDONOS JULIO A BOCADOS

Corría el mes de julio en el calendario y la sangre rauda por nuestra juventud en vena. Nos comíamos el mundo a bocados, con el placer de sentir las vacaciones recorriendo nuestros cuerpos hasta dentro de más de dos meses. Carentes de grandes obligaciones, nuestra única rutina era disfrutar de la vida como si fuese el último día de que disponíamos. Nos bebíamos las calles cada noche, a sabiendas de que una nueva mañana llegaría para darnos otra oportunidad para ser felices.

Aún recuerdo el primer momento en que te vi, en la distancia. Ni siquiera la escasa iluminación del garito de turno consiguió eclipsar la luz que emanaba de tu sonrisa, abierta y clara como la noche de luna llena de que disfrutábamos afuera. Casi sin querer me dirigí hacia el lugar donde te encontrabas, acodada sobre la barra con tu grupo de amigas. Ni siquiera pude evitarlo. A cada paso que daba que me acercaba a ti, iba cayendo prendido de la luminosidad que irradiaban tus lindos ojos verdes, de tu pelo cobrizo cayendo como por descuido sobre tus hombros descubiertos en aquella cálida noche de verano.

Apenas a unos pasos de ti, no conseguí acobardarte con mi mirada intimidatoria de lobo insaciable. Yo te comía con la mirada y tú no parabas de sonreírme, de volverme loco con esa frescura que eclipsaba a todas las demás muchachas que había en el local. Me olvidé por completo de mis amigos, que quedaron perdidos entre la gente que abarrotaba aquel sórdido bar y, sin mediar palabra, te tomé de la cintura. No sé si tú llegaste a intuirlo, pero yo acababa de marcar mi territorio, acababa de decir al resto de hombres del local que estabas conmigo. Solo sé que no te importó, como tampoco lo hizo que te guiara suavemente hacia la salida.

Antes de que finalizara la noche nos comíamos a besos en el primer portal que encontramos que nos alejase de miradas indiscretas. Aunque en aquellos momentos yo pensase lo contrario, con mi masculinidad y gallardía elevadas a la enésima potencia, hoy en día reconozco que fue al revés, que fuiste tú la que dejaste marcado tu territorio aquella noche. Antes de que las primeras luces del alba hicieran su aparición por detrás de los tejados cubiertos de antenas y gatos en camuflaje, yo había caído enamorado de ti de una manera irreversible. Por el contrario, tú no lo habías hecho de mí. Prueba de ello fue la insistencia y constancia que tuve que invertir en los meses siguientes para que me hicieras un hueco en tu vida, más allá de las salidas nocturnas y los centenares de besos furtivos que conseguía robarte cada noche hasta que nos sorprendía el sol.

A día de hoy me vienen a la mente todos esos recuerdos como si los estuviese viviendo ahora mismo, mientras nos comemos a besos en el sofá de nuestra casa y nuestro pequeño intenta sin conseguirlo que nos separemos y le prestemos la atención que nos requiere.

Ya no nos comemos la vida ni nos bebemos las noches, pero el embrujo de tu mirada sigue causando en mí el mismo efecto que aquella noche de julio en la que, en mi absoluta ignorancia, creí haberte robado el corazón.

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

207. CALM

 

“Desnúdate para mí” – El Poder de las Letras

“Desnúdate para mí” – El Poder de las Letras

 

DESNÚDATE PARA MÍ

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

DESNÚDATE PARA MÍ

Hoy quisiera que te desnudaras para mí, con calma, sin urgencia, deleitándote en el proceso y permitiendo que yo me solace también. Sí, lo quiero, lo deseo, lo preciso. Quisiera que para mí te quitaras todos esos estrambóticos disfraces con los que vistes tu vida, que te liberes por fin de todos los recubrimientos que te envuelven, de manera tan concisa, ocultando ante la sociedad la verdadera esencia que recubre tu ser.

No es sencillo, lo sé. Yo misma empleo, en ocasiones, los mismos disfraces que tú. Son aquellos que nos llegaron impuestos de serie para satisfacer al sistema, para volvernos políticamente correctos, socialmente apropiados, hipócritamente condescendientes. Y sí, lo reconozco, yo también soy como tú, un ser vulgar que ejerce de modo total y sumiso la más soez de las prostituciones, marcado por el mismo hierro candente que nos aplicaron al nacer bajo el horrendo pragmatismo de una doble moral cautivadora. Sin salvación ni salida posible del laberinto auto impuesto bajo la consigna de una supuesta y redentora fe.

Pero dejémoslo de puertas afuera. Construyamos, dentro de estas cuatro paredes que conforman nuestro espacio, un refugio inexpugnable en el que poder mostrarnos el uno al otro sin ningún tipo de coraza sobre nuestra sensible piel, desnudos de máscaras y disfraces, sin tapujos, sin falsos pudores ni limitación alguna que coarte nuestro verdadero sentir. Hazlo para mí de la misma forma en que yo he sido capaz de hacerlo para ti, mostrándome limpia y cristalina como la superficie del más bello lago encerrado entre montañas, dejando aflorar mis verdaderos sentimientos, mis anhelos más velados, mis deseos subrepticios.

Hazlo. Te aseguro que cuando lo consigas podrás descubrir una nueva suerte de comprender la vida, sin problemas ficticios creados por una mente obligada a encauzarse por una vereda que se dirige a un lugar al que nunca quiso llegar. Descubrirás la belleza de entregarse a una persona con la única inquietud de ser. De ser tú. Único. Especial.

Así que hazlo, no tengas miedo. Haz que entre los dos no exista prejuicio alguno. Desnúdate para mí.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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203. CALM

 

Reto literario: “Con la suerte en contra”

Reto literario: “Con la suerte en contra”

 

RETO ESCRIBIR JUGANDO

 

Nuestra querida compañera Lìdia Castro ha comenzado un nuevo reto de escritura mensual, basado en juegos de mesa, llamado Escribir jugando. La idea es fantástica, ¿os animáis? Aquí va mi pequeña colaboración para este mes de agosto, espero que os guste.

CON LA SUERTE EN CONTRA

La balanza se inclinó en su contra. El campesino, derrotado, se quitó el sombrero y lo arrojó al suelo con desaire al comprender que había perdido las escasas posesiones de su familia en una estúpida apuesta. Perdida incluso la pequeña casa en la que habitaba junto a su mujer y sus seis pequeños, no les quedaría otra alternativa que abandonar el pueblo en busca de un porvenir. Incluso los árboles dejaban caer gruesas lágrimas de pena al observar cómo toda la familia avanzaba, cabizbaja, a lo largo del puente colgante, camino del destierro.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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AGOSTO_18 - CON LA SUERTE EN CONTRA            AGOSTO_18 - CON LA SUERTE EN CONTRA (II)

Los 52 golpes – Golpe #27 – “En proceso de olvido”

Los 52 golpes – Golpe #27 – “En proceso de olvido”

 

EN PROCESO DE OLVIDO

 

EN PROCESO DE OLVIDO

Olvidé tus besos, tus caricias. Quedaron relegados a un recóndito rincón del desván de la vida, entre los viejos álbumes de fotografías añejas y los vestidos de baile de la abuela. Con el tiempo, se fueron cubriendo de una gruesa capa de polvo que me causaba la misma sensibilidad lacrimal que mis crisis de alergia a los recuerdos baratos. El propio tiempo fue el encargado de arrojarlos al retrete del olvido, condenados a desaparecer por las cañerías oxidadas de la desesperación en soledad.

Intenté rescatarlos, lo prometo. Nadie sabrá nunca a ciencia cierta los esfuerzos que realicé para sacarlos de la espiral destructiva del agua girando en el sentido de las agujas de un reloj que se obsesionó por marcar un tiempo más rápido del que correspondía. Las horas se volvieron minutos; los minutos, segundos. Y en mi titánico esfuerzo por rescatarlos me dejé escurrir por el agotamiento, igual que se deslizaba el agua de mis recuerdos hasta perderse por el desagüe de la auto compasión.

Exhausta, sudorosa, enloquecida, comprendí. Entendí al fin que no podría lograr jamás retener aquello que se marchó para siempre, que se fugó de la prisión de mi locura a la mínima bajada de guardia desde mi garita oscurecida por las noches vacías. Y, por un instante, quise morir, lo reconozco. Quise perderme por las mismas cañerías que llevaron tus recuerdos hasta el mar de los silencios. Quise volver a desaparecer entre la marea cálida de tus caricias en la penumbra de mis tardes de asueto, entre la saliva caliente y trasnochada de tus besos, entre la vitalidad resucitada que cobraba vida sin sentido entre tus piernas.

Solo fue un instante, hasta que logré ver desaparecer la última vuelta acuática que arrastraba con su fuerza centrífuga el ulterior de los recuerdos desempolvados con rabia. Las inquietantes ráfagas de un alivio deseado desde hacía años invadieron mi anterior instante de alienación, dejando solo un cuerpo inerme que flotaba sin dolor en breves lagunas en las que solo existía la nada.

Así fue, un proceso aletargado durante años que se resolvió en tan solo unos minutos malgastados en el cuarto de baño. Y, por fin, olvidé. Olvidé tus besos, tus caricias, tus palabras al oído, aquellos recuerdos que envejecieron con vil crueldad en el desván donde escondía los sueños rotos. Y, por fin, te olvidé.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi vigésimo séptima participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana. Ya podéis leer mis golpes 28, 29, 30, 31 y 32. ¡Esta semana ya el 34!

202. CALM

El relato del viernes: “Sin mirar hacia el pasado”

El relato del viernes: “Sin mirar hacia el pasado”

 

SIN MIRAR HACIA EL PASADO

 

SIN MIRAR HACIA EL PASADO

Susana abrió la puerta despacio, haciendo girar la llave en un gesto exageradamente lento. Contuvo la respiración durante unos interminables segundos cuando al fin escuchó el «clic» que indicaba que la puerta ya estaba abierta. Sacó la llave con la misma lentitud que había utilizado para girarla y tomó de la mano a Ricardo, apretándola con fuerza. El chico se acercó a ella y le dio un tierno beso sobre el pelo.

—Vamos, cariño, cuanto antes te enfrentes a ello, mejor —le dijo, en apenas un susurro, a la vez que la invitaba a pasar con un gesto.

Susana tembló. A sus cuarenta y cinco años, nunca se había planteado que podría llegar a pasar por un momento tan complicado. Su memoria, simplemente, había borrado todo hecho del pasado que la lastimase y había negado todo contacto con su vida anterior. Sin embargo, cuando le comunicaron el fallecimiento de sus padres, algo en su interior se quebró con tanta fuerza como si le hubiesen arrancado de cuajo las raíces. Nunca antes había imaginado volver a pisar aquella casa. ¿Cuánto tiempo había pasado? Más de veinticinco años. Sí, exactamente veinticinco años, tres meses y cuatro días. Aquella fecha jamás se borraría de su mente.

Lo que sí se había borrado era todo recuerdo que estuviese relacionado con aquello. La imagen de los rostros de sus padres aparecía ante ella un tanto distorsionada y pensó, con sobrecogimiento, que casi había llegado a olvidar incluso sus caras. La sombra de un remordimiento cruzó su semblante serio. Un segundo. Rápido recordó el porqué de su huida. Tembló una vez más y, sacando el poco valor que le quedaba, abrió por fin las puertas de aquella casa que había desterrado de su memoria.

Nada más traspasar el umbral, un torrente de sensaciones olvidadas la abofeteó como el restallido de un látigo golpeando algo en su interior que no era físico. Dolía. Vaya si dolía. Mucho más de lo que hubiese llegado a imaginar jamás. De pronto, como si acabase de traspasar un horizonte temporal, fue como si el tiempo no hubiese transcurrido, como si aquellos veinticinco años que había vivido desde entonces hubiesen desaparecido por completo. Un intenso temor la invadió, como antaño, el mismo miedo que siempre sentía cuando traspasaba aquella puerta y sabía que él estaría allí.

Todo estaba como lo recordaba en el rincón más apartado de su memoria, como creía que ya no lo recordaba. Los mismos muebles de entonces, la misma vieja televisión, las mismas cortinas tupidas que intentaban esconder aquello que ni se podía ni se debía haber escondido. Volvió a sentirse por unos instantes una niña de nuevo, indefensa, asustada, frágil. Afuera quedó la mujer valiente y segura de sí misma en que se había convertido, cerrando todas las puertas y ventanas que estaban orientadas hacia su pasado.

Echó un vistazo a su antiguo dormitorio y de inmediato supo que había cometido un error irrecuperable al regresar a aquel lugar. Sus pósters seguían colgados de las paredes en las que ella misma los había puesto, siendo aún una joven con inquietudes que cada día se borraban de golpe y que tenía que reconstruir cada mañana. Sus libros seguían en las estanterías, incluso el libro que dejó sin terminar de leer continuaba allí, sobre el escritorio, esperando un regreso que jamás ocurrió. Sobre la cama, incluso, un pequeño rastro de sangre permanecía allí, testigo mudo durante todos aquellos años de lo que había acontecido.

Los recuerdos se agolparon en su mente abriéndose paso a empujones, hasta un punto que el dolor llegó a ser inclusive físico. Los puños de su padre cayendo sobre ella cada día volvieron a registrarse a fuego en su mente, así como la mirada impasible de su madre mientras tanto. Tenía que salir de aquella casa lo antes posible si no quería ahogarse en recuerdos algo más que desagradables. Ahogó un quejido, tapándose la boca con la mano, y tiró de Ricardo. Él se dejó llevar sin pedir explicaciones, sin intentar que no lo hiciera.

Una vez en la calle, Susana recuperó el aliento. A pocos metros, una mujer sin techo pedía alimentos para sí y para su hijo pequeño, que dormía tendido sobre un cartón. Susana echó de nuevo el cerrojo a los recuerdos y sonrió, alegrándose de saber que aquellas personas nunca más volverían a dañar a nadie. Le entregó las llaves de la vivienda a aquella mujer, dándole explicaciones de dónde se encontraba, mientras esta la miraba con una mezcla de asombro y gratitud, para terminar abrazándose a ella como si hubiese sido un Mesías caído del mismo cielo.

Susana se sintió bien, quizá como jamás había llegado a encontrarse durante todos aquellos años. Abrazó a Ricardo y, juntos, se alejaron caminando despacio por la misma calle que la había visto crecer, sin detenerse en ningún momento a mirar hacia el pasado.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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201. PERSONAS

Mi jueves de poesía: “Duerme la noche”

Mi jueves de poesía: “Duerme la noche”

DUERME LA NOCHE

 

DUERME LA NOCHE

Duerme la noche
y un gato maúlla a lo lejos
un llanto de pena y rabia.
Duerme la noche
y los perros se revuelven
en el aire desquiciado.
Duerme la noche
y las estrellas titilan
temblores de pura hiel.
Duerme la noche
y los amantes se besan
con pasión y alevosía.

Mientras la noche duerme,
parece que un mundo despierta
a las fauces del verdadero.
Los susurros se hacen gritos,
las llamas callan cenizas
de una vida que se oculta.
Las fieras conjuran sueños
que escapan del intelecto
del más humilde mortal.
La niebla se hace jirones
que envuelven con su nostalgia
a una ciudad que dormita.

Duerme la noche
y sueña que el día muere
en cada nuevo despertar.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

200. VERDAD

Reseña: Menos cuentos de hadas y más polvos reales: Ana.

Reseña: Menos cuentos de hadas y más polvos reales: Ana.

 

RESEÑAS LITERARIAS

Damos comienzo al mes de agosto una lectura que llevaba tiempo apeteciéndome y que no podría ser más apropiada para este tiempo. Se trata de “Menos cuentos de hadas y más polvos reales: Ana”, de nuestra querida compañera Sadire Lleire. ¡Por fin lo leí! No dejéis de visitar su blog, Divagaciones en rosa. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Menos cuentos de hadas y más polvos reales: Ana

Autora: Sadire Lleire

Editorial: Autopublicado

Año de publicación: 2017

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 93

ISBN: 978-1521773314

SINOPSIS

Ana necesita un cambio de vida y movida por los amores locos de las películas (esas ñoñadas que odia) decide ir en busca de su novio cibernético. En su interior está convencida de que en la nueva ciudad encontrará trabajo, hogar y un hombre con quien empezar su nueva vida. Sin embargo, el destino tiene algo muy diferente preparado para ella. Una serie de casualidades (o no), la llevarán a conocer a una gitana con ademanes de estilista, o un okupa, una nueva “mejor amiga lesbiana”, a un surfista cañón que le hará perder el sentido y a una rubia celosa que no dudará en desplegar sus armas para conseguir sus objetivos. ¿Estás preparado para acompañarla en su viaje?

SOBRE LA AUTORA

Sadire Lleire nació en Valencia en 1981. Comenzó los estudios de Filología Hispánica motivada por su pasión por leer y escribir, pero no los finalizó, la vida le tenía preparada otros derroteros que la llevaron hasta los estudios de Administración y Finanzas.

Sin embargo, la llamita de las letras continuaba encendida en su interior y acabó retomando su verdadera predilección, primero como un hobby creando el blog con pequeños relatos y divagaciones y después… salió esto y algunas cositas más de géneros totalmente diferentes que comienzan a tomar forma.

53. RESEÑA MENOS CUENTOS DE HADAS Y MÁS POLVOS REALES

Menos cuentos de hadas… nos narra la historia de Ana, la protagonista de esta historia, y de Pepe, y de Carlos, y de Jonás… Y de otros personajes secundarios que se meten en tu vida para que les cojas cariño.

Ana deja su ciudad para lanzarse a una nueva vida en Valencia, ciudad en la que reside su novio (al que solo conoce a través de Internet), convencida de que allí todo empezaría a marchar bien: conseguiría un trabajo, estaría cerca de su novio… Pero cuando llega allí la vida le tenía preparada una sorpresa, las cosas pocas veces son lo que parecen ser. Así que Ana se encuentra sola en aquella ciudad desconocida, rodeada de sus estrafalarios vecinos, hasta que el destino parece darle una segunda oportunidad… Comienza a vivir entonces un verdadero cuento de hadas… del que saldrá convencida de que los príncipes azules no existen.

Sadire nos trae una lectura fresca, ligera, ideal para esta época estival, con un vocabulario llano que te hace sentir muy cómodo en la lectura. Nos ofrece una historia en la que los protagonistas se mezclan continuamente con una serie de personajes secundarios que son los que aportan dinamismo y frescura, y a los que terminas cogiendo cariño (a unos más que a otros, todo hay que decirlo, porque hay una rubia por ahí que…).

Ortográfica y gramaticalmente la novela es impecable. Sumergirse en la historia es simplemente una auténtica gozada.

Quizá lo que me haya decepcionado un poco es el desenlace, a mi parecer demasiado precipitado. No te enfades Sadire, pero Jonás nos podía haber dado muuuuucho juego, ¡y lo sabes! En cualquier caso, ha sido una lectura que me ha gustado mucho, que en ocasiones me ha transportado a tiempos pasados (sí, yo escuchaba a Ska-P cuando era joven, jajajajaja) y que nos viene a traer una moraleja importante: los cuentos de hadas… para las princesas.

Recomendado: 95%

197. CALM

“Un amigo alemán” – Desafíos Literarios

“Un amigo alemán” – Desafíos Literarios

 

UN AMIGO ALEMÁN

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

UN AMIGO ALEMÁN

La familia de Jonás hace tiempo que se olvidó de él. Viste camiseta blanca, pantalón vaquero, lleva el pelo muy corto y bigote canoso, rezaba en los centenares de carteles que repartieron por todo el barrio y difundieron por las principales redes sociales y medios de comunicación. Todo el mundo en el barrio se hizo eco de la desaparición de Jonás. Los carteles con su foto recorrieron toda España y llegaron a viajar incluso hasta el otro lado del océano.

Era un anciano muy querido por todos, siempre estaba dispuesto a entablar una agradable conversación con cualquiera que ofreciera disposición, aun cuando no llegara ni siquiera a recordar su nombre. Hacía ya varios años que se había granjeado la amistad de un famoso alemán que no era la mejor compañía posible. A esas alturas, ya no era capaz de reconocer a ninguno de los miembros de su familia, excepto a su querida hija Julia, la menor de sus cuatro hijos. De Julia jamás se olvidó.

Una mañana soleada de primavera, Jonás salió de la casa familiar sin que nadie se percatase de ello. Si lo hubieran hecho, no le habrían dejado salir solo bajo ninguno de los conceptos, pero aquel día Jonás, en un arrebato de lucidez de los que aún tenía con frecuencia, se sintió un estorbo en casa de su hija. Decidió salir a la calle, por completo ajeno a su enfermedad, para que el aire del exterior le despejase la mente de aquellas derrotistas ideas. Su intención nunca fue huir, pero una vez que hubo salido de la casa ya no logró recordar el camino de vuelta, ni siquiera si tenía una casa a la que regresar.

Para cuando la familia quiso darse cuenta de su desaparición, ya habían pasado bastantes horas.  La alarma fue inmediata y, sin dilación, dieron comienzo a la búsqueda y a la difusión de su fotografía. No quedó lugar de la geografía española al que no llegase el llamamiento de su familia. Pero pasaron los meses y Jonás no apareció. La búsqueda infructuosa fue dando paso a una resignación silenciosa. De esta al olvido solo hubo un paso. Nadie recordaba ya al abuelo Jonás, ni en el barrio ni en su casa, donde llegó un momento en el que ni siquiera se volvió a pronunciar su nombre. Únicamente Julia dedicaba cada día uno de sus pensamientos a su padre y, aunque no creía en dioses, llegaba incluso a rezar por él.

Había transcurrido ya más de año y medio desde aquella mañana en la que Jonás salió a pasear y no regresó. Julia se disponía a salir de la casa camino del trabajo cuando, nada más abrir la puerta, se le paralizó la respiración. Las llaves cayeron sobre el piso con un gran estruendo, le costaba respirar y era incapaz de articular palabra alguna. Solo tenues jadeos se escapaban de su boca en pleno ataque de ansiedad. Frente a la pequeña cancela que daba a la calle, un anciano giraba en torno a sí mismo una y otra vez, desorientado. ¿Era posible lo que estaban viendo sus ojos? ¿Era cierto aquel milagro?

Julia reaccionó en el instante preciso en que vio al anciano alejarse de la cancela. Salió corriendo en su dirección y, en un par de zancadas, le dio alcance. Gruesas lágrimas resbalaban por su faz mientras se aferraba a aquel hombre que le había dado la vida y que ella había dado ya por muerto. Una y otra vez le preguntaba, entre abrazos, dónde había estado y si se encontraba bien, como si aquel tuviera capacidad para dar alguna respuesta coherente a aquellas preguntas que eran un sinsentido. Jonás se separó unos centímetros de ella, le limpió las lágrimas que corrían raudas por su mejilla y, con toda la tranquilidad del mundo, solo le dijo:

—Pero hija, ¿no te dije esta mañana que salía a dar un paseo?

Jonás y su cruel amigo alemán habían regresado a casa.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

199. CALM

Revista Zarabanda julio 2018

Revista Zarabanda julio 2018

 

ZARABANDA

¡Buenos días! Un mes más me gustaría acompañaros con mi colaboración con la revista local Zarabanda correspondiente al mes de julio. Podéis acceder al contenido completo de la misma en este enlace.

Este mes tocó un poquito de poesía. Espero que os guste.

EL TAÑER DE LAS CAMPANAS DEL VALLE

EL TAÑER DE LAS CAMPANAS DEL VALLE

¿Por quién doblan las campanas,
que hasta mis oídos llega
el eco apagado y sordo
de un lastimero tañer?
En el silencio del valle
misterioso que es mi vida,
solo se escucha el lamento
inconfundible y preciso
de las campanas del pueblo
voltear entre los ojos
de las piedras de la torre
que mira hacia el cementerio.
Las ramas de los cipreses
me hacen llegar con el viento
el sonido misterioso
que navega, viaja, vuela,
en pos de de las telarañas
que habitan mi corazón.
Cúmulos de nubes grises
sobrevuelan mi cabeza
cuando hacia el cielo dirijo
con tristeza mi mirar
y un pájaro solitario
que se mece en la rama más alta
del último de los cipreses
me susurra en el oído
lo que nunca quise oír.
¿Por quién tañen las campanas?
No queda ya nadie en el valle,
será que tañen por mí.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

198. LLORA