Revista Zarabanda septiembre 2018

Revista Zarabanda septiembre 2018

 

ZARABANDA

¡Buenos días! Un mes más me gustaría acompañaros con mi colaboración con la revista local Zarabanda correspondiente al mes de septiembre. Podéis acceder al contenido completo de la misma en este enlace.

Este mes tocó un poquito de poesía. Espero que os guste.

CONMIGO MISMA

CONMIGO MISMA

Subiendo por la escalera
que lleva al desván del tiempo,
me encontré conmigo misma
perdida en los escalones
de los sueños por cumplir.
Casi no me reconozco
en esa niña asustada
que se empequeñece a mi paso
y me cede más espacio
agachando su mirar.
Veo caer por su rostro,
tan afligido y extraño,
una lágrima silente
que parece haber salido
del fondo del mismo océano.
Me mira con los ojitos
huidizos de su inocencia,
me mira y no reconoce
en mí algo de la persona
segura que un día será.
Me encontré conmigo misma
y lloré por el reencuentro,
pues ya había echado al olvido
a aquella mujer que fui.
Continúo mi camino
por la escalera que sube
directa al desván del tiempo
llevándola de la mano
y tendiéndola en el lecho
de los recuerdos en flor.
Y sonrío satisfecha
por la niña desvalida
que venció a las mil tormentas
que un día quisieron robarle
la ilusión por el vivir.
Ahora me encuentro tranquila,
me encontré conmigo misma
y descubrí que, en el fondo,
nunca he dejado de ser aquello que siempre quise.

Yo.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

*Imagen tomada de la red (editada)
236. CALM

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Los 52 golpes – Golpe #33 – “Principios”

Los 52 golpes – Golpe #33 – “Principios”

 

PRINCIPIOS

PRINCIPIOS

Me detuve durante unos minutos a observar las dos copas de vino que permanecían intactas sobre la mesa, a la espera de que mi acompañante regresara del baño. Yo misma las había servido hacía tan solo unos instantes. El oscuro color carmesí del vino recién decantado con experiencia parecía vibrar junto con el baile que las llamas que ardían en la chimenea habían comenzado hacía rato. Quedé hipnotizada.

El sonido de la puerta del baño al abrirse me trajo de vuelta a la realidad de la manera más cruel que hubiese podido imaginar. Giré mi rostro en su dirección, para ver una vez más a aquel señor que portaba un semblante más enrojecido que el vino que esperaba en las copas, debido al exceso de alcohol durante la cena compartida. Debía de triplicarme la edad y una prominente barriga colgaba por encima del pantalón mal abotonado por la rapidez y la torpeza.

Era muy consciente de que del resultado de aquella noche dependía en gran medida mi futuro profesional y, de hecho, he de confesar que cuando comenzó la noche estaba dispuesta a llevarme a casa aquel contrato firmado costase lo que costase. Aunque ello supusiese ciertas licencias que no encajaban con exactitud con mi moral.

La cosecha del año había resultado excepcional, dando como resultado un excelente syrah que reposaba ahora mismo oxigenándose sobre la mesa de aquella suite ajena. La confianza que tenía depositada en nuestro producto era tal que había acudido a aquella cena por completo convencida de que el contrato estaría firmado en el momento de los postres. Pero, al parecer, aquel extravagante empresario no estaba dispuesto a facilitarme las cosas aquella noche. Y yo no pensaba regresar a casa sin su firma haciéndome escalar posiciones en el departamento comercial de la bodega.

Sin embargo, algo ocurrió cuando lo vi avanzar por el salón de la suite con una expresión extraña en el rostro que identifiqué de inmediato. Aquel hombre me observaba como si yo me tratase de su presa. Pude ver con claridad la lujuria asomar a través de sus ojos azorados y una babosa sonrisa mostrándose en sus labios, como si ya estuviera saboreando el trofeo que satisfaría sus más primarios instintos de depredador.

Intenté evadirme de la realidad que se aproximaba dando un sorbo del delicioso vino. Lo cierto es que era realmente delicado y placentero. No pude evitar deslizar la lengua alrededor de mis labios, saboreándolo. Aquel gesto, completamente involuntario, pareció ser el detonante que mi acompañante esperaba para que diese comienzo la noche de arduas negociaciones. En menos de dos segundos estaba sentado a mi lado, con la copa de vino en los labios y sin separar los ojos de mí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

En el momento en que sentí su abrasadora mano sobre mi muslo, la realidad me golpeó con una crudeza sin precedentes. Reprimí con disimulo una arcada y el único mecanismo de defensa que logré encontrar con celeridad fue la propia copa de vino que él mismo acababa de depositar sobre la mesa. Un tronco rodó por la chimenea haciendo crepitar el fuego en el mismo instante en que yo vertía doscientos euros de la mejor de nuestras cosechas sobre su impecable camisa de marca. Fui incapaz de reprimir una carcajada al ver cómo su camisa lucía ahora el mismo tono encarnado que su congestionado rostro, ahora por la furia.

Recogí con dignidad la botella abierta y salí de la habitación, sin contrato millonario, pero con mis principios intactos. Al salir a la calle, la noche me pareció más bonita que nunca.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi trigésimo tercera participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

243. COEXIST

El relato del viernes: “El ramo”

El relato del viernes: “El ramo”

 

EL RAMO

EL RAMO

Tenía que reconocer que el día estaba resultando maravilloso. El enclave era precioso, situado en una pequeña cala que, a aquellas horas de la tarde, permanecía casi desierta. El sol descendía con lentitud hacia el horizonte y todo estaba cubierto por un embaucador tono dorado. Varias decenas de sillas forradas en raso blanco y engalanadas con hermosas rosas rojas habían acogido a los invitados, todos ellos ataviados en tonos blancos. Frente a las hileras de sillas, dispuestas con una precisión milimétrica, un pequeño altar, en el que los novios se habían dado el sí quiero en una ceremonia sencilla y emotiva, completaba el idílico escenario.

El amor flotaba en el ambiente, casi se podía respirar una fragancia empalagosa que emanaba de todas las parejas presentes. Quien más y quien menos había caído bajo el romántico influjo de la maravillosa puesta de sol en aquel lugar paradisíaco, unido a la magia de la boda que acababa de celebrarse. Las parejas jóvenes se deshacían en arrumacos mientras observaban cómo el sol moría en el horizonte; los más mayores revivían la nostalgia de sus noviazgos, regalándose cariños que demostraban al mundo que su amor aún se mantenía vivo. Mientras tanto, elegantes camareros repartían copas de cava con las que bañar el mágico momento.

Cristina no podía menos que sentirse un poco fuera de lugar. Por supuesto que disfrutaba de la magia del atardecer y compartía la alegría de su mejor amiga, que acababa de contraer matrimonio, pero el hecho de encontrarse sola entre tanto enamoramiento le molestaba. Poco a poco, todas sus amigas habían ido formando familia o, al menos, tenían una pareja estable, menos ella. Se sentía bien así, nunca había envidiado su situación ni había dejado de verlas por este hecho, pero en esos momentos hubiera dado lo que fuera por desaparecer de allí. A cada minuto que pasaba se encontraba un poco más incómoda.

Acababa de tomar la quinta copa de cava de una bandeja que pasó por su lado como una exhalación, cuando se fijó en él. A pocos metros de ella, acodado sobre la improvisada barra desde la que se servían las bebidas, un hombre moreno con una bonita sonrisa la miraba con intensidad. Cuando sintió su mirada sobre él, este guiñó un ojo y levantó su copa hacia ella en señal de saludo. Las piernas de Cristina se pusieron a temblar. No sabía qué hacer, si continuar como hasta ahora, sola, haciendo de niñera para sus amigos, o acercarse hasta aquel hombre que parecía haberse interesado en ella. Tras unos segundos de duda, la decisión no fue demasiado difícil. Apuró su copa, la depositó sobre una bandeja y se dirigió hacia él.

Desde el primer momento la conversación fue fluida entre ambos. Se las ingeniaron para sentarse juntos en la cena, a pesar del orden preestablecido para las mesas, y pasaron una noche encantadora de risas y charla. Cristina no sabía si era por el alcohol, por el ambiente tan romántico que dominaba en la boda o por la simpatía de su compañero de mesa, pero hubo un momento en la noche en el que llegó a ilusionarse por encontrarse a sí misma en una situación así, como protagonista de una boda tan encantadora como aquella, y por su imaginación pasó incluso formar una familia junto a aquel hombre que acababa de conocer. Con lo independiente que se consideraba, le resultaba extraño aquel sentimiento de ilusión por algo que nunca había deseado ni necesitado.

Tras la cena, y antes de que comenzase el baile, la novia lanzó su ramo. Descalzas sobre la arena de la playa, las pocas solteras que había en el evento esperaban ilusionadas que cayese en sus manos. Cristina, tras el exceso de imaginación que había tenido lugar durante la cena, también lo esperaba con ilusión. El ramo volaba por el aire como en cámara lenta y ella tenía que conseguirlo como fuera, pero tratando de no parecer desesperada. No hizo falta ni que se moviese del lugar, las rosas rojas trazaban una parábola que iba en la dirección correcta, directamente a sus manos. Se limitó a estirar los brazos para recogerlo antes de que la mano de alguna otra chica lo hiciese antes que ella. De hecho, llegó a rozarlo con la punta de los dedos cuando, aparecida de quién sabe qué lugar, una mano masculina se interpuso, enviando el dichoso ramo hacia el resto de féminas, que gritaban entusiasmadas.

Cristina, decepcionada, se giró para ver a quién pertenecía aquella inoportuna mano. Allí estaba él, el hombre con el que llevaba media noche fantaseando planes de futuro. «Vaya, será mi destino permanecer soltera», pensó. Y, con una sonrisa de agradecimiento por haber evitado aquella bochornosa escena que estaba a punto de protagonizar, le tomó de la mano y ambos desaparecieron abrazados de la fiesta.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

El ramo by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

242. GALIANO

Denunciar

Me sumo a esta denuncia, ¿y vosotros?

Cooperación con Alegría

Iñaki AlegriaDenunciar

Quiero aprovechar mi voz para dar voz a quienes se la robamos,

Denunciar la injusticia social

Denuncio que es injusto…

Cada niño que muere de hambre,

Cada niña que no va al colegio,

Cada arma que vendemos

Cada guerra que alimentamos

Cada vida que no socorremos,

cada vida esclavizada y explotada.

Denunciar

Cuando la vida de un blanco vale más que la de mil negros.

Cuando no tienen rostros, ni nombre, ni familia,

Cuando no son ni números,

Cuando no importan ni a las estadísticas,

Cuando es lo mismo mil que diez mil.

Si hubiese una vida sin importancia

Ninguna sería importante.

Toda vida humana tiene el mismo valor por encima de

Raza, sexo, etnia, nacionalidad…

Pero no tan sólo denunciar con palabras,

sino vivir con actitud y

hacer de nuestra vida un testimonio,

vivir con hechos para cambiar esta realidad.

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Mi jueves de poesía: “Presentes”

Mi jueves de poesía: “Presentes”

PRESENTES

PRESENTES

Lágrimas que sin querer se derraman
a causa de algún pasado
que siempre recordamos mejor de lo que fue.
Nostalgias envueltas en ovillos
pintados de vivos colores
como si fueran regalos cubiertos en papel de celofán.
Remembranzas que se resisten
a escapar del intelecto
y que dibujan sonrisas con pinceles de añoranza.
Ansiedades goteando sobre el vientre
perdidas en la confusión
de una incertidumbre certera que aún está por llegar.
Sueños cabalgando entre las sábanas
blancas de nuestro insomnio
a la espera de cumplirse en un mañana.
Esperanzas que descansan sobre un porvenir
que portará alborozo
al yo más prisionero de una vida de ilusión.
Presentes desvanecidos sin gloria,
enquistados en parajes marchitos
ubicados sin presencia entre el ayer y el mañana.
Vidas sin vivir hogaño,
extraviadas por senderos
que transitan entre gritos por un presente espectral.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

241. EQUIVOCARSE

Reseña: “Inspirado para dejarte”

Reseña: “Inspirado para dejarte”

 

RESEÑAS LITERARIAS

Continuamos con la lectura de poesía de la que me estoy empapando durante las últimas semanas. Para hoy, os traigo una poesía diferente. Se trata del poemario «Inspirado para dejarte», de David Abad. Con él tuve el gusto y el honor de compartir una magnífica tarde en la que ambos pudimos mostrar a la luz nuestras respectivas publicaciones, nuestras pequeñas criaturitas. Para mí la primera, para David ni la primera ni la última, seguro. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Inspirado para dejarte

Autor: David Abad

Editorial: Pluma verde

Año de publicación: 2018

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 80

ISBN: 978-0-244-97241-7

SINOPSIS

No fue bonito mientras duró. Este amor nació estrellado en un callejón una noche de lunas rotas. Los gatos andaban hambrientos. La ciudad nos cedía el paso, nos abría los semáforos, nos quería suicidas sin esquelas. La soledad era la música de viento en el interior de unos corazones helados de rabia. Fuimos la segunda opción o el tercer plato de mal gusto a la hora de elegirnos.Y aún así fuimos capaces de desearnos en la puerta de urgencias de una vida enferma que nos alejaba de la luz. Fuimos los que no faltaban un día al partido de la tristeza. Nos valían todas las lágrimas del mundo Éramos malos estudiantes de amor a primera vista. Todo este raudal poético y mucho más desprenden estas páginas.

SOBRE EL AUTOR

David Abad es un joven poeta madrileño, de la localidad de Aranjuez. Obtuvo el premio de Poesía de la Universidad Popular de Aranjuez en 2015 y 2016. Sus obras publicadas son «En fuga» e «Inspirado para dejarte».

 

59. RESEÑA INSPIRADO PARA DEJARTE

 

La poesía que nos ofrece David en «Inspirado para dejarte» se caracteriza, sobre todo, por su estilo actual y desenfadado. Con un lenguaje llano y contemporáneo, podemos encontrar un conjunto de poemas dedicados, como el título ya nos indica, al desamor. O al amor, según lo miremos, porque el desamor, al fin y al cabo, es una de las caras del amor. Dos caras de la misma moneda que no podrían convivir la una sin la otra.

Este poemario, organizado en cuatro bloques, «Inspiraciones», «Moralejas», «Nocturnos» y «Sacudidas», está repleto de poemas que reflejan los sentimientos del desamor en nuestra vida, cómo la rutina va desgastando el amor y cómo, aunque doloroso, el desamor también es un acto de liberación en sí mismo. Versos libres en los que están presentes temas tan de actualidad como, por ejemplo, las redes sociales.

La lectura es ágil, ideal para un buen rato de desconexión.

Como siempre, os traigo hasta aquí un ejemplo de lo que podréis encontrar entre sus páginas:

 

Amor de perfil

 

Me enamoraste con tus ojos de tableta

Y tu aforo limitado de ocurrencias

Y corta y pegas

 

Me seguiste por los corredores de Twitter

Sembrando daños colaterales

Entre amigos y nubes

 

Me naufragaste en las playas del Facebook

Con tus caracolas y localizadores de vanguardia

Con policías de paisano y troles

 

Me llevaste al límite del amor con perfil

Y reventaste mi placa base

Borrando las letras del teclado

Junto con mis poemas desechables

 

Recomendado: 90%

244. CALM

“León” – Desafíos Literarios

“León” – Desafíos Literarios

 

LEÓN

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

LEÓN

Le pusieron por nombre León y, como no podía ser de otra manera, el león era su animal favorito. Su simpatía por este felino comenzó en su más temprana infancia. Solo el hecho de saber que existía un animal con su mismo nombre ya hizo que se ganara su cariño, aún más si cabe cuando supo que se trataba de un animal salvaje. El rey de la selva. Y, de todos los niños que conocía, el único que llevaba aquel nombre era él. Desde niño se sintió único, especial.

Su nombre y su afinidad con el agreste animal determinaron su carácter, para bien y para mal. Así, a la par que era una persona extremadamente social, que odiaba la soledad y tenía un círculo muy amplio de amistades, también era en exceso dominante y orgulloso. Las burlas que tuvo que soportar en la infancia debido al nombre del que se sentía tan orgulloso, lo convirtieron en una persona luchadora con una fuerza descomunal que cultivaba día tras día en largas sesiones de gimnasio. Incluso se dejó crecer el pelo, rizado y rebelde, luciendo con soberbia su melena, para demostrarle a todo el mundo que era un verdadero león.

En sus amplios dominios, desde su superioridad suprema, siempre se consideraba a sí mismo el líder de la manada, con la pequeña salvedad de que sus amigos pasaron a convertirse en pequeños rebaños de ovejitas mansas que aceptaban a regañadientes y, cada vez menos, su sumisión. De todos era conocida su promiscuidad y siempre eran varias las parejas que mantenía simultáneamente en lo que para él era un simple y burdo ritual de apareamiento.

Hasta que un día a nuestro fiero amigo le tocó el corazón una leona, como él. León conoció el amor por primera vez en su vida y demostró que el rey de la selva, el animal más salvaje, en el fondo no era más que un lindo gatito.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

237. SENCILLAS