Píndaro – Colección de poesía – Un programa con tres monstruos

Píndaro – Colección de poesía – Un programa con tres monstruos

“Instrucciones para detectar un monstruo”, la nueva obra de Gocho Versolari

Gocho Versolari, Obra Poética

La querida Rosario Salazar fue anoche la anfitriona que nos albergó en su programa “Poesía, morena y algo más”. Allí estuvimos con la artista plástica colombiana Luisa Fernanda Otero Prada.
En una hermosa velada de dos horas, presentamos el libro “Instrucciones para detectar un monstruo”. El mismo, verá la luz en contados días, publicado por  Editorial Fleming en su colección “Píndaro” de poesía. La obra de Luisa Otero lo acompaña no para ilustrar simplemente los textos, sino como un contrapunto pictórico con el tema del libro que tiene entidad propia. Luego  de la edición, proyectamos una presentación en la exposición de los diseños de Luisa.
Durante la charla en el programa, expliqué el origen del título: monstruo no siempre es algo aterrador, opuesto a las leyes naturales. Llamo así a aquello que tiende a surgir de nuestro interior y nos produce espanto y a la vez una fuerte atracción. Nuestra…

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El relato del viernes: “El regreso”

El relato del viernes: “El regreso”

EL REGRESO

 

EL REGRESO

Soledad viajaba con el rostro apoyado contra la ventanilla, con un gesto sombrío que la acompañó durante todo el trayecto. Sus apenados ojos fueron testigos del paulatino cambio en el paisaje que, poco a poco, fue dejando atrás los altos edificios de la gran ciudad para adentrarse en las amarillas planicies de cereal de la estepa castellana. La duración del trayecto no fue muy extensa, pero a Soledad le parecieron días los que pasó encerrada en aquel vagón que la devolvía a la pequeña ciudad en la que nació.

No habían transcurrido ni diez años cuando partió hacia la capital para cumplir su sueño desde la infancia, ser actriz de teatro. Aún recordaba las tardes que pasaba en el desván de la casa familiar disfrazándose con los vestidos antiguos que habían quedado relegados al olvido en el baúl de la abuela, entre bolitas de naftalina y el polvo de los años. En su niñez, se veía como una famosa actriz que viajaría con su arte por los principales teatros de la geografía española, donde era despedida siempre con una enorme ovación. Las compañías se pelearían por tenerla entre su elenco de actores y sería famosa.

No bien hubo cumplido la mayoría de edad cuando, sin apenas dinero en los bolsillos y una pequeña maleta con lo indispensable, tomó aquel mismo tren en sentido contrario al del traqueteo sin pausa que la devolvía a la cuna cargada de decepción. Nunca contó con el apoyo de su familia, que veía una auténtica locura que dejase la apacible vida que tenía para marchar al infierno urbano y anónimo de la gran ciudad. Siempre creyeron sus aspiraciones a ser una reconocida artista como sueños propios de una niña y jamás pensaron que llegase a tener la firme determinación de cumplirlos. Por no hablar de la decepción que supuso para ellos que no continuase con el negocio familiar. Ni siquiera su hermano, con el que siempre había tenido mayor afinidad de ideas, le entregó el apoyo que necesitaba en aquellos momentos. De manera que se fue sola, una fría mañana de invierno, con el corazón encogido de dolor pero la sangre hirviendo a borbotones por la emoción que recorría sus jóvenes venas. Nadie acudió aquella mañana a despedirla a la pequeña estación de tren que suponía el punto de partida de su nueva y prometedora vida.

Comenzar de cero en una ciudad extraña, en la que no conocía a nadie, no resultó ser para nada fácil. Los primeros meses, de hecho, se convirtieron para Soledad en un auténtico infierno y a punto estuvo de tirarlo todo por la borda y regresar a su casa con las orejas gachas. Por suerte o por desgracia, no lo hizo. Sobrevivió como pudo en un minúsculo apartamento de alquiler en el que llegó a conocer de primera mano el verdadero significado de su nombre. Muchos fueron los trabajos mal pagados que tuvo que realizar para llegar a duras penas a fin de mes antes de conseguir su primer papel secundario, por no decir figurante, en una pequeña compañía de teatro de barrio.

Soledad tenía talento y, tras varios años, consiguió su primera gira con una compañía de cierto nivel. Hizo muchos amigos, la vida parecía sonreírle al fin y su pequeño cuento de la lechera iba comenzando a tomar forma. La primera actuación en su ciudad natal la llenó de orgullo, pero también le dejó un agrio sabor en la boca del estómago, donde un tenso nudo se había instalado desde que fue consciente de que su familia ni siquiera se molestaría en ir a verla. Fueron años controvertidos, en los que los buenos y los malos momentos se fueron sucediendo sin orden ni concierto. Aquello que un día había creído motivo de alegría, en realidad resultó ser la antesala de un sinfín de decepciones y malos tragos. Descubrió que todos aquellos amigos que tanto la acompañaban en los buenos momentos, a la hora de la verdad desaparecían sin dejar rastro en cuanto mostraba la más mínima necesidad, y solo estaban motivados por el más puro interés. Llegó un momento en que su vida le resultó intolerablemente vomitiva.

La decisión de abandonar su sueño y regresar a su ciudad no fue tomada a la ligera, ni mucho menos. Fue acompañada de mucho sufrimiento, esfuerzo y sacrificio, además de largas noches en vela intentando discernir qué sería lo correcto. Una vez tomada, resultó todo un alivio.

Era ya noche cerrada cuando el tren que la devolvía al punto de su tardía adolescencia donde se quedó hizo su entrada en la estación. Apenas quedaba gente en los vagones y el andén estaba prácticamente desierto. Un viento gélido le dio la bienvenida en cuanto puso el primer pie en la plataforma. Ya casi no recordaba la crueldad del invierno en su ciudad. La neblina comenzaba a agolparse en torno a las farolas que iluminaban la estación y, de pronto, la sensación de alivio que le había procurado la decisión de regresar se fue transformando en una bien diferente de vacío desapacible. Buscó con la mirada a su familia, a los que llevaba avisando durante semanas de su vuelta. Una última persona corría hacia el interior del edificio en busca de abrigo. Nadie más quedaba en el frío de la noche. Una vez dentro, solo encontró rostros extraños entre las pocas personas que a aquellas horas aún quedaban en el lugar.

Regresaba de la misma forma en que partió, sumida en la más absoluta soledad. Con una lágrima amenazando con suicidarse del lagrimal, rumió una vez más el pensamiento que durante todo aquel tiempo se había ido formando en su mente, cuestionándose si su nombre no habría condicionado de alguna manera su vida o si solo se trataba de una desabrida casualidad.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

228. CALM

Mi jueves de poesía: “Otoño”

Mi jueves de poesía: “Otoño”

 

OTOÑO

OTOÑO

Dejaré que el otoño llegue
a ocupar el preciso lugar
que le corresponde en mi cuerpo,
curtido ya en sinsabores,
estrangulado en silencios.
Me deleitaré en la dicha
de ser lluvia cristalina
que resbala por las grietas
que se forjan con el viento
entre las arrugas de mi alma.
Seré lienzo en el que pintes
en tonos ocres tus sueños,
aquellos que fueron verano
y que perdimos a hurtadillas
entre los recovecos del tiempo.
Me dejaré ser otoño
en volandas de tu viento.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red

227. MENTIRA

Reseña: “En esta noche, en este mundo”

Reseña: “En esta noche, en este mundo”

 

RESEÑAS LITERARIAS

Para esta semana continuamos con poesía, además una poesía para mí muy especial. Como sabréis (y si no lo sabéis os lo cuento), mi incursión en el mundo de la poesía es relativamente reciente. Nunca ha sido un género que me haya apasionado, quitando algunos poetas muy concretos. Pero, de un tiempo a esta parte, la poesía se ha convertido en una parte muy importante de mi vida y he descubierto a muchos autores y autoras que me han hecho amarla. Muchos de ellos sois vosotros, pero también disfruto con otro tipo de poesía. Una de estas autoras que ha calado profundamente en mí es Alejandra Pizarnik. Y de ella es la lectura que os traigo esta semana, un poemario titulado “En esta noche, en este mundo”. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: En esta noche, en este mundo

Autora: Alejandra Pizarnik

Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial, SAU

Año de publicación: 2017

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 67

ISBN: 978-84-397-3342-3

SINOPSIS

La colección «Poesía portátil» publica esta antología poética de una de las escritoras argentinas más emblemáticas de la segunda mitad del siglo XX: Alejandra Pizarnik.

La dura sensualidad y el profundo intimismo de Alejandra Pizarnik confluyen en esta selección de su obra poética, a cargo de Ana Becciu.

La autora, figura de culto de las letras hispanas y una de las escritoras más representativas de la segunda mitad del siglo XX, muestra en sus versos las entrañas de alguien torturado, que ama de un modo animal, que devora y que coquetea con dejarse ir para siempre. Su poesía escenifica batallas brutales, luchas feroces en las que quema todo cuanto la rodea con la esperanza indisimulada de dejar que el fuego la consuma a ella también. A los treinta y seis años se rindió definitivamente. Sus versos arderán siempre.


«Alguna vez

alguna vez tal vez

me iré sin quedarme

me iré como quien se va.»

 SOBRE LA AUTORA

Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires en 1936 en una familia de inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco. Publicó su primer libro, titulado La tierra más ajena, en 1955. Le siguieron La última inocencia en 1956 y Las aventuras perdidas en 1958. Entre 1960 y 1964 se instaló en París, y allí colaboró con distintas revistas y diarios. De esa época procede su amistad con Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz, quien prologó su cuarto poemario, titulado El árbol de Diana (1962). En 1964 regresó a Buenos Aires y publicó sus obras más conocidas: Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) y El infierno musical (1971), todas ellas recogidas en su Poesía completa (Lumen, 2016). De 1954 en adelante, Pizarnik fue redactando sus Diarios (Lumen, 2013), que la acompañaron hasta los últimos días de su vida. En 1972, a la edad de treinta y seis años, decidió morir en la misma ciudad donde había nacido.

 58. RESEÑA EN ESTA NOCHE, EN ESTE MUNDO

Imaginaos por un momento la situación. Una bonita mañana de sábado, poco después del amanecer, el frescor de la mañana en la terraza, un café y la poesía de Pizarnik. Francamente idílico.

“En esta noche, en este mundo” no es más que un pequeño recopilatorio de poemas escritos por Alejandra Pizarnik y seleccionados por Ana Becciu. Se trata de un pequeño libro en formato de poesía portátil, del tamaño aproximado de una palma de mano, lo que lo hace ideal para poder deleitarse con sus poemas en cualquier momento y en cualquier lugar. La lectura, evidentemente, es breve, pero como la poesía hay que paladearla bien, el formato es perfecto.

Entre sus páginas encontramos una serie de poemas de Alejandra, en los que podemos apreciar el estilo sencillo y escueto de la misma, su estilo libre y transgresor, poemas entremezclados con prosa poética y poesía en prosa. Dicen de sus poemas contienen muchos elementos autobiográficos y utiliza recurrentes metáforas como viaje o irse, para referirse al suicidio, un tema recurrente en su obra. Tanto, que ella misma recurrió al suicidio a la edad de treinta y seis años.

Si aún no conocéis la poesía de Pizarnik, os animo a que os adentréis en ella. Para mí resulta mágica. Juzgad por vosotros mismos. Os dejo con el poema que da título al recopilatorio, “En esta noche, en este mundo”:

I

en esta noche en este mundo

las palabras del sueño de la infancia de la muerte

nunca es eso lo que uno quiere decir

la lengua natal castra

la lengua es un órgano de conocimiento

del fracaso de todo poema

castrado por su propia lengua

que es el órgano de la re-creación

del re-conocimiento

pero no el de la resurrección

de algo a modo de negación

de mi horizonte de maldoror con su perro

y nada es promesa

entre lo decible

que equivale a mentir

(todo lo que se puede decir es mentira)

el resto es silencio

sólo que el silencio no existe

II

no

las palabras

no hacen el amor

hacen la ausencia

si digo agua ¿beberé?

si digo pan ¿comeré?

III

en esta noche en este mundo

extraordinario silencio el de esta noche

lo que pasa con el alma es que no se ve

lo que pasa con la mente es que no se ve

lo que pasa con el espíritu es que no se ve

¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?

ninguna palabra es visible

sombras

recintos viscosos donde se oculta

la piedra de la locura

corredores negros

los he recorrido todos

¡oh quédate un poco más entre nosotros!

mi persona está herida

mi primera persona del singular

escribo como quien con un cuchillo alzado en la oscuridad

escribo como estoy diciendo

la sinceridad absoluta continuaría siendo lo imposible

¡oh quédate un poco más entre nosotros!

IV

los deterioros de las palabras

deshabitando el palacio del lenguaje

el conocimiento entre las piernas

¿qué hiciste del don del sexo?

oh mis muertos

me los comí me atraganté

no puedo más de no poder más

palabras embozadas

todo se desliza

hacia la negra licuefacción

V

y el perro de maldoror

en esta noche en este mundo

donde todo es posible

salvo

el poema

VI

hablo en fácil hablo en difícil

sabiendo que no se trata de eso

siempre no se trata de eso

oh ayúdame a escribir el poema más prescindible

               el que no sirva ni para

               ser inservible

ayúdame a escribir palabras

en esta noche en este mundo

 

Recomendado: 100%

240. NADAR

“Renacer” – Desafíos Literarios

“Renacer” – Desafíos Literarios

 

RENACER

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

RENACER

Sonia cierra el libro que acaba de terminar, lo deja sobre la mesa con una delicadeza tal que parece que se ha desprendido de un tesoro inmensurable. La leve luz del amanecer se filtra ya a través de los vaporosos visillos que recubren la ventana de su habitación, y se queda mirando hacia aquel punto exacto del horizonte por el que un tímido sol comienza a hacer su aparición. Ha sido otra noche más de agotador insomnio, de la que se ha vuelto a evadir como viene siendo habitual, entre las páginas de un libro.

Ya no recuerda cuánto tiempo ha pasado desde la última noche de restaurador sueño. El cansancio hace días ya que está haciendo mella en ella y, a estas alturas, no se cree con energías suficientes para afrontar otra jornada. Desearía tumbarse sobre su cama y dormir durante días seguidos, pero el amplio lecho que en otras épocas resultó ser tan acogedor, ahora le parece un monstruo gigante que quiere engullirla dentro de las acolchadas fauces de la soledad.

Han pasado ya tres meses desde que Nicolás se fue y Sonia aún se pregunta cada noche, cuando las obligaciones diarias no están entreteniendo su mente, en qué fue en lo que falló. Su conciencia es como un pequeño diablo que se posa tras su oreja derecha para recordarle una y otra vez que Nicolás se marchó por su culpa. Por más que busca al angelito que se supone la debería descargar de culpa en la oreja izquierda, este no aparece nunca. Por eso, cuando intenta dormir, nunca lo logra. Pequeñas cabezadas de puro cansancio a lo largo del día en los lugares más insospechados son las que mantienen a Sonia en pie. Las noches son territorio del insomnio.

Hoy Sonia rebusca en su armario el vestido más alegre, entre decenas de aburridos trajes de oficina en tonos grises y negros. Es negro, como la mayoría de su fondo de armario, y se pregunta si ello no tendrá alguna influencia en la negatividad con la que suele afrontar la vida. Unas grandes flores rojas salpicadas por la tela le dan el toque de color que está buscando. Tendrá que servir. Recuerda cuándo compró aquel vestido, en un arrebato de locura inducido por Nicolás para salir de la línea en exceso formal que llenaba su armario. Le dijo que estaba preciosa con aquellos toques de color rojo. Hoy necesita creerlo más que nunca.

En el día de hoy, Sonia desea parecerse a la protagonista del libro que descansa cerrado sobre la mesa. Desea ser alegre, optimista, liberarse de culpas y romper los guiones. Por primera vez en su vida, llama a la oficina fingiéndose enferma. Se mira alrededor de cincuenta veces en el espejo, la inseguridad sigue dominando la parte emocional de su vida. Toma la firme decisión de no darle más vueltas. Está preciosa, como le hubiese dicho Nicolás.

Nicolás… Desea hacerle desaparecer de una vez por todas de su vida, así como él desapareció tras aquella puerta que ahora mismo permanece cerrada. Sonia la abre y saluda al día. Su vecino le dedica una sonrisa.

—Buenos días, Sonia. Qué guapa estás hoy.

Sonia le cree. Necesita creerle. Igual que necesita creer que ella no es la culpable de nada. Ya es el momento. Cierra tras de sí la puerta y se dirige a tomar un buen desayuno antes de ir en busca de la ropa de colores más alegres que sea capaz de encontrar. Hoy Sonia necesita renacer.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

234. CALM

“En el iris de tus ojos” – El Poder de las Letras

“En el iris de tus ojos” – El Poder de las Letras

 

EN EL IRIS DE TUS OJOS

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

EN EL IRIS DE TUS OJOS

Contemplo el suave oscilar de tus pupilas en la penumbra del cuarto, tan solo iluminado por las llamas vacilantes de un fuego que arde en la chimenea, después de habernos incendiado a los dos. En la calma que nace tras la tormenta, soy capaz de apreciar en tu mirada la misma ilusión prendida que emanara de tus ojos tantos años atrás. Relajada, sosegada por tus suaves caricias sobre mi costado haciéndome erizar la piel, me pierdo en el profundo ámbar de tu iris que, sin querer, genera plácidas evocaciones a atardeceres sin final en alguna selva densa y agreste.

En ellos me pierdo como un explorador en la Amazonia, en un mundo de recuerdos donde el tiempo se detiene cada vez que atraviesas el umbral con los pies descalzos. A través de su grata transparencia puedo evocar aún las sensaciones del primer beso, de nuestra primera noche juntos, de la vez primera en que hicimos el amor entretejidos con virutas de deseo. Soy capaz de ver nuestra primera discusión, el primer día alejados, el nacimiento de nuestro hijo y la ternura de tus ásperas manos que se volvían de seda a cada instante. Lo veo todo y, a pesar del tiempo transcurrido, aún brilla la ilusión en tu mirada, aún provocas en mí ese eterno escalofrío que me sacude como un terremoto de la cabeza a los pies, aún el ascua se mantiene prendida entre nosotros.

En el fulgente espejo ambarino de tu mirada, contemplo mi reflejo enturbiado por una pasión intacta después de tanto usarla. Y se obra la magia de poder verme a través de tus ojos e imaginarme, aunque solo sea por unos instantes, realmente tan bella como tú me ves. Quisiera evadirme del mundo real y alojarme para siempre en ese cosmos alternativo donde nacen las estrellas tras cada combustión espontánea que entre nosotros, con cariño, llamamos orgasmo. Quisiera quedar perdida en la selva virgen de tu mirar, libre de cualquier peligro, a salvo de mi crueldad.

Y es que no encuentro un lugar más bonito donde perderme que en el iris desvaído de tus ojos.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

233. VALORES

Reto literario: “Qué desastre”

Reto literario: “Qué desastre”

 

QUÉ DESASTRE

QUÉ DESASTRE

Lo primero que pensaron todos al ver aquel desastre, fue que lo había hecho yo. ¿Quién si no hubiera podido romper todas las vajillas de la tienda de porcelana de la abuela? Era yo el que estaba al cargo. Mientras me caía la bronca del siglo, Otto el elefante volvía a su lugar en una alejada estantería con una sonrisa de burla sin que nadie se enterase, después de haber arrasado con todo. A ver cómo explico yo este desastre.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de septiembre, del blog de Adella Brac

239. ERROR

Los 52 golpes – Golpe #31 – “Mesa para dos”

Los 52 golpes – Golpe #31 – “Mesa para dos”

MESA PARA DOS

MESA PARA DOS

El fuego crepita sobre los troncos de madera que se apilan sobre la chimenea, en una formación piramidal casi perfecta. Uno de ellos resbala hacia el suelo de ladrillo ennegrecido del interior, lo que provoca un pequeño estallido y cientos de diminutas chispas que se disipan en tan solo un segundo. Rosa coge con cuidado las pinzas, que cuelgan de un pequeño soporte en un lateral, y coloca con suma delicadeza el rebelde pedazo de leña en su posición original.

El salón ya ha alcanzado una temperatura ideal en tan solo unos minutos. El calor que emana del fuego recorre su cuerpo, a la par que deja sobre sus brazos desnudos una sensación más que satisfactoria. Apura una copa de vino blanco y se dispone a preparar la mesa para la cena. Hace ya demasiados años que no prepara una mesa para dos. La emoción recorre sus cansados ojos grises, que durante unos segundos se vuelven un poquito más brillantes.

Sobre la mesa redonda del salón, Rosa dispone su mejor mantel, ese que siempre guarda para las ocasiones especiales y que nunca ha llegado a utilizar. Desliza sus manos sobre el suave tejido de color azul con detalles adamascados para que el ajuste sea perfecto. El bonito mantel queda centrado sobre la mesa con una precisión milimétrica. A continuación, coloca sobre él los platos de la vajilla buena, la de loza con dibujos florales. Un pequeño plato para el pan justo al lado del plato principal le parece el complemento ideal. Esta noche quiere que la mesa parezca dispuesta como en el mejor de los restaurantes.

Observa el reloj y comprueba con satisfacción que aún queda media hora para llegue su cita. Tiene tiempo de sobra para esmerarse un poco más. Se dirige hacia el cajón donde guarda la cubertería y elige las mejores piezas. Las coloca de forma equidistante con el plato. Se lamenta de no tener copas, nada más que aquella en la que se toma su ración diaria de vino blanco y que venía de regalo con una triste botella de sidra. Mientras mira dentro del armario, piensa que los vasos de cristal azul oscuro no son una combinación tan mala con el mantel. Coloca dos de ellos sobre la mesa.

Dedica unos minutos a realizar alguna virguería con las servilletas, siempre ha tenido mucha habilidad con ello, igual que con la papiroflexia, y las deposita sobre los platos. Para dar el broche final a su pequeña mesa para dos, dispone en el centro la rosa que compró esa misma mañana para la ocasión, de manera que luce espléndida dentro de un pequeño vaso de agua. Echa un vistazo a la mesa. Aunque debería estar satisfecha con el resultado, cree que le falta algún detalle más. Se queda observando mientras su mano izquierda acaricia su mentón, como si de aquella manera consiguiese atraer la luz que necesita para inspirarse. ¡La luz! Eso es. Una pequeña vela junto a la rosa y la menuda mujer del mismo nombre queda más que satisfecha.

El fuego sigue crepitando en la chimenea. Faltan unos diez minutos para que llegue su cita. Espera que sea puntual o, de lo contrario, los nervios se apoderarían de ella aún más de lo que ya lo han hecho hasta ahora. Se dirige al cuarto de baño. Se retoca el pelo, se pone un ligero toque de labial, algo que le confiera algo más de belleza pero siendo fiel a su estilo natural, y comprueba que el vestido floreado que ha escogido para la ocasión sea el adecuado. Durante unos escasos segundos, se ve hermosa en el reflejo que le devuelve el espejo. Sus mejillas están teñidas de un rubor natural que delata su nerviosismo, pero que a la vez le confiere un aire romántico y fresco.

Cuando apenas falta un minuto para la hora convenida, el timbre de la puerta emite un sonido que reverbera en toda la habitación. Rosa avanza deprisa hacia la puerta, sin disimular la ansiedad que tiene por abrirla. Un enorme suspiro se escapa de sus labios entreabiertos cuando mira fijamente a los ojos del hombre que aguarda al otro lado del umbral, con un ramo de flores en sus manos y un nerviosismo más que evidente. Las primeras lágrimas hacen acto de presencia en los ojos de ambos mientras Rosa se echa en sus brazos con decisión. Solo unas palabras rompen el silencio de aquel emotivo encuentro:

—Hijo mío, cuánto tiempo.

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi trigésimo primera participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

223. DAÑO

El relato del viernes: “El libro de tus sueños (III)”

El relato del viernes: “El libro de tus sueños (III)”

EL LIBRO DE TUS SUEÑOS

 

El libro de tus sueños (I)      El libro de tus sueños (II)

 

EL LIBRO DE TUS SUEÑOS (III)

Cuando, al fin, terminó aquel interminable día, Dani regresó a casa con una extraña sensación en el estómago. Era una mezcla de intriga, ilusión y miedo que le hizo dar incluso un rodeo para alargar el camino de vuelta, después de las increíbles ganas que había tenido durante toda la jornada por regresar.

Fue directo a su habitación y cerró la puerta con cuidado. Todo parecía estar en orden. No había ningún paquete misterioso sobre la mesa ni en el suelo y el cajón donde había escondido el libro se encontraba cerrado, tal y como lo había dejado por la mañana. De manera inconsciente, emitió un suspiro de alivio apoyado contra la puerta, que fue sustituido casi de inmediato por el ya conocido hormigueo en el estómago provocado por el temor que le infundía tomar de nuevo el libro entre sus manos. En el fondo, una parte del él deseaba encontrar el cajón vacío. Armándose de valor, recorrió con lentitud el escaso metro que le separaba de la cajonera y, con mano temblorosa, abrió el primer cajón. Allí estaba, enigmático, el libro, en la misma posición en que lo dejó. Lo tomó entre sus manos y lo abrió por la primera página.

Ante sus ojos volvió a mostrarse el sueño que había vivido aquella noche, con todo lujo de detalles, fantásticas ilustraciones y una preciosa caligrafía. Las letras inundaban las páginas junto con las imágenes y algo en su interior despertó en él una imperiosa necesidad de leer aquellas maravillosas letras que parecían atraerle como si estuvieran imantadas. Durante una hora, más o menos, Dani estuvo sumergido en la lectura de la apasionante historia de su sueño.

A la mañana siguiente, tras otra apacible noche en la que pudo vivir las aventuras escalando la cima de una alta montaña, lo primero que hizo Dani fue ir en busca del libro para saber si aquel sueño también se encontraba plasmado entre sus páginas. Ahora la nueva historia estaba narrada junto a la anterior y su rostro volvía a aparecer en las magníficas ilustraciones que la acompañaban. Despejados ya todos los miedos, Dani fue aquel día con ilusión al colegio, deseando regresar a casa para leer aquel fabuloso cuento que había surgido de su imaginación.

Desde aquel día, siempre se podía ver a Dani con aquel gran libro entre las manos, leyendo con avidez como no lo había hecho nunca antes. Pero no solo era el libro de sus sueños el que devoraban sus pequeños ojos lectores, sino que disfrutaba de la lectura de todos los libros que una vez habían permanecido aburridos y olvidados en la estantería. Fue la tableta la que quedó arrinconada en un extremo de la mesa de Dani, apagada y sola.

El día que Dani terminó de leer el último de los libros que había en su estantería coincidió con la última página del libro de sus sueños. A partir de aquel momento, la biblioteca pasó a ser el lugar favorito del niño, santuario por el que siempre pasaba cuando iba de camino a casa desde el colegio y salía cargado con el máximo número de libros que le permitían tomar en préstamo. En un par de días los había terminado todos. El gran libro de sus sueños ocupó desde entonces un lugar de honor en la preciosa estantería de Dani. Había cumplido a la perfección con su misión, despertar la pasión del niño por la lectura.

Sus padres, cómplices, se sonreían el uno al otro cada vez que lo veían con un libro entre las manos.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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226. CALM

Mi jueves de poesía: “Sin ti”

Mi jueves de poesía: “Sin ti”

 

SIN TI

SIN TI

Sudores fríos me recorren
bajo la cálida luz de la luna llena,
sudores que me arrebatan
disfrutar de este momento
con la placidez de un niño
que duerme tranquilo su siesta.

Los últimos arreboles
lucen en mis mejillas,
los últimos, aunque quisiera
que durasen para siempre
para que tú me recuerdes
caliente como la brisa.

Siento cómo, poco a poco,
me va abandonando el calor,
mi cuerpo se vuelve frío
al compás de un pestañeo,
ya solo soy un puzle
que en cien piezas se rompió.

Y muero entre mis sudores
recordando tu mirada,
descansando en el abismo,
pidiendo cuentas al cielo.

Porque yo sin ti, mi amor,
sin ti no soy nada.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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222. DERROTAS