Reseña: “El pan de la guerra”

Reseña: “El pan de la guerra”

 

RESEÑAS LITERARIAS

La lectura que os traigo esta semana es una de las últimas novelas que he leído que más me ha llegado al corazón, por su contenido, por estar basada en hechos reales, por las circunstancias, por infinidad de motivos que la hacen especial. Se trata de «El pan de la guerra», de la canadiense Deborah Ellis. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: El pan de la guerra

Autora: Deborah Ellis

Editorial: Grupo Editorial Luis Vives (Edelvives)

Año de publicación: 2002

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 152

ISBN: 978-84-263-4619-3

SINOPSIS

Parvana es una chica de once años que vive en Kabul, la capital de Afganistán, durante la época del gobierno de los talibanes. Cuando su padre es detenido, su familia -sin recursos para poder vivir-, buscará una solución desesperada: Parvana, que por ser mujer tiene prohibido ganar dinero, deberá transformarse en un chico.

El pan de la guerra es un libro duro y realista que habla, con humanidad y fuerza, de la supervivencia, la familia, la amistad, la intolerancia y la guerra.

SOBRE LA AUTORA

Desde muy joven, Deborah Ellis, canadiense, ha sido una activista social comprometida con la lucha por la justicia económica, los movimientos pacifistas y los derechos de la mujer. Su primera novela para jóvenes, publicada en 1999, fue nominada como libro del año por la Asociación de Bibliotecarios Canadienses. En la actualidad trabaja como consejera de salud mental en Toronto.

Antes de escribir El pan de la guerra, Deborah Ellis pasó varios meses hablando con mujeres y niñas afganas en los campos de refugiados de Pakistán y Rusia. Durante su estancia allí, conoció a la madre y la hermana de una niña de Kabul que se había vestido con ropas de chico y cortado el pelo para poder vender cosas en el  mercado y de esta manera mantener a su familia. Eso le hizo pensar en la inmensa capacidad que tienen los niños para el valor y la supervivencia en momentos en los que la mayor parte de los adultos conspira para asfixiar su futuro.

63. RESEÑA EL PAN DE LA GUERRA

Hacía bastante tiempo que una novela no me absorbía hasta el punto de no poder detener la lectura hasta el final como ha conseguido hacerlo El pan de la guerra. Sin duda, el hecho de que la prosa sea ligera y fluida, unido a su breve extensión, ha contribuido bastante a ello. No en vano es una novela dirigida principalmente al público juvenil (la edad recomendada para su lectura es a partir de los once años).

Pero no solo ha sido ello lo que ha contribuido a esa necesidad de continuar con la lectura. Con total seguridad, si hubiese contado con varias centenas de páginas más me hubiese enganchado de la misma manera, porque el contenido es brillante.

Basado en hechos reales, Deborah nos narra la historia de Parvana, una niña afgana de tan solo once años. Sin duda, la vida no se lo ha puesto nada fácil a Parvana y a su familia en pleno gobierno del régimen talibán. Entre sus páginas, la novela nos describe una ciudad devastada por la guerra, derruida, asediada, sometida. Las mujeres quedan confinadas a los hogares, se les prohíbe, no solo el estudio y el trabajo, sino incluso la salida a la calle si no es en compañía de un hombre. Se impone el burka, no se les permite ni mostrar el rostro. Las ventanas de las casas donde habitan mujeres han de pintarse de negro para evitar que alguien pueda asomarse y verlas. Quedan reducidas a la mínima expresión.

La alegría de una ciudad que latía llena de vida es segada por el conflicto. El miedo se apodera de las calles, los hombres son detenidos y ejecutados sin motivo aparente, el toque de queda provoca que reine la soledad y la oscuridad en las noches. Las familias van poco a poco perdiendo sus pertenencias en los sucesivos bombardeos hasta quedar confinados en simples habitaciones, el hambre se adueña de ellas. Los bebés y las niñas más pequeñas ni siquiera han conocido otro lugar que no sea la habitación en la que el régimen los mantiene recluidos.

Es esta terrible situación la que le toca vivir a Parvana. Con su juventud medio cercenada por las labores del hogar, cada día acompaña a su padre al mercado, donde trata de ganar unas monedas ejerciendo el oficio de leer y escribir cartas. El día que es detenido, la familia queda sin sustento. Pronto acaban los alimentos y la única opción que encuentran es convertir a Parvana en un chico. Un chico que pueda salir a la calle con cierta libertad, comprar, ganarse unas monedas con su trabajo. Y Parvana, tan solo una niña, supera todos sus miedos por el bien de su familia.

Es una historia de guerra, pero también una historia de superación, de crecimiento ante las adversidades y de amor. Amor hacia la familia, lealtad, fidelidad.

Parvana no es la única. Son muchas las niñas que, convertidas en chicos, proveen a sus familias del sustento diario. Los lazos de amistad que algún día hubieran podido ser frágiles se refuerzan. La amistad y el amor se enaltecen. Las diferencias se reducen hasta casi desaparecer.

Amor, amistad,  superación, guerra y también empatía, que se refleja a la percepción cuando Parvana cuenta sus emociones cuando vio por primera vez a un talibán llorar. Se trata de una historia que, de tan real, es cruel como la vida misma. Sin duda, enaltece unos valores tan necesarios que es idónea para los jóvenes. Y para que la leamos todos.

Es la historia de cómo, durante la guerra, son los niños los que tienen que ganar el pan.

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288. MOMENTOS

“Silencio de los mares” – Desafíos Literarios

“Silencio de los mares” – Desafíos Literarios

SILENCIO DE LOS MARES

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

SILENCIO DE LOS MARES

Se quedaron en silencio todos los mares, las olas se murieron antes de tocar la arena, naufragaron todos los barcos y navegantes, la vida bajo el agua se extinguió.

El sol tembló en la cúpula celeste, la luna en un bolsillo quedó turbada y escondida, las estrellas brillaron aún con más fuerza, los astros se fueron apagando con tan solo escuchar el llanto que salía de tu voz.

La tierra se quebró con un quejido, el soplido de los vientos feneció, las lluvias quedaron ahogadas en sus propias gotas, el hielo se deshizo al sentir tu calor.

El mundo entero se vio nacer de nuevo, una nueva estación apareció, las flores estallaron en miles de colores y todo sonido se volvió en mis oídos canción.

Todo esto ocurrió el día en que tú naciste, el mismo día en que el mar en silencio se quedó.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

277. PROBLEMA

“Quise ser sirena” – El Poder de las Letras

“Quise ser sirena” – El Poder de las Letras

QUISE SER SIRENA

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

QUISE SER SIRENA

Yo quise ser sirena, mujer del mar, surcar las añiles aguas que se volvieron salobres con mis lágrimas de sal. Quise ser del océano princesa, una dama subrepticia que nadase entre las olas, soberana de su vida y patrona marinera de las corrientes que nunca dejaban nada al azar.

Quise ser una amazona salvaje de los océanos, camarada de los peces, señora de los abismos, que juega con los corales embadurnada de brea. Quise llevar en la testa con orgullo una corona, ser la heredera más digna del mismísimo Neptuno, ganarme a pulso el título de guerrera de mi mar.

Quise ser la voz que embruja con su dulce melodía a todos los navegantes que osan cruzar sin visado mi inmenso territorio añil. Quise hacerme escuchar por encima del sonido majestuoso del oleaje, ser la música más bella que llegase a tus oídos y que incluso mis susurros recorrieran con el viento las distancias más extremas y transitarlas en vuelo hasta llegar a una región en la que solo se oiga el mar.

Yo quise ser la más bella que hubiesen visto tus ojos, cepillar con un peine de nácar mis suaves cabellos de sal. Quise vestir mi cuerpo con las más vistosas conchas para atraer tu mirada al compás de los latidos que marcan el paso alegre de tu propio corazón. Saltar junto a los delfines, cabalgar en hipocampos y que a tus pupilas lleguen los más brillantes destellos que eclipsen hasta el reflejo de la luna sobre el mar.

Yo quise ser sirena, reunir en una persona las más poderosas virtudes que puedan enamorarte con solo verme pasar. Mas solo soy una niña, soy una mujer sin nombre que no cuenta con más armas que las que da la humildad. Tendrás que mirarme adentro, buscar entre mis fantasmas y, cuanto más me conozcas, más te vas a enamorar.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

276. CALM

Antología poética “Pobreza” – Biblioteca de las Grandes Naciones

Antología poética “Pobreza” – Biblioteca de las Grandes Naciones

 

ANTOLOGÍA POÉTICA POBREZA

Hoy tengo el enorme placer de presentaros el nuevo libro de consulta gratuita editado por la Biblioteca de las Grandes Naciones, de la mano de Xabier Susperregi y de Rosario Salazar.

Se trata de una antología poética y de arte que, en esta ocasión, gira en torno a la pobreza. Podréis encontrar espectaculares ilustraciones y hermosos poemas, aportados por un gran número de artistas a nivel internacional, con un resultado espléndido.

Podéis acceder a la publicación completa en el siguiente enlace. Espero que la disfrutéis.

Os traigo hasta aquí mi pequeña colaboración, que espero que os guste.

EXISTENCIAS RASGADAS

EXISTENCIAS RASGADAS

Se rompe el mundo en afónico quejido
por andar con los pies descalzos
sobre la tierra que alguna vez le dio la vida
tras el nacimiento desamparado de una estrella.
Se rasgan las voluntades propias de ser
cuando a la boca no llega ni siquiera
una pequeña porción del pan amasado
con las propias manos de aquel que desfallece.
Se rompe el alma en insólitos desvaríos
por falta de una cobija que le proporcione abrigo
al fruto de un vientre amante
por el que dividiría entre cien un cálido hogar.
Se rasgan sin querer los sentimientos
volcados en la fuente del presente
con la esperanza vacía de encontrar en el futuro
algún vigoroso remedio contra las penurias.
Y mientras el mundo se rompe en miserias
alguien se lava las culpas en algún río de oro
que fenece en un mar de sutiles indiferencias
y que transforma al humilde en solo un obstáculo más.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

271. CALM

Los 52 golpes – Golpe #37 – “A las puertas del cielo”

Los 52 golpes – Golpe #37 – “A las puertas del cielo”

 

A LAS PUERTAS DEL CIELO

A LAS PUERTAS DEL CIELO

La esperó delante de la puerta que daba paso a los bellos jardines con los que siempre había soñado que estaría vestido el paraíso. Se trataba un hermoso portón de hierro forjado que daba paso a unas amplias extensiones de parterres cubiertos por el césped más brillante que había visto nunca, salteado por enormes y frondosos árboles que proporcionaban una fresca sombra y ramilletes de flores de los más vistosos colores que nacían por doquier, sin orden ni concierto aparente. Hasta él llegaba un cóctel de aromas tan delicioso que deseó que ella no tardase demasiado para poder internarse en aquel maravilloso lugar donde poder dar un romántico paseo tomados de la mano, como cuando eran novios.

No tenía ni la más remota idea de cómo había llegado hasta allí, pero lo cierto es que tampoco le importaba. Se encontraba en la gloria y lo único que quería era regodearse en aquella maravillosa sensación que le embaucaba por completo. Nunca antes se había sentido tan sereno, la temperatura era de lo más agradable e incluso le habían desaparecido los dolores que desde hacía tiempo aquejaban a sus huesos. Nada importaba ya el hecho de encontrarse de pronto, sin explicación aparente, ante aquel majestuoso lugar que invitaba al sosiego de aquella manera.

Hacía tan solo unos minutos que se había separado de ella, pero la impaciencia le estaba matando. Eso era algo que sí le había llamado la atención. No comprendía por qué, estando juntos, no le había acompañado hasta aquel lugar y, en cambio, le había pedido que la esperase. Con casi total seguridad habría querido arreglarse un poco para la ocasión. Ella era tan coqueta. Siempre lo había sido. Evocó su mirada de hacía tan solo unos instantes, tan cerca de su rostro, con aquellos ojos suyos tan expresivos del color de las avellanas, mirándole con ternura mientras le hablaba, a la par que le acariciaba el rostro. Se le habían formado aquellas decenas de arruguitas tan graciosas en torno a los ojos que tanto le gustaban mientras le susurraba con cariño:

—Espérame, mi amor. Me reuniré contigo. Te lo prometo.

Y allí estaba, esperando frente a la puerta sin atreverse a traspasarla sin ella, deseando que llegase para poder disfrutar de aquel bucólico ambiente a solas.

Un sutil movimiento llamó su atención y reparó, por primera vez desde que había llegado, en un anciano de barba blanca y largos cabellos también cubiertos de canas, con aspecto bondadoso, que, sin embargo, le miraba con gesto impaciente. Sintió de pronto como si su presencia allí fuese una molestia, a pesar de que nadie le había advertido de que no pudiese permanecer en aquel lugar ni hubiese hecho ningún ruido molesto. Se acercó hasta él con gesto interrogante, mirándole de arriba abajo, por completo maravillado por su porte indulgente.

—¿Piensas quedarte mucho tiempo más ahí afuera, Germán? Aunque no lo creas, no puedo estar esperándote aquí durante toda la eternidad. Si no estás satisfecho con el destino que se te ha asignado, siempre podemos hablar con el jefe —. La voz profunda del anciano le sobresaltó. Parecía proceder de todas partes y de ninguna a la vez, y aquel abuelo de amigable aspecto apenas se había limitado a realizar un ligero movimiento de labios. Se sorprendió de que conociese su nombre. Que él supiera, no habían sido presentados.

—Solo estoy esperando a Margarita, mi esposa. Debe de estar al llegar. Ella nunca se retrasa y no llevo aquí más de cinco minutos.

—¿Cinco minutos, Germán? —se carcajeó el anciano, provocando que el suelo temblara como un flan bajo sus pies. Ahora que se fijaba, parecía estar cubierto por algún tipo de material acolchado—. Llevas esperando a las puertas del cielo desde hace ya tres años. No tengas prisa por reunirte con Margarita, ella tardará un tiempo todavía en llegar. Anda… pasa… Claro, que si prefieres que te acompañe al sótano…

Con los ojos abiertos como platos por la sorpresa, Germán asintió con un leve movimiento de cabeza y se deslizó, como flotando en una nube, hasta traspasar la bonita puerta forjada.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

Aquí tenéis mi trigésimo séptima participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

270. MIEDO

El relato del viernes: “Sigue durmiendo”

El relato del viernes: “Sigue durmiendo”

 

SIGUE DURMIENDO

SIGUE DURMIENDO

—Sigue durmiendo…

Las palabras de Ernesto me llegan envueltas en un susurro amortiguado por las cálidas sábanas de algodón. Sus sutiles caricias han logrado proporcionarme un agradable despertar para esta mañana de sábado, pero aún no he conseguido separar los párpados, así que decido mantenerlos cerrados y concentrarme solo en la placentera sensación. Como un pequeño gato, me desperezo entre las sábanas, a la vez que emito un ligero ronroneo.

Lo cierto es que me encantaría poder hacerlo, poder obedecer a Ernesto, poder volver a dejarme caer entre los dulces brazos de Morfeo y sumirme en un embriagador sueño que transporte a mi cuerpo a un estado de absoluta relajación, pero las sutiles caricias de Ernesto no me lo permiten. Sus grandes manos se deslizan por mis piernas con una extrema suavidad, lo que provoca en mí el efecto contrario al de su mandato, más aún cuanto más asciende por ellas.

Él lo nota, lo sabe, pero no da tregua. Aun así, insiste.

—Shhhhh… Sigue durmiendo…

Comienzo a ser más consciente de todo, del roce de las sábanas sobre mi piel desnuda, del tenue sonido del resbalar de sus manos sobre mi piel. Estiro mi cuerpo al máximo y giro sobre mí misma, de manera que quedo tendida boca abajo, abrazada a la mullida almohada. Ernesto se sirve de mi movimiento y aprovecha la ocasión para colocarse a horcajadas sobre mis piernas, dispuesto a darme un masaje en la espalda como solo él me sabe dar. A cada instante, se inclina sobre mí para susurrarme al oído su incesante letanía de cada mañana de sábado.

—Sigue durmiendo…

La temperatura de la habitación parece haber subido varios grados. La humedad también. La mía. Así no hay quien duerma…

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

269. CALM

Mi jueves de poesía: “Jugar con fuego”

Mi jueves de poesía: “Jugar con fuego”

 

JUGAR CON FUEGO

JUGAR CON FUEGO

Yo quise entrar en tu infierno,
quemarme en el mismo fuego
en el que morían en llamas
las promesas que me hiciste
cuando el cielo que nos cubría
aún mantenía su brillante tono azul.
Quise quemar con mi cuerpo
todos aquellos demonios
que guardabas con recelo
y adentrarme en tus tinieblas
donde las llamas que ardían
solo iban ataviadas de un opaco color gris.
Conseguí mi cometido,
me he prendido con tu fuego,
ahora las llamas me envuelven
y entre el calor de mi lumbre
aprenderé la lección,
solo consigue quemarse el que con fuego
jugó.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

268. ARMAS

Reseña: “Luz velada”

Reseña: “Luz velada”

 

RESEÑAS LITERARIAS

Hoy nos adentramos de lleno en el mundo de la poesía. Una poesía de calidad que viene de la mano de la poeta Isabel Fernández Bernaldo de Quirós. He de decir que he tenido la suerte de poder conocer a Isabel en persona y que he encontrado una persona cálida, sencilla, bondadosa, un auténtico encanto de mujer. “Luz velada”, es uno de los tres poemarios que ha publicado Isabel, siempre bajo el sello de Ediciones Vitruvio. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Luz velada

Autora: Isabel Fernández Bernaldo de Quirós

Editorial: Ediciones Vitruvio

Año de publicación: 2015

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 124

ISBN: 978-84-944437-9-4

SINOPSIS

Poesía intimista contemporánea

SOBRE LA AUTORA

Isabel Fernández Bernaldo de Quirós, nacida en Mieres (Asturias) en 1947, ha sido Profesora Titular de la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid.

Es autora de Al son de las mareas y Las farolas caminan la calle, publicadas con Ediciones Vitruvio. Luz velada es el segundo libro de poesía que publica.

62. RESEÑA LUZ VELADA

La poesía de Isabel es elegante, intensa y armoniosa. Versos libres que te llenan el alma, poemas que puedes paladear, deleitarte en ellos, que piden ser leídos una y mil veces. Poesía digna de ser disfrutada con tranquilidad, como si se tratase de un pequeño tesoro que tienes la suerte de acariciar con tus manos.

El poemario está estructurado en cinco libros, cada uno de los cuales está dedicado a una temática muy concreta. Poemas que hablan, cómo no, del amor, de la vida, de la muerte (entendida esta en sus más diversas vertientes), del paso del tiempo, de la pérdida de la juventud, del cariño de los hijos, de la enfermedad, del renacer a la vida a través del cariño de los nietos.

Como siempre, os traigo hasta aquí uno de sus poemas para que lo podáis disfrutar por vosotros mismos. El título, «Cuando el mar se desvanece»:

Cuando el mar se desvanece

se escuchan los ecos de la muerte

navegando entre silencios de medusas.

Suspiros

de cuantos ahogaron sus penas

adentrándose desde sus orillas.

Clamores

de quienes naufragaron tormentas

en sus aguas abisales.

Llantos

de cuántas vidas duermen

en el silencio de sus fondos.

¡Cantos de sirena!

Me gustaría destacar también otro poema dedicado a nuestra gran compañera de letras Julie Sopetrán. Se titula «Una de ellos» y dice así:

Desde la lejanía escucho el eco ronco

nacido entre las ruinas del monasterio.

Su corazón desgarrado grita

lágrimas de sangre inocente.

Se siente una más de ellos,

madre, padre, abuelo, hijos, nietos.

Por cada asesinato

un cuchillo en su cuerpo.

Por cada desaparecido

una bala en su fe en México.

La acompañé en cada silencio

y esperé paciente su desahogo.

No tardó en llegar.

Los muros del claustro se estremecieron

cuando vomitó

el agrio sabor de la impotencia

y el frío dolor de la injusticia

en palabras de denuncia.

En cifras de sangre que aterrorizan al miedo.

En versos que resucitan muertos.

Muy recomendado si quieres mecerte en versos, que te acunan desde el primero al último, de una manera mágica que te envuelve en todo instante.

A título personal, he de decir que me ha llenado más Luz velada que Las farolas caminan la calle. Lo encuentro más íntimo, especial. Os toca a vosotros conocerlos y formar vuestra propia opinión. Lo que es seguro es que no os defraudará.

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281. PRINCIPITO

“Sequía creativa” – Desafíos Literarios

“Sequía creativa” – Desafíos Literarios

 

SEQUÍA CREATIVA

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

SEQUÍA CREATIVA

Rafael se quitó la pipa de la boca y una expresión de preocupación se reflejó en su rostro. Hasta mí llegaba el aroma sutil del tabaco que se iba quemando con lentitud en la pequeña cachimba y oleadas de recuerdos me asaltaron en un instante. Era un olor que debía de tener aislado en cuarentena en algún recóndito lugar de mi cerebro, porque lo cierto es que no lo recordaba. De pronto, fue como si hubiese dado un salto hacia atrás en el tiempo y hubiese aterrizado de golpe en una noche fría de invierno mientras escuchaba las batallitas que solía contarme el tío Juan junto a la estufa.

El tío Juan. ¿Qué habría sido de él? Hacía por lo menos treinta años que no lo veía. No solo eso, tampoco se había vuelto a pronunciar su nombre. Mi padre había borrado a su hermano de nuestras vidas de un plumazo por algún tipo de desavenencia entre ellos que jamás nos llegó a contar y que nunca hubiese llegado a comprender, aunque siempre tuve mis sospechas de que tenía algo que ver con mi madre. En cualquier caso, ni mi corazón ni mi mente habían estado nunca preparados para comprender la separación de dos hermanos.

Sea como fuere, lo cierto era que la última vez que había visto al tío Juan yo tenía diez años y, a partir de entonces, se prohibió hablar de él tan siquiera. Yo me sentí decepcionada, enfadada, iracunda. Sus problemas serían suyos, no me importaba que quedasen entre ellos dos, pero yo no tenía nada que ver. No era justo. En secreto, yo tenía la creencia de que el tío se pondría en contacto conmigo. Soñaba con encuentros clandestinos con él a escondidas de toda la familia, para algo era su sobrina favorita. O, al menos, eso era lo que me decía, pero a la hora de la verdad, desapareció sin dejar rastro. Así que me obligué a olvidarlo. Y ahora, el aroma de la pipa de Rafael lo había vuelto a traer a mi memoria sin permiso.

El tío Juan era solo un par de años mayor que mi padre, pero mucho más atractivo, ahora que lo recuerdo. A pesar de su relativa juventud, siempre fumaba en pipa, una costumbre que yo tenía atribuida a personas de una edad más avanzada o de otro nivel social. Y, entre el humo aromatizado del tabaco, yo pasaba las horas junto a él, que engarzaba una historia con otra sin cansarse. Solía decir que le encantaba ver mi mirada asombrada mientras le escuchaba y, por eso, me las contaba con mayor placer. Nunca llegué a saber si todas aquellas historias eran ciertas o no, pero yo me quedaba embelesada mientras le escuchaba. Lo adoraba. Para mí, era un auténtico héroe. No en vano, había sido corresponsal de guerra durante muchos años, hasta que un importante daño sufrido en una de las contiendas lo trajo de vuelta a las oficinas. Y yo me alegraba por ello.

Un lejano rumor llegaba hasta mis oídos mientras pensaba todo aquello, pero yo solo podía recrearme en la maravillosa sensación de aspirar el aroma de la pipa y evocar un pasado que había estado durante tanto tiempo enterrado en el fondo de alguna laguna de mi memoria, cual si fuese un cadáver a esconder. Con estos recuerdos, todas las historias narradas por el tío Juan volvieron en tropel. Aquella en la que… Y aquella otra… «Un momento», mi cerebro me habló alto y claro en el interior de mi cabeza, «¿y si? Podría funcionar, ¿no?». «Podría funcionar», me repetía a mí misma, mientras el murmullo que oía a mi alrededor se iba haciendo cada vez más nítido, hasta que conseguí salir de mi ensimismamiento y lo escuché a la perfección. Quizá ayudó un poco la mano que me zarandeaba un brazo, cada vez con más fuerza.

—Sofía… ¡Sofía! ¿Me estás escuchando? —volví a escuchar la voz de Rafael con nitidez, además del tráfico de la avenida donde estábamos sentados tomando un café—. Llevo tres meses esperando a que me envíes el manuscrito de tu nueva novela. ¡Tres meses! Te he llamado todos los días y solo me has dado largas. ¡Y ahora me dices que no tienes nada! ¡Que las musas te han abandonado! ¡Que tienes sequía creativa! Por favor, Sofía, céntrate, no me obligues a tener que tomar decisiones difíciles.

Dibujé una sonrisa en el rostro mientras tomaba un sorbo de mi café ya tibio y aspiraba de nuevo el aroma del tabaco. «Gracias, tío Juan», pensé, al tiempo que contestaba a mi editor:

—No te preocupes, Rafael, tendrás tu manuscrito en breve. ¿Puedo probar la pipa?

Y, sin más, me quedé mirándole con una expresión que era una amalgama entre inocencia e ilusión.

—Desde luego, qué raros sois los escritores… —dijo, mientras me tendía su tabaco, sorprendido.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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267. LIBRO