“El bolígrafo verde” – El Poder de las Letras

“El bolígrafo verde” – El Poder de las Letras

 

EL BOLÍGRAFO VERDE

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

EL BOLÍGRAFO VERDE

Mi vida cambió por completo el día en que me regalaron un bolígrafo de color verde. Sí, sí, como lo oís, no penséis que exagero. He aquí una prueba más de que la cosa más insignificante puede suponer un cambio muy grande. Una especie de «efecto mariposa» en plan casero. En mi caso, todo comenzó por un bolígrafo de tinta verde.

La cuestión es que yo sabía de la existencia de estos bolígrafos, obviamente, así como de muchos otros colores, pero nunca había utilizado ninguno. Y he de decir que, cuando estudiaba, mis apuntes estaban impecables con los tres colores clásicos: azul, negro y rojo. Utilizaba el color rojo para los títulos de los temas, el negro para los subtítulos y el azul para el contenido. No necesitaba más. Después de eso, en mi vida laboral, el uso de bolígrafos quedó limitado casi en exclusiva a los colores negro y azul. Mi predilecto siempre ha sido el negro, pero para las firmas de documentos siempre he utilizado el azul, por aquello de que se notase a simple vista que eran originales y no vulgares fotocopias.

Cierto día, uno que estaba siendo particularmente duro, una reunión con un cliente fue la que me cambió la vida. Así de sencillo. Yo andaba con un humor de perros y, como ya habíamos forjado cierta confianza entre nosotros, decidió echarme una mano y contarme su secreto. Él es una persona tranquila, a la que jamás he visto alterada, por muy dura que hubiese sido la situación.

—¡Vaya! Parece que estás teniendo un mal día hoy, ¿no es cierto? —me comentó, como quien no quiere la cosa, después de que yo hubiese soltado una larga ristra de tacos tras una inoportuna llamada telefónica.

—No me hables, no me hables… —le contesté, mientras le ofrecía un café.

—¿Sabes qué? Te iba a contar una cosa, pero seguro que no me vas a creer, así que… —me dijo, interesante. Sabía de sobra la rabia que me da que me pongan el caramelo en los labios para luego no contar nada.

—¡Ah, no! Ahora me lo cuentas… Con el día que llevo, no me dejes así o soy capaz de morderte —le hice un gesto imitando a un mordisco, para enfatizar mi respuesta.

—Vale, pero me tienes que prometer que no te reirás, ¿de acuerdo? Y, sobre todo que, por ridículo que te parezca, lo probarás.

—Venga… cuenta… —le contesté. Ya estaba empezando a impacientarme y eso no era nada bueno ni para él ni para nuestro negocio.

—Verás. ¿Sabías que algo tan sencillo como el color del bolígrafo que utilizamos puede cambiar nuestro estado de ánimo?

—Jajajajaja, ¿me lo estás diciendo en serio?

—Me has prometido que no te ibas a reír…

—Es cierto, llevas razón. Continúa, por favor —le solicité, mientras trataba de esconder una sonrisilla burlona.

—Apuesto a que utilizas bolígrafos de color negro, ¿me equivoco?

Como ya os lo he contado antes, ya sabréis que no, no se equivocaba. Ya me había picado un poco la curiosidad, así que asentí para que continuase.

—Verás, es muy sencillo. Si solemos escribir con bolígrafo azul, nuestra vida nunca tendrá nada de especial. Eres una persona tradicional, no proclive a realizar cambios, que se encuentra demasiado a gusto en su zona de confort. Si el que utilizamos habitualmente es el negro, nuestra vida será propensa a ser de ese color. ¿Lo entiendes?

Aunque no confiaba mucho en esa descabellada teoría de los colores, asentí y le insté a que continuase. Quería saber a dónde llevaba todo aquello.

—El rojo siempre se ha asociado al color de las correcciones y los fallos. No te lo recomiendo, tu vida será un desastre. Tu cerebro interpretará que todo lo que escribes es erróneo y nunca tendrás la suficiente seguridad en ti mismo.

¿Así que aquello tenía que ver con la interpretación que tu cerebro hiciera? Ya que había entrado al trapo de aquella manera, decidí que lo mejor sería dejarlo continuar.

—Como sabrás, podemos utilizar bolígrafos de todos los colores posibles, pero yo te recomiendo, en tu situación, que comiences a utilizar el verde.

—¿El verde? ¿Por qué el verde? —pregunté, extrañado. Nunca me había parecido que fuera un color muy agraciado.

—El verde es el color por antonomasia de la esperanza. Es el color de los prados, de la naturaleza. Es positivo y relajante. Pruébalo. Ya verás cómo lo notas —y sacó de su maletín un bolígrafo de gel verde, que me entregó.

Sé que suena extraño, pero no tenía nada que perder, ¿no? Desde aquel día comencé a utilizar el bolígrafo verde que me regaló mi cliente. Y después de ese han venido muchos más. Todo, absolutamente todo escrito que tengo que hacer lo redacto en color verde, incluso las firmas de los documentos. ¡Ya son famosas mis firmas verdes en los pagarés! He de reconocer que, desde que utilizo este color, la vida ha cambiado para mejor. Tengo mucha más paciencia, soy más positivo y creo que podría decir que me siento incluso más feliz. Los malos días de ánimo malhumorado son cosa del pasado y disfruto más de cada día. Lo podéis creer o no, pero es así. Quizá sea solo psicológico… o puede que el color de la tinta con la que escribimos pueda afectar en realidad a nuestro estado de ánimo. No lo sé con seguridad.

Y vosotros, ¿os pasáis al verde?

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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El bolígrafo verde by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen tomada de la red (editada)

266. MUNDO

“Mi último escrito” – You Are Writer

“Mi último escrito” – You Are Writer

 

MI ÚLTIMO ESCRITO

MI ÚLTIMO ESCRITO

Sábado. Llevo toda la semana sumida en la desidia y ni una sola palabra coherente ha conseguido escapar de mi cerebro aturdido por el calor. Solo me quedan dos días para enviar mi colaboración con el más importante de mis clientes y aún no he sido capaz de escribir nada. ¿Estaré perdiendo facultades? ¿Será la edad? ¿O tan solo será este maldito calor del mes de julio que mantiene atrofiada mi capacidad creativa? Espero que sea esto último porque si no, estoy perdida. Sí, como lo oís, literalmente perdida. Jamás me había ocurrido algo así y mi parte victimista no puede evitar regodearse en la desesperación y centrarse en un único pensamiento: ¿por qué a mí?

Bueno, no seamos tremendistas. Aún quedan dos días, cuarenta y ocho horas completas para poder realizar mi trabajo como de costumbre. ¿Desde cuándo mi pensamiento es tan negativo como para llegar a decir «solo quedan dos días»? No, aún quedan dos días. Mucho mejor. Mi mente parece despejarse ante esta idea. Seguro que un café la ayuda un poco con la tarea.

Cinco horas. Ya han pasado cinco horas desde que me senté frente a mi fiel máquina de escribir. Cinco horas que he pasado divagando, fumando y perdiéndome en los rincones más recónditos de mi mente. Mi estómago reclama comida, seguro que de esa manera cuerpo y mente se sincronizan de una vez por todas y se dedican a realizar lo que llevo días pidiéndoles con tanto ahínco, así que hago un alto en el camino y se la doy. El problema es que, tras ello, la conjunción de alimento y calor me lleva a sumirme en un sopor irresistible. «Una siesta me vendrá bien», pienso, «seguro que me levanto descansada y con la mente despejada». No puedo evitar una sonrisa mientras me dejo llevar en volandas a los cálidos brazos de Morfeo.

¡No me lo puedo creer! ¿Qué es lo que ha ocurrido? El reloj de mi cuarto marca orgulloso las ocho de la tarde. Creo incluso llegar a ver en él una mueca de burla hacia mí. Por un momento, no recuerdo ni siquiera quién soy, ni el día que es, ni el trabajo que tengo pendiente. Sobresalto. La máquina de escribir continúa sobre la mesa, con la misma página en blanco colocada en la misma posición exacta que cuando la dejé, después de los intentos de la mañana. «¿Tú también te estás burlando de mí?», le pregunto con ironía. Por alguna extraña razón, ahora me parece más altiva, lejana, inalcanzable.

En una hora he quedado con mi grupo de amigos. Seguro que me viene bien salir, un poco de distracción siempre hace bien al cerebro y, con total seguridad, mañana estaré en las condiciones idóneas para realizar el trabajo. Me doy una ducha, recreándome en las sensaciones purificadoras del agua cayendo sobre mi piel. En estos momentos podría decir que no me había sentido mejor en toda la semana que ya he dejado atrás. Me recojo el pelo en un moño alto, bien tirante, sofisticado, como a mí me gusta. El vestido negro que me sienta tan bien será una apuesta segura para ganar confianza en mí misma esta noche y mañana estar en pleno uso de mis facultades. ¡Ah! Y los zapatos de tacón son imprescindibles para alcanzar el resultado deseado.

Me maquillo con sutileza y aplico unas gotas del perfume que tanto me gusta. Lista. Aún tengo diez minutos para llegar al lugar acordado. Vuelvo a entrar en mi dormitorio para escoger el bolso que me acompañará esta noche y mi mirada se fija inevitablemente en la máquina de escribir que, como no podía ser de otra manera, continúa en la misma posición, desafiante. Me siento tan fresca que no puedo evitar dirigirme hacia ella e intentar rasgar las primeras palabras de la magnífica historia que mostrará mañana.

Creo que no he llegado a ser consciente del embrujo al que me ha sometido, pero cuando quiero darme cuenta estoy sentada sobre el suelo de madera, intentando plasmar unas palabras con un mínimo de coherencia. Decenas de hojas de papel arrugadas se extienden en torno a mí y el teléfono móvil, sobre la mesa, suena con insistencia. Ya es noche cerrada, ni tan siquiera me molesto en comprobar la hora, cuando menos de contestar el dichoso teléfono que no para de inundar la habitación con su sonido estridente.

Compruebo con lástima que el último carrete de tinta está a punto de terminar. Cuando llegue a su fin, ya no podré volverme a sentar ante mi querida máquina y sentir la calidez de las teclas bajo mis dedos. En un arrebato de locura, me hago la promesa de no volver a escribir si no consigo, no ya comenzar, sino terminar mi historia con este último carrete.

El amanecer me sorprende en la misma posición, sentada sobre el suelo, mientras la cantidad de hojas arrebujadas, inservibles, crece a mi alrededor. Cuando, ya al comienzo de un nuevo anochecer, se finaliza aquel viejo carrete, quedo rendida sobre el suelo, empapada en las lágrimas que me provoca saber que no he logrado ni siquiera comenzar mi último escrito.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Esta ha sido mi colaboración mensual con la fantástica página de escritores YouAreWriter. Espero que os haya gustado y que no dejéis de visitar la página.

263. IRSE

Los 52 golpes – Golpe #36 – “En el mismo sitio”

Los 52 golpes – Golpe #36 – “En el mismo sitio”

 

EN EL MISMO SITIO

EN EL MISMO SITIO

El anciano estaba sentado en el banco, como cada día. Todos los días lo observaba en silencio, oculto tras la intimidad que le proporcionaban los cristales de la amplia ventana de la cafetería que había justo enfrente. El primer día que llegó, nada más dejar sus maletas en el piso de alquiler, salió a dar un paseo por la pequeña ciudad. Sin llevarlo premeditado, sus pasos se dirigieron de manera casi automática hasta el paseo marítimo. Siempre había amado el mar y la perspectiva de vivir durante unos meses en una ciudad costera  se le antojaba muy relajante. Decidió entrar a tomar un café en aquella cafetería, casi vacía en aquella época del año, desde la que podría divisar el mar a su placer a la vez que se guarecía del relente que comenzaba a refrescar la tarde. Lo que más llamó su atención fue el anciano del banco.

Tenía la piel curtida por el sol y más arrugas en el rostro de las que hubiese podido imaginar que podría llegar a tener una persona. Su edad era indescifrable, pero parecía hallarse perdida en algún tiempo entre la vejez y la eternidad. Lo que más le llamó la atención fue el gesto de extrema melancolía que, desde el otro lado del paseo, se adivinaba en su tez. Su postura era por completo estática y juraría que no se había modificado un ápice en todo el tiempo que pasó observándolo. Con manos marchitas apoyadas sobre el bastón, dirigía la mirada a un punto indeterminado del horizonte, mientras descansaba su barbilla sobre ellas.

Después de aquel primer día, tomó la costumbre de salir a pasear todas las tardes. Recorría el paseo marítimo despacio, con mucha calma, queriendo paladear hasta el más mínimo de los momentos que la vida le había querido regalar allí, junto al mar. Observaba con la misma emoción de la primera vez cada pequeño salto de agua, cada cresta de ola que se formaba en la vasta extensión azul que tenía ante sus ojos y que resplandecía como si fuese una joya ante el más sutil rayo de sol. Siempre terminaba su paseo en la misma cafetería, sin faltar ni un solo día, como tampoco lo hizo el anciano de la mirada perdida en el mar. Tras la cristalera, lo observaba durante largo rato, en silencio, creando, sin ser visto, un vínculo especial con aquel hombre del que ni siquiera conocía el nombre. Cuando caía la noche y regresaba a su casa, el anciano seguía allí, inmóvil, como un vigía que tratase de proteger el mayor de los tesoros.

Los seis meses que duró su trabajo en aquella ciudad pasaron mucho más aprisa de lo que le hubiera gustado. Cuando quiso darse cuenta, tenía preparadas las mismas maletas con las que llegó sobre el suelo de su dormitorio, esperando para partir a la mañana siguiente, temprano. Su último paseo por la playa al atardecer se alargó sin querer hasta la caída del sol. Pensó en regresar a casa y faltar a su cita con la cafetería y el anciano, pero algo en su interior le hizo replanteárselo. Solo faltaría a una de sus citas diarias.

Temió que, siendo ya de noche, el anciano se hubiese retirado ya del banco, pero allí estaba, sentado en la misma posición que de costumbre. Lo observó durante un tiempo, acodado sobre la barandilla que separaba el paseo de la playa, sin decidirse a irrumpir en los pensamientos de aquel hombre que parecía tan apesadumbrado. Una gran luna llena había comenzado su ascensión en el cielo y su reflejo en el mar era especialmente bonito aquella noche. Al final, se decidió a sentarse a su lado.

Con sumo cuidado, como si temiese interrumpir algo muy delicado, se sentó en un extremo del banco que ocupaba el anciano cada día. Permaneció a su lado en silencio durante un buen rato, observando el mar con el mero placer de su compañía. Aquella persona ni siquiera se había inmutado ante su presencia, parecía estar ajeno a todo lo que le rodease.

—Es hermoso, ¿verdad? —se atrevió a decir, al fin, rompiendo el silencio de la noche, mientras con un gesto de cabeza señalaba el mar.

No obtuvo respuesta. Aguardó durante un momento y, cuando ya estaba pensando levantarse e irse, el anciano, sin modificar para nada la postura ni su gesto, le contestó:

—Lo odio.

Aquella respuesta lo dejó paralizado. De todas las contestaciones posibles, jamás hubiese esperado una así de una persona que pasaba horas completas contemplando el mar a diario. Optó por guardar silencio.

—Él se la llevó, ¿sabes? —volvió a hablar el anciano del mar. Su gesto se contrajo y fue capaz de ver una lágrima deslizarse por su apergaminada mejilla, justo antes de que se levantase del banco y se alejase del lugar con paso trémulo, dejándolo en soledad.

Han pasado ya varios años desde que dejó aquella bonita ciudad de la costa. Jamás regresó, a pesar de que en más de una ocasión hubiese tenido ganas de hacerlo. Ignoraba si aquel anciano continuaría visitando cada día el mismo banco del paseo o si ya habría partido a reunirse con ella. Él prefería recordarle así, siempre en el mismo sitio, mirando con añoranza hacia el mar.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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Aquí tenéis mi trigésimo sexta participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

 

259. CALM

El relato del viernes: “Una noche con María”

El relato del viernes: “Una noche con María”

 

UNA NOCHE CON MARÍA

UNA NOCHE CON MARÍA

Es difícil precisar, no ya con exactitud, sino como una mera aproximación, la edad que puede tener María. Yo recuerdo verla caminar por el barrio desde hace años, muchísimos años. Es más, creo que desde que tengo uso de razón, María siempre ha estado ahí y siempre ha mantenido el mismo aspecto. Pudiera parecer que ha conseguido burlar el paso de los años y se hubiese detenido en una edad imprecisa o, por el contrario, que tuviese ya tal edad que fuese imposible envejecer más. En cualquier caso, la apariencia de María lleva siendo la misma desde hace al menos tres décadas.

Siempre se ha visto a María por las calles tirando de un pequeño carro donde iba apilando los cartones que encontraba o le daban los vecinos. A día de hoy, sigue haciendo lo mismo. Su minúsculo cuerpo, encogido por la edad, tira del carro con el mismo vigor con el que lo ha hecho siempre. Acarrea los cartones cada día hasta una fábrica de las afueras donde se los pagaban a veinte duros el kilo y ahora apenas le dan unos míseros treinta céntimos. Lo sé porque me lo cuenta todos los días. Es una historia convertida en bucle dentro de su cabeza, que cuenta una y otra vez, como si fuese la primera, sin que parezca que recuerde si ya te lo había contado o no. Quizá no lo recuerde, o quizá simplemente le guste contar su historia. Yo solo sé que me encanta escucharla.

Todos los días, cuando regreso a casa desde el trabajo, tomo del brazo a María, que ya ha terminado su tarea diaria y espera con paciencia sentada en un banco de la plaza. Juntas vamos a la cafetería de Miguel, otro veterano del barrio, aunque a este sí creo recordarlo con algo más de lozanía y de juventud. La invito a un café con leche mientras me cuenta la misma historia de todos los días, que yo escucho con una sonrisa. María es única contando su historia, la adorna con todo lujo de detalles y por su forma de expresarse diría que ha sido o, mejor dicho, es una mujer muy culta. Quizá algún día me cuente la historia que yo quiero escuchar y que nunca me atrevo a preguntar.

Ese ratito que paso con ella cada día, excepto los fines de semana, es como un remanso de paz en mis tardes. La voz de María es extremadamente dulce y pausada, una auténtica melodía para mis sentidos. Sus manos ya trémulas sujetan con nerviosismo la taza de café. Cualquiera diría que son las mismas manos que unas horas antes derrochaban fortaleza tirando del carrito. Observo, mientras la escucho, las arrugas que surcan la piel de sus manos que, a pesar de todo, tienen la suavidad de la seda cuando se las estrecho con cariño. La admiro.

Hace unos días, un problema laboral me hizo regresar a mi casa cerca ya de la medianoche. Encontraba mi ánimo pesado y sentía el cansancio como una cargante losa sobre mi espalda. Además, echaba de menos de María. A aquellas horas, el banco donde siempre la encontraba ya estaba vacío y la cafetería de Miguel, cerrada. Era el primer día que la fallaba en muchos años, lo que me hacía sentir aún peor. Al entrar en el portal de mi casa, un bulto extraño me sobresaltó. A punto estuve de dar un grito cuando vi aparecer el dulce rostro añejo de María desde debajo de unos cartones.

Me acurruqué a su lado y, de inmediato, me sentí mucho mejor. María me acariciaba el pelo como si fuera su niña, con un cariño infinito que no parecía morir en ningún punto. Aquella noche, María me habló como nunca antes lo había hecho. Abrió su corazón para mí de una manera que jamás hubiese imaginado que podría hacer. Me habló de su vida anterior, de su familia, de las circunstancias que la habían llevado a malvivir de aquella manera, de su soledad, de lo consoladora y grata que le resultaba mi compañía. Fui incapaz de articular una sola palabra, me limité a escucharla como ella necesitaba y, cuando el día despertó y nos sorprendió a las dos en el portal, noté también cierto grado de alivio en ella.

Se apresuró a recoger sus cartones, no quería que nadie la sorprendiese allí, tenía que comenzar a trabajar si quería comer algo aquella mañana. En silencio, como durante toda la noche, la tomé de la mano y la acompañé a mi casa.

Conozco a María desde que tengo uso de razón. No lo sabía, pero María es, y siempre ha sido, mi familia.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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Una noche con María by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

258. GRACIAS

Mi jueves de poesía: “Aquiescencia”

Mi jueves de poesía: “Aquiescencia”

 

AQUIESCENCIA

AQUIESCENCIA

Se envilece
la vida a cada instante
que sucede al infinito
en una eterna elongación de horas
carentes de razón.
En el pausado
transcurrir del tiempo
revelan tus pupilas
el agrio desaliento informe
de una férrea existencia.
Sin remedio,
triunfa la aceptación
privada de artificios
del transcurrir de tus memorias,
desprovistas de logros.
Solo resta
convivir con la aquiescencia
de que el recuerdo es efímero
y de que tarde o temprano
este también morirá.
Y al llegar
el desenlace esperado,
poco importará el viaje
y desprovistos de equipaje
partiremos
hacia el ser más incompleto
habitando en el destierro
por lagunas de extravío.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

257. COSECHA

Reseña: “Lejos de los caminos trillados”

Reseña: “Lejos de los caminos trillados”

 

RESEÑAS LITERARIAS

Hoy os traigo una lectura muy especial, tanto por su formato como por su contenido. Se trata de un pequeño librito, titulado «Lejos de los caminos trillados», de Delfina Lusiardi. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Lejos de los caminos trillados

Autora: Delfina Lusiardi

Editorial: Sabina Editorial

Año de publicación: 2008

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 96

ISBN: 978-84-936378-1-1

SINOPSIS

Este libro es un diario, un espacio propio, un diálogo interior que, a la vez, es un diálogo con el mundo. La autora, a través de sus dibujos y de sus reflexiones poéticas, nos deja entrar en su vida y nos abre espacios de libertad hasta ahora inexplorados. Su experiencia -nueva, dolorosa y rica a la vez- durante el tratamiento para superar un cáncer, lejos de sumirnos en la resignación o la queja, nos descubre la inesperada felicidad de vivir. También sus reflexiones sobre lo que está pasando en el mundo durante un año, la guerra, las relaciones, la historia y la salud están hechas desde la fragilidad y la grandeza de la propia vida.

SOBRE LA AUTORA

Filosófa italiana, autora y editora de diversas obras, para quien la experiencia femenina representa el centro de su compromiso. Es una de las fundadoras de la Universidad de las mujeres «Simone de Beauvoir» de Brescia, la ciudad donde ha promovido el encuentro entre mujeres italianas y extranjeras, dando voz al sentir y a la experiencia práctica femenina en culturas diferentes.

Su pasión por el trabajo del pensamiento se ha plasmado, entre otras, en la enseñanza de la filosofía a jóvenes de Secundaria (hasta 1999) y en la investigación con la Comunidad filosófica Diótima de la Universidad de Verona.

 61. RESEÑA LEJOS DE LOS CAMINOS TRILLADOS

 

Resultaría prácticamente imposible, además de increíble, describir la cantidad de sentimiento que Delfina Lusiardi es capaz de transmitir en este pequeño ejemplar de apenas noventa páginas y en un formato tan reducido como son 13×15 centímetros. Leerlo para creerlo, no os puedo dar mejor consejo ante «Lejos de los caminos trillados», una obra que se lee en dos ratitos muy agradables, o incluso en uno si dispones de tiempo.

Se trata de un diario en el que la autora plasma los sentimientos, durante un año, que van surgiendo a lo largo de la lucha contra una enfermedad tan dura como es el cáncer. Entre sus páginas podemos vivir en primera persona y desde dentro una mastectomía, los efectos de las sesiones de quimioterapia y el cambio que ocasiona en la percepción de la vida una de las enfermedades más crueles que existen.

Sin embargo, el sentimiento principal que transmite este diario es el afán de superación, una historia de fortalecimiento ante la adversidad y los cambios que se operan ante las diversas circunstancias vitales cuando estas se ven desde una nueva perspectiva, la que proporciona la visión del final de la existencia, la incertidumbre ante lo desconocido. Es, en definitiva, un diario de vida en el que la sensibilidad permanece a flor de piel durante todas sus páginas.

Acompañando a las anotaciones en el diario podemos encontrar preciosas ilustraciones a lápiz realizadas por la autora en consonancia con los sentimientos que transmite. Una conjunción preciosa.

Al tiempo, Delfina trata temas al margen de la enfermedad como pueden ser las relaciones y, sobre todo, la guerra. Todo ello tratado desde el mismo prisma que otorga el conocimiento de la fragilidad de la existencia.

Cabe destacar el epílogo, a cargo de Gemma Martino, que constituye una pequeña obra literaria en sí mismo y repleto de sensibilidad.

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275. VALOR

“No es un cuento de hadas” – Desafíos Literarios

“No es un cuento de hadas” – Desafíos Literarios

NO ES UN CUENTO DE HADAS

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

NO ES UN CUENTO DE HADAS

Se enamoraron y fueron felices para siempre. Ese era el final que ella hubiese querido para su cuento, un cuento de hadas, de príncipes y princesas, en el que no hubiera dragones, ni brujas malvadas ni ogros que raptasen a los niños. Pero la realidad había sido bien diferente.

La historia había comenzado bien, se enamoraron. Lo hicieron los dos, ambos cayeron irremisiblemente enamorados el uno del otro, como si hubiesen estado predestinados a hacerlo desde que nacieron. Fue lo que algunos han dado en llamar un flechazo, un amor a primera vista, el encuentro que ambos llevaban esperando toda la vida con esa persona especial que les haría sentir mariposas en el estómago.

Pero ocurre que la vida no es más que eso, una historia narrada en primera persona en la que muchas de tus voces las ponen los demás. O un devenir de acontecimientos, agradables unos, incómodos otros, en el que la única esperanza reside en que la balanza se incline del lado de los primeros para que merezca la pena. Lo único que es seguro es que la vida no es un cuento, y mucho menos de hadas.

Así, ocurrió que el apuesto y encantador príncipe que la había enamorado se convirtió, con el paso del tiempo, no en una rana, sino en el dragón que tanto temía encontrar en su propio cuento. Se transformó en un dragón que escupía fuego por la boca en forma de insultos y amenazas, que no la protegía frente a los peligros del reino, sino que constituía el peligro mismo, dentro de su palacio. Y ella no fue una princesa, sino más bien una sirviente sumisa y discreta, temerosa del más mínimo fallo que pudiera despertar la furia del dragón.

Cuando la venda del amor se cayó de sus ojos, el dragón apareció ante ella como lo que en realidad era, un pobre hombre inseguro que alimentaba a su ego a base de menosprecios; su castillo se presentó como una pequeña y angustiosa cárcel en la que vivía encerrada; su vestido de princesa se convirtió en unos vaqueros raídos y una amplia camiseta que ocultase los moretones que tenía repartidos por el cuerpo. Ella misma se condenó al exilio.

Se le cayó la venda en el momento preciso para darse cuenta de que la vida no es un cuento de hadas.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

262. LOCAS

Entrada especial: Juan Re Crivello con Rosario y Gocho – Virtual Radio – España – Lunes 12:00 pm . Simplemente… Yo amo las letras.

Entrada especial: Juan Re Crivello con Rosario y Gocho – Virtual Radio – España – Lunes 12:00 pm . Simplemente… Yo amo las letras.

Gocho Versolari, Obra Poética

Juan Re Crivello, escritor digital como él mismo se llama, estará con Rosario Salazar y Gocho Versolari en el programa Simplemente…Yo amo las letras  a emitirse por Virtual Radio  el próximo lunes 15 de octubre a las 12:00 pm.
Juan  se destaca como escritor profundo, de prosa ágil, incisiva, irónica a veces, que deja al descubierto los flancos del mundo contemporáneo. Como empresario y hombre de acción, sorprende por la creatividad con que encara sus proyectos.
Dirige Fleming Editorial, una empresa que en el rubro difiere por completo del enfoque convencional. Es su tendencia nuclear los escritores y poetas que pululan como avispas por las redes sociales; que de algún modo han iniciado un movimiento imparable, inagotable, que no tardará en hacer mella en la cultura.
Escritor prolífico, visionario y líder de grupos; en las dos horas del programa, Juan  hablará de si mismo, de su literatura y…

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“He visto” – El Poder de las Letras

“He visto” – El Poder de las Letras

HE VISTO

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

HE VISTO

He visto respirar al propio aire bajo la sombra perezosa de los naranjos en flor, sin quejarse ni inmutarse ante la primavera tardía.

He visto al sol morir en un suspiro tras cabalgar sobre las nubes en busca de un lugar donde yacer.

He visto despertar al arco iris tras sucumbir ahogado por una prodigiosa lluvia infinita de estrellas.

He visto a la luna esconderse tras un claro del bosque para encontrarse con su amante clandestino.

He visto a las aguas del mar batirse en retirada después de escuchar el canto de las más bellas sirenas del sur.

He visto al universo quebrarse con las voces plañideras que la naturaleza enviaba como grito de auxilio.

He visto ríos nacer en las altas cumbres y desangrarse en cascadas vertidas desde la incandescencia de los deshielos.

He visto explosionar planetas bajo un prisma sin aristas que se extiende más allá de los bordes ovalados de mi trasnochado caleidoscopio.

He visto florecer todo un éxtasis de rosas bajo la lluvia calmada que provenía de los cielos más azules del lado este del sol.

He visto en espejismos en la noche un amanecer brillante en algún planeta lejano que divisé desde mi ventana cerrada al viento del cierzo.

He visto los oasis más hermosos aparecer de entre las páginas de un cuento de hadas que no tenía final feliz.

He visto caer a los gigantes a manos de un ejército de manos diminutas y limpias que solo ansiaban vivir en paz.

He visto fenecer a las huestes famélicas en una lucha cruenta por sobrevivir al menos unas pocas horas más.

He visto verdaderos prodigios que jamás concebí contemplar, auténticos cataclismos que nunca llegué a concebir, pero ninguno ha logrado hacerme sentir tanto como la primera vez que presencié tu mirada.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

261. CALM

Reto literario: “Alguna oportunidad”

Reto literario: “Alguna oportunidad”

 

ALGUNA OPORTUNIDAD

ALGUNA OPORTUNIDAD

Carezco de referencias que me ayuden a comprender cómo tengo que comportarme en nuestra relación. Contigo todo es siempre tan complicado que ya he perdido toda la esperanza de llegar a vislumbrar tan siquiera un ápice del funcionamiento de tu intrincada mente. Hoy, al menos, no hemos discutido. Quizá sea un síntoma de que todavía tenemos alguna oportunidad.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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Alguna oportunidad by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
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https://anacentellasg.wordpress.com

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de octubre, del blog de Adella Brac

265. CALM