“Soñaré” – El Poder de las Letras

“Soñaré” – El Poder de las Letras

 

SOÑARÉ

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

SOÑARÉ

Bailaré en la noche al compás de tus latidos,
meciéndome en el tiempo sobre una hamaca de satén,
volveré a vibrar en las suaves ondas de tus brazos
y emprenderé a tu lado un viaje al más allá.
Dejaré que me guíes entre los astros y estrellas
buscando un infinito en el cielo de tus ojos,
me perderé entre las rocas que acunan nuestras caderas
y saltaré al vacío dejando el miedo varado en una playa.
Perseguiré sin pausa algún cometa errante
que me lleve de tu mano a donde siempre quise estar,
salvada de la condena de vivir como impar alma
y libre de la hoguera que condenó mi existir.
Abrazaré los dogmas que mueven la fe pagana,
convertiré tu cuerpo en un templo en el que orar
y visitaremos juntos los volcanes de nieve
en los que algún dios incauto escondió para siempre la dicha.
Gritaré al viento palabras convertidas en susurros
que lleguen a tus oídos en el culmen del trayecto
para explosionar unidos en un clímax inconexo
de emociones y sentidos que abandonen la batalla.
Verteré en ese momento mi copa sobre tus labios
y tornaré mi cintura en un oasis sin linde alguna
que reciba sin recato al valiente trashumante
que camina por mi torso buscando llegar al mar.
Permitiré que te fundas conmigo en un solo ente
que envuelva nuestras tinieblas con su portentosa luz
y nos salve del destino de vivir sin compañía
vagando por otros cuerpos sin conocer el amor.
Y después soñaré que es cierto todo lo que he imaginado,
que mi cama no es un predio donde muero en soledad,
que el frío no es compañero de mis días y mis noches,
soñaré que no te fuiste, soñaré que tus caricias me despiertan de verdad.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

*Imagen: Pixabay.com (editada)

297. TARDE

Revista Intropia Nº 23 – Noviembre 2018

Revista Intropia Nº 23 – Noviembre 2018

 

INTROPIA 23 - NOVIEMBRE 2018

Como en meses anteriores, os traigo el nuevo número de la revista Intropia nº 23, correspondiente al mes de noviembre. Como siempre, tras la mano de la genial Isabel di Vinci, sale a la luz un nuevo ejemplar de la revista con unos muy interesantes contenidos y un diseño espectacular. Podéis acceder al contenido de la revista en este enlace.

Y para no perder la costumbre, os traigo hasta aquí mi colaboración, que espero que os guste.

NOVEMBER RAIN

NOVEMBER RAIN

Estoy a solas, encerrado en mi antiguo cuarto de la casa de mis padres, dejándome llevar por la desidia y la apatía. El día es frío tras los cristales de mi ventana. Observo a través de ellos el transcurrir perezoso de la ciudad en esta tarde de noviembre. Falta poco para que anochezca, en este horario de invierno en pleno otoño que empequeñece las tardes de tal manera que las hace casi desaparecer. El reloj de la torre cercana a la casa de mis padres está a punto de marcar las seis, con sus sonoros toques. Siempre le he encontrado un punto de melancolía a ese tañer, no de campanas, pero sí un recordatorio siempre presente de la niñez que ya se me fue.

El cielo está cubierto por completo de unas nubes demasiado oscuras para que no sean el preámbulo de alguna tormenta. Observo cómo las personas van regresando poco a poco de sus trabajos, con desgana, como si el fin de la jornada laboral no supusiese un alivio. Algunos de ellos miran hacia el cielo, en un ruego silencioso para que no les pille la lluvia que acecha sobre sus cabezas antes de llegar a sus hogares.

Doy un respingo cuando el reloj comienza a dar los seis toques que le corresponden justo en el preciso instante en que las primeras gotas de lluvia comienzan a mojar las sedientas aceras y el asfalto de las calles. En la radio comienza a sonar tu canción favorita, aquella que podías escuchar durante horas sin cansarte, la misma que sonaba cuando te propuse matrimonio, «November rain». Fuera, la lluvia cae ya con fuerza, la gente corre por las calles, como si esta fría lluvia fuera lo que andaban necesitando para salir del letargo en el que estaban sumidos.

Comienzo a cantar la canción en voz muy baja, apenas un susurro inaudible. La tristeza en mi semblante es más que evidente mientras evoco tus recuerdos. Al compás de la música, van desfilando ante mis ojos preciosos recuerdos de los buenos momentos compartidos. Los malos momentos ya no existen en mi memoria, parece que se esfumaron con el tiempo, dejando solo espacio para los felices.

Termina la canción y vuelvo a mirar a través de la ventana de mi cuarto. La lluvia ha cesado. Analizo mi melancólico estado y pienso que, como dice la canción, nada dura para siempre, incluso la fría lluvia de noviembre.

Cae la noche, bajo la persiana y me dispongo a compartir una sonrisa con mis padres, que me esperan preocupados fuera.

Ana Centellas. Abril 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

296. CALM

Los 52 golpes – Golpe #40 – “Una mujer sobre el tejado”

Los 52 golpes – Golpe #40 – “Una mujer sobre el tejado”

 

UNA MUJER SOBRE EL TEJADO

UNA MUJER SOBRE EL TEJADO

Vivo en una gran ciudad, en uno de esos bloques de pisos anodinos que se repiten una y otra vez en las cansadas calles. Sin personalidad, sin encanto, sin nada especial que me haga sentir orgullosa del sitio en el que vivo. Es más, casi me causa vergüenza o, al menos, un ligero bochorno, mostrar mi residencia a las visitas. Lo cierto es que me gustaría vivir en un bonito barrio residencial, en una pequeña casita en el campo o en un impresionante ático con vistas al mar, pero mi nivel adquisitivo no me lo permite. Cosas de ser «mileurista» en los tiempos que corren. Al menos mi pequeña casa no está encajonada en uno de esos pequeños callejones angostos y sucios, sino que tiene frente a sí un hermoso parque. Bueno, tampoco es tan bello, ni siquiera es lo suficientemente grande para lo que me gustaría, pero es mi válvula de escape, mi pequeña fuente privada de oxígeno frente a los grises y humos de la gran ciudad.

Sin embargo, hay algo en mi bloque que me hace desistir de cualquier intento que pase por mi mente de cambiar de vivienda. Es algo que me tiene enganchada a él, como si fuese una droga que mi cuerpo precisa para poder funcionar. Cada noche, subo las escaleras hasta el último piso, ese sexto piso sin ascensor donde vive la familia más ruidosa que hubiese podido imaginar y, en silencio, introduzco una rudimentaria llave en una pequeña portezuela situada en el lugar por el que debería continuar la escalera de seguir subiendo. No debería tener esa llave, pero me las apañé para hacerme con una copia tras averiguar a dónde llevaba esa puerta. Con una pequeña linterna, subo el tosco tramo de escaleras que me separan de la trampilla que hay en el techo. A partir de ahí, solo hay dos escalones de distancia hasta mi paraíso particular, hasta mi droga, hasta mi adicción.

Salgo al tejado. Por suerte para mí, no hay azotea, como en muchos otros edificios, sino un conjunto de tejas viejas con vertiente a dos aguas. Me resulta un auténtico placer caminar sobre las tejas, despacio, con sumo tiento para no desplazar ninguna. Suelo pasear sobre ellas durante un buen rato, contemplando cómo la noche se cierne sobre la ciudad a mi alrededor. Desde allí arriba me siento poderosa, invencible. Paso después a sentarme sobre el caballón que separa las dos vertientes y dejo que los gatos se acerquen a mí. Ya somos viejos amigos. Cada noche puedo pasar entre dos y tres horas sentada allí, rodeada de mis fieles compañeros que nunca me dejan sola, observando el cielo, la ciudad, cómo se van apagando poco a poco las luces en el resto de casas, imaginando historias para cada uno de ellos. Incluso aunque llueva, nunca dejo de subir a mi pequeño rincón. Es más, bajo la lluvia la experiencia se convierte en algo sublime, mágico.

Hasta mis oídos han llegado numerosas historias que circulan por el barrio acerca de mí. Desde la intimidad de mi anonimato, ignoro o aliento los disparates a mi antojo, lo que hace que me sienta aún más poderosa. Entre los más pequeños, circula el rumor de que soy una bruja que cada noche se rodea de gatos negros para lanzar hechizos sobre la ciudad. Es mi pequeño secreto a voces, lo que me da la vida. Si supieran que tan solo soy una mujer sobre el tejado…

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi cuadragésima participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

285. CALM

El relato del viernes: “Regreso”

El relato del viernes: “Regreso”

 

REGRESO

REGRESO

El anciano escuchó un suspiro en el barco que le llevaba de vuelta a su tierra natal, al otro lado del océano, después de más de cincuenta años. La noche era fría y el mar salpicaba con fuerza contra los costados del buque. La oscuridad era absoluta; solo la luna brillaba en la lejanía del cielo estrellado. El enorme barco, todo el pasaje y su tripulación no eran más que un minúsculo punto en un inmenso océano de oscuridad y aguas bravías. El ruido que provocaba el oleaje al romper contra la embarcación era tal que escuchar un suspiro tan profundo sobreponerse al estruendo causado por las olas le hizo estremecer.

No esperaba que nadie más se encontrase en cubierta en una noche tan desapacible como aquella, en la que el frío se colaba por las ropas hasta llegar al interior de los huesos y lograba empaparlos de humedad. Por eso el anciano se había relajado y había permitido salir a la superficie esa parte de sí mismo que durante toda su vida había mantenido escondida por considerarla un signo de debilidad. Un buen rato después de la cena, cuando ya suponía que todo el pasaje estaría en sus respectivos camarotes, había salido al exterior para dejar que las bajas temperaturas le castigasen como creía merecer y poder llorar en soledad, como siempre había hecho.

Aquel suspiro le había hecho regresar de golpe a una realidad mucho más apacible que los recuerdos que, en aquellos momentos, le atormentaban la mente. Pero también había conseguido devolverle todo el pudor que le otorgaba su hombría para no dejarse ver en tal situación. Enjugó con disimulo las lágrimas y buscó en la penumbra el origen de aquel sentido suspiro. A pocos metros, apoyada en la baranda, una mujer miraba hacia la luna, en apariencia ajena al frío y al movimiento del barco. Sus cabellos grises estaban recogidos en un moño bajo y un enorme chal de lana gruesa la cubría por completo. A pesar de la penumbra, pudo apreciar que debía de tener su misma edad y, por un instante, deseó que se tratase de la persona que había ocupado su mente hasta hacía solo un momento. El solo hecho de imaginar esa posibilidad hacía que se le erizase el vello.

Ella volvió a viajar hasta su mente en una travesía temporal de varias décadas, lo que hizo que la emoción le embargase de nuevo. Regresó a su juventud, a su isla natal, a sus grandes ojos verdes. Regresó a los paseos por la playa al atardecer y a las largas noches de baile. Regresó a las caricias furtivas bajo las estrellas y a los besos robados bajo un malecón. Al día en que se despidió de ella para embarcar rumbo hacia otro continente con la esperanza hueca de volver a encontrarse guardada en un bolsillo del pantalón. Jamás volvieron a verse, perdieron el contacto, a pesar de que ninguno de los dos llegó a cerrar la habitación que ocupaba el otro en el interior de sus corazones.

Un nuevo suspiro le trajo de vuelta una vez más a la fría realidad de aquella agitada noche. Una ráfaga de viento lo acercó hasta sus oídos, traviesa, conciliadora, conocedora del efecto que su acción provocaría. Un escalofrío que no fue consecuencia del gélido aire recorrió el cuerpo del anciano. Ese suspiro, ese torrente de emociones lanzadas al cielo nocturno, no le era desconocido. Sin detenerse a pensarlo, recorrió con paso lento y emocionado los escasos metros que le separaban de aquella mujer. Actuó con cautela, temeroso de que el subconsciente y la necesidad le hubiesen hecho incurrir en un error fatal.

—¿Se encuentra usted bien? —preguntó, nervioso, a la espalda de la mujer.

La tensión en el cuerpo de ella se hizo evidente en cuanto escuchó aquella voz que provenía del dorso sombrío de la oscuridad. Se giró con demasiada lentitud, como se giraría alguien que estuviese de pronto paralizado por el miedo de no encontrar a su espalda aquello que tanto esperaba. Las lágrimas del anciano se mezclaron al instante con la salazón del agua que salpicaba por el costado del buque cuando unos ojos verdes cargados de emoción le miraron a tan solo unos centímetros de su mirada.

Sobraron más palabras aquella noche en cubierta. Un abrazo tierno y sentido se llevó consigo el frío acumulado durante varias décadas. El buque, ajeno a todo, prosiguió su travesía por alta mar.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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284. COMBINACIÓN

Mi jueves de poesía: “Manos limpias”

Mi jueves de poesía: “Manos limpias”

 

MANOS LIMPIAS

MANOS LIMPIAS

Hay manos que se entrelazan
vertiendo por entre los dedos
una cascada de gritos
surgidos del mismo fondo
de la impotencia implacable
que brota del bien común.
Manos que niegan sus culpas
cuando el pecado más frío
y rabioso de la indiferencia
lo cubre todo a su paso
sin dejar ningún resquicio
que deje abierta una duda.
Regurgitan los insultos en las bocas
al paso del poderoso
que un día se creyó importante
y libre de cualquier yerro
tras alimentar su ego
porque alguien lo eligió.
Ya todo está permitido
en el mundo de los necios
y el silencio es mercancía
con la que los traficantes
negociarán a su antojo
por unos cuantos papeles de color.
Y las manos que estén limpias
jamás podrán impedirlo,
por mucho que las eleven
al igual que se alcen voces
en contra del opresor.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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283. CAMINOS

Reseña: “Cree en ti”

Reseña: “Cree en ti”

 

RESEÑAS LITERARIAS

Hoy os traigo una de esas lecturas tan personales con las que, de vez en cuando, me gusta relajarme e intentar abrir la mente. Había oído hablar tanto y tan bien de «Cree en ti», de Rut Nieves, unido a una recomendación personal, que no pude evitar el deseo de tener el libro entre mis manos. Eso sí, reconozco que aun así he tardado unos meses en leerlo. Antes de hablar de él, comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Cree en ti

Autora: Rut Nieves

Editorial: Editorial Planeta SA

Año de publicación: 2017

Presentación: Tapa dura

Número de páginas: 254

ISBN: 978-84-08-17627-5

SINOPSIS

¿Cómo será mi vida dentro de diez años si sigo haciendo lo mismo? La respuesta fue tan clara que, con treinta y cinco años, lo dejé todo por ir en busca de mí misma, de eso que tanto me faltaba.

Dejé mi trabajo como arquitecta, mi piso, mi ciudad, mi país y las personas que más quería. Y me fui a vivir a los bosques de la Selva Negra en busca de respuestas. Allí empecé a conectar con mi esencia y con lo que yo realmente amaba. Y a partir de ahí todas las respuestas llegaron juntas.

Un año antes de empezar a escribir este libro, entendí por qué mi vida había llegado hasta ese punto, por qué no había conseguido vivir mis grandes sueños. Entendí cómo las creencias que absorbió mi mente durante los siete primeros años de vida habían dirigido y condicionado el resto de mi existencia.

SOBRE LA AUTORA

Rut Nieves trabajaba como arquitecta en Alemania cuando decidió dejarlo todo para encontrarse a sí misma y alcanzar sus verdaderos sueños. Empezó de cero y se propuso investigar sobre el poder de la mente y de las emociones. Se formó como coach con algunos de los grandes referentes mundiales, como Laín García Calvo, Sergi Torres, Tony Robbins o Gregg Braden. Fundó Arquitecta de Emociones, empresa líder al servicio del Amor y para el despertar de la conciencia, la expansión del conocimiento universal y de nuestro potencial; escribió tres libros de un éxito extraordinario —Cree en ti, Manual avanzado de manifestación y El amor de tu vida— y ahora da seminarios por toda España.

64. RESEÑA CREE EN TI

A pesar de que «Cree en ti» se nos presenta como un libro de autoempoderamiento, lo cierto es que se trata de un libro de autoayuda más. Es cierto que encierra unas enseñanzas muy grandes y profundas, pero nada diferente de lo que hayamos escuchado hasta ahora: vive el momento, olvida el pasado, no te preocupes por el futuro y agradece solo el hecho de estar vivo. Y, sobre todo, cree en ti, porque nuestro poder si creemos en nosotros mismos es extraordinario, la mayoría de los bloqueos surgen de los miedos que nos presenta la falta de confianza en uno mismo.

La presentación es muy cuidada, original y llamativa, intercalando citas poderosas con la narración de la experiencia personal de la autora, bellas imágenes e ilustraciones, a la vez que utiliza los cambios de tipografía para llamar la atención y que la lectura resulte amena.

Aquí os dejo algunos ejemplos de las citas que podemos encontrar en su interior para que os hagáis una idea aproximada del contenido del libro:

 

«No es lo que ignoramos lo que nos impide prosperar, lo que constituye nuestro mayor obstáculo es lo que creemos que sabemos y luego resulta que no es así».

Josh Billings

 

«Magia es creer en ti mismo. Si puedes hacer eso, puedes hacer que cualquier cosa suceda».

Johann Wolfgang Von Goethe

 

«Tú no eres lo que tu cerebro opina. Si no amo a alguien es debido a mis ideas. Y son esas ideas las que me impiden ser completamente feliz».

Sergi Torres

 

«La vida comienza donde el miedo termina».

Osho

 

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“Las palabras grises” – Desafíos Literarios

“Las palabras grises” – Desafíos Literarios

 

LAS PALABRAS GRISES

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

LAS PALABRAS GRISES

Las palabras grises que nos lanzábamos fueron las encargadas de horadar abismos infranqueables entre nosotros. Poco a poco, fueron mutando hasta convertirse en silencios, tan densos que se podían mascar igual que nuestros chicles de menta fuerte sin azúcar, esos que te dejan el aliento fresco pero un picor insoportable en la lengua. Los juegos, las risas, las bromas, las palabras amables no tuvieron un sitio en el que quedarse. Los fuimos sacando sin darnos cuenta del cajón donde escondimos las sonrisas y terminaron en el cubo de la basura cuando hicimos la limpieza general en nuestro corazón.

Las palabras grises fueron las culpables de que la distancia que nos separaba se pudiese medir en kilómetros aunque solo se tratase de unos pocos centímetros. Los relojes detenían sus manecillas en nuestros encuentros, de modo que conseguían convertir en soporíferos unos momentos que debían haber durado como instantes fugaces que nos dejasen siempre con ganas de más. Esas ganas que metimos juntos en la lavadora la última vez que hicimos la colada y quedaron desteñidas por efecto de la lejía que utilizamos para desinfectar nuestras emociones.

Las palabras grises rellenaron páginas enteras de nuestros diarios. Una tras otra, estas palabras se sucedían en trazos disformes sobre las líneas azuladas de una libreta con la espiral desenrollada por el abuso, sin ser capaces de formar entre todas ellas ni tan siquiera una historia que mereciese la pena ser releída. Fueron historias grises, a juego con las palabras con las que fueron escritas, que ninguno de los dos se atrevió a arrojar a la papelera el día que sacaste tus libros de nuestra habitación.

Aquellas palabras grises se convirtieron en auténticos borrones que no fuimos capaces de cubrir ni con varias manos de la pintura plástica con la que recubrimos nuestros corazones plagados de humedades, armados con rodillo y brocha gorda en lugar de con pinceles y besos de colores. Manchas de color gris bajo una pátina blanca de indiferencia forjada bajo el mismo fuego que las rejas de nuestro balcón sin flores.

Las palabras grises. Ellas fueron las culpables. O tal vez fuésemos tú y yo.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

289. CALM

“Volveremos a ser” – El Poder de las Letras

“Volveremos a ser” – El Poder de las Letras

 

VOLVEREMOS A SER

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

VOLVEREMOS A SER

No pudimos precisar el momento en que nos convertimos en adultos. Simplemente ocurrió. Un día nos despertamos y nos dimos cuenta, ambos, de que ya nada era lo mismo. Se perdieron los juegos por el camino, se murieron las locuras, que quedaron escondidas en los pequeños maletines escolares que dejamos abandonados en un rincón de la habitación. Se cubrieron del polvo rancio del olvido, de las telarañas muertas tejidas en los ratos libres. Murieron junto con las acuarelas con las que pintábamos nuestros días con colores brillantes y caíamos exhaustos en una cama que aún mantenía las sábanas del primer día de colegio.

Separamos nuestras vidas sin apenas darnos cuenta. No nos percatamos de que el timbre del telefonillo dejó de sonar hacía meses, los mismos que llevaba el balón de fútbol desinflado y desconchado en el fondo de un armario repleto de tallas demasiado pequeñas. Atrás dejamos los juegos en la calle, las salidas en bicicleta, los cuchicheos en el patio del colegio. Cambiamos los uniformes y los pantalones con rodilleras por herméticos y sofisticados trajes de lana pura de oveja que nunca han conocido el aroma de una plancha en el hogar. Con ellos llevamos nuestra amistad al servicio de lavandería y allí se quedó extraviada entre las vueltas de un centrifugado que eliminó todos los restos de suavizante. Y ninguno de los dos guardamos el tique para recogerla.

Hoy deshago el nudo de mi corbata de seda comprada con los dos ceros a la derecha que un día nos olvidamos de poner en un examen, y me llegan a la memoria nuestros nudos marineros, enlazados entre palomitas y tiras de regaliz rojo. Hoy quiero volver contigo a subir al encerado, a lanzar al cielo tizas que nos pinten sin sudores un arco iris brillante, como aquel que decoraba el techo de tu habitación. Volveremos a pintar nuestra vida de colores para hacer que nuestros trajes sean tan solo un disfraz.

Volveremos a ser niños jugando el papel de adultos. Descuélgame la llamada, volveremos a ser, juntos.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)
290. DUDA

Reto literario: “Hina”

Reto literario: “Hina”

 

HINA

HINA

Cuando noto cómo la ansiedad comienza a adueñarse de mí, llamo a mi amiga Hina, una diosa selenita que me calma de inmediato con su pulso lunar y me transmite el sosiego necesario para vivir. Hay quien piensa que estoy loca, pero yo creo que, al fin y al cabo, todos tenemos un trozo de nuestro mundo en la luna. Solo hay que saber buscarlo.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de noviembre, del blog de Adella Brac. Las palabras de este mes son: llamo, necesario, trozo.

295. PRINCIPITO

Los 52 golpes – Golpe #39 – “Irresistible”

Los 52 golpes – Golpe #39 – “Irresistible”

IRRESISTIBLE

IRRESISTIBLE

—Voy a llegar tarde…

Las palabras de Roberto salían de su boca entrecortadas, apenas murmullos sin el énfasis necesario para que lo que acababa de afirmar tuviese el peso que requería o que, al menos, pretendía darle. Aquel era un día importante para él. No podía causar una mala impresión retrasándose.

Había escogido con cuidado su vestuario para aquella mañana. Estaba impecable con su mejor traje, el azul marino, el que siempre decía Sonia que le hacía parecer un alto ejecutivo, y los zapatos de vestir, los únicos que tenía, recién lustrados. Tras la ducha, había pasado un buen rato intentando acicalar su desenfadada melena bajo pingües capas de gomina y estaba más que satisfecho con el resultado. Desde la cama, una adormilada Sonia contemplaba, perezosa, todo el ritual. Desde luego, estaba guapísimo aquella mañana, estaba hecho un pincel, como habría dicho su madre. Y ella estaba allí, acurrucada bajo la funda nórdica, sin un pedazo de ropa que la cubriese, observando el espectáculo. Tenía que admitir que aquel ritual de ver cómo se vestía había sido tan sensual, o incluso más, que ver cómo se quitaba la ropa.

Prueba de ello era la creciente humedad que Sonia sentía entre sus piernas y que la hacía llegar a retorcerse sobre la cama para restregar su cuerpo sobre las sábanas como si fuese una gata en celo. Sin poder evitarlo, apartó a un lado la cálida funda nórdica para mostrarse ante Roberto en su plena desnudez, pícara, anhelante. Roberto emitió un profundo suspiro a la vez que movía la cabeza hacia uno y otro lado. Se conocía demasiado bien en lo que a Sonia se refería y sabía de sobra que, si ella se lo proponía, conseguiría lo que quería sin que él pudiese hacer nada para resistirse. Para él, ella era, simplemente, irresistible.

—Cariño, por favor… Sabes que esto es muy importante para mí. Llevo meses sin ir a una entrevista de trabajo, no podemos permitirnos el lujo de perder esta oportunidad —intentaba Roberto, sin demasiada confianza en sí mismo, disuadir a su mujer.

—Es que estás tan atractivo… Con ese traje tienes ese aire de ejecutivo agresivo que tanto me pone… —le contestó Sonia, mientras se acercaba hasta él gateando por la cama y mordiéndose el labio inferior— Venga… uno rapidito…

Para cuando Roberto quiso darse cuenta, Sonia ya estaba besándole el cuello, su gran debilidad. Aun con los ojos hinchados después de dormir toda la noche, estaba preciosa. Y así, completamente desnuda… Contra algo así no tenía alternativa posible. Con la boca pequeña, continuó intentando poner un poco de cordura a aquellas tempranas horas de la mañana.

—Sonia… Voy a llegar tarde… —susurraba, mientras correspondía a sus sensuales besos con entrega. Sus manos ya se deslizaban por el cuerpo de ella, al tiempo que las de Sonia comenzaban a revolver el pelo que tanto trabajo le había costado adecentar.

—Tienes tiempo de sobra… —le respondía Sonia, zalamera, entre besos y arrumacos, mientras tiraba de su ropa, dispuesta a conseguir aquello que tanto ansiaba.

Se detuvieron los relojes en la habitación aquella mañana. No se escucharon más palabras, tan solo suspiros y gemidos mientras el sol hacía su entrada por el balcón para iluminar la pasión de los dos amantes, enredados sobre la cama.

Más de una hora después, ya satisfecha la urgencia y con el cuerpo en reposo, un relajado Roberto y una sonriente Sonia permanecían abrazados bajo la calidez de la funda nórdica.

—Bueno, habrá que seguir buscando trabajo…

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

Aquí tenéis mi trigésimo novena participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

280. TRATO