¡Feliz Navidad!

¡Feliz Navidad!

Ya han llegado de nuevo estas entrañables fechas en las que todos intentamos mostrar nuestro lado más amable, nuestros mejores deseos para los demás. Días de recapitulación, de balances, de encontrarse con la familia y los amigos y días de agradecer.

Yo quería agradecer a toda esta gran familia bloguera el cariño y el acompañamiento que me ha brindado durante todo este tiempo y, en especial, quería agradecer a mi Papá Noel particular el regalazo que me hizo hace unos días por anticipado. Y es que, aunque no haya tenido tiempo de contároslo, la semana pasada me llegó el fantástico lote escritoril que nuestra compi Lídia Castro sorteó en su blog y lo recibí con super ilusión (y los enanillos de la casa también, que casi no me dejan ni abrirlo). Os dejo unas fotillos y ¡muchísimas gracias, Lídia!

Como veis, no le falta ni un detalle, incluido un ejemplar dedicado de El velo de Flyxia, la última novela de fantasía de Lídia, a la que intentaré hincar el diente en estas vacaciones junto con un pedacito de chocolate… No dejéis de visitar su blog los que aún no lo habéis hecho y de participar en el reto mensual Escribir jugando.

Aprovechando las vacaciones escolares, este blog se va a tomar unos días de descanso para disfrutar de esos locos bajitos que andan pululando por casa, pero a la vuelta de navidades estaremos otra vez por aquí a la carga y dando guerra. Así que, con mis mejores deseos, solo me queda deciros a todos… ¡¡¡¡Feliz Navidad!!!!

¡Sed felices! ¡Se os quiere!

Revista Zarabanda diciembre 2018

Revista Zarabanda diciembre 2018

ZARABANDA

¡Buenos días! Un mes más me gustaría acompañaros con mi colaboración con la revista local Zarabanda correspondiente al mes de septiembre. Podéis acceder al contenido completo de la misma en este enlace.

Este mes tocó un poquito de poesía. Espero que os guste.

VOLVER

VOLVER

Volver a sentir mariposas
muy cerquita del ombligo,
que aletean, cosquillean,
recorren todo tu cuerpo
como en un viaje astral.
Volver a sentir la sangre
correr con fuerza en las venas,
sentir cómo martillea
con insistencia en tus sienes,
en un intenso fluir.
Volver a abrazar a la vida
aun con los ojos cerrados,
dejar que explosione dentro
de tu cuerpo avejentado,
volver a dejarse amar.
Volver,
pisando la siembra,
volver a querer volar.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

320. CALM

Los 52 golpes – Golpe #45 – “Venganza por un crimen”

Los 52 golpes – Golpe #45 – “Venganza por un crimen”

 

VENGANZA POR UN CRIMEN

VENGANZA POR UN CRIMEN

Esteban llevaba años preparándose para aquel día. Para ser precisos, eran veintitrés años, tres meses y cinco días los que llevaba esperando, ansioso por volver a encontrarse con Andrés. No había nada que desease más en el mundo que echarse a la cara a aquel malnacido. Solo con pensar en que hubo una época en la que lo consideraba su mejor amigo le causaba una repulsa tremenda.

Cuando eran jóvenes, Esteban y Andrés eran inseparables. Se habían criado juntos, vivían en el mismo bloque, compartieron colegio, juegos en el barrio e incluso alguna que otra novia. Esto ocurrió con Inés. Fue la novia de Andrés durante un par de años. Inés era una muchacha preciosa con una inteligencia excepcional, que derrochaba dulzura en cada cosa que hacía y cursaba con mucha ilusión sus estudios de veterinaria. Era perfecta, en todos los sentidos, y tanto Esteban como Andrés lo sabían.

Andrés cambió su manera de comportarse con ella cuando comprendió que quizá era demasiada mujer para él, que nunca llegaría a estar a su altura. Se llenó de inseguridades y los celos le corroían por dentro, aunque jamás hubiese confesado algo así. A pesar de que con las demás personas Andrés seguía siendo en apariencia el mismo chico jovial y educado de siempre, en la intimidad con Inés se transformó en un auténtico monstruo. Comenzó a controlar todo lo que hacía, con quién hablaba, a quién veía. La alejó de sus amistades y, para aplacar su inseguridad, se volvió agresivo con ella. Cualquier excusa era buena para gritarle y pronto llegó a utilizar las manos.

La amistad que Esteban había trabado con Inés se intensificó durante ese tiempo. A escondidas de Andrés, Esteban fue su paño de lágrimas, un hombro en el que apoyarse y con quien compartir el sufrimiento que estaba viviendo. Fue él quien, sin ningún interés particular, la aconsejó que se alejara de su amigo. Para Inés, aquella fue la mejor decisión que pudo haber tomado y siempre agradeció a Esteban que le abriese los ojos de la manera en que lo hizo. Fue el tiempo el que, poco después, los unió. Todo el cariño y el apoyo mutuo que se habían prodigado durante el tiempo que duró el calvario de la chica, se fue tornando poco a poco en un amor inquebrantable.

Poco les duró la dicha, pues cuando Andrés tuvo noticias de la relación que mantenía su supuesto mejor amigo con Inés, entró en cólera, aun sabiendo que su vínculo con ella hacía tiempo que se había roto. Llevarían poco más de seis meses de noviazgo cuando, una noche en la que estaban cenando los dos solos en un coqueto restaurante, apareció Andrés totalmente fuera de sí. No pronunció palabra alguna, solo se limitó a asestarle a Inés varias puñaladas mortales sin importarle la gente que estaba presenciando la escena. Inés murió en brazos de Esteban, con un «te quiero» roto en susurros entre los labios.

Más de veintitrés años después, Esteban lleva más de dos horas esperando a la salida del centro penitenciario. Tan solo quiere ver la cara de Andrés por última vez, saber cómo le ha tratado la vida desde aquella maldita noche, intuir si su sufrimiento ha sido solo una mínima parte del suyo propio. El día ha salido lluvioso y hay poca gente en el recinto. Los coches de los funcionarios y algún que otro vehículo esporádico son los únicos que permanecen en el aparcamiento en aquella mañana de enero. Andrés aguarda dentro del coche con el motor parado, le hierve tanto la sangre que ni siquiera necesita encender la calefacción para mantener el calor de su cuerpo en llamas, a pesar del frío. Han sido demasiados años esperando este momento, planificando su venganza. Jamás pensó en dejar impune el atroz crimen cometido por su remoto amigo. Bajo su abrigo, el arma conseguida de manera ilegal, con su flamante silenciador, espera con agonía su turno para entrar en acción.

Son las doce en punto del mediodía cuando Andrés sale por la puerta del centro penitenciario. Mira hacia todos lados en busca de alguna cara conocida, pero no hay nadie esperando por él en la salida. Esteban se revuelve inquieto en el asiento, se asegura de que no pueda verlo y empuña el arma con su mano derecha enguantada. Los dedos tiemblan alrededor de la pistola sin que se atrevan a cerrarse del todo sobre ella, como si esta quemara. Ve cómo Andrés comienza a caminar despacio bajo la lluvia hacia una parada de autobús que se divisa en la distancia. Decide observarlo bien, quiere mantener esa imagen en su memoria, los últimos minutos de vida del desgraciado que se la quitó a Inés.

Lo ve demacrado, no tiene muy buen aspecto. Ha perdido por lo menos las dos terceras partes del peso que tenía cuando era su amigo y parece un esqueleto andante. Unas intensas ojeras no contribuyen para nada a mejorar su aspecto y parece que hubiese envejecido al menos cincuenta años. Así, bajo la lluvia, parece incluso un anciano decrépito y el aspecto mojado no hace más que acrecentar esa sensación. Desde la distancia, cree ver lágrimas resbalando por sus mejillas, que bien podrían ser gotas de lluvia, pero la apariencia enrojecida de sus ojos le indican que es llanto. Está llorando. Por soledad, por arrepentimiento, por tener la libertad que tanto tiempo habrá estado esperando, o incluso por el lamento de alguna enfermedad incurable quizás. Desde luego, solo con verlo se adivina algo así. Lleva una pequeña bolsa de plástico en la mano. Deben de ser sus pertenencias, todo lo que le ha quedado en la vida ahora cabe en una simple bolsa de supermercado. Esteban se estremece, y no precisamente por el frío.

Deja el arma de nuevo en su posición inicial. Quería venganza, sí, pero parece que la propia vida ya se ha encargado de ello. Además, él no es un asesino. No como lo fue Andrés. Arranca el coche y sale del aparcamiento levantando una gruesa capa de agua del suelo. Por el espejo retrovisor, ve cómo Andrés queda solo en aquella oscura y triste marquesina de autobús. Ahora puede vivir en paz.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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Venganza por un crimen by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi cuadragésimo quinta participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

317. CALM

Mi jueves de poesía: “A contraluz”

Mi jueves de poesía: “A contraluz”

 

A CONTRALUZ

A CONTRALUZ

Sombras a contraluz
que bailan en silencio
una danza ancestral
protegida por los dioses
más paganos del deseo.
Polvo que se suspende
en diminutas partículas
en el aire adulterado,
dispuesto a ser aspirado
por una respiración sin calma.
Suspiros que se propagan
más allá de la distancia
que separa los silencios
nunca antes pronunciados
en una habitación ajena.
Sin besos de despedida,
cesa el baile en las penumbras
y queda solo el recuerdo
de dos sombras desconocidas
que, durante solo un momento,
bailaron a contraluz.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

316. AUSENCIA

“Sin glorias” – You Are Writer

“Sin glorias” – You Are Writer
Sin glorias

Sin glorias

Conocía la pista de atletismo como si de la palma de su propia mano se tratase. Eran años ya los que había empleado en los duros entrenos en ella. Tal era el conocimiento que había desarrollado del lugar, que era capaz de identificar en cada curva la zona exacta en la que la pisada era más firme, en qué lugares había más posibilidades de resbalar e incluso el emplazamiento exacto de aquellos pequeños baches que se habían ido modelando mes tras mes de un inagotable trotar sobre la pista.

Aquella mañana el día lucía resplandeciente. Parecía querer mostrar el mejor de los presagios para aquella especie de bautismo que se iba a celebrar. No había nube alguna que cubriese el cielo, como si todas se hubiesen batido en retirada para permitir festejar aquel día a aquellos que ya habían partido más allá de su altura. Gustavo miró hacia arriba, mientras cubría con una mano sus ojos desprotegidos del brillante sol de principios de primavera, e imaginó el rostro de su padre observándole con orgullo. Si por alguien estaba allí aquel día era por él. Él fue el que le hizo amar aquel deporte, el que le había llevado a una pista por primera vez, el que había sido su primer entrenador cuando aún era un crío.

Deslizó la mirada con parsimonia hacia las gradas. Era increíble contemplar el estadio a rebosar desde allí abajo. Por primera vez en todos los años que llevaba asistiendo, el completo parecía asegurado. Se respiraba fiesta en el ambiente con toda aquella muchedumbre alborozada que esperaba con entusiasmo el comienzo de la carrera. Su primera carrera. Todos los años de entrenamiento parecía que habían dado sus frutos y el entrenador había decidido que ya estaba listo para competir. Y allí estaba, contemplando los graderíos desde la pista, mientras calentaba los músculos con calma, como si aquel día no se tratase más que de un entrenamiento habitual.

A pie de pista, su familia le jaleaba. Gritaban sus voces de ánimo al aire como si en verdad fuesen a llegar hasta sus oídos, aturdidos por el gentío, la música y la megafonía del evento. Su entrenador permanecía a su lado, demostrándole su apoyo con clamores que anunciaban victoria. Cuando miró hacia el frente, aquella pista tantas veces recorrida por las suelas de cientos de zapatillas, apareció ante él como una extraña. A pesar de haberla transitado con seguridad en millones de ocasiones, de día y de noche, con frío y bajo un sol abrasador; a pesar de conocer cada mínima irregularidad del terreno a aquellas alturas de la temporada, la sentía diferente. No la encontraba acogedora como siempre que acudía a entrenar, sino ardua e inaccesible.

Torció el gesto con un ademán de desagrado y dirigió la mirada hacia su entrenador. Al fondo, la muchedumbre seguía con su algazara como si algo no se estuviese rompiendo en su interior. Observó durante unos segundos a un grupo de niños que le miraban con admiración, entre risas, y les devolvió la sonrisa junto con un guiño. Nunca olvidaría la cara de su entrenador cuando lo vio abandonar la pista a tan solo unos minutos para que diese comienzo la carrera. Apenas media hora antes le había dicho al oído que sería una gloria. Pero él no quería glorias. Solo quería continuar corriendo como hasta ahora lo había hecho, sin presiones, solo por el placer de hacerlo. Y, quizás, poder entrenar a un grupo de chiquillos como aquel.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

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Imagen: Pixabay.com (editada)

“Vacío” – Desafíos Literarios

“Vacío” – Desafíos Literarios

 

VACÍO

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

VACÍO

Hoy le preguntaré al cielo

qué pasó con tu mirada,

adónde se fue tu sonrisa,

adónde se fueron las ganas.

Por qué me dejaste vacía,

sin espacio para nada,

sin estrellas en la noche

ni luz en la madrugada.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

319. VOLTAIRE

 

“Opium” – El Poder de las Letras

“Opium” – El Poder de las Letras

 

OPIUM

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

OPIUM

Creo que tengo que dejar de escribir
en las noches fustigadas por el opio,
esas en las que engaño a la coherencia
y se muestran pletóricas de lógica
estas letras que se derraman de mis manos
con la sangre envenenada
que circula por los vasos de mi olvido.
O quizás solo sea en esas noches
cuando mis versos comiencen a tener
algún sentido.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

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318. CALM

Reto literario: “El mejor regalo para Navidad”

Reto literario: “El mejor regalo para Navidad”

 

EL MEJOR REGALO PARA NAVIDAD

EL MEJOR REGALO PARA NAVIDAD

Amanece el día de Navidad y una grata sorpresa me espera cuando me asomo a la ventana de mi casa. Un gran manto blanco se extiende ante mí y la arena de la playa, albina por primera vez desde que tengo uso de razón, forma una cadena con las crestas blancas de las olas. A mis ochenta y ocho años, Papá Noel no ha podido elegir un mejor regalo para este día. La nieve, decadente, sigue cayendo hasta fundirse con el mar.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Morguefile.com (editada)

Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de diciembre, del blog de Adella Brac. Las palabras de este mes son: cadena, primera y casa.

323. MAGIA

Los 52 golpes – Golpe #44 – “El jefe”

Los 52 golpes – Golpe #44 – “El jefe”

 

EL JEFE

EL JEFE

—¡Vamos, panda de holgazanes! ¡Que esto no se mantiene solo! ¡Al próximo que vea descansando lo pongo de patitas en la calle! ¿Me habéis oído?

La voz del jefe atronaba en los oídos de los presentes. El calor era insoportable y, de vez en cuando, necesitaban un pequeño respiro para poder continuar con la tarea que, sin pedirlo, les habían encomendado. Para ello, solían esconderse tras las pilas de carbón con las que tenían que alimentar a paladas la enorme pira que ocupaba el centro de la estancia, que debía permanecer encendida las veinticuatro horas del día durante todos los días. Pero el jefe siempre les pillaba, aunque pareciese que no estaba presente, y no permitía ni un segundo de tregua.

Aquel día, la hoguera gigante ardía con inusitado frenesí por órdenes del jefe. Los empleados de los cuartos de las calderas también estaban trabajando a un ritmo frenético. Todos estaban agotados y apenas era segunda hora de la mañana. Mientras tanto, el jefe seguía emitiendo sus singulares berridos, que aquel día estaban cargados de una intensidad especial.

—¡Vamos, vamos, vamos! ¡Al próximo que vea parado lo lanzo a la hoguera!

Sebastián se quitó la ennegrecida camiseta, que algún día fue blanca, y la utilizó para secarse el sudor que le perlaba la frente y la nariz. Se encontraba ya agotado y acababa de comenzar su turno. Con un crujido de espalda, se apoyó sobre la pesada pala que utilizaba para realizar el trabajo y sacó un cigarrillo del bolsillo trasero de sus viejos pantalones vaqueros, que prendió con una de las alargadas llamas de la propia hoguera que estaban alimentando. Elevó la voz para hacerse oír y se dirigió a su compañero:

—¿Se puede saber qué mosca le ha picado a este hoy? Si yo llego a saber esto…

Alfredo se detuvo un instante, el necesario para hacer crujir sus articulaciones hasta recolocarlas en su posición, y continuó con la tarea de avivar la hoguera, mientras contestaba a su compañero entre jadeos:

—Pues, ¿qué va a ser? ¡Lo de siempre! Otro día que no ha follado…

La carcajada que soltó Alfredo llegó hasta los mismos oídos del jefe, que los miró con desaprobación. Sebastián ocultó de inmediato el cigarrillo y fingió recoger unas ascuas empujando la pala con el pie que había dejado apoyado sobre ella. Cuando se hubo cerciorado de que ya no eran el centro de atención, prosiguió:

—¡Anda, como todos! ¡No te jode! Pues que se apañe como todo el mundo, porque nos va a matar. ¡Otra vez!

No pudo evitar soltar una risotada ante su ocurrencia, que contagió a Alfredo.

—¡Ya te digo! —dijo este último, entre risas, sin abandonar la pala—. Yo que pensaba que esto iba a ser una gran orgía y míranos, trabajando como negros. Esto se avisa antes, coño. Me hubiese portado mejor…

Sebastián y Alfredo comenzaron a desternillarse de la risa, ya sin preocuparse por nada más. Alfredo soltó también la pala para quitarse la sudorosa camiseta y le pidió a Sebastián una calada del cigarrillo. No sabía cómo se las apañaba su compañero para conseguirlos. Allí dentro estaba prohibido fumar. El jefe los pilló desprevenidos. Apareció de la nada y se materializó a su lado con un enfado de dimensiones épicas.

—¿Se puede saber qué estáis haciendo? ¡Sois los operarios más vagos que he tenido nunca! ¡La próxima vez que os vea parados os mando derechos al cielo! ¿Me habéis oído?

—No nos lo digas dos veces, Satanás, no nos lo digas dos veces…

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

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El jefe by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi cuadragésimo cuarta participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

315. TIEMPO

El relato del viernes: “Niebla”

El relato del viernes: “Niebla”

NIEBLA

NIEBLA

Dirijo mis pasos sin rumbo hacia algún lugar de la nada mientras mi mente pasea de igual manera por un vacío repleto de silencios. Tengo el pensamiento en una huelga de hambre voraz que se alimenta sin yo quererlo de tenues ráfagas de lucidez circunscritas a una parcela sin dueño de mi escaso razonamiento. Intento abrir más los ojos, desenmascarar en las tinieblas al fantasma que me ronda desde hace tiempo y que llegó sin permiso ni visado a colarse por la aduana de mi razón.

Todo se mantiene lóbrego, borroso. Parece que mis ojos estuvieran cubiertos por una venda tan opaca que ni el más mínimo rayo de luz pudiera atravesarla. Y continuó mi camino a tientas, mientras trato de encontrar algún sentido extraordinario que supla mi capacidad de visión. Tropiezo, caigo, me derrumbo, me levanto de nuevo para volver a tropezar. Me siento como una gallinita ciega que estuviera participando en una carrera de obstáculos, todos colocados en su camino, sin dejar ninguno a los demás.

Mientras, el fantasma que persigue mis sueños se carcajea como un demente, divertido con la situación en la que me veo, o en la que no me veo, y yo solo quiero pagar de una vez el peaje que me dé vía libre a la autopista de la razón. Mas no logro divisar nada más allá de la niebla que cubre mi vista. Hay niebla en mis ojos, niebla en mi mente y niebla en mi corazón.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

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Niebla by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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*Imagen: Pixabay.com (editada)

322. CALM