Mi jueves de poesía: “Fuiste”

Mi jueves de poesía: “Fuiste”

 

FUISTE

FUISTE

Siempre fuiste mi éxodo a ninguna parte,
el mágico elixir que fluía por mis venas
como un torrente de vida
que asolaba a su paso las ruinas sin sentido
de una vacía y cerrada existencia anterior.
Fuiste mi pasaporte para entrar al paraíso,
mis as guardado en la manga
de la chaqueta del tiempo
para jugar con descaro en la timba del silencio,
donde mi vida se pierde con solo escuchar tu voz.
Fuiste moneda de cambio en la tienda del deseo,
donde los suspiros mueren
y los gemidos se pierden
escondidos en mordazas de cálido terciopelo
cuando las pieles se extravían bajo otros cuerpos.
Fuiste aquello que en mis sueños
suponía la locura
de saber que si vivía
era debido a la indulgencia de saberte en mi camino
sin atajos ni desvíos que marcharan a otro lugar.
Ahora que no estás conmigo,
dime,
¿dónde lograré yo hallar
todo aquello que tú fuiste?
Fuiste.
Y solo queda en mí la vacua creencia
de que, quizás, algún día
puedas volver a ser.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

*Imagen: Pixabay.com (editada)

309. RECUPERACIÓN

“Detrás de los soles” – Desafíos Literarios

“Detrás de los soles” – Desafíos Literarios

 

DETRÁS DE LOS SOLES

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

DETRÁS DE LOS SOLES

Detrás de los soles de agosto
se esconden las noches serenas
en las que busqué sin quererlo
un pedazo de tu piel.
Caminando entre las nubes
que no existen en mis cielos
desdibujé sin saberlo
la luz de la luna llena.
Y quedaron los te quiero
enterrados en la arena
que ocultaba a nuestros ojos
lo que escondían detrás
todos los soles de agosto.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

*Imagen tomada de la red (editada)

317. CALM

“Adicción” – El Poder de las Letras

“Adicción” – El Poder de las Letras

ADICCIÓN

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

ADICCIÓN

Proporcióname otra dosis de la droga de tus besos,
no dejes que la abstinencia mate mi mejor recuerdo.
Yo me reconozco adicta al calor de tu deseo,
sin mi ración, vulnerable, fuerte con medicamento.
Proporcióname otra dosis,
traficante de mis sueños.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Adicción by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
https://elpoderdelasletras.com.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en
https://anacentellasg.wordpress.com

313. DECISIÓN

Reto literario: “Sueños estelares”

Reto literario: “Sueños estelares”

 

RETO ESCRIBIR JUGANDO

 

Nuestra querida compañera Lìdia Castro ha comenzado un nuevo reto de escritura mensual, basado en juegos de mesa, llamado Escribir jugando. La idea es fantástica, ¿os animáis? Aquí va mi pequeña colaboración para este mes de noviembre, espero que os guste.

 

SUEÑOS ESTELARES

Adoraba su trabajo en el observatorio. Cada noche, cuando el último grupo de visitantes se retiraba maravillado a su casa, Damián apagaba las luces y subía hasta la cúpula superior iluminando el camino con una linterna. Sobre su cabeza parecían flotar todas las constelaciones, que se reflejaban en la oscuridad de su taza de café como si realmente lo estuvieran acompañando en el tan ansiado silencio. Así, noche tras noche, Damián cerraba los ojos y dormía sobre sus estrellas, mientras soñaba con la nave espacial que lograría construir y que le llevaría a convertir sus sueños en realidad.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Sueños estelares by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

DICIEMBRE_18 - SUEÑOS ESTELARES       DICIEMBRE_18 - SUEÑOS ESTELARES (II)

321. MENTIRA

Los 52 golpes – Golpe #43 – “Imaginando”

Los 52 golpes – Golpe #43 – “Imaginando”

 

IMAGINANDO

IMAGINANDO

Fermín llega a su casa cada día cuando sus hijos ya se han dormido. Carola, su esposa, dormita en el viejo sillón de la estancia que hace las veces de salón-comedor. La tenue luz de una lamparita la ilumina desde un rincón. Él entra en silencio para no sobresaltarla y se detiene unos segundos, tras girar la llave, en contemplarla. Incluso dormida muestra en su rostro una perpetua sonrisa que cada día le parece más hermosa. Su abultado vientre le da la bienvenida desde la distancia y Fermín piensa, durante un instante, que vendrá otro hijo al mundo que apenas podrá ver a su padre.

Carola abre los ojos muy despacio, como si se tratase de una película rodada a cámara lenta. Ver a Fermín en la puerta es lo que la hace reaccionar y trata de incorporarse con rapidez, pero su avanzado estado de gestación le dificulta el proceso. Él se apresura a llegar hasta donde está ella y la ayuda a ponerse en pie. Los dos se funden en un cálido abrazo que hace que a Fermín se le esfume de golpe todo el frío acumulado en el cuerpo durante el largo día trabajando a la intemperie. Se besan en los labios con timidez, como si temiesen que alguno de los pequeños pudiese llegar a ver un acto tan simple que, a pesar de su naturalidad, ellos consideran cargado de intimidad.

Se dirigen hacia la cocina tomados de la mano. Fermín acompaña a Carola en su lento arrastrar de pies. Sobre la mesa, un plato con la cena le espera desde hace por lo menos un par de horas, cuando su mujer y sus hijos cenaron juntos. Guarda una porción en una fiambrera; será su comida del día siguiente. Calienta el resto en el microondas y se sienta a la mesa junto con Carola. Ella escucha con atención las noticias que su marido le cuenta de su día, sin saber que están edulcoradas para que no llegue a saber cuán cuesta arriba se le hace mantener el ritmo, hasta que el sueño se empieza a apoderar de ella de nuevo.

Es él el que acompaña ahora a su mujer hasta la cama, le da un beso en el vientre y otro en los labios y la arropa con cariño. La besa en la frente antes de dirigirse a la habitación de los niños. En la misma cama duermen Adrián y Nicolás, abrazados. Fermín aún no sabe dónde dormirá la pequeña Lola cuando nazca. No se pueden permitir una casa más grande y tampoco puede echar más horas de las que ya trabaja. Arropa bien a sus hijos y le da un beso en la frente a cada uno. Después sale de la habitación con cuidado para no despertarles, aunque en el fondo se muere de ganas por que le den un abrazo. Sabe que no hay alternativa, pero cada día continúa preguntándose si será bueno para ellos tener un padre al que solo ven los domingos.

Mientras se pone el pijama, Fermín ya ha comenzado a imaginar, como cada noche. Imagina que no tienen problemas económicos, que tiene un trabajo estable y con una jornada normal. Se mete en la cama y el cansancio parece quintuplicarse. Imagina que pasa las tardes jugando con sus hijos, que viajan todos juntos a los lugares más maravillosos. El sueño va tornando sus párpados más y más pesados a cada instante. Imagina que todas las semanas sale a cenar con Carola, que puede hacerle los regalos con los que siempre ha soñado. Sus músculos se relajan sobre la cama e, imaginando, Fermín se queda dormido como una sonrisa, como cada noche.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi cuadragésimo tercera participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

308. CALM

El relato del viernes: “El bibliotecario”

El relato del viernes: “El bibliotecario”

 

EL BIBLIOTECARIO

EL BIBLIOTECARIO

El anciano traspasó el umbral de la biblioteca que había sido su vida con paso trémulo. Después de más de cincuenta años trabajando allí y casi diez desde la última vez que pisó aquellos suelos, comprobó con satisfacción que aún seguía estremeciéndose al cruzar aquellas imponentes puertas. El inconfundible aroma de los libros, antiguos y nuevos, se introducía por sus fosas nasales como un bálsamo que hacía que su cuerpo se suavizase por completo, después del más que conocido escalofrío que lo recorría nada más entrar. Aquel olor era el perfume de su hogar.

Echó un vistazo al interior desde el umbral. Lo primero que pudo apreciar fue el silencio que dominaba el ambiente, tan intenso que, con un poco de esfuerzo, podía incluso escucharse el sonido que hacían las motas de polvo al depositarse sobre los libros. No era de extrañar, tan solo había una persona en el interior de la biblioteca, que recorría los lomos de los libros con un dedo como si de aquella manera fuese a mitigar la miopía que le afectaba. Comprobó la hora en su reloj de pulsera, el que le habían regalado sus compañeros cuando se jubiló en aquel amplio espacio que se abría ahora ante él. Pasaba con amplitud del mediodía. A esas horas, la biblioteca debería estar llena ya de público. Suspiró apenado y, finalmente, entró en el edificio.

A la derecha, en el mostrador que él mismo había ocupado durante tanto tiempo, una jovencita parecía tan ocupada con el ordenador que ni siquiera reparó en su presencia. Sus dedos se deslizaban con agilidad por el teclado de aquel aparato que tantos quebraderos de cabeza le había ocasionado a él años atrás. Comprobó que no se trataba de la misma persona que había ocupado su puesto aquel último día, ¿cuántas personas habrían ocupado ya el sillón que le había acomodado durante tantos años? A la gente ya no le gustaba el oficio de bibliotecario, no sabía ver la magia que guardaba en su interior aquel trabajo, ahora, para colmo, tan mal remunerado.

Embriagado por la emoción de volver a verse allí cuando ya había pensado que jamás regresaría a aquel lugar, se dedicó a recorrer con lentitud los pasillos, aspirando con fuerza aquel aroma que, de golpe, le devolvía a su juventud. Paseó por entre las estanterías repletas de los libros de siempre, imponentes, espléndidas, elevándose hasta el techo como si quisieran traspasarlo y llegar al mismo cielo. Algunas de las pegatinas que los libros tenían en el lomo mostraban aún su caligrafía del momento en que realizó su primera clasificación. En silencio, se sintió orgulloso de encontrar aún las huellas de su paso por aquel santuario, como si hubiese sido una parte esencial del mismo.

Subió las escaleras que conducen al piso superior con la misma lentitud empleada en recorrer los pasillos del piso inferior. Se estaba deleitando con aquel paseo entre años y años de trabajo, entre tanta cultura concentrada en tan solo unos metros cuadrados, entre obras magistrales y otras no tanto que, en conjunto, representaban la literatura del mundo por completo. El calor allí arriba era más intenso y el aroma de los libros parecía macerado en un almíbar dulzón que casi le causa un mareo.

En la parte media de una de las estanterías que se asomaban al balcón que daba al piso inferior encontró una sección nueva: «Publicaciones especiales». A pesar de que se había prometido a sí mismo no acercarse a los libros para evitar el riesgo de tomar alguno para una lectura que su desgastada vista ya no le permitía, no logró impedir que sus pies se dirigieran hacia ella. La curiosidad por saber en qué consistían aquellas publicaciones especiales era superior al temor que el dolor de sus ojos por un sobre esfuerzo le producía. De manera instintiva, guió sus ojos al lugar donde reposaba la letra «z». Era algo que siempre había hecho, fantaseando por encontrar algún día su nombre en uno de aquellos libros que siempre había cuidado con tanto mimo.

El aire se volvió aún más denso a su alrededor cuando lo vio. Era su apellido. Precediéndole, estaba impreso su nombre. No se trataba del autor de ninguna obra, sino del título de un bonito ejemplar de cubiertas negras en un precioso acabado mate. «Qué casualidad», pensó, y lo tomó entre sus arrugadas manos. Deslizó las páginas con cautela, echando un vistazo a su interior como quien tiene miedo de que le pillen haciendo algo prohibido. Una rodilla cayó al suelo cuando se dio cuenta. Apenas podía sostenerse. La otra persona que se encontraba en la biblioteca, a pocos metros de distancia, ni siquiera hizo un ademán de preocupación al verlo caer.

Aquel libro narraba su historia. El protagonista de aquel bonito volumen era él. Un libro dedicado a todos los años de entrega al cuidado del legado literario. Estaba escrito por aquella joven que le reemplazó en su jubilación. Lo abrazó contra su pecho y, a duras penas, logró ponerse en pie. Bajó las escaleras con el libro bien apretado entre sus brazos. Recorrió el vestíbulo hasta el que fuese su escritorio y esperó paciente a que la muchacha lo atendiese. Ni siquiera levantó la cabeza al sentir que había alguien esperando para ser atendido. El anciano se giró sobre sus talones, cruzó de nuevo el vestíbulo, y salió por el umbral de la biblioteca con el libro protegido por un fuerte abrazo, ahora sí sabiendo que aquella había sido la última vez que visitaría aquel lugar del que ahora se llevaba un auténtico tesoro.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

*Imagen tomada de la red (editada)

307. PERDER

Mi jueves de poesía: “Deseo”

Mi jueves de poesía: “Deseo”

 

DESEO

DESEO

Me deslizo en el deseo
de volver a sentir tus caricias,
de tus manos recorriendo
sin miramientos mi piel.
Me deshago en sensaciones
que me erizan la epidermis
cuando evoco la dulzura
de las yemas de tus dedos
envolviendo todo mi ser.
Mi respiración se torna fuego
al perderme en los recuerdos
de tus labios que me queman
a mordiscos en la boca,
de tus manos sin censura
que caldean el ambiente
aunque sea el mes de enero
mientras me quitas la ropa.
Se humedecen mis gemidos
cuando invoco en la memoria
tu cuerpo como el acero
abriéndose paso en mí.
Algo crece en mis adentros,
algo que se vuelve inmenso
y no soporta la espera,
es el deseo de ti.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Deseo by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen tomada de la red (editada)

306. CALM

“Eterna primavera” – Desafíos Literarios

“Eterna primavera” – Desafíos Literarios

 

ETERNA PRIMAVERA

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

ETERNA PRIMAVERA

No pude evitarlo. La ventana abierta ejercía sobre mí una atracción mayor que la que pudiese realizar el imán más grande del mundo. Ofrecía ante mis ojos un paisaje de lo más atractivo, un brillante día de primavera con el cielo de un intenso color azul solo interrumpido por el verdor de las hojas nuevas de los árboles que llegaban hasta la ventana. Estas se mecían por el viento, ajenas a la cháchara que mis oídos estaban siendo obligados a escuchar. La brisa que se adentraba por la ventana llegaba hasta mi rostro, lo que hizo que me entrasen unas terribles ganas de salir de allí.

El chorreo de palabras continuaba llenando la habitación en un murmullo incesante que cada vez elevaba más y más su volumen, pero ya no alcanzaba a llegar hasta mis oídos. Solo podía escuchar el sonido de las hojas balanceadas por el viento y el suave batir de alas de las aves en vuelo. Mi mirada se perdió también en la inmensidad azulada que se extendía ante mí, de modo que hacía muchos minutos que yo ya no estaba presente en aquella habitación. Mi cuerpo, mi mente, mi corazón o quienquiera que hubiese sido, había tomado ya una decisión por mí.

No vi su cara cuando, sin decir ni una sola palabra, me levanté de la silla, pero me hubiese gustado. Asomé el rostro, sentí el frescor despejándome y, sin pensarlo más, solo salté. Fue así, no lo pude evitar. La bajada fue demasiado rápida como para poder disfrutar de ella, tan solo unos segundos de inmensa sensación de libertad. En cambio, la subida fue placentera y sosegada. Poco a poco fui subiendo, con el cuerpo ligero como si fuese un globo de helio que flota mientras se eleva hacia el cielo, dejándose llevar por las corrientes de aire.

No sé cómo seguirán las cosas allí abajo, pero qué a gusto se está y qué bien se ve todo desde aquí arriba. Ya solo tengo que preocuparme por disfrutar de una eterna primavera.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

*Imagen tomada de la red (editada)

310. CALM

“Cuando te veo” – El Poder de las Letras

“Cuando te veo” – El Poder de las Letras

 

CUANDO TE VEO

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

CUANDO TE VEO

Me doy cuenta de que duermo cuando te veo a mi lado, cuando escucho tu respiración pausada en el silencio de la noche, cuando siento tu cálido aliento resbalar sin descanso sobre mi piel.

El insomnio se instaló en mi vida como un indeseado inquilino desde que tú saliste de ella. Noche tras noche aguardo su visita con la insana esperanza de que no acuda, pero es un fiel visitante que siempre llega puntual a esas citas que yo nunca programé en mi agenda. Se desliza entre los pliegues del sosiego nocturno como si fuese un vulgar ladronzuelo que no quisiera ser descubierto. Nunca le veo llegar, pero su presencia me quema, me inquieta, me asfixia.

Mi cuerpo desamparado se retuerce entre las sábanas frías que hace ya tiempo perdieron tu olor. Gira y gira, en busca de la posición acertada que mitigue tu ausencia y sofoque las llamas que prenden mis ojos. Me escondo entre ellas, como si así fuese a ser capaz de evadir la inquietante presencia del desvelo diario, en un cómico juego del escondite en el que siempre llevo las de perder y no tengo compañero que me salve la partida.

Las manecillas del reloj se alían con mi enemigo. Detienen su avance, parecen querer mantenerme en mi escondite en una jugada eterna en la que no hay ningún límite de tiempo ni tan siquiera cuenta atrás. Y giro, giro, giro… Doy las mismas vueltas con la mente que con mi cuerpo en la cama hasta que me introduzco en un hipnótico círculo vicioso del que no puedo ni quiero salir.

Es entonces cuando te veo. Estás aquí, a mi lado, y me abrazas. Me susurras al oído y me besas en los ojos hasta que caen rendidos. Es entonces, y solo entonces, cuando me doy cuenta de que, por una vez más, le he ganado la partida al insomnio.

Duermo.

Sueño…

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

*Imagen: Pixabay.com (editada)

311. POETAS

Revista Zarabanda noviembre 2018

Revista Zarabanda noviembre 2018

ZARABANDA

 

¡Buenos días! Un mes más me gustaría acompañaros con mi colaboración con la revista local Zarabanda correspondiente al mes de septiembre. Podéis acceder al contenido completo de la misma en este enlace.

Este mes tocó un poquito de poesía. Espero que os guste.

CRECERÉ

CRECERÉ

Descalza caminaré sobre los campos nevados
para sentir bajo mis pies la simiente de la vida
que aguarda cautelosa bajo el hielo
a que llegue el momento idóneo para volver a nacer.
Experimentaré en mi vientre el anhelado vértigo
que produce el apreciar que hay una vida latente
por debajo de la alfombra
tan fría y tan insensible que se extiende bajo tu piel.
Tomaré a pequeños sorbos el agua limpia y fresca
que mana de las nubes de otros cielos en los que,
tarde o temprano,
volverá a lucir el sol cuando deje de llover.
Y creceré en armonía con la cosecha escondida,
extenderé mis raíces por debajo de la escarcha
celosa de tu pensamiento
y emergeré de la tierra en cada nuevo amanecer.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

*Imagen tomada de la red (editada)

314. CALM