“La última margarita” – El Poder de las Letras

“La última margarita” – El Poder de las Letras

La última margarita

No se pudo morir antes la primavera. Aquello fue casi un suicidio, un óbito premeditado que envió al destierro todas las flores que habitaban en mi jardín. Después de un largo y brutal invierno, mis esperanzas por encontrarte fenecían al mismo ritmo que el raudo avance del marchitar de todos aquellos brotes que, sin llegar a germinar, se agostaban con el transcurrir de los días.

Fui testigo silencioso del deceso de la primavera, sin que hubiese nada en mis manos que pudiese hacer para evitarlo. Fui tan solo un mero espectador que derramaba lágrimas ante aquel prematuro funeral, como si con ellas pudiese devolver la lozanía a los pétalos marchitos que languidecían bajo mi estática mirada. Fueron sollozos inútiles.

La frescura y la juventud dieron paso en pocos días a los surcos castigados de un estío prematuro que se reflejaba en mi rostro sombrío, un auténtico sicario de las margaritas desvalidas que un día pintaron de sonrisas desdentadas mi rostro cuajado de cal, que, mezclada con mis lágrimas, resultó mortal para mi primavera ausente.

Sucumbieron sin posibilidad alguna de soslayo todas las margaritas que nacieron con la intención de convertirse en un inmenso vergel. Abrasadas por el sol, todas murieron bajo mi mirada atenta y acusadora que, poco a poco, fue quedando vacía de ilusiones.

Pero más allá de la inmolación colectiva del florecimiento, te vi. Te resistías a abandonar tus pétalos, a esconderte de mi mirada magnicida, a dejarte morir simplemente como hicieron las demás.

Fuiste la última margarita que me quedaba por deshojar.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

La última margarita by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Revista Zarabanda febrero 2019

Revista Zarabanda febrero 2019

¡Buenos días! Un mes más me gustaría acompañaros con mi colaboración con la revista local Zarabanda correspondiente al mes de febrero. Podéis acceder al contenido completo de la misma en este enlace.

Este mes os vuelvo a acompañar con poesía. Espero que os guste.

Peregrino de la noche

Quisiera cerrar los ojos
y desaparecer del mundo,
que se borren de mis sueños
los errores tanto tiempo acumulados,
de mis días vagabundos.
No soy más que un peregrino
que solo durante la noche
encuentra sentido a sus pasos
siempre errantes por los senderos
que mueren a medianoche.
Esclavo soy de mis actos
que me persiguen en vida,
por eso cerrar yo quiero
los ojos y en las tinieblas
encontrar una salida.
Fantasma de los tejados
del subsuelo del averno,
caníbal de sentimientos,
lágrimas en carne viva,
quisiera cerrar los ojos
y dormir,
flemático y sosegado,
un sueño que sea eterno.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.


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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Los 52 golpes – Golpe #51 – “Nadie”

Los 52 golpes – Golpe #51 – “Nadie”

Nadie

Siempre supe que no iba a ser fácil. Desde pequeñita, tuve un sexto sentido que me indicó que la vida, en realidad, no era aquella situación de fantasía y felicidad en que me encontraba inmersa, rodeada siempre de sonrisas y juegos. Algo en mi interior me decía que, cuando creciese, la cosa iba a cambiar hasta tal punto que iba a encontrarla casi, casi, insufrible.

Comencé a preguntar a los mayores. A veces, los veía preocupados sin una razón aparente y no fueron pocas las ocasiones en que, de vez en cuando, encontraba a alguno de ellos llorando a escondidas. Incluso mi padre, mi gran ejemplo de fuerza por excelencia, fue incapaz de evitar que, en alguna ocasión, viese cómo alguna lagrimilla errante se desplazaba sin querer por sus mejillas.

Poco a poco, fui consiguiendo que me contaran, aunque solo fuese a grandes rasgos, en qué consistía aquello de hacerse mayor. Entre lo que me decía uno y lo que me decía otro, logré llegar a hacerme una idea aproximada de lo que me esperaba, así que, cuando maduré, casi de golpe y sin apenas darme cuenta, estaba en cierto modo preparada para ello.

Superé con éxito muchos de los primeros escollos que encontré en mi camino. No derramé ni una sola lágrima cuando mi primer amor; aquel que, en mi todavía ingenuidad, había pensado que duraría toda la vida, se esfumó delante de mis ojos como por arte de magia. Afronté con entereza los duros años en los que nadie apostaba ni un céntimo por mí, hasta que, al fin, llegó la tan ansiada oportunidad laboral que andaba buscando. El mismo aplomo me acompañó incluso en los difíciles momentos en los que tuve que hacer frente a la pérdida de un ser querido. Todos se maravillaban con mi capacidad de adaptación a las circunstancias, considerándome más madura incluso de lo que se suponía que debía ser.

Sin embargo, hubo algo que nunca nadie había tenido en cuenta a la hora de explicarme qué supondría para mí hacerse mayor. Algo que me marcó y de lo que, bastantes años después, aún sigo tratando de recuperarme. Algo que, cada vez que lo recuerdo, hace que me suma en un estado de shock alarmante, incluso para mí. Y es que nadie me preparó para el horroroso momento en el que me llamaron por primera vez… señora.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

El relato del viernes: “Seguidme”

El relato del viernes: “Seguidme”

Seguidme

—¡Vamos, chicos! ¡Seguidme! —gritaba el pequeño pez, cargado de emoción. Cada vez que echaba la vista hacia atrás y veía que eran más y más los peces que seguían el camino que él mismo iba indicando, sus agallas se hinchaban en una señal de inequívoco orgullo.

Apenas había mareas aquel día y las aguas del fondo marino presentaban un aspecto tan calmado que pocos antes habían tenido la oportunidad de contemplarlas así. La luz del sol sobre la superficie incidía con tanta fuerza que un atractivo tono azulado cubría el agua que los rodeaba, que, a la vez, reflejaba destellos de lo más brillantes. El fondo abisal estaba hermoso como nunca, así que a nuestro pececito le había parecido una idea estupenda organizar una excursión.

Lo que en principio habían sido dos o tres pececillos, los amigos más cercanos al promotor de la idea, pronto se volvió una larga fila que seguía sus pasos sin detenerse ni siquiera a preguntar hacia dónde se dirigían. Bancos enteros llegaron a unirse en determinados momentos, lo que confería a aquella excursión, en un principio improvisada, el aspecto de algo parecido a una manifestación submarina. Había peces de todos los tamaños, colores y estilos. Todos ellos querían seguir a aquel pequeñín que tan seguro parecía de sí mismo.

De vez en cuando, alguno de los peces más mayores, fatigado ya tras horas de natación sin un rumbo aparente, osaba lanzar al agua la pregunta que todos ellos llevaban en mente, aunque no se atreviesen a formularla.

—¿A dónde vamos?

El pequeño pez siempre respondía lo mismo:

—¡Vamos, seguidme! ¡En seguida lo veréis!

Llevaban ya varias horas nadando a través de las transparentes aguas del océano, desplazándose con suavidad entre corales que los acariciaban al pasar y sin que ningún pez de mayor tamaño intentase atacarlos. Era una oportunidad que no podían desaprovechar.

El pececito, de vez en cuando, se volteaba hacia atrás para comprobar que lo seguían en su aventura. La verdad era que no tenía ni idea de a dónde dirigirse. Ni siquiera sabía dónde se encontraban en aquellos momentos, los macizos de coral que estaban atravesando no los había visto jamás. Pudiera ser que se hubieran perdido, pero, ¿qué importaba? Los demás lo seguían sin rechistar. Y qué bien se sentía siendo el líder…

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

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Mi jueves de poesía: “Tempus fugit”

Mi jueves de poesía: “Tempus fugit”

Tempus fugit

Se nos escapa el tiempo como el agua entre los dedos,
que fluye salvaje y libre para nunca volver
a pasar por aquel sitio por el que transcurrió un día,
que sigue su camino y que jamás regresa.
Así pasan las hojas en nuestros calendarios,
que alegres arrancamos para dar paso a otro mes,
así pasan los años, los lustros y las décadas,
con la mirada puesta siempre en los ecos del pasado.
Se nos escapa el tiempo, que viene a recordarnos
que ya desperdiciamos el ayer
y que no hay mejor purgante que el veneno
que te muerde con fuerza desde antaño.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Nueva colaboración – Poesía en Órbita

Nueva colaboración – Poesía en Órbita

Es para mí todo un honor poder anunciar mi nueva colaboración con el colectivo Poesía en Órbita, que nace de la mano de nuestro compañero Agus Didier con el objetivo de abrir una puerta al mundo literario desde la que llegar a posicionarse como una de las más grandes comunidades literarias de habla hispana.

Desde aquí quiero reiterar mi más sincero agradecimiento a Agus por contar conmigo en este nuevo proyecto que emprendemos con mucha fuerza, ganas e ilusión.

¿Te apetece formar parte de nuestra comunidad? No lo pienses más y anímate. ¡Serás bien recibido! Puedes acceder a toda la información que necesites en el siguiente link: Colabora con nosotros

Hasta aquí os traigo mi primera colaboración, que espero con mucha ilusión que os guste.

En la quietud del silencio

Duerme el silencio en el valle
y los árboles desnudos
aguardan envueltos en calma
a que la luna coqueta
despierte con un beso al sol.
Todo parece tan quieto
que la inquietud se respira
como una densa cortina de humo
que paraliza con miedo
a toda la vida misma.
En la quietud del silencio
hasta las flores se incendian
y se arreglan presurosas
para vestirse de gala
al recibir a la aurora.
Todo duerme, todo calla,
y en el silencio se escucha
un murmullo de esperanza.
¿No lo oyes?
La naturaleza habla.
Solo tienes que prestar atención
y saber cómo escucharla.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

“La hoja caduca” – Desafíos Literarios

“La hoja caduca” – Desafíos Literarios

La hoja caduca

Ella se fue deshojando poco a poco. Con el paso del tiempo, se le fueron perdiendo las hojas como si fuera el goteo de una fuente que, sin que nadie lo advierta, derrama poco a poco el agua pura hasta que llega un momento en que agota el manantial. Ella, que siempre había estado repleta de flores, se desprendió también de sus pétalos y dejó una preciosa alfombra roja a su paso por la que todos querían pasear.

Ella lo dio todo por los demás. Se desvivió por sus amigos, por su familia, sus compañeros, sus vecinos e incluso muchos desconocidos. Todos ellos, conocedores de la acogedora sombra que proporcionaban sus hojas, acudían a ella para que les otorgase la plácida vitalidad de la savia que corría por sus venas. En todos los casos, sin excepciones, los atendía con su mejor sonrisa, otorgándoles el amparo solicitado y una dosis extra de diligencia.

Proporcionaba a los demás los mejores cuidados para que todos pudieran lucir unas hojas como las suyas, verdes, fuertes, brillantes, llenas de vida. Para que todos pudieran enorgullecerse de las flores que les brotaban cuando ella acudía a su llamada.

Pero en el afán por cuidar de los demás olvidó un pequeño detalle. Sus hojas, sus flores, sus frutos también precisaban de cuidados. Ella necesitaba también agua y sol que renovasen la savia de su interior, que la mantuviesen verde y espléndida. Fue postergando estos mimos en aras de mantener a los demás en el estado más floreciente posible.

Un día perdió una hoja. Hacía tiempo que había perdido su verdor y se había tornado amarilla hasta que, al fin, cayó y quedó perdida por el camino de las exigencias. No le dio importancia, tenía de sobra. A esta primera le siguió otra, y otra, y otra… Para cuando quiso darse cuenta, se había deshojado por completo. El proceso fue implacable.

Trató de ponerle remedio, fertilizó su vivero y lo regó en abundancia. Pero hasta el tronco se había secado. Ya era demasiado tarde.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.


La hoja caduca by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen tomada de la red (editada)

“El diario” – El Poder de las Letras

“El diario” – El Poder de las Letras

El diario

Hoy que el silencio nos muerde las palabras, aprovecho tu ausencia en mi compañía para leer el diario que juntos comenzamos a escribir, en un tiempo que parece tan lejano, y tal vez lo sea, que ya las arrugas cubren los márgenes que jamás respetamos.

Amarillean las páginas gastadas por un amor que de razones poco o nada llegó a entender jamás. Ya perdieron el aroma a los jazmines que un día acompañaron a nuestros versos vomitados con pasión de enamorado. Se doblan las esquinas igual que nuestros sentimientos y los espacios en blanco le ganan el terreno a las líneas de la vida.

Se nos gastaron también los colores con los que solazábamos las páginas y tuvimos que colocar marcadores para que el día en que vivimos no cayese en el olvido. Proliferan los mutismos y tachones y ya solo queda espacio para mi escritura automática y tus palabras dictadas.

Hoy completo la última página de nuestro diario y aún me niego a colocar el maldito punto y final en una hoja carente de fecha y hora. Me limitaré a terminarlo con una sucesión inagotable de puntos suspensivos…

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Reto literario: “Un trabajo por la felicidad”

Reto literario: “Un trabajo por la felicidad”

Un trabajo por la felicidad

Soy músico. Bueno, realmente no, porque lo cierto es que no sé tocar ningún instrumento. En realidad, soy compositor, escribo canciones para los demás. Ahora que lo pienso, si escribo música, entonces soy músico, ¿no? Pues eso, lo dicho, soy músico.

Siempre he creído que la música nos acerca a la felicidad, así que no puedo imaginar algo mejor en lo que trabajar. ¿Vosotros sí? Yo creo que no, yo trabajo por la felicidad.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

Un trabajo por la felicidad by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de febrero, del blog de Adella Brac. Las palabras de este mes son: canciones, felicidad, trabajar.

Los 52 golpes – Golpe #50 – “No”

Los 52 golpes – Golpe #50 – “No”

No

Hasta mis oídos solo llegan sonidos por completo incomprensibles para mí. Te veo frente a mí, mueves los labios y sé que debes estar pronunciando palabras, pero lo que yo oigo no tiene en absoluto ningún sentido. Me siento como una extranjera en mi propia tierra, desprotegida ante un idioma extraño por el que cambiaron las tiernas palabras de cariño que solías regalar a mis oídos. No te comprendo, por más que me esfuerce, no comprendo lo que está ocurriendo.

No sé qué demonios ocurre ni cómo hemos llegado a esta situación. Solo sé que las palabras  que deben de estar saliendo de tu boca ni siquiera alcanzan a mi cerebro, colapsado en algún momento perdido en el vaivén de los recuerdos felices. Únicamente puedo ofrecerte silencio, mi regalo más preciado ante una situación que no sé cómo afrontar, ante un discurso barato de frases hechas para un idioma muy diferente del mío.

Cierro los ojos, como si de esta manera estuviese cerrando también mis oídos, como si así pudiese evitar que pronuncies aquello que nunca quise escuchar. Cierro los ojos y mi mente vuela hacia otro lugar, hacia otra época, hacia otra vida. Ni si quiera sé cuánto tiempo permanezco así, si han sido horas, minutos o segundos. Solo sé que cuando vuelvo a abrirlos no estás, que has cumplido tus promesas, que has seguido siendo fiel a ti mismo, como siempre has hecho.

Por un instante, te odio. Te odio como jamás llegarías a imaginar, pero solo durante un instante, menos quizá de lo que dura un pestañeo. La mordaza que me cubría se libera para que mi voz resuene en el piso vacío sin ti y solo puedo pronunciar una palabra. Un no alto y rotundo llega hasta mis oídos sin que sea capaz de reconocer mi propia voz en ellos. Me levanto y salgo en tu busca con la seguridad que otorga haber aprendido, por fin, a hablar en tu idioma.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

https://www.copyrighted.com/works/view/en7ebp0QpQ2DgEpm

*Imagen tomada de la red (editada)