Micro-sábados: “Frío”

Micro-sábados: “Frío”

Frío

Hace frío fuera. Demasiado. Y no estamos hablando de la nieve que lo recubre todo, del hielo acumulado sobre los incipientes brotes de los campos o del viento que azota las ramas desnudas de los árboles, que también. Fuera vivís en un perpetuo invierno. Mejor nos quedamos al resguardo del calor de tu corazón.

Firmado,

Tus sentimientos.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

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Mi jueves de poesía: “Vérsame de noche”

Mi jueves de poesía: “Vérsame de noche”

Vérsame de noche

Nos versaremos de noche
como se hace en los cuentos,
cobijados bajo un manto
tejido con las estrellas
con que vestimos los sueños,
perdidos bajo el ocaso
eterno del firmamento.
A la abrigá de la luna
recogeremos los versos,
los lanzaremos al fuego
de la hoguera que prendimos
para quemar el momento
y con el rescoldo haremos
cenizas de sentimiento.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1902159954946-versame-de-noche

*Imagen: Pixabay.com (editada)

“Purificación” – Poesía en Órbita

“Purificación” – Poesía en Órbita

Purificación

Purificaré mi cuerpo,
para así lograr la limpieza del alma.
Regresaré de esta manera al éter
donde reposaba la pureza de mi ser
antes de ser poseída por mil demonios.
Realizaré mi exorcismo
sin sacerdotes que me amparen
ni iglesias que restrinjan mi fe
y emergeré de las aguas
desnuda como una sirena,
inmaculada en su esencia,
que ha purgado sus pecados
y a la que ya únicamente quede
la dicha de solo ser.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

Purificación by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

“Colonización” – Desafíos Literarios

“Colonización” – Desafíos Literarios

Colonización

1 de enero de 2059

Da comienzo un año nuevo sin que haya perspectivas de que la situación en la ciudad vaya a cambiar un ápice y claros signos de desesperación se comienzan a notar entre la población, sobre todo entre los más ancianos, que conocieron una vida muy distinta a la que ahora se nos ofrece.

Hace ya treinta años que la nave Libertis Alfa I, procedente del planeta vecino Marte, aterrizó junto a nuestra ciudad con intenciones de colonizar el planeta. Por lo visto, la conmoción que causó entre la población fue sobrecogedora. Después de décadas enviando sondas para intentar esclarecer si sería posible alguna forma de vida en el planeta contiguo, con resultados indeterminados, los alienígenas, cuya inteligencia nos superaba de manera exorbitante, tomaron las riendas. Bajo una apariencia amigable, se instalaron en nuestra ciudad y establecieron aquí su base de operaciones desde la que poder controlar todo el planeta Tierra.

Tras los tumultos iniciales, la población comenzó a aceptar a aquellos seres que, de una manera tan altruista, compartieron con nosotros sus conocimientos y, en poco tiempo, dieron por cumplida su misión de controlar el planeta. Los avances tecnológicos que incorporaron fueron desorbitados y recibidos con los brazos abiertos. La tele transportación, por ejemplo, fue una ayuda incalificable para el desarrollo de todos los procesos terrícolas y, durante un tiempo, los niveles de estrés y ansiedad casi desaparecieron por completo. Así ocurrió con infinidad de avances más que incorporamos a nuestro día a día con total normalidad.

Sin embargo, los alienígenas también incorporaron su forma de vida. Los edificios fueron siendo sustituidos por edificaciones modernistas sin ningún sentido estético. Los parques y jardines fueron eliminados para abrir más espacio al hormigón y al metal. Se suprimió toda forma de ocio y la única meta que pasó a tener el ser humano fue la productividad sin pausa. Aquella felicidad de la que creían carecer antes de la colonización se esfumó para siempre.

Cuando yo nací, la invasión alienígena ya estaba totalmente completada. A mis veinte años, jamás he conocido los colores ni ninguna forma de diversión. Apenas aprendí a caminar dio comienzo mi vida laboral. Por suerte o por desgracia, los chips que nos implantan al nacer y que nos implementan toda la inteligencia necesaria para ser productivos desde el comienzo de nuestros días, aún no han logrado otorgarnos una habilidad tan básica como la de sostenernos sobre dos piernas.

Conozco cómo era la vida en mi ciudad antes de la invasión gracias a mis abuelos. A pesar de que fue prohibido y eliminado cualquier vestigio de la vida terrícola anterior, aún guardan de manera clandestina en el refugio anti pánico que todas las viviendas deben tener de manera obligatoria, cientos de fotografías, ropas y utensilios que me muestran con tanta frecuencia como les pide su añoranza de un tiempo pasado que, sin duda, debió de ser mucho mejor. Gracias a las fotografías he podido conocer, por ejemplo, lo que es una sonrisa, algo que ahora es inconcebible y perseguido.

Hoy que da comienzo un nuevo año, mis ansias de cambio son más fuertes que nunca. Sin permiso, y antes de que saliesen los primeros rayos del sol del que tanto nos debemos proteger, he bajado al búnker y he abierto la pequeña caja donde la abuela guarda parte de la ropa de su juventud. Elijo la más llamativa y me visto con ella. Me sienta como un guante y enseguida comienzo a notar los efectos del color en mi estado de ánimo. Amparada aún por las sombras, traspaso los límites de la ciudad, vulnerando la estricta vigilancia a la que están sometidos.

Una vez fuera, los primeros rayos de sol comienzan a calentar mi rostro durante tantos años cubierto. Es una sensación maravillosa y la sonrisa es inevitable. Me siento eufórica y lanzo un grito de alegría, que acompaño con un gran salto hacia el cielo. Con esta sonrisa, la brisa en la cara y el color rojo alegrándome el alma, siento que soy capaz de iniciar una rebelión en este mismo momento. ¿Y por qué no? Alguien tendrá que dar el primer paso.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1902159955196-colonizacion

“Suave vaivén de mi alma” – El Poder de las Letras

“Suave vaivén de mi alma” – El Poder de las Letras

Suave vaivén de mi alma

Déjame permanecer así,
aletargada y silente,
suspendida en el susurro
hechicero y transparente
de una caracola de mar.
No despiertes si es que ves
a mi corazón ausente,
sumido en algún letargo
sosegado y resiliente,
sin pretextos para amar.
Déjame permanecer así,
en esta espera paciente,
no despiertes la memoria
que, adormecida, se mece
con el suave vaivén de mi alma.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

Suave vaivén de mi alma by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Reto literario: “Vienen”

Reto literario: “Vienen”

Vienen

Llevo ya dos lunas con esta sensación de desasosiego que tanto me inquieta y no sé cuánto tiempo más seré capaz de aguantar sin alertar a los demás miembros del clan. Se los ve tan felices… ¿Y si me equivoco? Pero jamás me ha fallado un presentimiento y siento el final cada vez más cerca. Nuestros sueños están en peligro. Ya vienen, lo sé. Los malos, los que nos quieren quitar la ilusión, vienen a por nosotros.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de marzo, del blog de Adella Brac. Las palabras de este mes son: sensación, aguantar, malos.

Micro-sábados: “Amor”

Micro-sábados: “Amor”

Amor

Amor. Qué palabra más bonita, que guarda tanto sentimiento en tan solo cuatro letras. Que levante la mano aquel que no esté embaucado por su insuperable influjo.

Ahora, démosle la vuelta a la palabra. Roma. ¿Será acaso Roma la ciudad del amor? ¿No dice, con gran sabiduría, nuestro refranero que todos los caminos llevan a Roma? Todos los caminos, por tanto, llevan al amor.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

El relato del viernes: “Las vistas”

El relato del viernes: “Las vistas”

Las vistas

Llevaban horas ascendiendo y las fuerzas, poco a poco, se iban agotando.

—¿Seguro que vamos bien por aquí? —preguntó una de las hormigas, la más pequeñita de todas—. No nos habremos equivocado, ¿verdad? Esto no parece tener fin y no estoy segura de poder aguantar mucho más.

La mariquita, que, a pesar de superarla en tamaño no lo hacía en resistencia, detuvo su ascenso por un momento para esperarla. Habían elegido aquel árbol por su corteza rugosa, algo que, sin duda, les facilitaría la subida, pero no estaba resultando tan sencillo como habían imaginado al principio. Además, su reducido tamaño no era precisamente un punto a favor para aquella aventura que, a aquellas alturas, ya les parecía carente de sentido.

—¡Venga, ánimo! ¡No te vengas abajo! Si la hormiga reina ha elegido este camino será por algo. Ella jamás se equivoca. Confiemos en ella. Además, ya no debe de quedar mucho para llegar —animaba la mariquita, exhausta también, a la pequeña hormiga.

—Ya, claro. Como ella es más grande y más fuerte que nosotras… Mírala, ya va por allí arriba. Ni siquiera se detendrá a esperarnos, ni le importará si lo conseguimos o no. Además, ¿realmente merece la pena todo esto?

—Estoy segura de que, si necesitamos ayuda, ella nos la dará. Y seguro que merece la pena. No sé tú, pero yo ya estoy un poco cansada de no ver nada más que arena y hierba, que es lo único que vemos desde allí abajo. Tenemos que conseguirlo. Además, piensa que así tendremos una aventura que contarles a nuestros nietos —respondía la mariquita, con el positivismo siempre por bandera, y le guiñó un ojo a la pequeña hormiga.

—Sí, claro, como si fuésemos a salir de esta para poder tener hijos… —murmulló esta última desde su posición estática, con la lengua fuera. Sentía cómo gruesas gotas de sudor resbalaban por sus patitas, algo que no le había ocurrido jamás.

El camino que habían tomado era el tronco de la palmera situada en el punto más elevado de la isla. Para el pequeño tamaño de los insectos, aquella excursión era kilométrica. Además, la ascensión era prácticamente vertical y la rugosidad del tronco, a pesar de que sí constituía una ayuda para la escalada y así evitar el riesgo de resbalones hacia abajo, también hacía que el viaje fuese tan accidentado que estaban físicamente agotados. El tan esperado anochecer estaba ya casi encima y la luz se estaba volviendo más y más escasa.

La hormiga reina, a pocos centímetros ya de la cima, se paró y miró hacia abajo. Estaba prácticamente agotada, pero no podía permitir que nadie se diese cuenta, así que no se había detenido en ningún momento, obligándose a continuar hacia adelante a pesar del cansancio. Al ver al resto de la comitiva parada, aprovechó para hacer un descanso, esperarlos y, de paso, darles ánimo.

—¡Vamos chicos, que ya casi lo hemos conseguido! ¡Ya veo la última rama! —les gritó, simulando una entereza que, en realidad, no sentía.

El resto de insectos, ante aquellas palabras de su reina, tomaron fuerzas de donde no sabían ni que las tenían. Solo el hecho de saber que ya estaban cerca del final del trayecto hizo que, sin pronunciar ni una sola palabra más, todos continuasen su camino con ánimos renovados.

Unos treinta minutos después, estaban todos en la cima de la palmera. Por poco no llegan a tiempo, pero, una vez arriba, todos supieron que el camino sí había valido la pena y, además, con creces. Sentados sobre una enorme hoja, todos miraban boquiabiertos hacia el horizonte, contemplando un fenómeno tan especial como corriente que jamás habían tenido la oportunidad de hacer antes de aquella manera.

En la lejanía del horizonte, justo donde la línea del mar se juntaba con el cielo, el sol moría en las aguas envuelto en lo que parecían preciosas llamas de color rojo. Aquella panorámica era impresionante. La penumbra los envolvía en su cómodo colchón improvisado y, ya relajados y apoyados unos contra otros, fueron cerrando los ojos al tiempo que el sol desaparecía en las aguas carmesís del océano después de haber contemplado las mejores vistas que habían tenido oportunidad de otear jamás.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

Las vistas by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License