No todo lo cura el tiempo

Dicen que el tiempo todo lo cura, pero no es así, puedo dar fe de ello. El transcurso del tiempo solo se limita a suavizar las heridas, a cubrirlas con una tirita para crear la falsa ilusión de que así dolerán menos, pero cuando la despegas aparece ante ti la misma herida abierta que en su día cubriste para mitigar el dolor. Es como un bálsamo reparador que necesitas aplicar una y otra vez para que la llaga no escueza tanto, pero que jamás llega a cerrarla. Puede que tengas suerte y, tras capas y capas de bálsamo y tiritas y unos cuantos puntos de sutura, la lesión llegue a cerrarse, pero de lo que puedes estar seguro es de que la cicatriz permanecerá de por vida. Y, quieras que no, hay veces que hasta las cicatrices duelen.

Yo guardo dentro de mí una de esas heridas que el tiempo no ha sido capaz de curar, al menos de momento, y dudo mucho que algún día llegue a hacerlo. Es una herida que sangra cada día, por más apósitos que le aplique y por mucho que la unja con ungüentos. Hoy, en particular, la herida se muestra abierta, en carne viva y manando sangre a borbotones, a pesar de que hace ya diez años desde que se produjo.

Tal día como hoy, hace ya diez largos, eternos, años, que mi pequeña no está conmigo. Diez años desde que la perdí de vista en un maldito descuido que jamás me perdonaré. En mi caso, de nada sirven los calmantes que intentan aplacar el dolor diciendo que no fue mi culpa. El sentimiento de culpabilidad me acompañará de por vida, contribuyendo a dañar aún más la piel lacerada del mismo centro de mi corazón. La esperanza es ese vendaje de compresión que trata de evitar que el sangrado sea cada vez más profuso, pero apenas lo contiene. No, definitivamente, el tiempo no lo cura todo.

Tantos años transcurridos, tanto cariño perdido, tantas cosas sin decir, tanto sentimiento extraviado por los vericuetos del tiempo. El único alivio que he encontrado como pliego de descargo son las cartas que a diario le escribo. Cartas en las que perdón es la palabra más recurrente, la culpa se deja ver escondida entre los renglones y el amor se escribe siempre con mayúsculas y con letra capital. Cartas que quizá algún día lleguen a su destinatario y pueda, por fin, sanar la herida que el tiempo no ha logrado curar.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1902159954601-no-todo-lo-cura-el-tiempo

*Imagen: Pixabay.com (editada)

2 comentarios en “El relato del viernes: “No todo lo cura el tiempo”

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