El relato del viernes: «Recuerdos»

Recuerdos

Habían pasado tantos años que casi no recordaba su rostro y mucho menos su voz. De hecho, hacía demasiado tiempo que las viejas fotografías familiares habían quedado relegadas al fondo del último cajón de la cómoda de mi habitación, ese que nunca solía abrir. Por eso, el hecho de encontrarme de una manera tan abrupta con su imagen casi provocó en mí un colapso de emociones y a punto estuve de perder el conocimiento.

Más de cuarenta años habían transcurrido desde que me despedí de ella, desde que abandoné junto con mis padres mi país natal, dejándola allí. Más de cuatro décadas dejaban abierto un espacio tan amplio para el olvido que casi no podía ni expresarme correctamente en mi propio idioma. Sin embargo, en aquel momento, ante su retrato, fue como si volviese a revivir aquel día. Por unos instantes volví a ser aquel niño de diez años recién cumplidos que decía adiós a su abuela desde la luna trasera de un autobús con el rostro anegado en lágrimas, sin saber aún que nunca más la volvería a ver. El hecho de separarme de aquella mujer que había sido todo para mí fue la primera experiencia traumática de mi vida, suficiente para mantenerme en un mutismo involuntario que se prolongó durante meses. Después de aquello, mi mente simplemente bloqueó los recuerdos.

El destino hizo que un viaje de trabajo me devolviese a mi ciudad natal después de tantos años. Regresé a mis orígenes con la indiferencia que habían interpuesto entre ambos el tiempo y la distancia. Fue allí cuando, al entrar en un restaurante escogido al azar, me di de bruces con su retrato, abriendo de súbito la espita que había mantenido los recuerdos encerrados. Era ella, de eso no tuve ninguna duda en cuanto la vi. Esos ojos amables, esa ligera sonrisa que siempre colgaba de sus labios, esa sábana de arrugas que le cubría el rostro y su sempiterno pañuelo a la cabeza. Todos esos detalles volvieron a mis recuerdos junto con el aroma de sus guisos y el frío de la nieve que acompañaron a mi más tierna niñez.

La necesidad de saber el origen de aquel retrato y el porqué de hallarse expuesto en la pared del restaurante me llevó a preguntarle de manera directa al dueño del mismo. Tomamos asiento en una de las mesas más apartadas del local y, delante de un café y una copa de Pálinka, se dispuso a contarme la historia de su abuelo.

Aquel hombre, que regentó ese mismo restaurante durante gran parte de su vida, había sido el primer amor de mi abuela, cuando ambos aún eran unos niños. La fortuna, en ocasiones tan caprichosa, hizo que sus caminos se separasen y que no se reencontrasen hasta prácticamente el final de sus días, pese a residir en la misma ciudad. Ella, viuda desde varios años atrás, hacía poco tiempo que había quedado sola, pues su único hijo tuvo que emigrar junto con su familia en busca de un mejor porvenir. Juntos vivieron sus últimos años arropados por un amor sosegado y sin sobresaltos.

Una vez fallecidos, la familia había querido hacer un homenaje al abuelo y a la mujer que tanta felicidad le había proporcionado al término de su vida colgando en el local que había sido prácticamente su casa aquella pintura que tanto había significado para él.

Un par de horas más tarde, me despedía con un abrazo de aquel hombre que era lo más parecido a una familia que había encontrado en la ciudad que me vio nacer, profundamente agradecido por aquel encuentro que había reabierto la compuerta de los recuerdos olvidados.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1910102151861-recuerdos
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Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

5 comentarios sobre “El relato del viernes: «Recuerdos»

  1. Me hiciste emocionar, tal vez porque cuando vuelvo a mi ciudad natal, todavía espero encontrar lo que alguna vez fue tan mío 😉
    ¡Muy feliz 2020, querida Ana! Salud para ti y toda tu familia. Que tengamos un buen año de letras y creatividad. Abrazos infinitos.

    Le gusta a 1 persona

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