A letras con los lunes: "Haiku V"

A letras con los lunes: "Haiku V"

Haiku V

Aroma fresco
que torna en color el gris.
Primavera al fin.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

Primavera by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

El relato del viernes: “Las calles vacías”

El relato del viernes: “Las calles vacías”

Las calles vacías

Las calles vacías habían permanecido a la espera de nuestro regreso durante todos estos años, apacibles, sosegadas, manteniendo intacta la misma esencia que nos había cautivado la primera vez que las recorrimos juntos. Volver fue como dar un salto atrás en el tiempo, como emprender un viaje a través de los años a una época en la que las arrugas aún no nos curtían el rostro y las noches parecían volverse eternas al calor de nuestros sueños. La vida se nos antojaba infinita por aquel entonces, aunque el paso de las hojas en el calendario nos fue demostrando que no era así, o quizá sí, pero no para nosotros. La sombra de esa certeza cubría las luces con un halo de opacidad que estuvo permanente durante todo el tiempo que permanecimos tomados de la mano, recorriendo aquellas calles que nunca habían llegado a ser extrañas, a pesar del tiempo transcurrido.

Recuerdo que la suavidad de tus manos volvió a ser la de antaño durante nuestro paseo. Por instantes, tu risa fresca volvió a llegar hasta mis oídos desde tiempos remotos, a pesar de que ninguno de los dos hubiese pronunciado palabra alguna. Me reconfortó sentir el calor de tu cuerpo menudo, que parecía buscar al amparo de mis brazos aquel refugio que construí para ti. Hacía tanto tiempo que no caminábamos así, los dos solos, abrazados, fundiendo las pieles y las almas en una única existencia, que casi tenía olvidadas las sensaciones que un acto tan simple producían en mi ser. Quise retener aquel momento para siempre.

El destino jugó su baza en la partida de nuestra vida con tanta crueldad que, a la mañana siguiente, tus ojos no volvieron a tener la oportunidad de contemplar aquellas desangeladas calles que una vez nos colmaron de dicha. «Es un lugar perfecto para morir, si estoy contigo», me dijiste un día y jamás llegué a imaginar el premonitorio significado que tendrían aquellas palabras. Aquella mañana, las calles estaban repletas de gente y las luces veladas de la noche anterior habían dado paso a un radiante sol, pero yo nunca antes me había sentido tan solo. Mi soledad fue penetrante, reflexiva, trascendente, insufrible.

Que me perdonen aquellas calles que nunca más volveré a recorrer, pero yo siempre las preferí vacías y con tu mano en la mía.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1911142477812-las-calles-vacias

Miércoles de poesía: “Volada de letras”

Miércoles de poesía: “Volada de letras”

Volada de letras

Volarán las letras algún día
entre tanta máquina inquietante,
vuelo de páginas,
crisol de leyendas,
último reducto apasionado
de edades apagadas por el sol.
Hallarán las letras su hornacina
entre el ruido abyecto y asfixiante,
sutiles burbujas,
míseros oasis,
encuentro extático de signos
dispuestos a alegrar el corazón.
Llegarán un día a ser semilla
de un futuro sabio y exultante,
planeo de historias,
nirvana de cuentos,
donde quizá descubran mi nombre
marchito y sepultado en un borrón.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

Volada de letras by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen tomada de la red (editada)

El relato del viernes: “Elígeme a mí”

El relato del viernes: “Elígeme a mí”

Elígeme a mí

La carita de Martina expresaba una emoción contagiosa para todo aquel que la veía. La pequeña no paraba de dar pequeños saltos mientras aplaudía con sus manos enfundadas en unos bonitos mitones de color rojo. Una sonrisa envidiable se mostraba en su rostro y a través de sus grandes ojos, abiertos de par en par, se leía claramente la ilusión que la embargaba.

Le había costado muchos meses, demasiados para su corta vida. Habían sido largos meses de súplicas, de controlar sus impulsos para mostrar un comportamiento ejemplar, de colaboración con las tareas de la casa, lo que fuera para conseguir su objetivo. Durante esos meses había practicado tanto el gesto compungido para infundir algo de lástima en sus padres, que ya le salía con absoluta naturalidad. Ahora, cada vez que quería conseguir algo, esa expresión tantas veces trabajada aparecía de forma instintiva en su rostro y se transformaba en una niña angelical que, con un simple pestañeo, era capaz de camelar hasta al más duro de los adultos. Pero todo ese esfuerzo había dado su fruto.

Frente a ella, decenas de pequeños cachorros esperaban anhelantes a que la niña se interesase por ellos. Los había de varias especies, razas, tamaños y estilos, pero todos ellos tenían el mismo denominador común: la misma carita de buenos que Martina había logrado perfeccionar. Algunos habían nacido allí, otros arrastraban una dolorosa historia tras de sí, pero todos ellos parecían querer decir lo mismo: «a mí, a mí, elígeme a mí».

Los ojos de Martina, ilusionados, iban de uno a otro, dando la impresión de que no le iba a resultar nada fácil la elección. Ella quería un perrito, pero cuando su mirada se encontró con la de aquel gatito gris de profundos ojos verdes, no pudo disimular la conexión que sintió con él. La niña había hecho su elección, aunque parecía que el pequeño animal la había tomado por ella.

Antes de llevarse a Tecno, que fue el nombre que le puso de inmediato, a casa, les contaron su historia. Tenía tres meses y hacía dos que lo habían recogido en una solitaria calle, famélico y empapado por la lluvia. Sin duda, la vida de aquel pequeño animal había dado un giro radical cuando lo encontraron y a partir de aquel día iba a dar uno más grande aún.

Martina se giró sobre sus talones con Tecno en brazos y miró a su padre con una sonrisa orgullosa y satisfecha mientras le decía:

—¿Ves, papá? Te dije que era mejor adoptar.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

Miércoles de poesía: “Apnea”

Miércoles de poesía: “Apnea”

Apnea

Ahora que el otoño cose
los botones de mi blusa,
contengo el aire un segundo
por cada puntada que me perdí.
De la alfombra que tejimos
ya solo queda un retal
derramado por mis hombros
cubiertos por hojas secas.
Queda asfixiado el vestigio
de lo que ayer fue cariño
y hasta las farolas lloran
por el suicidio del día.
Apnea de realidades.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1910182266622-apnea

*Imagen tomada de la red (editada)

El relato del viernes: “Desolación”

El relato del viernes: “Desolación”

Desolación

Al amparo de la noche, me aventuro a pasear por el barrio y la desolación que me produce contemplarlo así es abrumadora. Jamás hubiese podido llegar a imaginar verlo así. Las calles antaño llenas de vida ahora se encuentran vacías. En mis andanzas nocturnas de los últimos días, apenas me he cruzado con dos o tres personas que, como yo, se amparan en las sombras para no tener que enfrentar el rostro de nadie. Solo se pueden apreciar contornos difusos agazapados entre la oscuridad, siempre en solitario. La desconfianza es brutal.

Los locales que hace tan solo unos días rebosaban actividad, parecen ya en ruinas. Todos los cristales están rotos, las fachadas lucen desconchadas y las pintadas lo cubren todo. Me sorprende que el suministro eléctrico aún se mantenga, aunque solo sea en las calles, y que la basura y los escombros no lo hayan inundado todo. Será una de esas paradojas que, de vez en cuando, nos ofrece la vida, que quiere que los que quedamos veamos algo de luz, nunca mejor dicho, en este oscuro túnel sin salida que se presenta ante nosotros.

Ignoro cuántos seremos los que tomamos la decisión de quedarnos aquí y no participar del éxodo masivo que el gobierno nos planteó como solución hace unos días. Solo sé que a las penosas condiciones a las que nos enfrentamos hay que sumar otra que, a pesar de no ser vital, puede que sea incluso más nociva, la soledad. Estamos solos y comenzamos a pasar hambre, el desarraigo que sentimos ya es total. No quiero ni pensar en lo que ocurrirá cuando se agoten las escasas provisiones que nos quedan y mucho me temo que no faltará mucho para que esto ocurra. Quizá el instinto se sobreponga a la humanidad y terminemos por comernos los unos a los otros, como ya ocurrió en Leningrado hace tantos años.

La soledad me acompaña de regreso a mi casa mientras en mi mente se vuelve a formular la pregunta que imagino que nos hacemos todos en estos momentos, ¿por qué a nosotros?

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

Miércoles de poesía: “Rutina de los albores”

Miércoles de poesía: “Rutina de los albores”

Rutina de los albores

Vuelve el silencio a llenar
los vacíos que quedaron
dispersos sobre la mesa.
El menú del desayuno,
mutismo frío con café con leche,
se repite cada día.
Solo hablan las miradas
que vuelan con disimulo
a las migajas de un afecto exánime,
desamparadas en la bandeja
del tostador.
Rutina de los albores.
Óbito de dilecciones.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1910142226802-rutina-de-los-albores

*Imagen tomada de la red (editada)

A letras con los lunes: “Solo una hora”

A letras con los lunes: “Solo una hora”

Solo una hora

Ayer al tiempo se le cayó una hora. Quedó suspendida en el éter vacuo que provocó allende los mares el aleteo en silencio de una simple mariposa.

Ayer al tiempo se le cayó una hora. Y yo envejecí de repente.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

Solo una hora by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen tomada de la red (editada)