Miércoles de poesía: "Cuando mueran mis letras"

Miércoles de poesía: "Cuando mueran mis letras"

Cuando mueran mis letras

El día en que mueran mis letras
incineradme con ellas,
me convertiré en cenizas
que guardar en el cartucho
evaporado y estéril
de la tinta de mi pluma.
Pereceré con las hojas
que arrugadas y vacías
recibieron su destino
en la papelera negra
y seré abono marchito
de una historia sin prefacio.
El día en que mueran mis letras
mi alma sin vida y errante
será moraleja inútil
de alguna fábula vieja.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

https://www.copyrighted.com/work/ulAqsiTP1QrLLIwb

*Imagen tomada de la red (editada)

El relato del viernes: "Restauración de un corazón"

El relato del viernes: "Restauración de un corazón"

Restauración de un corazón

Recogió su corazón hecho pedazos, descuartizado en silencio, con sigilo y con ocultación, sin que hubiese habido arma alguna de por medio, sin cuchillos, sin machetes, sin punzón. Uno a uno, fue cogiendo los trocitos, los que quedaron desperdigados por el salón, aquel que se escondió bajo la alfombra y, bajando la escalera, recogió también el que había saltado hasta el último escalón. Revolvió todas las sábanas en busca de algún fragmento anclado en el colchón y los fue depositando en una bolsa de terciopelo rojo, el color de la sangre y de su propio corazón.

Al pasar por la cocina, encontró otro trozo ahogado en un tazón. Café con pena fue su suicidio, sin acompañamiento, solo y engalanado para la ocasión. Echó un vistazo al otro lado de la puerta y descubrió otro afuera en el balcón. Estaba muerto, aterido de frío, allí olvidado sin bufanda, sin los guantes, ni siquiera un gorro ni un triste chaquetón. Otro halló en la cuerda de la ropa, allá tendido como un simple camisón, junto con la ropa azul de los domingos, el viejo traje y los paños de algodón.

Qué tristeza traspasar aquella puerta, qué triste fue cerrar aquel portón, llevando a cuestas todos los pedazos de su maltrecho y destrozado corazón. En busca fue de alguien que lo arreglara, que tuviera en sus manos la potestad de reparar tanta destrucción, no le importaba que fuese un hechicero o un pobre zapatero remendón. Al fin la suerte estuvo de su parte y, después de mucho tiempo, pudo recomponer su corazón. Qué lindo le pareció con sus remiendos, más bonito aún que el anterior. No cabía dentro de sí de gozo, casi sintió morirse de ilusión.

Volvió a sonar el ritmo en el órgano de sus entretelas, cosido y anudado en un cordón, lo colgó muy cerca de su pecho, casi rozando hasta su cinturón y partió con la dicha y el alborozo de volver a escuchar aquella canción. Se puso a repartirlo por todos lados, con el pecho repleto de emoción, para aquel que quisiera recibirlo, un regalo sin envoltura, disfraces ni armazón. Casi no podía creer lo que ocurría, parecía cosa de su imaginación, pero hubo un pedazo para todos, a todo el mundo alcanzó su corazón.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1911272571053-restauracion-de-un-corazon

*Imagen: Amanda Cass

Miércoles de poesía: "Flor de hiel"

Miércoles de poesía: "Flor de hiel"

Flor de hiel

Tan solo soy
un espectro que camina
por esas calles vacías
donde el tumulto es la ley.
Es desdicha
lo que pierdo en las esquinas
de esta ciudad tan sombría
donde ya no puedo ser.
Cuerpo inerte
que subsiste con inquina,
ulceración de alma impía,
matriz del verbo perder.
Tan solo soy
memoria amarga, quinina,
de aquello que fui algún día,
remanso oscuro sin fe.
Soy rosa henchida de espinas,
flor amarescente de hiel.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

Flor de hiel by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen tomada de la red (editada)

A letras con los lunes: "Invisibilidad"

A letras con los lunes: "Invisibilidad"

Invisibilidad

La gente se ríe de mí cuando digo que tengo super poderes. A ver, no es que me considere un héroe ni nada por el estilo, pero es cierto. No saben la cantidad de veces que puedo volverme invisible. Cuando paso por tu lado, por ejemplo.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

Invisibilidad by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen tomada de la red (editada)

El relato del viernes: "Una mirada desde el cielo"

El relato del viernes: "Una mirada desde el cielo"

Una mirada desde el cielo

Gruesas nubes negras cubrían desde hacía meses un cielo que en algún momento habría lucido un glorioso color azul. Ni el más mínimo rayo de luz solar era capaz de traspasar aquella recia cubierta nebulosa y las últimas plantas que quedaban sobre la tierra comenzaban a mostrar un violento tono grisáceo que dejaba clara su falta de salubridad. Los bebés nacidos en los últimos tiempos ni siquiera conocían la tibieza de un rayo de sol al incidir sobre su piel. Solo habían conocido la sombría penumbra del castigo.

Durante unos instantes se pudo contemplar un pequeño resquicio en el celaje que devolvió momentáneamente a la tierra una mínima parte de su antiguo encanto. Una pequeña flor, desde el suelo, trató de sonreír, mientras una mirada severa y escrutadora se dejaba entrever por entre los grises, enmarcada por un ceño fruncido que dejaba bien patente la irritación de su portador. Solo unos minutos fueron más que suficientes para que aquella mirada sondeara los avances que allí abajo se habían producido desde que, tiempo atrás, se hubiesen tenido que tomar drásticas medidas disciplinarias. Lo que apareció ante ella no pareció complacerla lo más mínimo.

Echó un vistazo a los grandes bosques y selvas con los que, con tanto esfuerzo, había sido provista la humanidad para que tuviese un futuro próspero y saludable. Aquellos pequeños ingratos que habitaban allí abajo continuaban expoliando aquellos verdes pulmones sin ningún sentimiento de culpa, ajenos a su verdadero y cruel destino de continuar actuando de aquella manera. Hectáreas de terreno exuberante y vigoroso eran saqueadas sin piedad alguna para construir aquellos monstruos de ladrillos y hormigón que para ellos eran sinónimo de progreso. Parecía que aquellas bestias solo respondían ante intereses económicos y el dinero, aquel instrumento que se les había facilitado para simplificar el comercio, se había convertido en su mayor y verdadero enemigo.

La mirada que caía desde el cielo pestañeó un par de veces y se dirigió hacia las grandes ciudades que habían comenzado a proliferar por todo el planeta. Millones de vehículos circulaban a gran velocidad por las antiestéticas pistas de asfalto con las que habían cubierto gran parte de la superficie, emitiendo unos gases que incluso llegaban a enturbiar la capa de las alturas en la que se encontraba ella. Una tos ronca hizo que la mirada se desviase hacia las tóxicas fábricas que continuaban emitiendo amplias bocanadas de un humo coloreado con tintes mortecinos. La mirada tuvo que volver a pestañear para alejar aquella malévola visión de su horizonte.

Cuando volvió a abrir los ojos, el panorama que divisó no era más alentador que los anteriores. Toneladas de basura se amontonaban sin escrúpulos por doquier y la gente parecía seguir ensuciando el entorno sin mostrar ningún signo de compasión. Parecía que, después de tanta belleza con la que habían sido obsequiados, no les quedase ningún rastro de pulcritud y disfrutasen viviendo en semejante albañal. Lo mismo ocurría con los océanos, convertidos en vertederos subterfugios que estaban acabando con la vida de la rica flora y fauna marina que había tenido la desgracia de compartir hábitat con aquella especie infiel.

Aquella mirada cerró los párpados con afligida parsimonia, al tiempo que una lágrima furtiva se dejaba caer con pereza. Los humanos no habían aprendido la lección, habían escogido su destino. La fisura recién abierta se cerró de nuevo y las nubes volvieron a cubrir por completo el cielo. Comenzó a llover sobre la tierra.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1911262562023-una-mirada-desde-el-cielo

*Imagen: Morguefile.com (editada)

Miércoles de poesía: "Partiré"

Miércoles de poesía: "Partiré"

Partiré

Abandonaré este mundo en silencio,
de la misma manera en que viví,
casi sin dejar huella.
Taciturna soñadora,
buscadora de quimeras
con circunspecta vehemencia.
Extenuada de la vida,
inquisición del sosiego,
víctima de la estridencia.
Partiré con mi mutismo
a conversar cada noche
al filo de alguna estrella.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

Partiré by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen tomada de la red (editada)

El relato del viernes: "Los secretos"

El relato del viernes: "Los secretos"

Los secretos

El grupo permanecía sentado en torno a la amplia mesa de reuniones que había en el centro de la sala, preguntándose qué circunstancia habría sido la que los había empujado a aquella situación. Todos guardaban algún secreto y eran conscientes de ello. A fin de cuentas, ¿quién no había guardado dentro de su interior algún secreto inconfesable al menos una vez en su vida? El nerviosismo resultaba patente en cada uno de sus rostros, sin excepción, y el silencio, una vez pasados los instantes de caos iniciales, era casi sepulcral. Las miradas cruzaban de uno a otro acusadoras, tensas, con una mezcla de desconfianza y desconcierto. Nadie se atrevía a bajar la vista, no fuese a ser el acusado.

Habían sido todos convocados a una reunión con carácter urgente, sin que ninguno de ellos tuviera el más mínimo conocimiento del motivo de la misma. La tensión era palpable incluso antes del comienzo. Cada uno, a su manera, se temía lo peor y las especulaciones circulaban entre ellos con la misma rapidez que la corriente de un río en la parte alta de la montaña. Sin embargo, ninguno se esperaba ni estaba preparado para lo que ocurrió.

El director general en persona apareció por la puerta de la sala de juntas durante unos instantes, los necesarios para sembrar en su interior la semilla del pánico, la suspicacia y el recelo. Sus palabras, escuetas y pronunciadas en un tono tan autoritario que podía cortar hasta el silencio que reinaba en el despacho, fueron muy claras. «Tengo pruebas de que uno de vosotros ha traicionado a la empresa. Solo me falta descubrir quién ha sido. De aquí no va a salir nadie hasta que el culpable confiese». Después, sin más, cerró la puerta a sus espaldas y giró dos veces la llave, dejando a los desconcertados empleados encerrados bajo la ávida mirada de la cámara de seguridad que, instalada en uno de los rincones, dejaría constancia de todo cuanto ocurriera en el interior de aquella habitación.

Desde el momento en que aquella puerta se cerró, varios pares de piernas comenzaron a temblar, aunque sus propietarios se esforzaban por hacer que la agitación no resultara evidente a los demás. Todos los corazones, sin excepción, empezaron a latir con mucha más fuerza, haciendo presión sobre otros órganos que se contrajeron de inmediato. Varias mejillas adquirieron un ligero rubor y no fueron pocas las miradas que se dirigieron hacia algún punto no definido entre la mesa y el suelo. Un aroma ácido se pudo comenzar a sentir en el ambiente; el perfume del pánico, engalanado para la ocasión con recias perlas de sudor.

Las horas avanzaban sin proporcionar tregua a los integrantes de aquella imprevista reunión, haciendo que la tarde diese paso a una noche que proporcionó la tonalidad púrpura del pavor al comité. Los teléfonos vibraban en el interior de los bolsillos sin que ninguno se atreviese a contestar. El avance de la noche transformó el miedo en indignación y rabia, pero cuando las primeras luces del amanecer comenzaron a arrojar una fosforescencia nueva a los integrantes de la reunión, el agotamiento físico y psicológico era tal que ni rastro quedaba del miedo o la exasperación anterior. Poco a poco, sin presiones y con el semblante abatido, cada uno fue haciendo su propia confesión.

Fueron muchos los secretos que salieron a la luz del nuevo amanecer de aquella mañana de invierno. Desde dinero sustraído en efectivo de la caja de la empresa, hasta balances falseados para ocultar una situación financiera demasiado boyante a la dirección, pasando por filtraciones de información a la competencia. Hubo quien también confesó haber descubierto un mecanismo para que la máquina de café le expendiese el caliente líquido sin introducir moneda alguna y su codicia le había hecho ocultarlo a los demás compañeros. Incluso un affair furtivo en uno de los cuartos de baño fue confesado sin pudor en aquellos momentos de flaqueza. Los secretos desfilaron sobre la mesa de juntas, pronunciados con la dicción serena y cansada de quien ya ha perdido toda esperanza.

Aquella mañana, el director general, desde su despacho, visionaba lo que ocurría dentro de la sala de juntas con una mezcla de cólera y satisfacción en su rostro. Su pequeño juego había dado más frutos de los que esperaba.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1911252554007-los-secretos

*Imagen tomada de la red (editada)

Miércoles de poesía: “De entre las cenizas”

Miércoles de poesía: “De entre las cenizas”

De entre las cenizas

En el hogar crepita el fuego,
se mantiene viva la brasa,
queda el último rescoldo
de aquella mujer que fui.
Llamas que envuelven anhelos
asfixiados por la lumbre
y que subyugados pugnan
por un pedazo de éter.
Yo misma sofoco en silencio
la pira donde se extingue
una mujer que ya ha muerto
por combustión espontánea.
De entre las cenizas surge,
entre confiada y serena,
con la sonrisa en el rostro,
feliz, una mujer nueva.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

De entre las cenizas by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)