A letras con los lunes: “Para siempre”

A letras con los lunes: “Para siempre”

Para siempre

El corazón palpita con fuerza dentro de mi pecho en el instante en que introduzco mi contraseña, mientras mantengo los dedos cruzados como si ese simple gesto pudiese evitar encontrarme con otro de sus comentarios. Ni siquiera lo conozco, pero ha conseguido que el hecho de acceder a mi perfil se convierta en el momento de más tensión del día. ¿Por qué no se olvidará de mí? Solo subí un selfie y, desde entonces, no he vuelto a publicar ni una sola fotografía mía. ¿Cómo hacerlo si a la imagen más ingenua le encuentra siempre una connotación sexual?

 Ahí está. Su comentario brilla en la pantalla como una luz de neón en la más absoluta oscuridad. Pienso en responderle, como en tantas otras ocasiones, en pedirle que, por favor, se abstenga de realizar ese tipo de comentarios, pero sé que, en el fondo, no servirá para nada. Siento dentro de mí ese cosquilleo, tan conocido ya, que produce la indefensión, pero hoy mi paciencia ha llegado a su límite. Tomo por fin la decisión que tenía que haber tomado hace tiempo y solo siento alivio cuando denuncio y bloqueo su perfil.

Desaparece de mi vida, para siempre.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

Para siempre by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

El relato del viernes: “Caprichos”

El relato del viernes: “Caprichos”

Caprichos

Sabía que era un capricho, pero, aun así, fue incapaz de resistirse a la tentación, como tantas otras veces le había ocurrido. De hecho, desde que tenía uso de razón, pocas veces recordaba en las que hubiese sido capaz de resistir un impulso cuando este le golpeaba con tanta fuerza que incluso parecían removérsele las entrañas. Daba igual que fuese una nimiedad, como era el caso de hoy, o que fuese algo de mayor envergadura. Una vez que por su mente se había cruzado la idea de conseguirlo, no era capaz de parar hasta que lo lograba.

Este comportamiento le había acarreado no pocos problemas a lo largo de toda su vida, era consciente de ello. Como aquella vez en que a punto estuvo de ser detenido por aquel antojo de algún objeto ajeno que ni siquiera era capaz de recordar, pero que en aquel momento le había parecido irresistible. O aquella otra ocasión en que se llevó un buen tortazo en la cara, y con razón, porque no había logrado reprimir el impulso de besar a aquella chica tan guapa que aguardaba delante de él en la cola del cine.

Su vida se podía resumir en una sucesión interminable de caprichos, de los que saltaba de uno a otro para, al momento, olvidar el anterior. Cosas materiales que se arrinconaban en el trastero de su casa y otras que el dinero no podía comprar. Daba igual. La satisfacción que le producía conseguir el objetivo en cuestión era siempre la misma, hasta que aparecía un nuevo capricho que le nublaba la razón y vuelta a empezar.

Llevaba tanto tiempo tratando de luchar contra esos impulsos que, según su psicólogo, no le hacían ningún bien, que ya se encontraba anímica e incluso físicamente exhausto. Por eso, cuando la vio, ni siquiera trató de reprimirse. Se dijo que, por una ocasión, no pasaba nada y, además, con ello no hacía ningún mal a nadie. Al fin y al cabo, solo se trataba de una palmera de chocolate que, extendiendo unos diminutos brazos imaginarios, llamaba su atención desde la mampara de cristal del escaparate de una pastelería.

¡Qué gozo sintió cuando le dio el primer bocado! Estaba deliciosa, cierto, pero lo que más placer le había producido era dejarse arrastrar una vez más por la necesidad de tenerla que le había poseído en cuanto la vio. Dulces caprichos, pensó, nunca más volveré a renunciar a alguno.

Ana Centellas. Noviembre 2019. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1911252553840-caprichos

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Miércoles de poesía: “Arte moldeado”

Miércoles de poesía: “Arte moldeado”

Arte moldeado

Moldéame con tus manos
como si fuera de barro,
maleable y complacida
por saberme a cada instante
el perdón de tu castigo.
Moldéame con tus manos
como si fuera de limo,
rescatada y victoriosa
al derretirme en tus palmas
de alfarero sin decoro.
Moldéame con tus manos
como si fuera de lodo,
haz que me sienta de loza,
tan frágil y tan preciosa
que jamás pueda olvidarte.
Moldéame con tus manos,
hazme sentir que soy arte.

Ana Centellas. Octubre 2019. Derechos registrados.

Arte moldeado by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)