El relato del viernes: Memories – «Hoy no»

Hoy no

Contempló el mar desde su privilegiada posición en la arena. La playa, prácticamente desierta a aquellas alturas del mes de noviembre, era como un remanso de paz para su atormentada alma.

Sintió cómo la arena se deslizaba bajo sus pies, fresca, suave. Comenzó a deslizarlos sobre ella, formando círculos y recreándose en esa sensación.

Pensó en dar un paseo por la orilla del mar, el último, pero finalmente decidió permanecer donde estaba, sentada sobre la arena, los brazos agarrando las rodillas, lamiéndose las heridas como un animal solitario. La fresca brisa marina le revolvía juguetona el pelo, formando una maraña sin sentido, pero aquello no le importaba. Por nada del mundo separaría los brazos de sus piernas, un último abrazo a sí misma, casi como una despedida.

Su mirada quedó fija en el horizonte durante unos eternos instantes. Contemplando la inmensidad del mar que tenía delante se sentía más insignificante aún, un punto diminuto en el universo, sin importancia alguna.

El mar. ¿Cómo había podido vivir sin él? Un pensamiento pasó por su cabeza de manera fugaz: su próxima vida quería pasarla en el mar. Cerró con fuerza los ojos y escuchó. Percibió claramente el chocar de las olas contra la orilla, preciosa música que pocas veces había tenido la oportunidad de disfrutar. Percibió el chillar de las gaviotas sobrevolando su cabeza, sobrevolando el mar, en busca de algún pececillo despistado que les sirviera de alimento. A lo lejos, las risas y los gritos felices de unos niños jugando en uno de los columpios que había sobre la arena de la playa. Una lágrima silenciosa rodó lánguida por su mejilla izquierda.

Siempre le había gustado esa sensación. Cerraba los ojos y todo se amplificaba. Sonidos que normalmente pasaban desapercibidos se escuchaban con total claridad. Percibía los olores con una intensidad brutal.

Pero aquella mañana soleada de noviembre todo daba igual. Lo único que le atraía era el mar, delante de ella, hechizante, hipnótico, retador. Abrió nuevamente los ojos y lo contempló con calma, recreándose en cada ola que venía a romper a la orilla con ese sonido tan maravilloso. Quería disfrutar tranquila por última vez de lo único que había sido capaz de otorgarle calma en los últimos tiempos.

Todo estaba decidido, pensó, ya no había vuelta atrás. Demasiado sufrimiento acarreado a sus espaldas. Tenía que terminar de una vez por todas con ello, cortar de manera radical con la melancolía que le estaba consumiendo por dentro. Y allí estaba el mar, a partir de entonces su mar, llamándole a gritos.

Se levantó con lentitud y se permitió un breve instante de contemplar tanta magnificencia por última vez en su vida. Ya tendría la próxima, o eso esperaba, para poder disfrutar de él en todo su esplendor. El mar continuaba llamándole, hipnotizándole, con su vasta infinidad. Así que comenzó a adentrarse en sus aguas saladas y dulces a la vez, caminando despacio, sin dejar de contemplar el horizonte en ningún momento. Podía notar su embrujo, su tabla de salvación.

Un último arranque de ira le llevó a nadar ferozmente hacia mar adentro, hasta el punto en que sus músculos cansados le permitieron. Se detuvo un momento, sintiendo su propia ligereza mientras flotaba de pie, alargándose en toda su extensión. Y entonces lo hizo. Se sumergió lo más adentro que pudo expulsando todo el aire que tenían sus cansados pulmones. El silencio que sentía bajo el agua era reconfortante. Abrió las fosas nasales permitiendo que el agua marina entrase por ellas, sintiendo plenamente la quemazón de la sal.

Fue entonces cuando abrió los ojos y miró hacia arriba. Una luz grande y brillante se proyectaba sobre ella, llamándole a ir hacia ella. El sol, como si conociese sus intenciones, brilló con más fuerza aún, penetrando en el agua hasta alcanzarle. Y ella lo comprendió. Con escasas fuerzas pataleó con rabia hacia la superficie.

Salió expulsando de manera feroz el agua de sus pulmones y tomando una gran bocanada de aire. Exhausta, observó al sol que brillaba con furia sobre ella.  Y braceó como pudo hacia la orilla.

Volvió a sentarse en el mismo lugar, completamente calada, con la respiración agitada y un hálito de esperanza en su interior. El sol brillaba por ella aquella mañana, el mar se mecía plácidamente satisfecho. Sin duda, sólo por ese mero hecho merecía la pena seguir con vida. A partir de ese momento, la vida le tendría preparadas cosas mejores y ella lucharía por ellas. Aceptó encantada el reto del sol.

Permaneció allí sentada, en la misma posición, durante un buen rato más, esperando a que el sol secara sus ropas. Lo miró con una tímida sonrisa y le guiñó un ojo. Gracias amigo, pensó, ya llegará mi hora, pero todavía no. Hoy no.

Y regresó con calma a su casa de alquiler. Todo parecía tener otro color. Una sonrisa se dibujaba en su rostro. De momento, había vencido a uno de sus monstruos interiores. Ya era hora de empezar a hacerlo con los demás.

Ana Centellas. Noviembre 2016. Derechos registrados.

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Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

2 comentarios sobre “El relato del viernes: Memories – «Hoy no»

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