El relato del viernes: «Emergencia»

Fuente: Pixabay

Emergencia

La sala estaba abarrotada. Tanto que deslizarse entre la multitud era, incluso, más peligroso que adentrarse en plena selva amazónica. Sonreí cuando ese pensamiento cruzó por mi mente y me imaginé a mí mismo como un Indiana Jones que tenía que atravesar innumerables peligros, látigo en mano, para buscar el arca perdida. Pero mi misión era bastante más sencilla: conseguir llegar hasta la barra para pedir una copa.

No solo la cantidad de gente que había en el local convertía mi misión en prácticamente imposible. Las luces estrambóticas que parpadeaban sin parar tampoco ayudaban, pues tan pronto veías a la persona que estaba a tu lado como desaparecía por completo de tu campo de visión. En ese breve lapso de tiempo bien podía cambiar todo el mundo de posición que no te dabas ni cuenta. Los rostros parecían cadavéricos por un momento mientras que, al siguiente, lucían vivos y repletos de luminosos colores. Durante un instante, en el que un foco intenso de color rojo cayó de pleno sobre mí, recordé cuando mi médico me diagnosticó de fotosensibilidad. Si él supiera.

Por si fuera poco, el volumen de la música era tan elevado que, si cerrabas los ojos o en uno de esos instantes de oscuridad penetrante que nos regalaban los juegos de luces, podías pensar que estabas completamente solo. Yo no sé cómo harían las demás personas para hacerse entender o si, simplemente, no hablaban entre sí, porque era imposible escuchar ni una sola palabra.

En esas circunstancias me hallaba, tratando de abrirme camino entre la frenética marabunta que saltaba al ritmo de la música para intentar, como he dicho, llegar a la barra. No sé qué me sorprendió más, si el tumulto que se había organizado en un rincón o el poderoso vozarrón que conseguía alzarse sobre la excéntrica y machacona canción que sonaba en aquel momento, que al grito de ‘¡Emergencia! ¡Emergencia!’ consiguió llegar hasta mis oídos.

Me vine arriba, lo reconozco. Fue escuchar esa palabra y comenzar a abrirme paso entre la enfebrecida multitud hasta llegar hasta una embarazadísima mujer que, flanqueada por sus amigos, se sujetaba el vientre con cara de angustia. Ni lo pensé dos veces. La tomé en mis brazos y, con sus piernas como armamento, enfilé un arriesgado camino hacia la salida. Aquella mujer estaba de parto y tenía la suerte de haber encontrado un valiente Indiana Jones que la ayudaría a salir de aquel sofocante antro.

Cuál sería mi sorpresa cuando, al ver que nos dirigíamos hacia la salida, comenzó a revolverse sobre mí, tratando de bajarse.

—¡Pero me quieres dejar bajar! ¡Que lo que necesito es un baño!

Vaya, aquello realmente sí era una emergencia.

Ana Centellas. Noviembre 2021. Derechos registrados.

Emergencia – Protected by Copyrighted.com

Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

3 comentarios sobre “El relato del viernes: «Emergencia»

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: