El relato del viernes: «No le importó»

Fuente: Pixabay

No le importó

Salió a dar un paseo. Las calles estaban cubiertas por completo de nieve y el frío lanzaba afilados puñales contra los rostros, pero no le importó. Hacía horas que había anochecido y la oscuridad se cernía como un monstruo sobre el pueblo, apenas iluminado por las exiguas farolas, pero tampoco le importó. La soledad lo acompañó en su camino, tal y como llevaba haciéndolo toda la tarde, sin un alma que se cruzase con la suya en las desguarnecidas callejas, pero, de nuevo, tampoco le importó.

Había salido de casa sin bufanda ni guantes, únicamente guiado por la desesperación. La condensación de su aliento dibujaba amplias nubes frente a su cara y las manos, cerradas con fuerza en un puño a los costados de su cuerpo, tomaron con rapidez el llamativo color rojizo que delataba la congelación que empezaban a sentir. No le importó. Tampoco lo hizo el hecho de haberse lanzado a la calle con las finas zapatillas que usaba cuando estaba en casa, que se hundían en la nieve, calándole los pies y las piernas hasta casi la altura de las rodillas. Un resquicio de cordura lo había llevado a ponerse el abrigo, pero de eso ni siquiera se enteró.

En su premura por salir al exterior, había olvidado el teléfono móvil en casa. Tampoco había dejado alguna nota dando la más mínima explicación de su ausencia. Evidentemente, no le importó. Nadie lo echaría en falta. Al menos, en las próximas horas o, incluso, en los próximos días.

No escuchó el silencio que reinaba sobre el pueblo, sumido en una total afonía vital. Ningún paso por las calles, ningún coche circulando por la cercana carretera, ni tan siquiera el crujir de una rama o una hoja mecida por el viento. En su cabeza solo escuchaba el lamento que se repetía sin cesar, una y otra y otra vez. Pero, llegados a aquel punto, también había dejado de importarle. Hizo caso omiso de aquella voz que se había instalado en su mente sin pedir permiso y prosiguió su camino.

Sus pasos lo llevaron hasta el río. Bordeado por la nieve, fluía caudaloso y furioso, brincando por encima de las paredes del canal por el que habían tratado, inútilmente, de retenerlo. Si continuaban las intensas nevadas, cuando llegase el deshielo el pueblo se vería en serios problemas. Nada que a él le importase. Con la mirada perdida, rebuscó en las cercanías las piedras que había ido apilando desde días atrás. Lo hizo guiado por aquella siniestra voz que le hablaba desde el lugar más recóndito de su mente, sin una idea clara de para qué las podría necesitar. Sus dedos desnudos escarbaron en la fría nieve hasta que las encontró. Tenía los dedos tan insensibles que le costó un buen rato localizarlas, pero no le importó. Ya las tenía en su poder y sabía con exactitud qué era lo que debía hacer con ellas.

Se le escapó el aire de los pulmones sin casi poder evitarlo y, poco a poco, sintió cómo iba siendo reemplazado por las gélidas aguas del río. El dolor era insoportable, pero a él ya no le importaba nada. Lo peor fue que cuando, varias semanas después, en el pueblo se dieron cuenta de su ausencia, a nadie le importó.

Ana Centellas. Noviembre 2021. Derechos registrados.

No le importó por Ana Centellas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
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Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

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