El relato del viernes: «Aromas de antaño»

Fuente: Pixabay

Aromas de antaño

Cuando Luis entró en la cocina, el aroma a las deliciosas galletas que preparaba su madre lo envolvía todo. Hacía tanto tiempo que no disfrutaba de aquel placentero olor que cerró los ojos para deleitarse con él. Pudo distinguir con total nitidez las suaves notas de canela que incorporaba a todas las masas y que daban a todas sus elaboraciones aquel sabor tan personal. Inhaló con mayor intensidad para tratar de adivinar qué más ingredientes estaba usando.
Hasta su nariz llegó con claridad el aroma amargo, a la par que dulzón, del chocolate más puro. Por poco se relame de gusto. Algo más flotaba en el ambiente, un toque picante que le costó un buen rato reconocer. Una vez que lo hubo hecho sacudió la cabeza con una sonrisa, como recriminándose a sí mismo haber olvidado la ralladura de raíz de jengibre que siempre había en la cocina, y que ahora apreciaba con intensidad. Pasó unos minutos más con los ojos cerrados, dejando que las sensaciones se amplificasen y recreándose en la amalgama de aromas de antaño que flotaba en el aire.

Cuando los abrió, todo estaba como lo recordaba. Los floreados visillos continuaban ondeando al compás del aire que se colaba por la ventana, siempre entreabierta. Las alacenas estaban repletas de botes de especias, que también aportaban a la estancia su olor característico y propio. Las cazuelas y sartenes se apilaban, ordenadas con sumo cuidado, en la pequeña mesita que había bajo el hueco de la escalera. El horno de hierro, encendido, caldeaba la cocina y el alma. Y la encimera presentaba el aspecto blanquecino que tantas veces había visto, cubierta por una fina capa de harina.

Allí, abalanzada sobre la encimera, con la cabeza gacha y concentrada, estaba ella. Llevaba tantos años sin estar con ella que sintió el impulso y la necesidad imperiosa de rodearla con sus brazos para no separase de ella nunca más. Sin embargo, se contuvo. Permaneció observándola en silencio durante unos instantes, recorriendo con la mirada unas facciones que ya casi había olvidado. Su suave pelo blanco recogido en un moño bajo que siempre dejaba escapar algunos mechones rebeldes enmarcándole el rostro. La harina manchándole la cara y su inevitable restregón blanco en la punta de la nariz. Su también níveo delantal, que parecía llevar años anudado a su fina cintura. Y, sobre todo, sus manos, moviéndose con esa cadencia firme y, a la vez, delicada sobre la masa. Estaba tal y como la recordaba de la última vez que la vio.

Luis se acercó con cautela a su lado. Entonces, fue su olor el que inundó sus fosas nasales. Olía a cariño, a vainilla y a manzana, a pan, a mamá. Apenas lo recordaba, pero al percibirlo de nuevo, fue como si los trasladasen de golpe a la infancia y se sintió niño otra vez. Sus palabras sonaron tímidas, casi aflautadas, repletas de una mezcla de inocencia y vergüenza: “¿Me dejarás probar una, mamá?”

Ella no contestó, solo giró con suavidad el rostro hacia él y lo contempló con la misma mirada amorosa de siempre.  Le dedicó una tierna sonrisa que le iluminó los ojos. Toda ella brillaba, envuelta en un halo de magia y misticismo que le hizo adorarla aún más. Luis cerró los ojos un instante para asegurarse de que aquella imagen quedase grabada en su retina para siempre.

Al abrirlos de nuevo, ella ya no estaba allí. Tampoco la mesa enharinada, ni el viejo horno de hierro. Ni siquiera los visillos ondeaban al fresco aire de la mañana. En su lugar, un espacio pequeño y funcional, con una moderna placa vitrocerámica y una cafetera de cápsulas, se presentaba ante él. Desorientado y confuso, se rascó la cabeza. Una mano afable le cogió del brazo de una manera muy afectuosa, al tiempo que le decía:

—Pero abuelo, ¿qué haces solo en la cocina? Anda, vamos al sillón que te he puesto en la televisión tu serie favorita.

Ana Centellas. Noviembre 2021. Derechos registrados.

Aromas de antaño por Ana Centellas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

Un comentario en “El relato del viernes: «Aromas de antaño»

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: