Revista Eternity Nº 4 – Enero 2018

Revista Eternity Nº 4 – Enero 2018

ETERNITY #4

Aquí os traigo el número 4 de la Revista Eternity, la revista literaria y cultural de El Poder de las Letras. Ha salido con un poquito de retraso con motivo de las fiestas, pero ya la tenemos con nosotros. Os invito a pasear entre sus maravillosas páginas, donde podréis disfrutar de las más variadas secciones. Este mes en concreto incluye una entrevista muy especial con nuestra querida Galiana.

Pincha en el siguiente enlace para acceder a la revista:

Eternity #4

Os dejo aquí una pequeña aportación de mi parte:

 

UN SECRETO PARA ALMA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

UN SECRETO PARA ALMA

Era Navidad y la casa estaba por completo engalanada para la ocasión. Alma, una pequeña niña de tan solo cinco años de edad, había estado ayudando a su madre con la decoración. La casa en la que vivían las dos, solas, no era muy grande, pero no por eso les dejaba de gustar. En una esquina del pequeño salón habían adornado el árbol de navidad entre las dos. Para Alma, aquel árbol era el más bonito del mundo.

En la entradita de la casa habían improvisado un belén con figuritas que habían encontrado en una caja que había en la casa de la abuela cuando esta falleció. No eran muchas, pero sí las suficientes para que el nacimiento estuviera completo y los tres Reyes Magos se acercaran hasta él.

Alma disfrutaba mucho de las fiestas de Navidad, su madre había sabido transmitirle muy bien un espíritu navideño muy intenso. Ya era feliz con los preparativos.

Un día, mientras Alma estaba en el colegio, uno de sus compañeros le susurró un secreto al oído. La niña se quedó pálida de inmediato en cuanto aquel niño le dijo lo que se estaba dedicando a transmitir por toda la clase. No podía ser. Estaba clarísimo que era una mentira. Aquel niño le acababa de decir que los Reyes Magos no existían y que eran los padres los que colocaban los regalos debajo del árbol. Su madre siempre le había dicho que eran los Reyes Magos los que traían los regalos y ella no la mentía nunca. Tenían un pacto en casa que evitaba las mentiras entre ellas dos. Invadida de un sentimiento de gran indignación salió de la escuela y se lanzó a los brazos de su madre.

La mamá de Alma se quedó muy sorprendida al ver salir a su hija del colegio de aquella manera.

—¿Qué te pasa, cariño? —le preguntó de inmediato.

—Que Marcos es un niño muy malo, eso me pasa. Me ha dicho una mentira, y de las gordas. Mamá, Marcos dice que los Reyes Magos no existen —contestó la pequeña, mirándola con ojitos expectantes.

—Vamos a casa, cariño. Creo que tú y yo necesitamos una conversación delante de un chocolate caliente.

Cuando llegaron a casa, Alma vio que su mamá estaba bastante nerviosa. Se le notaba mientras trasteaba en la cocina para preparar el chocolate. En ese momento, se temió lo peor. ¿Y si tenía razón Marcos? ¿Y si su madre la había estado engañando durante toda su vida? Nunca más podría confiar en ella.

La mamá de Alma dispuso dos tazas de chocolate bien caliente sobre la mesa de la cocina y animó a la niña a sentarse junto a ella.

—Vamos a ver, cariño. ¿Tú crees que los Reyes Magos existen? —le preguntó su madre, preocupada.

—Claro, mamá. Tú siempre me lo has dicho y nunca me mientes. Pero no entiendo por qué ese niño anda diciendo esas cosas. A lo mejor lo que dice es verdad… —La pequeña estaba hecha un verdadero lío.

—¿Y tú a quién crees? ¿A mí o a Marcos?

—A ti, mamá. Pero…

—Pues entonces no tienes de qué preocuparte —le dijo su madre mientras le acariciaba con cariño el pelo y le dedicaba una sonrisa. A partir de ahí, la conversación giró en torno a otros temas, la guirnalda que tenían que comprar para colocar en la puerta de entrada a la casa, las galletas que hornearían el día que terminase el colegio…

Su mamá pensó que había arreglado el asunto con soltura, pero lo cierto es que dentro de Alma había quedado una gran desazón. No quería pensar que su madre la mintiera, pero por otro lado, ¿no podría haber algo de verdad en las palabras que había dicho aquel niño?

Aquella noche, Alma no podía dormir. Su pequeña cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto. La habitación estaba sumida en una completa oscuridad, solo interrumpida por el intermitente parpadeo de una guirnalda de luces navideñas que habían colocado el día anterior sobre su cama. De pronto, la niña escuchó una voz muy bajita que la llamaba.

—¡Alma! ¡Alma!

Aquella voz era muy dulce, muy suave y despertó la curiosidad de la niña que, lejos de asustarse, comenzó a buscar de dónde provenía. Se incorporó de la cama y entonces pudo ver cómo sobre su mesita de noche había una esfera luminosa. Se acercó a ella con cuidado y vio cómo sobre ella flotaba una pequeña hada.

—¿Quién eres tú? —preguntó la pequeña, incrédula.

—Hola, Alma. Soy un hada de Oriente. Me he enterado de que tenías dudas acerca de Sus Majestades los Magos y he venido a resolverlas. Ningún niño del mundo debería dudar de ello.

Diciendo esto, la bolita de luz donde se encontraba subida al hada mostró una imagen preciosa. Cientos de pequeñas personitas trabajaban sin descanso con una enorme sonrisa en el rostro, mientras que los tres reyes les decían divertidos las cosas que tenían que hacer. El rostro de Alma se iluminó ante aquella visión y se quedó mirando fijamente, como hipnotizada.

—Escucha, Alma. Esto es muy importante —la llamó la atención la pequeña hada—. No debes contar a nadie que me has visto, ¿vale? Ni siquiera a tu madre. Todo el mundo conoce la existencia de los tres Reyes Magos y de sus ayudantes, pero nadie sabe que las hadas también estamos ahí, ayudando en asuntos tan importantes como este. ¿Me prometes que no contarás nada?

—Prometido —dijo Alma, entrelazando su dedo meñique con el minúsculo dedo del hada.

Aquella preciosa hada se acercó volando hasta ella, depositó un tierno beso en su mejilla y se fue desvaneciendo diciéndola adiós.

La sonrisa de satisfacción de Alma iluminaba la habitación más que las luces navideñas que bordeaban su cama. Su madre no la había mentido. Había visto con sus propios ojos cómo trabajaban con los regalos en el Oriente. Y además compartía un secreto mágico que la hacía sentir muy especial.

Aquellas navidades fueron las mejores para Alma. El espíritu navideño recobró fuerza entre las dos, madre e hija. Y su alegría fue mucho mayor cuando vio bajo el árbol los regalos que ella misma había pedido en su carta para su madre. Un minúsculo paquete llamó su atención por su color dorado, que resaltaba entre los demás a pesar de su pequeño tamaño. Al abrirlo, millones de partículas doradas de polvo de hada se esparcieron por la habitación. Su madre se quedó asombrada mientras contemplaba cómo su hija bailaba y reía bajo aquella preciosa lluvia de polvo dorado.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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Vídeo Poema: Desnuda, circundas la Colina.

Vídeo Poema: Desnuda, circundas la Colina.

Continúen disfrutando de la poesía del maestro Gocho Versolari.

Gocho Versolari, Obra Poética

 

Desnuda, Circundas la Colina

Gocho Versolari, Poeta

 

“La vida es tan fugaz tan ilusoria,

como la estela que deja una luciérnaga

en la noche de junio”

 

dijiste con la mirada perdida

en los montes lejanos. Me explicaste

que el pesado dolor de la existencia

es apenas una pizca de polvo

de las alas de una de las mariposas azules

que vuelan alrededor de nuestra casa.

 

Mencionaste tu afición al nudismo

y para demostrar tus palabras

te quitaste la ropa

y diste tres vueltas alrededor de la colina.

 

Llegaste aterida,

helada

con tu piel suave clamando por el fuego.

 

Te cubrí con una manta

te abracé junto a la hoguera

y volviste a hablarme de la brevedad de la vida,

más exactamente

de su fragilidad

“como un cristal enronquecido por milenios

como un pájaro que por un momento

tiene el recuerdo del recuerdo

de su…

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Reto literario: “A quien pueda interesar”

Reto literario: “A quien pueda interesar”
A QUIEN PUEDA INTERESAR
Imagen: Pixabay.com (editada)

A QUIEN PUEDA INTERESAR

En los últimos tiempos está bastante de moda hacer listas de regalos. Da igual que sea para una boda, una comunión, un bautizo, el nacimiento de un bebé o la graduación del sobrino de Cuenca. La gente hace estas listas para todo. He de reconocer que nunca he hecho una de esas listas, que ni siquiera las he consultado y que no tengo la más mínima idea de cómo funcionan.

Pero como hay que estar a la última en todo, porque si no enseguida te cuelgan cualquier apelativo que te pueda generar un cierto mal rollo, hoy he decidido hacer mi propia lista. Como no sé cómo funcionan, ni dónde hay que hacerlas, me he tomado la libertad de hacerla aquí mismo, en mi cuaderno, ese que me acompaña siempre a donde quiera que voy, y así se la puedo enseñar a cualquier persona con la que me tope, para que sepa que tengo una lista y que está invitado a colaborar con ella en lo que le plazca.

Me ha costado un buen rato discurrir los elementos que iba a incluir en la lista, no os creáis. Porque si ponía pocos, se cumplirían enseguida y se acabó la lista. Pero si ponía muchos, seguro que alguien me tacha de avariciosa y me quedaba sin muchos de ellos. Así que he decidido fijar el número en veinte. Sí, veinte creo que es una buena cifra. Veinte cosas que os aseguro que me harían muy, pero que muy feliz. No hace falta que os diga que estáis todos invitados a colaborar conmigo, que un grano no hace granero, pero ayuda al compañero, o al menos eso dice el refrán.

Me dejo de charla porque para cuando lleguéis a leer la lista ya estaréis aburridos y no la querrá leer nadie, así que, sin más preámbulos, aquí va mi lista de veinte cosas con las que me haréis feliz.

  1. Un buen café por la mañana. O por la tarde. O por la noche. Vamos, que cualquier momento es bueno si queréis invitarme a tomar un café. Este punto también es aplicable para la cerveza y demás espirituosos.

 

  1. Unos «buenos días». Siempre, siempre, buenos días. No hay cosa que me dé más rabia que llegar a un sitio o cruzarte con alguien y que no respondan a tus «buenos días». Pero con alegría, ¿eh? Que hay formas y formas de decirlo. ¡Ah! Y un «que tengas un buen día» al despedirnos tampoco estaría nada mal.

 

 

  1. Una sonrisa. Regálame una sonrisa e inmediatamente me pondrás a mí una en la cara. El efecto es milagroso. Sonríeme, por favor.

 

  1. Un fuerte abrazo. Pocas cosas hay que reconforten tanto como un buen abrazo, fuerte, duradero y, a ser posible, acompañado de un movimiento oscilante de izquierda a derecha, acunándome. Llevo ya muchos años conociéndome, unos cuantos, y he llegado a la conclusión de que la media de abrazos que necesito al día para estar feliz son diez. Así que ya sabéis, os podéis aprovechar de este regalo varios…

 

 

  1. Un beso. Bésame, bésame mucho. Pero nada de apoyar un moflete y lanzar besos al aire. Eso no vale, ¡no son besos! Yo quiero besos de los que suenan y mojan, de los que aprietan. Al igual que con el abrazo, este regalo también está permitido para muchos de vosotros.

 

  1. Un beso apasionado. Reservado para esa persona que ya sabe quién es.

 

 

  1. Una caricia. Aunque sea un solo roce con la mano… El poder de la caricia está casi, casi, a la altura del abrazo. Depende, claro está, del tipo de caricia…

 

  1. Un anochecer. No hay nada que me relaje más que ver cómo el sol se va ocultando. Da igual el lugar, playa, montaña o ciudad. Acompáñame y seré feliz.

 

 

  1. Un amanecer. Igual de relajante que un anochecer pero con el contra de que hay que levantarse temprano… Podéis acompañarme también a ver el amanecer, pero que conste que prefiero el anochecer…

 

  1. Sexo, sexo, sexo. Personita que tiene reservado el beso apasionado, también te ha tocado este. Se ruega la abstención del resto.

 

 

  1. Una tarde de juegos con mis hijos. Esto solo lo pueden conseguir ellos, así que los demás también estáis exentos de este regalo. No os quejéis que os estoy liberando de unos cuantos.

 

  1. Sentir la lluvia en la cara. Ya sé que aún no se puede controlar el tiempo y no me podéis regalar una tarde de lluvia, pero es que disfruto tanto con eso… Si veis una tarde lluviosa, dadme un toque y acompañadme a caminar, a bailar, a pisar charcos…

 

 

  1. Desayuno, comida, merienda o cena con los amigos. Si puede ser todo junto, mejor que mejor. Aquí hago un llamamiento especial a mis chicas, con las que siempre me siento segura.

 

  1. Una llamada telefónica. Más fácil no lo pudo poner…

 

 

  1. Un libro nuevo. El mejor regalo que podéis hacerme. Ese olor que tienen las hojas de los libros me hace volar… Da igual que tenga muchos, nunca se tienen suficientes. Este es fácil, ¿eh?

 

  1. Una conversación hasta altas horas de la noche. Me encanta. Ya sabéis.

 

 

  1. Cualquier tontería que tenga que ver con la escritura. A saber, bolígrafos, pinturas de colores, marcadores, cuadernos… A vuestro gusto, hay un amplio abanico con el que me podéis sorprender.

 

  1. Unas botas. Aquí empiezo mi lista de cosas materiales de verdad, ejem, las que cuestan dinero. Muero por las botas. Altas, bajas, con tacón, planas, ¡cómo queráis! Eso sí, aseguraos que son un número treinta y nueve, por favor.

 

 

  1. Bolsos. Decenas, cientos, miles, de todos los tamaños y colores. Solo una salvedad, aplicable también a las botas, abstenerse de animal prints.

 

  1. Un viaje al Caribe. Para los más atrevidos y solventes. ¡Pero qué feliz me haría! Si queréis triunfar con vuestro regalo, ¡este es el vuestro!

Bueno, pues aquí tenéis mi lista de regalos. Podéis iros apuntando al que mejor os apetezca. ¡Se permite repetir regalos! Como compensación, siempre tendréis mi más sincero agradecimiento.

Como no sé cuántos de vosotros os apuntaréis, dejo la lista abierta a quien pueda interesar…

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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A quien pueda interesar by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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16. LOCOS

 

La frase de la semana III

La frase de la semana III

HERTA MÜLLER

‘Me he rodeado de un silencio tan hondo y duradero que nunca acierto a abrirme con las palabras. Cuando hablo, solamente me cierro de otra manera.’

Herta Müller, 1953

Novelista, poetisa y ensayista rumano-alemana. Premio Nobel de Literatura.

¡Buenos días! Para esta semana he seleccionado esta frase de Herta Müller, otra gran mujer ganadora del Premio Nobel de Literatura. Recomiendo fervientemente la lectura de “En tierras bajas”.

Como siempre, esta selección no ha sido fruto del azar. No sabría cómo explicaros lo identificada que me siento con estas palabras. Aunque no lo parezca, soy mujer de grandes silencios. Hubo una época en la que incluso me sentía acomplejada por ello. He de reconocer que hoy en día los silencios son menores y sé apreciarlos como debo.

Por suerte descubrí la palabra escrita. ¡Oh, gracias! Aun hoy, me comunico mejor de esta manera, más cómoda, donde las palabras me fluyen de una manera muy diferente a la palabra hablada. Además, la letra perdura, a las palabras se las lleva el viento…

No os creáis que no hablo, ¿eh? Reconozco que hay veces en que hablo hasta por los codos. Pero, por ejemplo, para trabajar necesito silencio, absoluto silencio.

¡Hala! Ya me he abierto demasiado por hoy… ¿Qué opináis vosotros de la frase elegida de Herta Müller?

Cambiando de tercio, utilizando el argot taurino (aunque me confieso anti-taurina pero sin serlo, no sé si me explico. Bueno, da igual). Decía que ahora paso a mostraros esa frase que más he sentido a lo largo de esta semana mientras os leía un poquito. Y siguiendo el hilo de las palabras, me topé con un post de Clara, del blog La rebelión de los espejos. Su entrada Estás loca, que, por supuesto, tenéis que leer, terminaba con una afirmación que me puedo aplicar fielmente al momento en el que vivo:

‘La realidad es que me quedaba callada y bajaba la cabeza sin saber qué decir. Por eso, en parte, escribo esto. Nunca más el silencio.’

Pues eso, amigos, nunca más el silencio.

¡Hasta la semana que viene!

“Baila, bailarina” – El Poder de las Letras

“Baila, bailarina” – El Poder de las Letras

 

BAILA, BAILARINA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

Os dejo con mi colaboración con la fantástica página de escritores, El Poder de las Letras, del pasado jueves. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

BAILA, BAILARINA

Cada sábado por la mañana conduzco cien kilómetros hasta la que fue mi antigua academia de danza. Ahora ya no es más que un local abandonado a las afueras de la ciudad desde que la directora, Elisa, se jubiló hace ya varios años, pero gracias al destino se conserva en perfecto estado desde entonces. No ha sido derruido ni ocupado y las viejas cristaleras con vistas al bosque se mantienen intactas. Para mí este lugar es como la fuente de la eterna juventud, si tuviese que dejarlo me hundiría por completo.

Cada vez que me adentro en su interior y comienzo a subir las escaleras, me parece escuchar con nitidez las voces de las chicas y chicos de la escuela, siempre alegres y activos. Aquí nunca había silencio. La música siempre estaba presente, sin parar ni un segundo, ni siquiera entre clases. Pasé muchísimas horas en este lugar, años de esfuerzo, lágrimas y alegrías, pero sobre todo lágrimas, muchas lágrimas. Pies destrozados, sangrantes, solo por perseguir un sueño.

Pero era mi sueño y nada me iba a impedir conseguirlo. O eso creía yo, en mi ingenuidad. Llegué lejos, más lejos de lo que os podáis imaginar. Yo no era de esas niñas que van a la escuela de danza para pasar el rato. Yo lo daba todo, en cada clase, en cada entrenamiento, en cada festival. Tenía que ser la número uno y lo conseguí. Llegué a ser primera bailarina del Ballet Nacional. Vi mi sueño cumplido durante días, toqué la felicidad con la yema de los dedos. Ya nada importaba, todo el sufrimiento, las lágrimas, las heridas, todo quedaba en el hueco más alejado del olvido mientras bailaba en el último ensayo general antes de nuestra primera función.

Los focos del teatro iluminándome directamente me hacían sentir como si estuviese en el cielo, muy cerquita del sol. Mis movimientos tenían la ligereza de una pluma al caer, me sentía flotar sobre el escenario, cual ágil gacela, carente de peso que me sujetase al suelo. Volaba. Así es cómo me sentía yo, subida en una suave nube de algodón que acolchaba mis movimientos.

Todo pasó en décimas de segundo. Era un movimiento simple que había repetido centenares de veces, un entrechat seises con caída en demi-plié. La caída no fue algodonosa como las demás, fue como el si el suelo se pusiese rígido de pronto bajo mis pies. Al doblar la pierna derecha, en la caída, sentí cómo poco a poco me iba resquebrajando por dentro. El golpe contra el suelo fue espectacular.

Con una doble fractura de tibia y peroné, además de dos fracturas adicionales en el fémur,  todos los años de trabajo y esfuerzo se fueron al traste. Al día siguiente, mientras yo estaba en el hospital, el Ballet Nacional representaba mi obra con la segunda bailarina al frente. Jamás pude volver a dedicarme a ello.

Ahora que regreso aquí cada sábado, en mi mente se recrea aquel día. Los focos, los giros, los vuelos, y la estrepitosa caída que sesgó mi sueño. Las lágrimas continúan escapando de mis ojos semana tras semana, aunque cada vez con menor intensidad. Cuando me repongo, enciendo la música y bailo. Bailo como antes lo hacía y todo vuelve a ser igual. Las clases, los ruidos, la música, el ambiente jovial, todo ello se recrea en mis oídos mientras me deslizo por la sala que tantas veces me vio llorar.

Así, cada sábado cumplo mi sueño. Porque cada sábado me convierto en la primera bailarina del Ballet Nacional.

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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15. AMOR

 

Reto literario: “Juegos de niños”

Reto literario: “Juegos de niños”

 

JUEGOS DE NIÑOS
Imagen tomada de la red

 

JUEGOS DE NIÑOS

Eran aún unos críos, ninguno de los dos llegaba a los diez años, pero su amistad podía servir de modelo para la de muchos adultos. Inseparables siempre, jamás habían dejado el uno al otro en la estacada. Jugaban juntos, celebraban juntos y también daban la cara juntos cuando era necesario. Para ellos, que aún  estudiaban en la escuela y sus obligaciones eran mínimas, la vida era un precioso juego.

Eran felices, sus familias les querían, tenían muchos amigos y las notas no iban mal, mejorables, pero buenas al fin y al cabo. Aún creían en la magia de los Reyes Magos, en ese curioso ratoncito que les traía un regalo cuando se les caía un diente, en los superhéroes y en las princesas de cuento.

Comenzaron a ir juntos a la escuela el año en que ambos cumplían los once. Solos, sin que ningún adulto les acompañase, se sentían ya mayores. E importantes. Se creían importantes para un mundo que solo mira hacia su propio ombligo en cualquier situación.

Cristina comenzó a madurar ese mismo año. Daniel no supo seguirle el ritmo. Así que cuando ella, que ya tenía todas las hormonas revolucionadas por culpa de la pubertad, le pidió que fueran novios, él no supo qué hacer. Le invadió un miedo tan repentino que salió corriendo dentro de la burbuja en la que todavía andaba metido, alejándose de ella. Cristina, sin saber cómo actuar ante el comportamiento de su amigo, se quedó en su propia burbuja, acobardada y decepcionada.

Aquel año, las burbujas en las que habían vivido durante su niñez les explotaron en pleno rostro. De pronto, los Reyes Magos no existían, el ratoncito Pérez tampoco, ni siquiera los superhéroes ni las princesas de cuento. Daniel aprendió que la vida no era tan fácil, que hay veces que te exige compromisos que no eres capaz de aceptar. Cristina aprendió que la vida no era tan fácil, y que quien menos te lo esperas te puede decepcionar en el momento más inesperado.

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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Juegos de niños by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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Este relato es mi primera contribución a los retos literarios del grupo de Facebook “El bic naranja: viernes creativos”. La casualidad ha querido que Facebook me bloquease en estas fechas y no lo he podido publicar en el grupo y como ya hay un nuevo reto, he decidido publicarlo al menos aquí. Espero que las siguientes contribuciones ya puedan llevar el orden correcto.

Hoy os presento este blog… (II)

Hoy os presento este blog… (II)

HOY OS PRESENTO ESTE BLOG

¡Muy buenas tardes de domingo, amigos! Como siempre, acudo fiel a mi cita con vosotros para haceros una recomendación especial.

Esta semana os recomiendo que visitéis el blog Reflexiones Literarias. Lo he conocido a lo largo de la semana, aún no tiene muchos seguidores y creo que el contenido que tiene es excelente. Reseñas literarias de grandes clásicos, por lo que he podido ver hasta el momento. He de reconocer que a mí me cautivaron sus comentarios sobre “La caverna”, de José Saramago, y es que, junto con “Ensayo sobre la ceguera”, son libros que no sé la de veces que habré podido releer. En algún momento siempre vuelvo a ellos. Creo que el siguiente será este último, así que estaré expectante y espero que vosotros también.

¡Bienvenida a la familia! Creo que te voy a leer mucho… Ahora viene el momento en el que entro en tu blog y te robo uno de tus posts para traerlo hasta aquí, como muestra para mi recomendación. Espero que no te moleste (me encanta esta parte).

Aquí os dejo su Comentario sobre “La caverna” y me contáis vuestra opinión. Como siempre, os dejo el enlace a la entrada original.

La Caverna es ese libro que te mantiene de principio a fin con la incertidumbre del mañana. A media que avanzas en su lectura más interrogantes, encrucijadas y sin salidas encuentras.

Es imagen de la vida de todos y de cualquiera, del “evolucionar” del mundo y el cambio de los tiempos. Al pasar los capítulos nunca se deja de percibir aquella sensación familiar, como de experiencia conocida o escuchada, como de un antaño “no viejo”.

Uno de sus rasgos sobresalientes es la forma en que Saramago convierte los diálogos cotidianos en complejas apologías del pensamiento. Dentro de una atmósfera coloquial crea debates agudos y los termina de improvisto con conclusiones no muy previsibles.

No se puede leer esta obra bajo el prejuicio que será un ataque frontal contra la vanidad, el consumismo, la contaminación, el sedentarismo y la superficialidad humana. Porque la protesta se desarrolla de una manera más sutil y se teje en el mismo corazón de los protagonistas. En ese sentido, parece el original predecesor de un sinnúmero de obras de ciencia ficción que en la actualidad se venden como pan caliente en las librerías.

La recomiendo para los amantes de lo tradicional, para las personas que disfrutan al escuchar una conversación que raye en lo filosófico y en fin, para que los que no se rinden ande nuestra caótica sociedad.

Espero que os guste. ¡Feliz noche de domingo y mejor comienzo de semana! ¡Besos! ¡Se os quiere!

14. CAOS