Emocionadísima, ¡escuchad, por favor!

Emocionadísima, ¡escuchad, por favor!

EL CAMPESINO

Allá por los principios de este blog, cercano ya al año debe andar, este fue uno de los primeros relatos que escribí. Se titula “El campesino” y pretendía hacer un homenaje a las duras faenas del campo.

Hoy me emociona muchísimo escuchar mi relato en la preciosa voz de mi querida amiga Lorena Fernández. Una vez más, España y Argentina se hermanan. Os recomiendo que os paséis por su canal de YouTube, Lorena Fernández Proyecto en Letras. Encontraréis auténticas maravillas y preciosidades. El fin de Proyecto en Letras es promocionar, de manera totalmente altruista,  las letras de autores que aún no son muy conocidos y apostar por la difusión de material literario con una presentación excelente, de la que se encarga la propia Lorena.

¿Qué os voy a decir de ella? Creo que podría asegurar que es una de las mejores personas que he conocido en los últimos años. Y que, en cuanto pueda, habrá que hacer un viajecito obligatorio a Argentina, para darnos ese abrazo que tanto nos falta, amiga.

Aquí os dejo el enlace al vídeo que Lorena ha editado con mi relato y su maravillosa voz. Solo puedo decir que se me saltan las lágrimas cada vez que lo veo.

El Poder de las Letras – La vieja gloria

El Poder de las Letras – La vieja gloria

Comparto con vosotros, como cada domingo, mi participación semanal en la página de escritores El Poder de las Letras, que podéis leer en el link de debajo. Os lo dejo aquí, pero no dejéis de visitar la página, porfa.

LA VIEJA GLORIA Silencio… Solo se escucha el silencio. Silencio y un ligero gorgoteo en mis oídos. Mi cuerpo laxo, viviendo una tranquilidad total. No quiero salir de este estado jamás. Vuelvo a escuchar con atención, silencio. Creo que hacía tanto tiempo que no sentía tal relax. La verdad es que no sé por…

a través de La vieja gloria — Relatos,poesías,poemas y literatura

LA VIEJA GLORIA

Silencio… Solo se escucha el silencio. Silencio y un ligero gorgoteo en mis oídos. Mi cuerpo laxo, viviendo una tranquilidad total. No quiero salir de este estado jamás. Vuelvo a escuchar con atención, silencio.

Creo que hacía tanto tiempo que no sentía tal relax. La verdad es que no sé por qué no lo hago más a menudo. La lesión de la rodilla, quizá, sea influyente. Pero esta paz… Lo que daría por mantener esta paz… Me encontraba literalmente en la gloria.

El esfuerzo que había realizado había sido excesivo, lo sabía. Había aguantado demasiado tiempo y ahora pagaba las consecuencias. Me dolían los brazos y la rodilla derecha. Bueno, lo de la rodilla derecha no era dolor, eran auténticos calambres que se deslizaban pierna abajo, recordándome que ya no tenía ni la edad ni la forma física de los buenos tiempos. Pero algo en mi interior quería continuar resistiéndose al cambio. Maldita mente, qué poderosa podía ser a veces.

Sin embargo, no cambiaba para nada todos los dolores que estaba sintiendo por aquella sensación de relax y paz que sentía en aquellos momentos. Si por mí fuese, permanecería en este estado para siempre. No es que quiera olvidarme de todo, pero… es que es tan agradable. Ya no lo recordaba. Hacia tanto tiempo que no lo hacía…

Los médicos me habían aconsejado que me retirase y llevaba como unos dos años sin hacerlo. Pero hoy no había podido más. La necesidad me obligó a hacerlo y la verdad es que estaba bastante contento. ¿Que había sufrido? ¡Claro! Pero, ¿y lo bien que me sentía en aquellos momentos?

De pronto, la paz y la tranquilidad fueron rotas de golpe. Una especie de maremoto me cubrió por entero, el silencio se rompió de súbito. Adiós al estado de calma que tanto estaba disfrutando.  Miré a mi alrededor en cuanto pude, limpiándome con las manos las gotas de agua que me estaban nublando la visión.

Allí estaba él. Viejo compañero de fatigas, de glorias y decepciones, de triunfos y pesares. Sin pronunciar palabra, me guiñó un ojo e hizo un movimiento con la cabeza que yo supe interpretar a la perfección.

Agarrados los dos en el borde de la piscina, comenzamos a realizar el largo con furia, estilo mariposa, nuestro preferido por ser el más costoso. Me costaría agujetas durante toda la semana, pero nada pagaba la cara de satisfacción que se me quedó cuando llegué antes que él.

—¿Qué pasa? ¿Que no eres capaz de ganar a un viejo de setenta años lesionado? Desde luego…

Una sonrisa pícara apareció en su rostro, y mi viejo amigo, que había seguido un riguroso entrenamiento día tras día desde que dejamos la competición, vino hacia mí a darme un abrazo como los que nos dábamos cuando los triunfos eran compartidos.

Aquí, entre nosotros, creo que me dejó ganar. Pero no se lo digáis a nadie. Permitidme disfrutar de mi ratito de gloria.

Ana Centellas. Mayo 2017. Derechos registrados.

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El vídeo del domingo: “Mi cadencia natural”

El vídeo del domingo: “Mi cadencia natural”

 

MI CADENCIA NATURAL
Imagen: Pixabay,com

 

¡Feliz último domingo del mes de mayo para todos! Como que le estoy cogiendo el gustillo esto de editar vídeos con mis textos. Así que, como vengo haciendo los últimos domingos, os regalo este relato que escribí hace unos meses. Si os apetece volver a leerlo, podéis hacerlo en el siguiente enlace.

Y aquí os dejo el vídeo que os he preparado con mucho, mucho, cariño. ¡Espero que os guste!

Por capítulos: “El viaje de Tita (I)”

Por capítulos: “El viaje de Tita (I)”

 

EL VIAJE DE TITA
Imagen: Pixabay.com

 

EL VIAJE DE TITA (I)

¿Qué podía hacer yo? Solo era una tímida gotita de agua que temblaba colgando de un grifo. No tenía ni idea de lo que era capaz de conseguir. Y es que a veces… algo que parece insignificante puede conseguir cosas grandiosas.

Como os contaba, yo soy una pequeña gota de agua. Alguien, por la mañana, después de lavarse la cara, se olvidó de mí y aquí me quedé, colgando de la boca del grifo sin destino fijo. Bueno, sí, mi destino, sin duda, era caer en aquel inmenso lavabo que había debajo de mí. En el fondo tenía suerte, no me podía quejar. Me habían contado historias horribles sobre gotitas de agua como yo que habían sido bebidas por esas enormes criaturas que llamaban humanos. Yo siempre tuve miedo de que me tocara aquello, terminar mis días dentro de un humano. Me dan escalofríos solo de pensarlo.

Pero es que otras posibilidades tampoco eran muy alentadoras, no os creáis. Había escuchado también horrorosas historias de gotas que habían terminado en un extraño aparato, girando junto con un montón de excrementos humanos. Uf, casi que prefería ser bebida.

En cambio, otras historias que circulaban por la cañería donde yo crecí, decían que podías caer en forma de lluvia sobre un humano, deleitándote con una canción y formando una suave espuma junto con algún extraño mejunje que denominaban gel o champú.

A mí al final me tocó el lavabo. No era de las peores circunstancias en las que podía estar pero, si os digo la verdad, tenía miedo de caer y darme contra aquella superficie dura. Por eso estoy aquí ahora. Porque el humano que se estaba lavando la cara, cortó justo el grifo cuando yo estaba a punto de caer. Y me dejó aquí haciendo equilibrismo. Porque no os creáis que se preocupó por mí, no, creo que ni se percató de mi existencia. Al fin y al cabo, yo era solo una pequeña gota de agua.

Por cierto, me llamo Tita, que no me había presentado. Mira que soy maleducada a veces. Me pongo a hablar, a hablar, a hablar, y no me acuerdo de nada más. Pues sí, me llamo Tita, por lo de gotita. Claro que, estando como estaba, agarrada con una mano al lavabo para intentar no caer, pues claro, me había olvidado. Y es que ya no sé cuántas horas llevaba en aquella posición.

Al final, llegó un humano, de esos que hay más pequeñitos. Me gustan más que los mayores, porque he oído que les gusta mucho jugar con nosotras. Y sí, se puso a jugar conmigo, sí, pero no imagináis de qué forma. Empezó a darme suaves golpecitos, mientras yo me balanceaba de un lado al otro intentando no caerme de mi soporte. Pero cuando ya parecía que me había sujetado bien, me daba otro golpecito, riendo. Nunca olvidare aquellos enormes ojazos azules llenos de felicidad mientras jugaba con mi destino. Habría perdido hasta cogerle cariño. Hasta que al final, claro, con tanto meneo, me caí. Y fue ahí cuando empezó mi aventura.

Ana Centellas. Mayo 2017. Derechos registrados.

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El relato del viernes: “Despedida por baja productividad”

El relato del viernes: “Despedida por baja productividad”

 

DESPEDIDA POR BAJA PRODUCTIVIDAD
Imagen: Pixabay

 

No sé yo, ya no sé qué pensar, pero esto es un trabajo serio. Desde luego para mí, es un trabajo serio y no estoy viendo en esta señora que hemos contratado que se hace llamar escritora, que muestre el más mínimo de seriedad.

Aquí estamos otra vez, a hora de cierre de la edición, y no tenemos todavía el relato de los viernes. Y este es un blog serio. Y si este blog serio dice que todos los viernes vamos a ofrecer un relato a nuestros amigos, pues tenemos que ofrecer un relato a nuestros amigos.

Pues no, que si no tengo inspiración, que si necesito despejar la mente, que si no se qué, que si qué sé yo. Hoy no ha aparecido por aquí en todo el día. Sabiendo que no tenía material que ofrecer, va la señora y decide pasar el día en los baños árabes con unas amigas. Y  me pone de excusa barata que necesitaba relajación para poder crear una buena historia.

Ya, ya, relajaciones a mí. Seguro que se ha relajado sí, pero lo que también es seguro es que se habrán tomado su tiempo con un buen desayuno primero, por no hablar de la comilona que se han debido meter después. Lo digo porque algo he escuchado, así que le ha durado la relajación, pero bien.

Luego resulta que, como necesitaba inspiración, ha tenido que pasar por una librería muy especial que hay en el centro de Madrid, para conseguir material de lectura, que la lectura le inspira. Y encima me llega a estas horas, diciendo que está agotada y que no sabe si me va a poder presentar el relato para el viernes. ¡Que no me va a poder presentar el relato para el viernes! ¡Pero si ha tenido toda la semana para hacerlo! Y creo que el sueldo que le ofrecí es más que atractivo. Debería tener una mejor actitud.

Yo siempre he sido una persona de palabra, le he dado al compromiso la importancia que tiene. Por eso me saca de quicio que la gente rompa sus compromisos de manera tan sencilla. No puedo y ya está. Se quedan tan tranquilos. Vamos a ver, que no eres una diva, que ni siquiera eres una escritora, ¿qué te has creído?

No sé vosotros, pero yo estoy por despedirla. Esta es la segunda vez que no me tiene preparado el relato para el viernes y eso sí que no lo puedo consentir. Nada, nada, decidido, a ver qué cuento me cuenta cuando le diga que está despedida por baja productividad.

Ana Centellas. Mayo 2017. Derechos registrados.

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Los 52 golpes – Golpe #19 – Te estaba esperando

Los 52 golpes – Golpe #19 – Te estaba esperando

TE ESTABA ESPERANDO

 

TE ESTABA ESPERANDO

Me encanta llegar a casa antes que tú. No sé por qué, en qué pequeño detalle radica la diferencia, pero es así. Cuando yo llego primero, a nuestro pequeño piso vacío, lo primero que hago es levantar las persianas que en la mañana temprano, cuando todavía era de noche, quedaron cerradas. Inundo todas las estancias de luz, y con ella de calor.

Es curioso, pero, al igual que la casa se va inundando de calor, a mi cuerpo le pasa exactamente igual. El influjo del calor de la luz que se adentra por las ventanas, por el pequeño balcón de nuestra habitación, unido a la expectativa de tu llegada, hacen que mi cuerpo se vaya inundando también de calor, un calor que se me hace muy difícil esperar a sofocar.

Siempre ocurre lo mismo, es algo inevitable para mí. Voy a nuestro pequeño cuarto para liberarme de las ataduras de la ropa del trabajo, estos malditos tacones, la falda de tubo que tanto limita mis movimientos, la chaqueta americana que solo me aporta rigidez de movimientos, la blusa de infinitos botones que me doy el gusto de desabrochar con una lentitud pasmosa, mientras una mano juguetona se escapa para internarse en sus adentros.

Miro el reloj, esa preciosidad que me regalaste en nuestro último aniversario, y compruebo con desazón que aún queda al menos media hora para que llegues a mi lado. Me despojo de él y lo dejo con cuidado sobre la mesilla de noche. Hago lo mismo con pendientes, anillos y pulseras, todos esos signos de feminidad impuesta que no necesito, porque a tu lado explota mi feminidad sin necesidad de ningún tipo de accesorio, como en este momento, mientras pienso en ti.

Decido quedarme con el conjunto de lencería negra que escogí esta mañana, sabiendo lo que tanto te gusta. Me parece una falta de respeto esperarte sin nada sobre mi cuerpo. Sí, a estas alturas es así, no me preguntes por qué. Quizá sea porque me parece más erótico cubrir que exponer directamente. Todavía faltan unos veinte minutos para que llegues, no creo que pueda aguantar. Hace rato que me retuerzo sobre la cama como fiera enjaulada luchando por la liberación.

Lo siento mucho, cariño, pero voy a tener que empezar sin ti. El anhelo me gana. Tumbada sobre la cama, aparto con cuidado el tanga de encaje y dejo que mis dedos se deslicen por mi fluidez. Por unos instantes, olvido quién soy, dónde estoy, a quién estoy esperando. Estoy volando muy lejos de aquí, todos mis sentidos se hallan ahora mismo en otra dimensión.

Otra dimensión donde vuelan las estrellas, donde todo son colores refulgentes, donde la desconexión lo invade todo, hasta que la más grande de las estrellas estalla en un apoteósico orgasmo liberador.

Vuelta a la realidad, con la respiración agitada, ¿adónde fue toda aquella desconexión? Tomo conciencia de quién soy, de que estoy sobre mi cama y, muy despacio, abro los ojos. Apoyado en el dintel te veo, observando, respirando al compás de mi agitación. No puedo evitar poner cara de niña buena, esa de “yo no he hecho nada” o “esto no es lo que parece”, pero creo que va a ser inútil. Solo dos palabras hacen falta para que te abalances sobre mí, cumpliendo mis más profundos deseos:

—Te estaba esperando, corazón.

Ana Centellas. Mayo 2017. Derechos registrados.

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Relato nº 19 preparado para Los 52 golpes. La semana próxima os presentaré el de la semana 20. El de la semana 21 , de momento, está sin definir (vamos que no tengo nada todavía…).