Los 52 golpes – Golpe #36 – “En el mismo sitio”

Los 52 golpes – Golpe #36 – “En el mismo sitio”

 

EN EL MISMO SITIO

EN EL MISMO SITIO

El anciano estaba sentado en el banco, como cada día. Todos los días lo observaba en silencio, oculto tras la intimidad que le proporcionaban los cristales de la amplia ventana de la cafetería que había justo enfrente. El primer día que llegó, nada más dejar sus maletas en el piso de alquiler, salió a dar un paseo por la pequeña ciudad. Sin llevarlo premeditado, sus pasos se dirigieron de manera casi automática hasta el paseo marítimo. Siempre había amado el mar y la perspectiva de vivir durante unos meses en una ciudad costera  se le antojaba muy relajante. Decidió entrar a tomar un café en aquella cafetería, casi vacía en aquella época del año, desde la que podría divisar el mar a su placer a la vez que se guarecía del relente que comenzaba a refrescar la tarde. Lo que más llamó su atención fue el anciano del banco.

Tenía la piel curtida por el sol y más arrugas en el rostro de las que hubiese podido imaginar que podría llegar a tener una persona. Su edad era indescifrable, pero parecía hallarse perdida en algún tiempo entre la vejez y la eternidad. Lo que más le llamó la atención fue el gesto de extrema melancolía que, desde el otro lado del paseo, se adivinaba en su tez. Su postura era por completo estática y juraría que no se había modificado un ápice en todo el tiempo que pasó observándolo. Con manos marchitas apoyadas sobre el bastón, dirigía la mirada a un punto indeterminado del horizonte, mientras descansaba su barbilla sobre ellas.

Después de aquel primer día, tomó la costumbre de salir a pasear todas las tardes. Recorría el paseo marítimo despacio, con mucha calma, queriendo paladear hasta el más mínimo de los momentos que la vida le había querido regalar allí, junto al mar. Observaba con la misma emoción de la primera vez cada pequeño salto de agua, cada cresta de ola que se formaba en la vasta extensión azul que tenía ante sus ojos y que resplandecía como si fuese una joya ante el más sutil rayo de sol. Siempre terminaba su paseo en la misma cafetería, sin faltar ni un solo día, como tampoco lo hizo el anciano de la mirada perdida en el mar. Tras la cristalera, lo observaba durante largo rato, en silencio, creando, sin ser visto, un vínculo especial con aquel hombre del que ni siquiera conocía el nombre. Cuando caía la noche y regresaba a su casa, el anciano seguía allí, inmóvil, como un vigía que tratase de proteger el mayor de los tesoros.

Los seis meses que duró su trabajo en aquella ciudad pasaron mucho más aprisa de lo que le hubiera gustado. Cuando quiso darse cuenta, tenía preparadas las mismas maletas con las que llegó sobre el suelo de su dormitorio, esperando para partir a la mañana siguiente, temprano. Su último paseo por la playa al atardecer se alargó sin querer hasta la caída del sol. Pensó en regresar a casa y faltar a su cita con la cafetería y el anciano, pero algo en su interior le hizo replanteárselo. Solo faltaría a una de sus citas diarias.

Temió que, siendo ya de noche, el anciano se hubiese retirado ya del banco, pero allí estaba, sentado en la misma posición que de costumbre. Lo observó durante un tiempo, acodado sobre la barandilla que separaba el paseo de la playa, sin decidirse a irrumpir en los pensamientos de aquel hombre que parecía tan apesadumbrado. Una gran luna llena había comenzado su ascensión en el cielo y su reflejo en el mar era especialmente bonito aquella noche. Al final, se decidió a sentarse a su lado.

Con sumo cuidado, como si temiese interrumpir algo muy delicado, se sentó en un extremo del banco que ocupaba el anciano cada día. Permaneció a su lado en silencio durante un buen rato, observando el mar con el mero placer de su compañía. Aquella persona ni siquiera se había inmutado ante su presencia, parecía estar ajeno a todo lo que le rodease.

—Es hermoso, ¿verdad? —se atrevió a decir, al fin, rompiendo el silencio de la noche, mientras con un gesto de cabeza señalaba el mar.

No obtuvo respuesta. Aguardó durante un momento y, cuando ya estaba pensando levantarse e irse, el anciano, sin modificar para nada la postura ni su gesto, le contestó:

—Lo odio.

Aquella respuesta lo dejó paralizado. De todas las contestaciones posibles, jamás hubiese esperado una así de una persona que pasaba horas completas contemplando el mar a diario. Optó por guardar silencio.

—Él se la llevó, ¿sabes? —volvió a hablar el anciano del mar. Su gesto se contrajo y fue capaz de ver una lágrima deslizarse por su apergaminada mejilla, justo antes de que se levantase del banco y se alejase del lugar con paso trémulo, dejándolo en soledad.

Han pasado ya varios años desde que dejó aquella bonita ciudad de la costa. Jamás regresó, a pesar de que en más de una ocasión hubiese tenido ganas de hacerlo. Ignoraba si aquel anciano continuaría visitando cada día el mismo banco del paseo o si ya habría partido a reunirse con ella. Él prefería recordarle así, siempre en el mismo sitio, mirando con añoranza hacia el mar.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

Aquí tenéis mi trigésimo sexta participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana.

 

259. CALM

Anuncios

El relato del viernes: “Una noche con María”

El relato del viernes: “Una noche con María”

 

UNA NOCHE CON MARÍA

UNA NOCHE CON MARÍA

Es difícil precisar, no ya con exactitud, sino como una mera aproximación, la edad que puede tener María. Yo recuerdo verla caminar por el barrio desde hace años, muchísimos años. Es más, creo que desde que tengo uso de razón, María siempre ha estado ahí y siempre ha mantenido el mismo aspecto. Pudiera parecer que ha conseguido burlar el paso de los años y se hubiese detenido en una edad imprecisa o, por el contrario, que tuviese ya tal edad que fuese imposible envejecer más. En cualquier caso, la apariencia de María lleva siendo la misma desde hace al menos tres décadas.

Siempre se ha visto a María por las calles tirando de un pequeño carro donde iba apilando los cartones que encontraba o le daban los vecinos. A día de hoy, sigue haciendo lo mismo. Su minúsculo cuerpo, encogido por la edad, tira del carro con el mismo vigor con el que lo ha hecho siempre. Acarrea los cartones cada día hasta una fábrica de las afueras donde se los pagaban a veinte duros el kilo y ahora apenas le dan unos míseros treinta céntimos. Lo sé porque me lo cuenta todos los días. Es una historia convertida en bucle dentro de su cabeza, que cuenta una y otra vez, como si fuese la primera, sin que parezca que recuerde si ya te lo había contado o no. Quizá no lo recuerde, o quizá simplemente le guste contar su historia. Yo solo sé que me encanta escucharla.

Todos los días, cuando regreso a casa desde el trabajo, tomo del brazo a María, que ya ha terminado su tarea diaria y espera con paciencia sentada en un banco de la plaza. Juntas vamos a la cafetería de Miguel, otro veterano del barrio, aunque a este sí creo recordarlo con algo más de lozanía y de juventud. La invito a un café con leche mientras me cuenta la misma historia de todos los días, que yo escucho con una sonrisa. María es única contando su historia, la adorna con todo lujo de detalles y por su forma de expresarse diría que ha sido o, mejor dicho, es una mujer muy culta. Quizá algún día me cuente la historia que yo quiero escuchar y que nunca me atrevo a preguntar.

Ese ratito que paso con ella cada día, excepto los fines de semana, es como un remanso de paz en mis tardes. La voz de María es extremadamente dulce y pausada, una auténtica melodía para mis sentidos. Sus manos ya trémulas sujetan con nerviosismo la taza de café. Cualquiera diría que son las mismas manos que unas horas antes derrochaban fortaleza tirando del carrito. Observo, mientras la escucho, las arrugas que surcan la piel de sus manos que, a pesar de todo, tienen la suavidad de la seda cuando se las estrecho con cariño. La admiro.

Hace unos días, un problema laboral me hizo regresar a mi casa cerca ya de la medianoche. Encontraba mi ánimo pesado y sentía el cansancio como una cargante losa sobre mi espalda. Además, echaba de menos de María. A aquellas horas, el banco donde siempre la encontraba ya estaba vacío y la cafetería de Miguel, cerrada. Era el primer día que la fallaba en muchos años, lo que me hacía sentir aún peor. Al entrar en el portal de mi casa, un bulto extraño me sobresaltó. A punto estuve de dar un grito cuando vi aparecer el dulce rostro añejo de María desde debajo de unos cartones.

Me acurruqué a su lado y, de inmediato, me sentí mucho mejor. María me acariciaba el pelo como si fuera su niña, con un cariño infinito que no parecía morir en ningún punto. Aquella noche, María me habló como nunca antes lo había hecho. Abrió su corazón para mí de una manera que jamás hubiese imaginado que podría hacer. Me habló de su vida anterior, de su familia, de las circunstancias que la habían llevado a malvivir de aquella manera, de su soledad, de lo consoladora y grata que le resultaba mi compañía. Fui incapaz de articular una sola palabra, me limité a escucharla como ella necesitaba y, cuando el día despertó y nos sorprendió a las dos en el portal, noté también cierto grado de alivio en ella.

Se apresuró a recoger sus cartones, no quería que nadie la sorprendiese allí, tenía que comenzar a trabajar si quería comer algo aquella mañana. En silencio, como durante toda la noche, la tomé de la mano y la acompañé a mi casa.

Conozco a María desde que tengo uso de razón. No lo sabía, pero María es, y siempre ha sido, mi familia.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Una noche con María by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

258. GRACIAS

Mi jueves de poesía: “Aquiescencia”

Mi jueves de poesía: “Aquiescencia”

 

AQUIESCENCIA

AQUIESCENCIA

Se envilece
la vida a cada instante
que sucede al infinito
en una eterna elongación de horas
carentes de razón.
En el pausado
transcurrir del tiempo
revelan tus pupilas
el agrio desaliento informe
de una férrea existencia.
Sin remedio,
triunfa la aceptación
privada de artificios
del transcurrir de tus memorias,
desprovistas de logros.
Solo resta
convivir con la aquiescencia
de que el recuerdo es efímero
y de que tarde o temprano
este también morirá.
Y al llegar
el desenlace esperado,
poco importará el viaje
y desprovistos de equipaje
partiremos
hacia el ser más incompleto
habitando en el destierro
por lagunas de extravío.

Ana Centellas. Agosto 2018. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

*Imagen tomada de la red (editada)

257. COSECHA

Reseña: “Lejos de los caminos trillados”

Reseña: “Lejos de los caminos trillados”

 

RESEÑAS LITERARIAS

Hoy os traigo una lectura muy especial, tanto por su formato como por su contenido. Se trata de un pequeño librito, titulado «Lejos de los caminos trillados», de Delfina Lusiardi. Comenzamos, como siempre, con una pequeña ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Lejos de los caminos trillados

Autora: Delfina Lusiardi

Editorial: Sabina Editorial

Año de publicación: 2008

Presentación: Tapa blanda

Número de páginas: 96

ISBN: 978-84-936378-1-1

SINOPSIS

Este libro es un diario, un espacio propio, un diálogo interior que, a la vez, es un diálogo con el mundo. La autora, a través de sus dibujos y de sus reflexiones poéticas, nos deja entrar en su vida y nos abre espacios de libertad hasta ahora inexplorados. Su experiencia -nueva, dolorosa y rica a la vez- durante el tratamiento para superar un cáncer, lejos de sumirnos en la resignación o la queja, nos descubre la inesperada felicidad de vivir. También sus reflexiones sobre lo que está pasando en el mundo durante un año, la guerra, las relaciones, la historia y la salud están hechas desde la fragilidad y la grandeza de la propia vida.

SOBRE LA AUTORA

Filosófa italiana, autora y editora de diversas obras, para quien la experiencia femenina representa el centro de su compromiso. Es una de las fundadoras de la Universidad de las mujeres «Simone de Beauvoir» de Brescia, la ciudad donde ha promovido el encuentro entre mujeres italianas y extranjeras, dando voz al sentir y a la experiencia práctica femenina en culturas diferentes.

Su pasión por el trabajo del pensamiento se ha plasmado, entre otras, en la enseñanza de la filosofía a jóvenes de Secundaria (hasta 1999) y en la investigación con la Comunidad filosófica Diótima de la Universidad de Verona.

 61. RESEÑA LEJOS DE LOS CAMINOS TRILLADOS

 

Resultaría prácticamente imposible, además de increíble, describir la cantidad de sentimiento que Delfina Lusiardi es capaz de transmitir en este pequeño ejemplar de apenas noventa páginas y en un formato tan reducido como son 13×15 centímetros. Leerlo para creerlo, no os puedo dar mejor consejo ante «Lejos de los caminos trillados», una obra que se lee en dos ratitos muy agradables, o incluso en uno si dispones de tiempo.

Se trata de un diario en el que la autora plasma los sentimientos, durante un año, que van surgiendo a lo largo de la lucha contra una enfermedad tan dura como es el cáncer. Entre sus páginas podemos vivir en primera persona y desde dentro una mastectomía, los efectos de las sesiones de quimioterapia y el cambio que ocasiona en la percepción de la vida una de las enfermedades más crueles que existen.

Sin embargo, el sentimiento principal que transmite este diario es el afán de superación, una historia de fortalecimiento ante la adversidad y los cambios que se operan ante las diversas circunstancias vitales cuando estas se ven desde una nueva perspectiva, la que proporciona la visión del final de la existencia, la incertidumbre ante lo desconocido. Es, en definitiva, un diario de vida en el que la sensibilidad permanece a flor de piel durante todas sus páginas.

Acompañando a las anotaciones en el diario podemos encontrar preciosas ilustraciones a lápiz realizadas por la autora en consonancia con los sentimientos que transmite. Una conjunción preciosa.

Al tiempo, Delfina trata temas al margen de la enfermedad como pueden ser las relaciones y, sobre todo, la guerra. Todo ello tratado desde el mismo prisma que otorga el conocimiento de la fragilidad de la existencia.

Cabe destacar el epílogo, a cargo de Gemma Martino, que constituye una pequeña obra literaria en sí mismo y repleto de sensibilidad.

Recomendado: 100%

Enlace de compra

275. VALOR

“No es un cuento de hadas” – Desafíos Literarios

“No es un cuento de hadas” – Desafíos Literarios

NO ES UN CUENTO DE HADAS

 

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

NO ES UN CUENTO DE HADAS

Se enamoraron y fueron felices para siempre. Ese era el final que ella hubiese querido para su cuento, un cuento de hadas, de príncipes y princesas, en el que no hubiera dragones, ni brujas malvadas ni ogros que raptasen a los niños. Pero la realidad había sido bien diferente.

La historia había comenzado bien, se enamoraron. Lo hicieron los dos, ambos cayeron irremisiblemente enamorados el uno del otro, como si hubiesen estado predestinados a hacerlo desde que nacieron. Fue lo que algunos han dado en llamar un flechazo, un amor a primera vista, el encuentro que ambos llevaban esperando toda la vida con esa persona especial que les haría sentir mariposas en el estómago.

Pero ocurre que la vida no es más que eso, una historia narrada en primera persona en la que muchas de tus voces las ponen los demás. O un devenir de acontecimientos, agradables unos, incómodos otros, en el que la única esperanza reside en que la balanza se incline del lado de los primeros para que merezca la pena. Lo único que es seguro es que la vida no es un cuento, y mucho menos de hadas.

Así, ocurrió que el apuesto y encantador príncipe que la había enamorado se convirtió, con el paso del tiempo, no en una rana, sino en el dragón que tanto temía encontrar en su propio cuento. Se transformó en un dragón que escupía fuego por la boca en forma de insultos y amenazas, que no la protegía frente a los peligros del reino, sino que constituía el peligro mismo, dentro de su palacio. Y ella no fue una princesa, sino más bien una sirviente sumisa y discreta, temerosa del más mínimo fallo que pudiera despertar la furia del dragón.

Cuando la venda del amor se cayó de sus ojos, el dragón apareció ante ella como lo que en realidad era, un pobre hombre inseguro que alimentaba a su ego a base de menosprecios; su castillo se presentó como una pequeña y angustiosa cárcel en la que vivía encerrada; su vestido de princesa se convirtió en unos vaqueros raídos y una amplia camiseta que ocultase los moretones que tenía repartidos por el cuerpo. Ella misma se condenó al exilio.

Se le cayó la venda en el momento preciso para darse cuenta de que la vida no es un cuento de hadas.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

*Imagen: Pixabay.com (editada)

262. LOCAS

Entrada especial: Juan Re Crivello con Rosario y Gocho – Virtual Radio – España – Lunes 12:00 pm . Simplemente… Yo amo las letras.

Entrada especial: Juan Re Crivello con Rosario y Gocho – Virtual Radio – España – Lunes 12:00 pm . Simplemente… Yo amo las letras.

Gocho Versolari, Obra Poética

Juan Re Crivello, escritor digital como él mismo se llama, estará con Rosario Salazar y Gocho Versolari en el programa Simplemente…Yo amo las letras  a emitirse por Virtual Radio  el próximo lunes 15 de octubre a las 12:00 pm.
Juan  se destaca como escritor profundo, de prosa ágil, incisiva, irónica a veces, que deja al descubierto los flancos del mundo contemporáneo. Como empresario y hombre de acción, sorprende por la creatividad con que encara sus proyectos.
Dirige Fleming Editorial, una empresa que en el rubro difiere por completo del enfoque convencional. Es su tendencia nuclear los escritores y poetas que pululan como avispas por las redes sociales; que de algún modo han iniciado un movimiento imparable, inagotable, que no tardará en hacer mella en la cultura.
Escritor prolífico, visionario y líder de grupos; en las dos horas del programa, Juan  hablará de si mismo, de su literatura y…

Ver la entrada original 61 palabras más

“He visto” – El Poder de las Letras

“He visto” – El Poder de las Letras

HE VISTO

 

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

HE VISTO

He visto respirar al propio aire bajo la sombra perezosa de los naranjos en flor, sin quejarse ni inmutarse ante la primavera tardía.

He visto al sol morir en un suspiro tras cabalgar sobre las nubes en busca de un lugar donde yacer.

He visto despertar al arco iris tras sucumbir ahogado por una prodigiosa lluvia infinita de estrellas.

He visto a la luna esconderse tras un claro del bosque para encontrarse con su amante clandestino.

He visto a las aguas del mar batirse en retirada después de escuchar el canto de las más bellas sirenas del sur.

He visto al universo quebrarse con las voces plañideras que la naturaleza enviaba como grito de auxilio.

He visto ríos nacer en las altas cumbres y desangrarse en cascadas vertidas desde la incandescencia de los deshielos.

He visto explosionar planetas bajo un prisma sin aristas que se extiende más allá de los bordes ovalados de mi trasnochado caleidoscopio.

He visto florecer todo un éxtasis de rosas bajo la lluvia calmada que provenía de los cielos más azules del lado este del sol.

He visto en espejismos en la noche un amanecer brillante en algún planeta lejano que divisé desde mi ventana cerrada al viento del cierzo.

He visto los oasis más hermosos aparecer de entre las páginas de un cuento de hadas que no tenía final feliz.

He visto caer a los gigantes a manos de un ejército de manos diminutas y limpias que solo ansiaban vivir en paz.

He visto fenecer a las huestes famélicas en una lucha cruenta por sobrevivir al menos unas pocas horas más.

He visto verdaderos prodigios que jamás concebí contemplar, auténticos cataclismos que nunca llegué a concebir, pero ninguno ha logrado hacerme sentir tanto como la primera vez que presencié tu mirada.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

*Imagen tomada de la red (editada)

261. CALM