Reto literario: “Balances sin cuadrar”

Reto literario: “Balances sin cuadrar”

 

BALANCES SIN CUADRAR
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

Os traigo hoy mi participación en el anterior reto #escribirparaliberar, de Psheda. En este caso, para el reto #8, se solicitaba lo siguiente:

Describe los logros que has tenido en el último año.

A los que no estáis participando, os animo a hacerlo. Es un reto muy terapéutico, además de innovador.

 

BALANCES SIN CUADRAR

Se acerca ya el fin de año. Dentro de poco volveremos a adentrarnos en las frenéticas fechas en las que la alegría parece llenar los hogares a raudales, las compras volverán a dejar tiritando nuestras ya mermadas cuentas corrientes y la humanidad y el hermanamiento parecen llegar por fin a instalarse entre nosotros, aunque bien sepamos que tienen una fecha de caducidad concreta: el día siete de enero. Parece que alguno de los ingredientes del roscón de Reyes hace que volvamos a abrir la vista a la devastadora realidad y a la cruel rutina. Necesito saber cuál es, para no ponérselo este año…

En fin, como decía, con el fin de año llegan también las listas de buenos propósitos que quedan sin cumplir y se repiten año tras año, y los consabidos balances del año que se va. Yo nunca lo hago, al balance me refiero, porque los buenos propósitos siempre son un sin fin. Siempre despido cada año con un alto y claro “vete a la mierda” y me preparo para un nuevo año que siempre parece que va a ser mejor, para terminar despidiéndolo de la misma manera.

Pues este año no. Este año voy a hacer balance, sí, pero solo de las partidas que van al debe. Dejaré mi balance descuadrado, porque toda partida en el debe tiene que tener su contrapartida al haber, y me da la sensación de que mis anotaciones en el haber van a ser mayores que los apuntes en el debe y el balance va a quedar sin cuadrar de igual forma, así que solo me voy a centrar en las entradas, en los logros, en las alegrías.

Y, joder, es difícil encontrar esas partidas del debe. Quizá hubiese sido mejor dirigirme directamente al haber y podría rellenar con total seguridad un gran listado. Echo la vista hacia atrás, a este año 2017 que tan buena pinta tenía, porque termina en uno de mis números preferidos y eso solo podía representar cosas positivas… Pues no, he aquí otro año digno de mandar a la mierda y sentarse cómodamente a esperar a 2018 y buscarle una buena rima.

Lo pienso, lo pienso, le vuelvo a dar otra vuelta, y no puedo más que poner cara de póker y pensar, ¿qué coño he logrado este año? Pero, al final, después de pasar de la cara de póker a la de incredulidad, de esta a la de frustración, de esta última a la de rabia, y de la rabia a la de tristeza, consigo quitarle a esa cara de tristeza el rictus amargo y ponerle una sonrisa. ¡Sí, por fin lo consigo!

Al final, las cosas más sencillas son las que son tus mayores logros. Y a mí este año me ha dado el mejor de todos, confirmando que lo esencial es invisible para los ojos. Mi mayor logro de este año ha sido que la vida ha puesto en mi camino personas maravillosas, personas humildes y de gran corazón, que te dan el apoyo necesario para salir adelante. Muchos amigos, de los de verdad, aunque haya la mayor de las distancias de por medio. Y ese es mi mayor tesoro. Mi mayor logro.

Este año la balanza sí se inclinará hacia el lado positivo, hacia el lado en el que estáis vosotros. Gracias a vosotros, gracias 2017.

Ana Centellas. Noviembre 2017. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

 

Anuncios

La frase de la semana XXXXVI

La frase de la semana XXXXVI

GEORGE ELIOT

‘Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas.’

George Eliot

Pseudónimo utilizado por la escritora británica Mary Anne Evans. 1819-1880.

¡Buenos días y feliz martes de nuevo! Hoy me he propuesto ser breve en esta sección, que siempre me enrollo un poco más de la cuenta. Quizá por eso he elegido esta contundente frase de George Eliot (o Mary Anne Evans). ¿No encontráis una gran verdad en ella? ¿No son nuestros actos los que hablan de nosotros? Al fin y al cabo, podemos definirnos de una u otra manera, pero lo que en realidad va a dar una idea lo más exacta posible de nuestra personalidad son nuestros actos. Ahí es donde reside nuestro verdadero yo.

Por otro lado, la frase que esta semana me ha llenado más viene de la mano de nuestra amiga y compañera Nina Peña, en su post Necesitamos abrazos, del que me quedo con la primera oración del texto que, a su vez, corresponde con el título. Ya sabéis que podéis leer la entrada completa haciendo clic en el link que os he facilitado. Así pues, sin nada más que añadir, aunque el resto del texto es impresionante, me quedo con esa única frase, como prácticamente una verdad universal:

‘Necesitamos abrazos’.

Es impresionante cómo en tan solo dos palabras se puede expresar tanto de la conducta y de las emociones humanas. Necesitamos abrazos, sí, de todos los tipos: de los que te reconfortan el alma, de los que te aceleran el corazón, de los que sientes que atraviesan los huesos… Necesitamos abrazos, sin más palabras.

Y Sin más palabras os dejo hasta el martes que viene. ¡Besazos! ¡Se os quiere!

 

Dama de alto linaje – El Poder de las Letras

Dama de alto linaje – El Poder de las Letras

 

 

DAMA DE ALTO LINAJE
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

 

Os dejo con mi colaboración con la fantástica página de escritores, El Poder de las Letras, del pasado jueves. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

DAMA DE ALTO LINAJE

El carruaje avanzaba despacio por entre las empedradas callejuelas haciendo sonar sus ruedas a compás. Dos caballos percherones tiraban de las riendas que manejaba con soltura el cochero, enfundado en un grueso gabán de lana, para dirigirles hacia donde quería. Ya era noche cerrada y no se podía encontrar a ninguna persona por las calles. Todas estaban ya refugiadas en el interior de sus hogares, al calor de la leña que ardía en las chimeneas de todas las casas del pequeño pueblo. En el interior, Thomas estaba inquieto. Temía que el más mínimo error de cálculo fuese a dar al traste con su tan arduamente trazado plan. Hizo una seña al cochero para que aminorase la marcha, y el carruaje emprendió el camino por la calle de la familia Habbot, la más poderosa del lugar. El ruido de las ruedas y el pisar de los caballos se había vuelto de una sutileza tal que podían pasar perfectamente desapercibidos entre el ruido que el viento provocaba entre los ramajes de los árboles.

Thomas subió el cuello de su gabán y lanzó el aliento a sus manos para intentar que entrasen en calor. El frío era muy intenso aquella noche y en las zonas verdes ya se podía apreciar una gruesa capa de escarcha. La helada caía sobre ellos. Él, al menos, estaba cubierto por el carruaje, pero el pobre cochero tenía que sufrir las inclemencias de la intemperie. Y todo por su mala cabeza. Una punzada de remordimientos atenazó su estómago, pero quedó anulada de inmediato cuando recordó la perspectiva de la noche que tenía por delante. La temperatura en el interior de la cabina subió un par de grados.

Thomas creyó que se volvería loco cuando conoció a la mujer del señor Habbot. Hacía poco que se había instalado en el pueblo, donde había montado su negocio de pedrería. En cuanto la vio, deseó a aquella mujer como nunca había deseado a nadie. Y no podía decirse que hubiesen pasado pocas mujeres por su vida, pero aquella tenía algo que le volvía frenético. Quizá fuese lo prohibido de la situación, pero había algo más. Algo más que no podía definir, pero desde el primer día supo que quería tener a esa mujer en su cama y, si fuese posible, en su vida. Lo que jamás imaginó en aquel primer encuentro fue que ella se lo fuese a poner tan fácil y aceptase una cita con él a espaldas de su marido. Era muy consciente de los riesgos que corrían, tanto él como ella, pero su subconsciente se encargaba de tranquilizarle con el pensamiento de que, en el peor de los casos, en caso de que se descubriese la situación, los dos podrían huir de allí a compartir una vida juntos en cualquier otro lugar.

Repasó mentalmente su plan. El señor Habbot partía de viaje de negocios a las ocho de la tarde. Ella, Madelaine, le había pedido una hora de margen para poder organizar su salida de casa sin levantar sospechas. Ambos habían acordado en encontrarse en la esquina de su calle a las nueve en punto. Aún faltaban nueve minutos para la hora señalada cuando el carruaje se detuvo en el lugar convenido, sin hacer el más mínimo ruido. Desde allí podía divisar las ventanas del gran caserón, todas encendidas, y dedicó unos minutos a intentar adivinar en cuál de ellas estaría la mujer de sus deseos. Aún faltaban cinco minutos para el encuentro.

Los candiles del carruaje advirtieron a Madelaine de que Thomas había acudido a la cita. Cubierta con una gran capa que le cubría la cabeza, salía por la puerta de la casona después de haber advertido al servicio de que iría a pasar la noche con su amiga Lorraine, que había quedado viuda y vivía sola desde hacía dos años. Lorraine sostendría su coartada si fuese necesario sin necesidad de pedírselo. Una acusación de adulterio podía acabar literalmente con su familia y su reputación, pero deseaba a aquel misterioso hombre que había llegado hacía dos escasas semanas al pueblo. Había determinados riesgos que valía la pena correr. Además, todo estaba tan cuidadosamente preparado que el riesgo que corrían ambos era mínimo.

Madelaine salió por la puerta principal, después de haberse despedido del servicio, como si en verdad fuese a pasar la noche con su amiga, que vivía dos cuadras por encima de la suya. No precisaba que la llevase ningún cochero y todos conocían de la afición de la señora a los paseos, tanto de día como de noche. Así que salió sin levantar ningún tipo de sospecha. Nadie la vio subir al carruaje que la esperaba unos metros más arriba.

El corazón de Thomas se aceleró cuando vio a aquella figura aproximarse por la callejuela, abrir el portón del coche de caballos y sentarse con elegancia a su lado. Ninguno de los dos pronunció palabra alguna. Thomas le deslizó la capucha hacia atrás para contemplar el rostro de mujer más hermoso que había visto en la vida. Esa piel nívea, esos ojos negros tan expresivos, esos labios rojos tan jugosos. Hizo una señal al cochero para que comenzase el avance y se aproximó a su rostro. El perfume de Madelaine le embriagó de tal manera que creyó llegar al éxtasis con solo acercarse a su mejilla de porcelana. Podría decirse que era lo que más cerca que había estado nunca de una verdadera dama, una dama con todas sus letras, una dama de alto linaje y de buena cuna.

Thomas acarició su mejilla y la besó, aun arriesgándose a recibir una buena bofetada por ello. Todo lo contrario, Madelaine no solo correspondió al beso sino que le hizo llegar una muda invitación a continuar. La mano de Thomas inició un viaje por el cuello de la mujer, adentrándose con delicadeza en el generoso escote que había quedado abierto tras desembarazarla de la capucha. Sonrió para sus adentros y continuó besándola mientras su mano tomaba sola el recorrido correcto hasta llegar a sus pechos, tras comprobar que su querida dama debajo de la capa… no llevaba nada.

Ana Centellas. Noviembre 2017. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

Reto literario: “Las noches de Sandra”

LAS NOCHES DE SANDRA

Esta es mi colaboración para el reto semanal que propone la fantástica página de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”. Esta semana, basado en la imagen  mostrada arriba.

LAS NOCHES DE SANDRA

La habitación de Sandra era preciosa, propia de una niña de su edad. Pero, además, ella se encargaba siempre de mantenerla recogida y ordenada. No había ninguna cosa fuera de su lugar. Los estantes, perfectamente ordenados. Los peluches, colocados con la estrategia perfecta para mantener una simetría planificada dentro de su pequeña cabecita de siete años. Su mesa, esa en la que cada día dedicaba un pequeño rato a hacer los deberes de la escuela, ordenada de tal manera que siempre podía encontrar lo que estaba buscando. Los lápices de colores cuidadosamente colocados por tonos en un portalápices fabricado por ella misma. Aquella habitación era el orden personificado en una pequeña niña de pelo moreno y perfectas trenzas enmarcándole el rostro.

Pero la habitación de Sandra, cuando caía la noche, se transformaba por completo. El gran ventanal que había junto a su cama siempre estaba abierto, de manera que las estrellas y la luna se pudiesen colar en su cuarto. Sandra se sentaba sobre la cama, en una especie de duermevela que no podía evitar, a esperar a que comenzase la magia, noche tras noche. Y la magia empezaba a mostrarse ante sus ojos, todas y cada una de las noches. El cuarto se iluminaba, los peluches cambiaban su posición habitual y se situaban muy cerca de ella. Luces de todos los colores aparecían de la pared que se encontraba frente a su cama. El espectáculo era realmente mágico.

Los primeros días Sandra se asustaba mucho cuando comenzaba aquel desfile de magia ante sí. Se tapaba la cabeza y se acurrucaba en un rincón de la cama mientras podía continuar viendo a través de sus párpados cerrados cómo su habitación se convertía en un desfile de luces y colores. Frente a ella siempre se presentaban lo que pensaba que eran un par de ojos diabólicos y ello la llenaba de un profundo terror. Pero jamás se fue del cuarto. Fue una vez que se había habituado a ello, cuando comenzó a sentarse en la cama a esperarlo.

Siempre ocurría en el mismo instante, cuando sus cansados ojitos de niña comenzaban a velarse por el sueño. Era entonces cuando los peluches se disfrazaban con sus accesorios preferidos y se colocaban muy cerca de ella, prestos también a disfrutar del espectáculo. Lo que en un principio creyó unos diabólicos ojos venidos del inframundo, resultaron ser dos maravillosas mariposas doradas que inundaban de luz la estancia. Revoloteaban a su alrededor, dejando estelas de luces de los más variados colores, siempre alegres, siempre brillantes. En ocasiones, creía distinguir unas pequeñas voces muy suaves que la invitaban a tener un dulce sueño reparador.

Y así, poco a poco, Sandra se iba quedando dormida profundamente cada día, envuelta en un mágico espectáculo de luz, colores y sonido que la llevaban a viajar en sueños a los lugares más maravillosos y fantásticos.

Jamás contó nada a sus padres de aquello que vivía, la habrían tachado de loca. Pero ella no estaba loca, no, solo tenía una imaginación desbordante.

Ana Centellas. Noviembre 2017. Derechos registrados.

logo_SafeCreative

Hoy os presento este blog…

Hoy os presento este blog…

HOY OS PRESENTO ESTE BLOG

¡Hola, amigos! Como cada tarde de domingo, desde hace unas semanas, os traigo a conocer un blog de nueva creación por estos lares que me parece que se merece que sea conocido, seguido y apoyado.

En el día de hoy, aunque el blog es relativamente nuevo en la blogosfera, la trayectoria profesional de la autora no es para nada reciente. Con un amplio repertorio de novelas publicadas, se trata nada más y nada menos que de Larrú, que nos ha hecho el honor de compartir historias con nosotros por estos mundos de la blogosfera.

Además, lo hace por la puerta grande, presentándonos un blog con una cuidada apariencia, al que no falta detalle, y en el que nos cuenta sus “historias”, como ella misma las denomina. Sin el permiso de la autora, porque si no esta entrada no sería una sorpresa, os transcribo aquí unos versos con los que ella misma describe su blog:

 

larru_ilustracion_copia_2
Imagen tomada del blog de la autora

 

Historias que vuelan,

pajaritos en mi cabeza

que atrapo entre

palabras, páginas y papel.

Podéis acceder de forma directa a las entradas de su blog haciendo clic en el siguiente enlace. Además, desde allí podréis tener acceso a su bibliografía completa, con los enlaces de compra. Os muestro los libros que Larrú tiene ahora mismo en el mercado:

ACÉRCATE, BRISEIDAEL AVISO FANTASMAFANTASMAS Y OTRAS HISTORIAS

LA MUJER DE LA NIEVELA NIÑA EN LA VENTANALOS FANTASMAS QUE NOS OBSERVAN

ME GUARDAS EL SECRETONO ES UN PUNTO FINAL, ES UN CONTINUARÁ...REENCUENTRO

Como os he comentado, los enlaces de compra los podéis encontrar en el blog de Larrú, yo solo os traigo la muestra de la obra tan prolífera que tiene. Como podéis comprobar, la temática predominante es el mundo sobrenatural o paranormal, así que si os gustan este tipo de historias, no dudéis en haceros con ellas. Yo tengo varias de ellas y, en cuanto me libere un poco, os traeré por aquí alguna reseña.

Ahora sí, os deseo un feliz domingo y un inicio de semana estupendo. ¡Se os quiere! ¡Besos!

 

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas XV – Elegías”

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas XV – Elegías”

 

DICEN
Imagen: Pixabay.com (editada)

¡Feliz domingo una vez más! Parece mentira lo rápido que pasan las semanas, que dentro de nada tenemos aquí mismo  las Navidades y otro año que se nos termina… Perdonad, es que el otro día vi ya los turrones en el Mercadona y casi me da un colapso. Todavía nos quedan unas cuantas semanas de este 2017 que disfrutaré como una enana haciendo colaboraciones con vosotros. ¡Yupi! Y si se acaba 2017, pues continuaremos en 2018 y punto. Eso sí, yo el turrón ni verlo. Me reservo exclusivamente para el roscón de Reyes, jajajajaja.

Bueno, vamos al turrón, nunca mejor dicho. Esta semana os traigo una preciosa colaboración con nuestra compañera y amiga Patricia, del blog Elegías. He tenido la enorme suerte de poder hacer este vídeo para ella, porque me encanta su trabajo, me encantan sus letras y es todo un referente a seguir. Si no la conocéis, aunque lo dudo mucho, por supuesto, totalmente recomendada una visita por su blog.

El texto que Patricia decidió enviarme se titula “Dicen” y podéis leer la entrada completa en el siguiente enlace. Tiene tanto sentimiento que espero haber estado a la altura del texto. Como siempre, lo he realizado con todo mi cariño, aunque a veces me surjan dudas. Muchísimas gracias, Patricia, por permitirme hacer esto y deseo de corazón que te guste, amiga.

Aquí va:

 https://youtu.be/4s_phSZ9J08

Como siempre os digo, si alguno de vosotros está interesado en colaborar conmigo en esta sección, y acompañarme una semana más, solo tenéis que enviarme un mail a esta dirección de correo, o simplemente avisarme en los comentarios y ya me pondré en contacto con vosotros. ¡Espero ilusionada vuestras colaboraciones! ¡Tenemos que llegar a llenar 2018!

Os deseo un feliz domingo y que iniciéis una espléndida semana. Bueno, si os veo por la tarde. ¡Besicos! ¡Se os quiere!

 

Reto personalizado: “Me perdono”

Reto personalizado: “Me perdono”

EL RETO DE ANA

Tengo que agradecer a Sofía Alonso, del blog Psheda, este reto personalizado que me ha enviado para liberar. Sé el tiempo y la dedicación que le ha tenido que poner, así que el agradecimiento es doble.  Hoy os traigo la actividad 2, que consiste en lo siguiente:

Escríbete una carta para ti misma, pidiéndote perdón en lo que crees que has podido fallar. 

He dejado fluir y ha salido esto, que no es que sea una carta propiamente dicha, pero… se le asemeja bastante.

ME PERDONO
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

 

ME PERDONO

Hoy he decidido reconciliarme conmigo misma, mirar en mi interior y buscar todas las fallas que me estén hiriendo por dentro. De vez en cuando nunca viene mal echar una mirada introspectiva y ver cómo estamos en nuestro interior. Y, siendo sincera, voy arrastrando una serie de culpas que van dejando su poso, horadando el corazón y provocando un dolor intenso que está ahí siempre, en el fondo, esperando a salir a la superficie en el momento menos esperado.

Bien podría acercarme a una iglesia y que un sacerdote limpiase mis pecados rezando un simple Ave María o un Credo. Pero resulta que no soy creyente, así que hoy me voy a conceder la sanación de mis pecados desde mi interior, el mejor templo al que se me ocurre asistir.

Hoy me perdono. Me perdono por tantos días llegando tarde a la escuela por anteponer el trabajo a mi familia. Lo hice lo mejor que pude, pero lidiar con un jefe manipulador no es sencillo y al final siempre estaba en la oficina a la hora de salir del colegio. No quiero hablar de culpas, las reconozco todas como mías, por no saber imponerme, por no saber dar el lugar que corresponde a lo que más quiero en la vida. Pero hoy me perdono por ello. Y me otorgo el perdón a mí misma habiendo establecido con mucha claridad mis prioridades en la vida. Sé que no volverá a ocurrir. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por todos estos meses de ausencia involuntaria. Una presencia corpórea que no estaba realmente en el presente, sino anclada al daño producido por un pasado demasiado cercano en el tiempo. Ahora que reconozco que la enfermedad me ha ganado la batalla, me perdono por ello. Por no haber tenido la fuerza necesaria para vencerla. Pero sigo en la batalla y sé que, al final, la que ganará la guerra soy yo. Porque me he convertido en luchadora, y eso ya no habrá nada ni nadie que lo pueda cambiar. Sé que voy a salir de este pozo inmundo, volveré a estar aquí con la mejor de mis sonrisas y nunca más volveré a estar ausente. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por no haber tenido la fuerza de voluntad necesaria para abandonar el peor de mis vicios en un momento en el que todos me requerían que lo hiciera. Pero lo he intentado, y con eso me basta. De momento, con eso me basta. Todo tiene su momento y el mío no era este. Y lo venceré, porque las luchadoras siempre vencen. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por toda esa irascibilidad acumulada durante los largos meses de enfermedad. Me perdono por los gritos lanzados al aire, por los que no iban lanzados al aire, por la ansiedad que me inunda la vida ante el menor de los contratiempos. Porque sé que todo es consecuencia del mismo proceso. Y que de él saldré, ya lo he dicho y lo confirmo. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por no tener el físico perfecto para mí que siempre he deseado y que había logrado. Por no haber visto con anticipación el efecto que la medicación estaba haciendo en mi cuerpo. Por eso ahora derramo sudor al intentar hacer una carrera o sobre una bicicleta. Por eso aguanto hasta que ya no puedo dar más de mí misma. Me perdono también por los atracones que de vez en cuando me doy cuando la ansiedad está en su pico más alto. Pero hace tiempo que aprendí a controlar las crisis sola y creo que eso tiene su mérito, aunque sea mínimo. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por no haber sabido expresar con palabras lo que determinadas situaciones producían en mí. Por haber sido presa de un miedo paralizante que me impedía parar los pies a determinadas personas y expresar lo que estaba sintiendo, lo que de verdad pensaba. Era débil, o soy débil, no creo haber encontrado aún la fuerza y la autoestima suficientes para afrontar ese tipo de situaciones sin hacerme pequeñita. Pero estoy trabajando en ello. Todo lo que he logrado me lo he currado yo solita. Sola. Por eso, me perdono.

Por último, hoy me perdono. Me perdono por todo el daño que haya podido causar a alguien sin tener consciencia de ello. Dentro de mi naturaleza no entra el dañar a los demás, por lo que todo daño que provenga de mí ha de ser de manera involuntaria. Pido perdón si alguna vez he herido u ofendido a alguien. Y me perdono a mí misma por ello. Es inconsciente. Por eso me perdono.

Podría terminar imponiéndome una penitencia, pero creo que con este ejercicio de introspección he cubierto con creces cualquiera de ellas. Por eso, también, me la perdono.

Ana Centellas. Noviembre 2017. Derechos registrados.

COPYRIGHTED