Celebra el Día del Libro con “A este lado del Estrecho”

Celebra el Día del Libro con “A este lado del Estrecho”

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En una fecha tan señalada como hoy, 23 de abril, no podía dejar de recomendaros la lectura de mi pequeña obrita “A este lado del Estrecho”, muy refrescante para el tiempo caluroso que se viene acercando. Además, es perfecto para regalar.

Os dejo la sinopsis:

Marina lleva una vida rutinaria con su novio de toda la vida, Hugo, en la que se ha acabado la pasión. Se acercan las vacaciones y piensa utilizarlas para darle la chispa que le falta a esa relación. Pero en el último momento, Hugo le deja plantada por una oportunidad laboral de oro. En ese momento, Marina abre los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sentido continuar así… Así que inicia un viaje hacia el paraíso, la playa de Bolonia, en Cádiz, donde su madre se enamoró de su padre durante unas vacaciones y fruto de su amor nació ella. Aunque la separación tras las vacaciones hizo que sus padres nunca se volvieran a encontrar. Un recorrido precioso por ese maravilloso rincón del sur de España, donde Marina conocerá a una persona muy especial, Víctor, que hace que su vida dé un giro radical. ¿Queréis saber lo que ocurre entre Marina y Víctor? ¿O si volverá con Hugo? ¿Cuál será el giro que da la vida de Marina? ¿Qué sorpresas les tiene preparadas el destino? Adéntrate con Marina en el paraíso, y descubre todo eso y más. Seguro que no querrás volver a salir.

Podéis encontrarlo en el siguiente enlace:

Amazon

Solo me queda agradeceros como siempre vuestra ayuda y desearos un feliz domingo.

A este lado del Estrecho – ¿Booktrailer?

¡Bueno, amigos! Gracias a nuestro querido compañero Fran, que me explicó cómo podía hacer para compartir con vosotros los vídeos de YouTube sin necesidad de mejorar la cuenta de WordPress (¡mil gracias, Fran, no tenía ni idea de que se pudiese hacer esto!), por fin he podido adjuntar el vídeo que os quería mostrar la semana pasada. Una chorradita de tantas que hemos hecho estas vacaciones.

Os animo a todos a verlo, que solo dura un minutito y a lo mejor os pica el gusanillo y buscáis el libro en Amazon. Además me llevé una inmensa alegría al ver las cinco estrellitas que me ha dejado nuestro queridísimo Cándido (mil, no, millones de gracias):

5,0 de 5 estrellas  Una historia que no se puede parar de leer

el 1 de enero de 2017
Cuando una novela se lee con la facilidad que se lee esta, algo tiene. Tras leer una página se desea pasar a la siguiente, y tras acabar esta, a la que sigue. Una forma de narrar sencilla y cautivadora, Una forma de tratar los personajes tan real que parece que están hablando de alguien cercano a nuestra vida..
Por supuesto, no dejéis de visitar sus blogs, tan diferentes en sus estilos, pero los dos ¡magníficos! Os he dejado los enlaces ahí arriba.
¡Besos!

 

Para empezar el año…

para-comenzar-el-ano

No podía yo comenzar el año nuevo sin dedicar el primer post del año a mi chiquitín, “A este lado del Estrecho”. No voy a contar nada más sobre él que no haya contado, pero hoy os traigo algo especial. Es el resultado de pasar unas vacaciones de Navidad en casa, que salen las tonterías más variadas, jajajaja.

Y aprovechando estos días con los niños, entre galletas y dulces, también nos salió esto:

https://www.youtube.com/watch?v=zYcIxD_OLdc

WordPress no me deja subir vídeos, me dice que mejore mi plan… Quizá en este año nuevo. De momento, con pasaros el enlace me vale. Que está la cosa “mu achuchá”.

Y ya sabéis, para Reyes daros una vueltecita por Amazon. ¡Me sacaréis una buena sonrisa!

¡Besos!

Nota: Esta es una entrada programada… En estos momentos espero estar tirada en el sofá de mi casa con una mantita y sin resaca. ¡Feliz año nuevo! Otra vez…

Me estaba olvidando de algo…

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Estaba yo pensando hace un rato que, entre tanta historia, retos, relatos, mi colaboración en el equipo de redacción de Scripto.es en el proyecto de Textos Solidarios, mi también reciente entrada en el grupo de autores El Poder de Las Letras y alguna cosilla más por ahí, me estaba olvidando yo de mi chiquitín, que salió calentito del horno hace unos meses y se está enfriando como hogaza de pan. Así que me he dicho, pues voy a hacer un post, hombre.

La cuestión es que en mi ya incuestionable labor de gran samaritana, voy adquiriendo las novelas publicadas de mis compañeros, con lo que ya he llegado a tener una gran cola en la lista de lectura, pero no obtengo el mismo sentido de reciprocidad, lo que ha llegado hasta a producirme un amargo sabor de boca. En el fondo no me importa, no soy persona de guardar rencores, ni mucho menos, pero eso no quita para que diga, qué cojones, voy a hacer un poquito de promoción, que nunca viene mal.

También he de expresar mi más sincera admiración ante esta pequeña gran familia de WordPress, de la que nada más que he recibido apoyo y palabras de ánimo. Mis “traidores” están fuera, jajajajaja.

Que conste en acta que no lo hago por el sentido material, a la vista está lo que me he preocupado en promover a mi chiquitín en los últimos meses, pero sí me gustaría que mi historia llegase, al menos, a ser leída por la gente y poder recibir impresiones al respecto.

Por eso vengo hoy, en esta mañana estupendísima de domingo, a hacer un poquito de promoción y recordaros que podéis encontrar mi primera “novela” (aún no sé si estoy a la altura para tildarla de esa categoría, vaya forma de promoción más buena, ¿eh?) en Amazon, al precio mínimo que me permite (ya que está publicada en otras plataformas y no puedo acceder al programa que da acceso a Kindle Unlimited).

¿Veis la imagen de la portada? ¿No os apetecería adentraros en ese paraíso natural? Pues eso lo podréis encontrar en “A este lado del Estrecho”. Os dejo la sinopsis:

Marina lleva una vida rutinaria con su novio de toda la vida, Hugo, en la que se ha acabado la pasión. Se acercan las vacaciones y piensa utilizarlas para darle la chispa que le falta a esa relación. Pero en el último momento, Hugo le deja plantada por una oportunidad laboral de oro. En ese momento, Marina abre los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sentido continuar así… Así que inicia un viaje hacia el paraíso, la playa de Bolonia, en Cádiz, donde su madre se enamoró de su padre durante unas vacaciones y fruto de su amor nació ella. Aunque la separación tras las vacaciones hizo que sus padres nunca se volvieran a encontrar. Un recorrido precioso por ese maravilloso rincón del sur de España, donde Marina conocerá a una persona muy especial, Víctor, que hace que su vida dé un giro radical. ¿Queréis saber lo que ocurre entre Marina y Víctor? ¿O si volverá con Hugo? ¿Cuál será el giro que da la vida de Marina? ¿Qué sorpresas les tiene preparadas el destino? Adéntrate con Marina en el paraíso, y descubre todo eso y más. Seguro que no querrás volver a salir.

No obstante, he de decir que hay veces que la vida te da una de cal y otra de arena, y en este caso me siento muy orgullosa de decir que “A este lado del Estrecho” ha obtenido sus primeras cinco estrellitas en Amazon, que da así como que mucho gustirrinín. Desde aquí mi más sincero agradecimiento… qué coño, ¡muchisisisisisisisisímas gracias!, a ti, que sabes quién eres al igual que lo sé yo. Sí, lo sé…

5,0 de 5 estrellas Primera obra de una autora prometedora

Por Cliente de Amazon el 29 de noviembre de 2016

Compra verificada

Ana Centellas escribe una obrita ligera, amable, que se centra en la vida, o mejor dicho, del cambio de vida, de Marina, una mujer joven que decide terminar con una relación que la asfixia y encuentra el amor en las playas de Cádiz.
El estilo de la autora resulta sencillo, directo, lo que no exime a la obra de calidad, llevando a quien lee el libro a devorar una página tras otra, que se disfrutan de un modo ameno. Sin ser yo mucho de leer este tipo de literatura, me ha sorprendido gratamente.
Sin duda, habrá que permanecer atentos a esta autora, para ver qué otras obras nos depara.

¿Y sabéis qué? Que voy a empezar mi lista de lectura por el final. Por la última obra que he adquirido, anda. Así que, prepárate, jajajajaja.
Y nada, animaros a leerla, que son 206 paginitas de nada que se leen en un plis plas y que a mí me harán muy pero que muy feliz. Y luego podéis criticarme a lo bestia y sin compasión.
Mi segundo proyecto está en mente, ahí aparcadito, macerando con cuidado. Comencé a escribir los primeros capítulos, que reordené, corregí, volví a reordenar… En fin, que no terminaban de encajar en lo que estaba buscando. Va a ser por completo diferente ya que, cuando empecé a escribir “A este lado del Estrecho”, las propias circunstancias fueron redirigiendo mi historia por el camino que debieron tomar, pero no es el género que más me apetece, en realidad. Aún no os puedo adelantar nada, solo sé que en este caso ya tengo el título antes de empezar, porque vino a mí, y que el tema que pretende tratar es durito, durito, durito… A ver si, con un poquito de suerte y las musas de mi parte, lo puedo tener a punto para cuando vuelva de correr la San Silvestre 2017, ¡que ahí estaré!, con una sonrisa en los labios y el corazón a mil (si dios quiere, que dirían los mayores).
Y con esto y un bizcocho… ¡hasta mañana a las ocho! Que paséis un estupendo domingo.

Atrévete con “A este lado del Estrecho”

¿Quién no querría perderse en el paraíso natural de la playa de Bolonia? Adéntrate en las páginas de “A este lado del Estrecho” y lo descubrirás… ¡Animaros a hacer realidad mi sueño!

Puedes conseguirla en Amazon, pinchando en el siguiente enlace:

https://www.amazon.es/este-lado-del-Estrecho-ebook/dp/B01M19CDDK/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1479396507&sr=1-1&keywords=a+este+lado+del+estrecho

SINOPSIS

Marina lleva una vida rutinaria con su novio de toda la vida, Hugo, en la que se ha acabado la pasión. Se acercan las vacaciones y piensa utilizarlas para darle la chispa que le falta a esa relación. Pero en el último momento, Hugo le deja plantada por una oportunidad laboral de oro. En ese momento, Marina abre los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sentido continuar así… Así que inicia un viaje hacia el paraíso, la playa de Bolonia, en Cádiz, donde su madre se enamoró de su padre durante unas vacaciones y fruto de su amor nació ella. Aunque la separación tras las vacaciones hizo que sus padres nunca se volvieran a encontrar. Un recorrido precioso por ese maravilloso rincón del sur de España, donde Marina conocerá a una persona muy especial, Víctor, que hace que su vida dé un giro radical. ¿Queréis saber lo que ocurre entre Marina y Víctor? ¿O si volverá con Hugo? ¿Cuál será el giro que da la vida de Marina? ¿Qué sorpresas les tiene preparadas el destino? Adéntrate con Marina en el paraíso, y descubre todo eso y más. Seguro que no querrás volver a salir.

La pasada semana os dejaba como adelanto el capítulo 1, a continuación os ofrezco el capítulo 2:

  1. La ilusión

48 horas antes

Jueves, 2 de julio de 2015. Madrid.

  • – ¡Mírala qué contenta viene hoy! ¡Cómo se nota que mañana te vas de vacaciones, jodía!

Marina dedicó su sonrisa más radiante a su compañera Carla. Llevaba varios años trabajando en el departamento de contabilidad de una empresa constructora y le conocía desde que entró. Desde el primer momento supo que serían buenas amigas y siempre que podían se escaqueaban un ratito juntas a tomar un café o para comer. Carla trabajaba en la recepción y aquel día estaba guapísima con un veraniego vestido de tirantes que habían comprado juntas el día anterior.

No podían ser más distintas. Mientras que Carla era un bellezón en toda regla, alta, rubia, super estilizada, con unos preciosos ojos azules, Marina se consideraba una chica del montón, no muy alta con su apenas metro sesenta y cinco, con el cabello y los ojos castaños, aunque también era consciente de que si se esmeraba un poquito también podía atraer bastantes miradas del género masculino.

Habían hecho amistad tan rápidamente que a las dos semanas de conocerse Carla ya participaba de la noche de chicas de los jueves. Esa noche era sagrada para Marina, todas las semanas sin faltar ninguna salía a cenar y a tomar unas copas con Sofía y Elena, sus amigas de toda la vida. Habían crecido juntas en el barrio, había ido al colegio y al instituto juntas y, hasta el día de hoy, eran inseparables. Inmediatamente aceptaron a Carla como una más del grupo.

  • – ¡Ni te imaginas las ganas que tengo! – Los últimos meses en la oficina habían resultado agotadores y Marina necesitaba imperiosamente un descanso. Incluso se le había resecado el cutis debido al estrés y había adquirido una sospechosa adicción a los tranquilizantes que tenía un poco preocupadas a sus amigas. – Estoy deseando poder pasar unos días a solas con Hugo, en el mar, no haciendo nada más que sombra y tomar mojitos. A ver si recuperamos un poquito de chispa…

Pensó en Hugo, su Hugo. Era su novio de toda la vida, como quien dice. Se conocieron cuando Marina tenía dieciocho años y él veinte. Ella ahora estaba a punto de cumplir los treinta y llevaba casi media vida con él. Hacía dos años que vivían juntos y, a pesar de que no habían cedido ante la insistencia de sus padres por que se casaran, Marina siempre había pensado que sería para siempre. Hasta ahora.

  • – Anda, súbete. – le animó Carla, sacándola de sus pensamientos. – Mr. Potato lleva ya un rato en su despacho gruñendo y ya me ha preguntado por ti un par de veces. ¡Ánimo, guapetona!, piensa que van a ser sólo dos días.

La expresión relajada de Marina cambió completamente. Mr. Potato era el nombre que ellas utilizaban para referirse a su jefe, el Sr. Díaz, como quería que le llamasen. Marina siempre pensó que era porque no quería que nadie utilizase su nombre de pila, Robustiano, ya que se avergonzaba de él. El señor Robustiano Díaz era un personaje curioso. Pasaba con creces de los cincuenta años y también de los cien kilos. Llevaba unas gafas de pasta negra horrorosas y todos los días sin excepción lucía una estrecha corbatita negra con rayas blancas. Ella nunca le había visto sin su sempiterno corbatín. Tenía la teoría de que a los burros se les hacía avanzar más dándoles palos que ofreciéndoles zanahorias, como se había encargado de recordarle en más de una ocasión, lo que se traducía en un humor insoportable y constantes gritos hacia Marina, así como en un nivel de exigencia desproporcionado. Para colmo de males, era soltero, y como no tenía a nadie esperándole en casa, las jornadas laborales se hacían interminables en demasiadas ocasiones, aunque aquello a ella últimamente tampoco parecía importarle demasiado. En el fondo sentía lástima por él, pero muy en el fondo, porque la realidad era que estaba deseando que se desintegrase en un holocausto nuclear o que lo abdujeran los extraterrestres para experimentar con su cuerpo.

  • – Te juro, Carla, que como me suelte un grito más, cojo la puerta y le dejo solo con sus papeles. En fin, que hoy estoy de buen humor y nadie me va a estropear el día. ¿Nos vemos luego en el café?
  • – Claro, cariño, luego te veo. – le contestó Carla mientras atendía una llamada telefónica.

Marina subió las escaleras que llevaban a la oficina como quien iba al matadero, pero decidida a que nadie le estropease su alegría prevacacional, se puso su mejor sonrisa y entró en la oficina.

La oficina era un espacio abierto con grandes mesas agrupadas de cuatro en cuatro formando islas, que ocupaban sus compañeros de los departamentos comercial, compras y estudios. Los suelos eran de tarima y amplios ventanales rodeaban dos de los laterales, permitiendo una vista asombrosa del céntrico barrio madrileño donde estaba ubicada. Era muy luminosa y el ambiente laboral era estupendo. A aquellas horas de la mañana, apenas pasados unos minutos de las ocho y media, ya hervía en actividad. Dos grandes despachos estaban separados por cristaleras del resto del personal. Uno de ellos pertenecía al director general; el otro, al Sr. Díaz, director financiero. Junto a él, codo con codo a diario, en una mesa algo más pequeña situada en uno de los laterales del despacho, estaba situada Marina. La única ornamentación consistía en una planta de aspecto descuidado que colgaba de uno de los armarios del archivo. Ella soñaba con salir de aquel despacho que siempre tenía las persianas cerradas y poder relacionarse con el resto de compañeros, que parecían tan felices de trabajar allí.

  • – ¡Buenos días, Sr. Díaz! – exclamó Marina fingiendo un entusiasmo que realmente no sentía mientras entraba por la puerta del despacho.

Mr. Potato levantó la vista con el ceño fruncido, como siempre, echó un vistazo desaprobador al corto vestido gris de tirantes que había elegido aquella mañana, demorándose un poco más de la cuenta en su escote (bufff, eso le puso los pelos de punta), y sin dirigirle ni siquiera un saludo le increpó el haber llegado tres minutos tarde y le exhortó a ponerse a trabajar inmediatamente con la producción y los balances que tenían que presentar aquel día al director general. Así que Marina colgó su bolso en el perchero, encendió su ordenador y, sin mediar palabra, se enfrascó en su rutina de cifras mientras su mente volaba a destinos paradisíacos con playas de ensueño en los que los preciosos ojos azules de Hugo le hacían promesas de amor y le derretían el corazón.

No fue consciente del tiempo que había transcurrido ni de los rugidos que emitía su estómago, hasta que sonó su móvil. Era Carla. Echó una ojeada a la mesa de Mr. Potato, que siempre gruñía cuando atendía llamadas personales, y se sorprendió mucho al no verle allí. ¿Cuándo demonios se había marchado aquel hombre? Se sintió agradecida porque por lo menos no le había dado la paliza aquella mañana y llevaba el trabajo bastante avanzado. Su intención era no quedarse hasta demasiado tarde aquel día. Cuando miró la hora en el ordenador se quedó boquiabierta. ¡Eran las dos y cuarto! Descolgó el móvil y ni siquiera tuvo oportunidad de decir nada, porque Carla empezó a parlotear.

  • – Pero bueno, ¿qué pasa contigo? ¡Me has dejado plantada para el café! Por poco no me lo tomo porque se me había pasado la hora de tanto esperarte, pero al final me he ido sola. ¡SO – LA! No te he querido llamar porque he pensado que Mr. Potato te tendría secuestrada. ¿No has salido ni a fumar? Niña, que a este paso no vas ni a irte de vacaciones, ¡te vas a poner mala antes! Venga, deja lo que sea que estés haciendo y bájate corriendo que te estoy esperando ya con el bolso en el hombro. Bueno, mejor te espero fuera que tengo unas ganas locas de fumar. ¡aaaaaah, que ansiedad, madre mía! Oye, ¿nos vamos a comer al italiano de detrás de la ofi? Bueno, venga, bájate, mejor lo hablamos fuera, un besote, ¡chao! – y sin darle tiempo a contestar, colgó sin más.

Se quedó mirando el teléfono con una estúpida sonrisa en la cara. ¡Ni siquiera le había dejado hablar! Había momentos en los que Carla padecía de una verborrea incontrolable, y ya habían pasado por alguna circunstancia más que bochornosa por no saber mantener la boquita cerrada. Se levantó de la silla estirándose como un gatito, cogió su bolso y bajó las escaleras.

Salió al sol abrasador de principios de julio en Madrid. Bajo la sombra de un arbolito estaba Carla esperándole con el cigarrillo en la mano y las gafas de sol de Dolce & Gabanna. Destilaba glamour por los cuatro costados, debía haberse dedicado al modelaje. Ella en las mismas circunstancias estaría roja como un tomate, sudando a chorros y resoplando por culpa del intenso calor.

  • – Vaya, vaya… Dichosos los ojos, bonita. Ya era hora de que me honrases con tu presencia.
  • – ¡No me he dado ni cuenta! Perdona, Carla, pero no me he levantado ni para ir al baño en toda la mañana, ya sabes que hoy tenemos que entregar balances y no quería salir muy tarde, así que me lié y casi tengo el trabajo terminado… Además, ni siquiera he tenido casi llamadas hoy, así que he avanzado un montón, no he mirado ni el mail para no distraerme… – contestó Marina encendiendo su cigarrillo y cerrando los ojos de placer al dar la primera calada. – Mmmmm, ¡cómo necesitaba uno de estos!
  • – Bueno, ¿qué? ¿Vamos al italiano de detrás de la ofi? ¡Me muero por una lasaña!
  • – ¡Claro! Para compensarte por el plantón, hoy comemos donde tú quieras, corazón.

Cogidas del brazo caminaron hacia el restaurante intentando resguardarse del sol. Estaba sólo a un par de manzanas, pero las sandalias de tacón que había elegido Marina aquel día para acompañar al vestido le comenzaban a pasar factura. Para Carla, sin embargo, los tacones parecían su medio de caminar natural.

El restaurante era pequeño y luminoso, bastante funcional. Apenas tenía seis o siete mesas y siempre estaba lleno y había que esperar. Habían entrado por primera vez hacía un par de semanas, a pesar de que llevaba abierto más de un año, y desde entonces habían ido bastantes veces a comer. El dueño era italiano y, aunque la cocinera, que era su mujer, era española, la comida que preparaba era auténtica italiana y los platos eran muy sanos y saludables. Para Marina fue una auténtica alegría descubrirlo, porque siempre tenía que estar haciendo malabares con su dieta para no coger rápidamente unos kilitos de más. Por suerte, aquel día había una mesa libre en el rincón más luminoso de la sala, junto al ventanal, y pronto estuvieron pidiendo la comida. Carla se pidió la lasaña que tantas ganas tenía de comer y Marina optó por una ensalada con vinagreta de frutos rojos y una hamburguesa de calabacín. Para beber, dos cocacolas zero.

La comida transcurría amena, tenían la costumbre de no hablar de temas laborales a la hora de la comida, esa era su hora para desconectar, hasta que Carla tocó el tema de Hugo.

  • – ¿Y qué tal con Hugo? ¿Seguís en la misma línea? – preguntó mientras mordisqueaba una rebanada de pan integral. Marina pensó que iba a tener una sobredosis de hidratos de carbono.
  • – Sí, hija, yo ya no sé qué hacer. Le noto tan frío últimamente… Por eso estoy tan ilusionada con estas vacaciones, creo que los dos necesitamos darnos un respiro del trabajo y dedicarnos un tiempo para los dos solos. Por cierto, ¿te he dicho ya que me voy un mes? ¿Qué vas a hacer sin mí tanto tiempo?

Carla sonrió. Llevaba varias semanas recordándoles a ella y a las chicas que se iba un mes de vacaciones siempre que tenía oportunidad, así que ya debería haberlo repetido como un millón de veces. Ciertamente Mr. Potato debía encontrarse bajo la influencia de alguna droga cuando le firmó el pedido de vacaciones, porque a él nunca le venía bien quedarse sin ella. De hecho, Marina había ido acumulando vacaciones desde hacía varios años y después de tomarse ese mes de descanso, bien merecido por cierto, todavía le quedaba cerca de otro mes por disfrutar. El problema de su relación con Hugo en los últimos tiempos era, bajo su punto de vista, precisamente esa adicción al trabajo que parecían tener los dos. De hecho, le sorprendió bastante que Marina hubiese decidido tomarse tantos días de descanso y aún más que hubiese sido capaz de convencer a Hugo para hacer lo mismo. Ambos eran claramente workaholics.

  • – Bueno, no te preocupes. Esta noche en la cena lo comentamos con las chicas y estoy segura de que entre todas seremos capaces de darte unas cuantas buenas ideas para volver a hacer que tu relación con Hugo vaya viento en popa otra vez. De hecho, a mí se me están ocurriendo varias… – dijo Carla con expresión pícara.

Marina comenzó a morderse el labio inferior y a desviar la vista hacia la mitad superior derecha del techo. Era algo que siempre hacía cuando algún tema le preocupaba o no sabía cómo decir algo. Carla le miró levantando una ceja perfectamente delineada con mirada inquisidora.

  • – ¿Qué? – preguntó.
  • – ¿No hace un poco de frío aquí? – contestó Marina en un vano intento por desviar la conversación hacia otros derroteros menos turbulentos.
  • – ¿Cómo que nada? Mira Marina, a mí no me engañas, y sabes perfectamente que no voy a parar hasta que me lo cuentes, así que déjate de tonterías y dime qué ocurre.
  • – Es que esta noche no voy a poder quedar con vosotras… – masculló entre dientes mientras veía cómo la cara de Carla iba cambiando de expresión paulatinamente en un tiempo récord. No podría decir bien si se le veía enfadada, desilusionada o simplemente estupefacta. – Jo, no me mires así, Carla, no me lo hagas más difícil. Es que queremos irnos mañana justo cuanto salga del trabajo, vendrá Hugo a buscarme, va a ser un viaje largo… Y no tenemos hechas las maletas. Esta tarde he quedado con Hugo en que saldremos prontito para hacerlas juntos y dejar todo preparado para mañana… – dijo, haciendo un puchero y poniendo la cara tan apenada que ni el gatito de la película Shrek lo hubiese hecho mejor.
  • – ¡Sabes que la noche de los jueves es sagrada Marina! Es nuestra primera regla, que pase lo que pase no se puede romper. Nunca, nunca, nunca, y repito, nunca, hemos fallado ninguna de nosotras. Sabes muy bien que incluso cuando alguna de nosotras ha estado enferma, allí que hemos ido las demás para hacer la reunión en su casa. No me puedo creer que vayas a hacer esto, no me lo puedo creer. – Sabía que se estaba pasando con su reacción, pero ya había comenzado y ya no podía echarse atrás. – ¿Y cuándo pensabas decírnoslo, eh? ¿Cuando estuviésemos sentadas a la mesa? Porque sabes perfectamente que teníamos mesa reservada en La Vaca Argentina desde hace por lo menos tres semanas para hacerte la despedida. ¡Y sabes muy bien además que me encanta el lomo de Black Angus y que llevo días esperando que llegue este día!
  • – Jo, entiéndeme, Carla. Me lo dijo Hugo el otro día y fui incapaz de decirle que no, ya sabes que quiero arreglar las cosas entre nosotros y se le veía tan dispuesto e ilusionado… Y luego no sabía cómo decíroslo, porque sabía que os ibais a enfadar, y al final se me ha ido de las manos, y ya llegaba la hora pero no me atrevía, y si no llegas a sacar tú el tema no sé qué hubiese hecho y… – Parecía estar contagiándose de la verborrea de Carla y estaban a punto de saltársele las lágrimas de la culpabilidad.
  • – Vaaaaale, tontorrona. – se apiadó Carla de ella. – Venga, no te preocupes, si es una tontería, es sólo que no me lo esperaba, como no nos habías dicho nada… De verdad que lo entiendo y que no hay problema, y estoy segura de que las demás también lo entenderán, así que no te preocupes, ya me encargo yo de decírselo.

Marina se levantó de la silla y le dio a su amiga un abrazo lleno de sentimiento.

  • – Lo siento muchísimo, cariño, de verdad. A lo mejor terminamos pronto y me puedo reunir con vosotras para tomar una copita.
  • – Anda, tonta, quédate con Hugo y aprovecha para empezar a arreglar las cosas entre vosotros, ya me entiendes. – dijo Carla con un guiño.

Regresaron a la oficina cinco minutos después de su hora. Marina estaba tranquila, al fin y al cabo, también habían salido quince minutos después, podría decirse que habían comido en tiempo récord. Pero al parecer Mr. Potato no estaba al tanto de ello, a juzgar por la mirada de reproche con que le repasó cuando llegó al despacho. “Que le zurzan”, pensó, “a ver qué dice cuando le entregue los balances antes de las cinco y le diga que me tengo que ir antes hoy, después de todo él no ha hecho nada en todo el día”. El resto de la tarde pasó sin pena ni gloria y, aunque Marina consiguió entregar su trabajo a las cuatro y media de la tarde, no fue hasta cerca de las ocho cuando consiguió salir de su puesto de trabajo, sin ni siquiera una palabra de agradecimiento. Aquel pequeño tirano podía ser realmente insufrible. Apenas quedaban un par de personas del departamento de estudios sentadas a sus mesas, absortos en las pantallas del ordenador, y Carla debía hacer más de una hora que ya no estaría allí.

Caminó hasta su casa con una sonrisa en la cara, ahora sí agradeciendo la calidez del recién estrenado verano y la inminente llegada de sus vacaciones. Fue un paseo relajado, vivía a unos quince minutos caminando de la oficina y se lo tomó con calma. Necesitaba relajarse para darle una sorpresa a Hugo cuando llegase a casa. Seguramente él ya estaría allí, esperándole, probablemente escuchando música de Cold Play y tomando una copa de vino, siempre lo hacía cuando llegaba a casa. Sonrió picaronamente, no pensaba darle ni un margen de respiro antes de ponerse al día en el aspecto más primario de su relación.

Ni siquiera se le había pasado por la cabeza pensar que quizá él no habría llegado todavía, así que estaba exultante mientras subía en el ascensor hasta el ático que compartía con él. Se había soltado el pelo en el ascensor, ya que casi siempre lo llevaba recogido para ir a la oficina, lo peinó con los dedos para resaltar las ondas castañas y se retocó el labial. La expresión de decepción de su cara debió ser todo un poema cuando introdujo la llave en la cerradura y ésta dio dos vueltas completas, revelando que no había nadie en su interior. Abrió la puerta y entró en su apartamento.

Efectivamente, estaba vacío. No había nadie esperándole cuando llegó a casa, como tantos otros días. Las luces apagadas y las persianas a medio bajar conferían a la vivienda una apariencia que en aquellos momentos se le antojó casi tétrica. El piso era pequeño, un salón con cocina americana constituía la estancia principal, que finalizaba en un pequeño pasillo con dos puertas. Una de ellas era el dormitorio que compartía con Hugo. La otra, el cuarto de baño. La decoración era sencilla, en tonos tierra, ocres y naranjas que le daban una apariencia bastante acogedora, sin apenas elementos decorativos, salvo algunas láminas que cubrían las paredes. Lo que enamoró a Marina de aquel piso fue la terraza. En la pared más alejada de la puerta de entrada, justo enfrente de la barra americana que separaba la cocina, había una amplia puerta acristalada que ella había cubierto con unas cortinas semitransparentes con intrincados calados, que daban paso a la terraza. De un tamaño mayor incluso que la vivienda, se había encargado de rodearla de bonitas flores en maceteros que colgaban de la barandilla, que ella misma se ocupaba de cuidar y regar todas las noches, como terapia de relajación. En uno de los rincones habían colocado una gran maceta con un pequeño abeto que juntos adornaban para Navidad. Y junto a él, Marina había dispuesto su pequeño rincón chill out, como le gustaba llamarlo. Muchas veces había recordado los buenos momentos que había pasado junto a Hugo cuando restauraron juntos aquellos palets que rescataron de los escombros de una obra cercana y los convirtieron en una coqueta mesa y dos comodísimos sillones cubiertos con unos gruesos cojines acolchados. Ella misma se había encargado de tapizarlos en blanco y negro, consiguiendo el aspecto visual de un gran damero de ajedrez. Sobre la mesa había dispuesto un precioso cenicero que habían comprado en una de sus escapadas a Ibiza, tres pequeñas plantas y decenas de velas aromáticas que conseguían un ambiente mágico en las calurosas noches de verano.

Cerró la puerta a sus espaldas y fue directamente a subir la persiana de la puerta del salón. El ya tenue sol del atardecer inundó la estancia, confiriéndole un aspecto algo más cálido que a su llegada. Lanzó su bolso sobre el cómodo sofá chaise-longue y entró en el dormitorio para ponerse cómoda, al fin y al cabo tenía unas maletas por hacer para poder comenzar sus vacaciones al día siguiente, y no era momento para ponerse melancólica. Alzó también la persiana del dormitorio y sacó de la cómoda su pijama rosa de verano, un cómodo conjunto de algodón de pantalones cortos y camiseta de tirantes. El dormitorio parecía sacado de un cuento de hadas. No había parado hasta que Hugo había consentido en colocar la cama de sus sueños, una amplia cama de dos metros con un precioso cabecero de forja y un dosel con finos tejidos de tul color blanco roto cubriendo la cama, ahora mismo recogidos desde que ella había hecho la cama aquella misma mañana. Sobre la cama colgaba un gran lienzo que su amiga Sofía había pintado para ellos, un fiel reflejo de un apasionado beso entre Marina y Hugo.

Desplegó su maleta sobre la cama y comenzó a meter su ropa con desgana. Siempre había pensado en coger toda prenda que mereciese la pena de su fondo de armario, pero había decidido en el último momento que llevaría pocas cosas, total, no pensaba salir de la playa y de la cama en contadas ocasiones, así que puso sus tres bikinis, los vestidos de la playa, dos conjuntos de pantalón corto y camisetas de tirantes, un par de pijamitas de verano y la ropa interior. En la maleta pequeñita le podría entrar todo. Tenía una cuca maleta de mano de tamaño cabina decorada con una encantadora muñeca de Gorjuss, regalo de su amiga Elena para su último cumpleaños. Añadió unas chanclas, un par de vestidos largos y un mono de vestir, y sus más bonitas sandalias de tacón. La bolsa de sus cosméticos no podía faltar y los más imprescindibles para la ducha. Listo. En un pis pas.

Extendió la maleta de Hugo sobre la cama y la dejó ahí, no sabía qué iba a querer llevarse él, así que fue hacia la cocina y se sirvió una copa de vino mientras esperaba su llegada. Encendió el equipo de música y las notas de Enia inundaron la habitación, creando una atmósfera perfecta para la relajación. Puso el aire acondicionado bajito y se recostó en la chaise-longue a esperar a su hombre. Pronto el cansancio se apoderó de ella, eran casi las nueve de la noche, seguramente las chicas estarían ya preparándose para la cena de los jueves. La música relajante y la copita de vino fueron haciendo su efecto y notó cómo su cuerpo y su mente se iban relajando poco a poco. Disfrutó de esa sensación de tranquilidad que hacía mucho tiempo no se había permitido sentir, y con una sonrisa en los labios ante la perspectiva del romántico mes que tenía por delante, se fue quedando poco a poco plácidamente dormida.

Hasta aquí puedo leer…

Déjate enamorar: “A este lado del Estrecho”

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Desde aquí os vuelvo a animar a que conozcáis mi primera novela, mi pequeñita, mi ilusión, “A este lado del Estrecho”, una bonita historia de amor ambientada en el mejor paraje inimaginable, la playa de Bolonia en Cádiz.

Os dejo el principal enlace donde podéis encontrarla:

Amazon:

https://www.amazon.es/este-lado-del-Estrecho-ebook/dp/B01M19CDDK/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1477260075&sr=1-1&keywords=a+este+lado+del+estrecho

Y como regalo, para ir introduciéndoos un poquito en la historia, aquí tenéis el primer capítulo:

  1. Marina llega al paraíso

“Sábado, 4 de julio de 2015. Playa de Bolonia. Costa de Cádiz.

Marina se despertó sobresaltada. En su cabeza todavía resonaban nítidas las imágenes del sueño vivido. Tenía la respiración agitada y gotas de sudor resbalaban desde su frente, descendían por el cuello y se deslizaban dentro del pijama, yendo a morir entre sus pechos. Aturdida y somnolienta, se incorporó y quedó sentada sobre la cama. Observó las blancas sábanas, con cuadraditos en un tono azul celeste, casi infantiles, y no las reconoció. Echó un vistazo a su alrededor. Una tenue luz se filtraba por la única ventana de la habitación, abierta de par en par, e iluminaba suavemente el cuarto. Las paredes blancas, sin ninguna decoración. El único mobiliario consistía en dos mesitas de madera de pino, una a cada lado de la cama. Un armario con las puertas desencajadas, que sin duda había vivido tiempos mejores, completaba la estancia. Nada más.

Aún tardó unos minutos en reconocer dónde se encontraba. Debía de estar amaneciendo, a juzgar por la penumbra que le rodeaba. En algún lugar no muy lejano se escuchó el canto de un gallo, lo que le transportó automáticamente a veranos infantiles en el pueblo de sus padres, a calor, juegos al sol, incluso pudo sentir el hormigueo de un primer amor. Esbozó una sonrisa y se estiró satisfecha en la amplia cama, intentando abarcar con los brazos todo el espacio que le rodeaba.

Localizó su móvil en una de las mesillas, donde lo había dejado la noche anterior antes de dejarse caer exhausta sobre la cama, y tuvo que parpadear dos veces antes de creer que la hora que marcaba era la correcta. Era imposible que fuesen las once de la mañana, la luz que entraba por la ventana parecía la de un amanecer.

Puso sus pies descalzos sobre el suelo de terrazo. Estaba frío y un escalofrío le recorrió el cuerpo de arriba abajo. Caminó despacio hasta salir de la habitación, vestida únicamente con un pijama de verano de algodón gris. Cruzó la estancia que hacía las veces de salón y abrió la puerta de la calle. No podía creer lo que estaba viendo. ¿Pero de qué trataba todo aquello? ¿No se suponía que debía estar en el paraíso? La imagen que le ofrecía el paraíso era de todo menos alentadora. Una densa bruma lo cubría todo, el cielo era de un color gris plomizo y la vista sólo alcanzaba a vislumbrar el borde inferior de las arizónicas que había al fondo del jardín. No alcanzaba ni siquiera a ver su viejo Citroen Saxo, que en un alarde heroico le había llevado el día anterior hasta allí desde Madrid. Sólo se escuchaba el trinar de algunos pájaros en las ramas más elevadas de los altos pinos, por lo demás, el silencio era devastador. Marina suspiró, respiró profundamente, y por un pequeño instante, sintió en su interior una tranquilidad mayor de la que nunca había experimentado en toda su vida.

Se restregó profundamente los ojos con la esperanza de que al volver a abrirlos el paisaje hubiese cambiado, pero todo seguía exactamente igual. La brisa soplaba ligera, acariciando sus piernas cubiertas tan sólo con el cortísimo pantalón de pijama y se le erizó el vello de todo el cuerpo. Pasó al interior y rebuscó en su pequeña maleta la ligera chaqueta de algodón que había decidido echar en el último momento por si acaso refrescaba, aunque en su fuero interno estaba convencida de que no la tendría que utilizar. Al colocar la prenda sobre sus hombros, la calidez del tejido, aunque liviano, la reconfortó.

Echó un vistazo a la pequeña cocina que había en un rincón del salón. Sobre uno de los estantes de madera reposaba una pequeña cafetera italiana que seguramente habría preparado más cafés de los que hubiese podido soportar. Sobre la encimera estaba la bolsa que ella misma había dejado tirada la noche anterior con las compras más básicas que se le había ocurrido hacer a última hora en la gasolinera donde había parado a repostar y estirar las piernas. En ese instante, agradeció a los hados del destino que se le hubiese ocurrido comprar un paquete de café, un brick de leche y un paquete de galletas de naranja por si tenía que improvisar un desayuno a la mañana siguiente. Recibió agradecida también el agua caliente mientras fregaba la cafetera, formando un vapor agradable que envolvía la pequeña cocina americana. Preparó la cafetera y rebuscó en los cajones un paquete de cerillas para poder encender el fuego. No encontró ninguno, así que fue hasta su bolso y sacó su paquete de cigarrillos para utilizar el mechero. Luchando con la fuerte necesidad de coger uno de ellos, volvió a tirar el paquete dentro del bolso y quedándose sólo con el mechero, comenzó a preparar el café.

Marina se asomó a la puerta. La visión no había mejorado mucho desde unos minutos antes. A la entrada de la pequeña casita había un porche de baldosa antes de llegar al jardín, con una mesa de madera y dos banquitos como los que había en los merenderos donde le llevaban sus padres cuando era pequeña. Solían pasar allí el día y su madre siempre llevaba un cargamento para preparar una suculenta barbacoa. Le encantaban aquellos días. Siempre habían sido especiales, olían a sol, a primavera, a chuletas, a siesta y a juegos entre los árboles. Decidió salir allí fuera a tomarse el desayuno, así que sacó la cafetera, las galletas, un cenicero y su siempre inseparable paquete de tabaco y salió al exterior. Podía sentir el frío de las losas bajo sus pies descalzos, inspiró hondo y sintió cómo el aire puro se adentraba en sus pulmones, llenándolos de frescor. Comenzaba a sentirse más viva de lo que se había sentido en mucho tiempo.

Tras disfrutar del desayuno más tranquilo de los últimos años, se tomó su relajante y encendió un cigarrillo. Cerró los ojos para poder disfrutar de la sensación que le producía el cálido humo internándose en sus pulmones. Los recuerdos de Hugo acudieron a su mente sin pedir permiso, los buenos momentos vividos con él, las peleas, las duras experiencias que habían pasado juntos, aquellos días en los que pensaba que su amor era tan fuerte que duraría para siempre. Sentía las lágrimas fluir libremente por sus mejillas, mientras daba largas caladas a su cigarrillo intentando apaciguar la zozobra que amenazaba con desatarse en su interior. Subió los pies al banco y se abrazó las rodillas buscando desesperadamente el consuelo que en esos momentos nadie le ofrecía. ¡Dios!, nunca había sido débil, nunca se había permitido mostrar el más mínimo signo de debilidad, pero en aquellos instantes se sintió más frágil que nunca.

Seguía con los ojos cerrados y la mente llena de recuerdos, las lágrimas aún deslizándose sin control por su rostro, cuando sintió un súbito calor abrasador entre los dedos. El cigarrillo había llegado a su fin, “como mi vida”, pensó, y la colilla ardiente estaba rozando sus delicados dedos de manicura perfecta. Lanzó la colilla con un quejido y abrió los ojos.

Lo que vio en ese momento la dejó sin respiración.”

Espero que os haya gustado este primer capítulo y os animéis con su lectura, para así ayudarme a conseguir mi sueño…

Sigo revisando poco a poco las opciones para realizar la publicación en papel, ¡que yo también quiero un ejemplar! Os mantendré informados.

Y mientras, trabajando en un nuevo proyecto de naturaleza totalmente distinta, pero en el que predominará también la cercanía al transmitirlo.

¡Muchas gracias a todos!

“A este lado del Estrecho”

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¡Hola amigos! Vuelvo a pasarme por aquí para recordaros, que ya sé que muchos estamos muy despistados, que mi primera novela “A este lado del Estrecho”, ya está a la venta. ¡Me encantaría que la leyeseis y me ayudaseis a cumplir mi sueño, ¡ser escritora!

Una novela romántica, en un paraje incomparable y con alguna que otra sorpresa. ¡Animaros a leerla!

La podéis encontrar en las siguientes plataformas, ¡no me digáis que no os doy opciones!

Amazon:

https://www.amazon.es/este-lado-del-Estrecho-ebook/dp/B01M19CDDK/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1477260075&sr=1-1&keywords=a+este+lado+del+estrecho

Casa del Libro:

http://www.casadellibro.com/ebook-a-este-lado-del-estrecho-ebook/9788483265833/3103656

El Corte Inglés:

https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788483265833-a-este-lado-del-estrecho-ebook/

Cegal:

http://www.todostusebooks.com/ebook/a-este-lado-del-estrecho_E1000190259

Para los que no tengáis la oportunidad de acceder a la obra en formato digital, estoy barajando opciones para hacer la publicación en papel, que al fin y al cabo es el sueño de todo autor, así que ¡no os preocupéis, que todo se andará!

Mil gracias a todos por dedicarme unos minutitos.

“A este lado del Estrecho” en Amazon

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¡Hola a todos! Hacía tiempo que no hablaba con vosotros nada más que para publicar la reseña de los miércoles y el relato de los viernes, pero hoy tengo una novedad importante para mí: ¡Ya podéis encontrar mi primera novela, “A este lado del Estrecho”, en Amazon!. Desde hoy está disponible para todos vosotros en versión Kindle. Os paso el enlace para los que queráis echarle un vistazo:

https://www.amazon.es/este-lado-del-Estrecho-ebook/dp/B01M19CDDK/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1475168588&sr=1-1&keywords=a+este+lado+del+estrecho

Os animo a todos a su lectura, y recordaros que también lo podéis encontrar como hasta ahora en La Casa de Libro, El Corte Inglés y Cegal. Os recuerdo los enlaces:

Casa del Libro:

http://www.casadellibro.com/ebook-a-este-lado-del-estrecho-ebook/9788483265833/3103656

El Corte Inglés:

https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788483265833-a-este-lado-del-estrecho-ebook/

Cegal:

http://www.todostusebooks.com/ebook/a-este-lado-del-estrecho_E1000190259

No os entretengo más, únicamente animaros nuevamente a su lectura y por favor dejadme vuestras impresiones, ¡que es lo que más ilusión me hace!

Por supuesto, estoy fraguando un nuevo proyecto totalmente diferente, que aún está muy en pañales pero que ya os iré contando cómo va creciendo…

¡Se os quiere!

 

 

 

A este lado del Estrecho

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Hoy tenemos una entrada muy muy especial para mí. Por fin mi pequeñín ha visto la luz, autopublicado eso sí, pero todo el esfuerzo, trabajo, dedicación y cariño que he puesto en él durante los últimos meses, ha salido a la luz.

Mi primera “novela”, humilde, ligera, fresca y romántica, ¡ya está a la venta!

Os dejo el adelanto de la sinopsis de la novela, para que podáis saber un poquito acerca de ella:

Marina lleva una vida rutinaria con su novio de toda la vida, Hugo, en la que se ha acabado la pasión. Se acercan las vacaciones y piensa utilizarlas para darle la chispa que le falta a esa relación. Pero en el último momento, Hugo le deja plantada por una oportunidad laboral de oro. En ese momento, Marina abre los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sentido continuar así… Así que inicia un viaje hacia el paraíso, la playa de Bolonia, en Cádiz, donde su madre se enamoró de su padre durante unas vacaciones y fruto de su amor nació ella. Aunque la separación tras las vacaciones hizo que sus padres nunca se volvieran a encontrar. Un recorrido precioso por ese maravilloso rincón del sur de España, donde Marina conocerá a una persona muy especial, Víctor, que hace que su vida dé un giro radical. ¿Queréis saber lo que ocurre entre Marina y Víctor? ¿O si volverá con Hugo? ¿Cuál será el giro que da la vida de Marina? ¿Qué sorpresas les tiene preparadas el destino? Adéntrate con Marina en el paraíso, y descubre todo eso y más, seguro que no querrás volver a salir.

Podéis encontrarla en formato digital en las siguientes plataformas:

Casa del Libro:

http://www.casadellibro.com/ebook-a-este-lado-del-estrecho-ebook/9788483265833/3103656

El Corte Inglés:

https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788483265833-a-este-lado-del-estrecho-ebook/

Cegal:

http://www.todostusebooks.com/ebook/a-este-lado-del-estrecho_E1000190259

Desde aquí os animo a su lectura, y me dejaseis vuestras impresiones, para mí sería una alegría impresionante. ¡Espero que os guste!

Y muchas gracias a todos por vuestra ayuda y vuestros ánimos en este pequeño proyecto tan especial para mí, que espero sea el primero de muchos.