A letras con los lunes: “Lo que cabe en un suspiro”

A letras con los lunes: “Lo que cabe en un suspiro”

Lo que cabe en un suspiro

Se me escapa un suspiro y tú me observas
con el gesto preocupado
e intranquilo
del que sabe la cuantía de palabras,
emociones y sentidos
que pueden albergarse en su interior.
Todo lo inunda el aliento retenido
que rompe el aire tras la frágil explosión
y se vuelve más pesado hasta el silencio
que flota luego de la ahogada exhalación,
un silencio lleno de palabras muertas
aun antes de haber nacido
y que fueron a enterrarse en un suspiro.

Ana Centellas. Mayo 2019. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

El relato del viernes: “Sin tréboles de cuatro hojas”

El relato del viernes: “Sin tréboles de cuatro hojas”

Sin tréboles de cuatro hojas

Distraída, Amelia, sentada sobre el césped de su jardín, lee uno de los últimos libros que cogió de la biblioteca, el que, por su título, prometía bonitas e intensas historias de amor. A la hora de elegir su lectura, siempre se había dejado guiar por el título, pero, en esta ocasión, su instinto le había fallado. Sus ojos se pasean sobre las líneas impresas en aquel papel ya amarillento por el uso sin que sea capaz de descifrar el mensaje que oculta aquella rocambolesca historia. Deposita el libro sobre el césped, con sumo cuidado para no perder aquella página ya tantas veces releída, y se tumba a su lado.

Siente una suave brisa agitar sus cabellos despeinados y no sabe si es la última de la primavera o la primera del verano. Un escalofrío la recorre mientras su mente se entretiene jugando con este pensamiento. Decide prestar atención.

Ve cómo el sol asoma con timidez desde detrás de los últimos restos de unas nubes que parecen querer volar junto con la brisa a algún lugar tan lejano como al que ella ha soñado también con volar. Puede sentir la calidez de sus rayos sobre la piel desnuda de sus brazos, otorgándole un poco de calma después de haberse erizado tras el escalofrío anterior. Un pequeño pájaro canta ajeno a su presencia desde una de las ramas más bajas del álamo que está a sus pies, mientras ella ve cómo las más altas intentan rasgar los últimos retazos de nubes que aún enmarañan el cielo en un día como aquel.

Sus pies descalzos juguetean con el césped, cuyas hojas, unas más altas que otras, le cosquillean entre los dedos con una frescura propia del comienzo de la primavera a pesar de que esta está ya tocando su fin. Tréboles, pequeñas flores de colores, orgullosas margaritas y una pequeña mariquita se cruzan en la línea de su mirada, prácticamente a ras de suelo. Sus manos se dejan caer también sobre la hierba y sus trémulos dedos arrancan sin pensarlo un pequeño trébol que, sin duda, había esperado y merecido tener una vida un poquito más larga, condenado a una muerte segura entre aquellos finos dedos de tacto frío.

Todo a su alrededor muestra una calma que debiera haberla contagiado, pero ese día no encuentra sosiego posible. Vuelve a echar un vistazo a su alrededor y, de pronto, encuentra la causa de su desazón. Amelia está sola. No sobre el césped, sino sola en la vida, rodeada de malas hierbas sobre las que no crece ningún trébol de cuatro hojas ni tan siquiera una solitaria margarita impar.

Ana Centellas. Junio 2019. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Miércoles de poesía: “Sentimientos XI”

Miércoles de poesía: “Sentimientos XI”

Sentimientos

XI

Siente que el frío se cuela
por todas aquellas rendijas
invisibles
que trató de dejar cubiertas,
selladas,
protegido con su cobija
tejida en verano al sol,
para evitarse la muerte
a manos del desconsuelo
que el invierno le traerá.

Algo ha fallado en la tela
que permite que entre el frío,
árido,
y penetre con su espada
cruel
hasta el mismo centro oculto
del sentimiento escondido
que aún recuerda aquellos días
en los que latía con fuerza,
en los que se sentía vivo.

Siente próximo el desenlace
del tiempo que le fue dado,
prestado,
y apura sus últimas horas
en silencio
soñando con ser más fuerte,
con poder ser inmortal,
con ganarse el privilegio
de poder seguir viviendo
por toda la eternidad.

Sentimientos que son sueños
cuando el frío muerde ya.

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

Sentimientos by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

A letras con los lunes: “Náufragos”

A letras con los lunes: “Náufragos”

Náufragos

Náufragos,
es lo que somos,
frente a las costas del miedo,
que buscan en tierra extraña
una oportunidad en su vida,
aquella que no tuvieron.
Nos asimos a las rocas
-con manos, uñas, con dientes-
de la desesperación,
tratando de alcanzar la orilla
antes de que sople el viento
y las corrientes nos lleven
a un punto de desencuentro.
Levantamos nuestras manos
para que alguien nos vea
y nos lance un cabo de cuerda
que cambie nuestro destino,
que diga que no hemos muerto.
Polizones de la vida,
estraperlo de los años,
que tan solo somos eso,
somos náufragos,
buscadores de los sueños.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

Náufragos by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

El relato del viernes: “Caída libre”

El relato del viernes: “Caída libre”

Caída libre

Sentía los efectos que sobre mi cuerpo tenía la caída libre, pero, aun así, no tenía ningún temor. Ni rastro de miedo se apoderaba de mí mientras caía por aquella extraña espiral en la que las letras y los números eran los protagonistas de un ordenado desfile que me acompañaba en mi descenso. Podía sentir cómo mi cuerpo giraba y giraba en compañía de todos aquellos signos que me eran tan familiares y que desde hacía tanto tiempo parecían haberme dejado en el abandono. Solo podía sonreír mientras caía junto a ellos, tomando una letra de aquí, un número de allá, hasta que, entre todos, formaron una bonita historia. La mejor de las que había podido escribir hasta entonces. Lástima que cuando mi cuerpo se desplomase contra el suelo no fuera a quedar ni rastro de ella.

Este pensamiento se cruzó de una manera fugaz por mi mente mientras el vértigo de la caída me sacudía hasta las entrañas, haciendo que corazón y estómago intercambiasen de manera temporal sus posiciones. Sin embargo, seguía sin sentir miedo, aunque sabía que, cuando llegase al suelo, con total seguridad mi vida terminaría para siempre. Sentía como si todas aquellas letras me arrullasen en mi caída y fueran capaces de, entre todas, formar un mullido colchón sobre el que fuesen a parar mis viejos huesos. En cierto modo, así era, me sentía arropado por todas ellas y, queriendo disfrutar de aquella magnifica sensación y sin querer pensar en nada más, cerré los ojos y me dejé llevar.

Los abrí sobresaltado, a pocos centímetros de estamparme contra el suelo de un lugar desconocido, cuando ya pensaba que las muy traicioneras me iban a fallar también en aquel momento en el que tanto las necesitaba. La pantalla del ordenador brillaba frente a mí tal y como llevaba haciendo durante toda la mañana. Continuaba mostrándome aquella cruel hoja en blanco en la que el cursor parpadeaba en un guiño desesperado a mi escasa imaginación. Volví a cerrar los ojos durante unos segundos.

Allí estaban, todavía a mi alrededor, todas aquellas letras que en mi extraño sueño habían formado para mí una historia que había querido esfumarse durante el último momento. Volví a abrir los ojos con una sonrisa. Mis manos ya estaban en sus puestos, más que dispuestas para comenzar a teclear aquella historia que ahora había quedado grabada en mi mente, formada por todas las grafías escurridizas que me habían acompañado en la caída. Comenzaría por el título. Caída libre.

Ana Centellas. Junio 2019. Derechos registrados.

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*Imagen tomada de la red (editada)

Miércoles de poesía: “Sentimientos X”

Miércoles de poesía: “Sentimientos X”

Sentimientos

X

Ahora teje el sentimiento
con cierta melancolía
una cobija
de suave lana cardada,
sublime,
en la que poder guarecerse
del otoño que le ronda
sin conceder ni una tregua,
para guardar los ardores
del tiempo que ya pasó.

Envuelto en el tul tejido
se adormece y se acomoda,
aún tibio,
descansa con el aliento
tenue
de saberse protegido
de todas las inclemencias
que pudieran ocurrirle
en su era enmohecida
por la lluvia de su lacrimal.

Así se duerme arropado,
acurrucado en su olvido
temprano,
mientras disfruta su siesta
otoñal,
ajeno a los crueles fríos
que le acechan a escondidas
entre las ramas doradas
que destellan e hipnotizan
cuando reflejan el sol.

Sentimientos sosegados
en el ocre del hogar.

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

Sentimientos by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

A letras con los lunes: “Penitencia”

A letras con los lunes: “Penitencia”

Penitencia

Se escucharán los aullidos
que al silencio de la noche
lance mi cuerpo maldito
para cumplir el castigo
que merezco por vivir,
mientras me fumo la niebla
que me recorre las venas
y la convierto en silencios
disfrazados de alaridos
que volarán con el viento
hasta que mis propios oídos
dejen de una vez por todas
de escuchar algún sonido.
Vestirán de rojo intenso
las sombras que en mi agonía
recubrirán mis costados
para que cumpla con creces
la penitencia auto impuesta
en el letargo de un día
en que me creí morir.
Saldrán todos mis fantasmas
a recrearse en la escuela,
a pasear por mis limbos
de eternas noches de alcohol
y reconoceré en mis noches
la sombra de esa gran duda
que planea por mi mente
dejando morir mi cuerpo
en un orgasmo infinito
que solo podré otorgarme yo.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

Penitencia by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen tomada de la red (editada)