Los 52 golpes – Golpe #51 – “Nadie”

Los 52 golpes – Golpe #51 – “Nadie”

Nadie

Siempre supe que no iba a ser fácil. Desde pequeñita, tuve un sexto sentido que me indicó que la vida, en realidad, no era aquella situación de fantasía y felicidad en que me encontraba inmersa, rodeada siempre de sonrisas y juegos. Algo en mi interior me decía que, cuando creciese, la cosa iba a cambiar hasta tal punto que iba a encontrarla casi, casi, insufrible.

Comencé a preguntar a los mayores. A veces, los veía preocupados sin una razón aparente y no fueron pocas las ocasiones en que, de vez en cuando, encontraba a alguno de ellos llorando a escondidas. Incluso mi padre, mi gran ejemplo de fuerza por excelencia, fue incapaz de evitar que, en alguna ocasión, viese cómo alguna lagrimilla errante se desplazaba sin querer por sus mejillas.

Poco a poco, fui consiguiendo que me contaran, aunque solo fuese a grandes rasgos, en qué consistía aquello de hacerse mayor. Entre lo que me decía uno y lo que me decía otro, logré llegar a hacerme una idea aproximada de lo que me esperaba, así que, cuando maduré, casi de golpe y sin apenas darme cuenta, estaba en cierto modo preparada para ello.

Superé con éxito muchos de los primeros escollos que encontré en mi camino. No derramé ni una sola lágrima cuando mi primer amor; aquel que, en mi todavía ingenuidad, había pensado que duraría toda la vida, se esfumó delante de mis ojos como por arte de magia. Afronté con entereza los duros años en los que nadie apostaba ni un céntimo por mí, hasta que, al fin, llegó la tan ansiada oportunidad laboral que andaba buscando. El mismo aplomo me acompañó incluso en los difíciles momentos en los que tuve que hacer frente a la pérdida de un ser querido. Todos se maravillaban con mi capacidad de adaptación a las circunstancias, considerándome más madura incluso de lo que se suponía que debía ser.

Sin embargo, hubo algo que nunca nadie había tenido en cuenta a la hora de explicarme qué supondría para mí hacerse mayor. Algo que me marcó y de lo que, bastantes años después, aún sigo tratando de recuperarme. Algo que, cada vez que lo recuerdo, hace que me suma en un estado de shock alarmante, incluso para mí. Y es que nadie me preparó para el horroroso momento en el que me llamaron por primera vez… señora.

Ana Centellas. Diciembre 2018. Derechos registrados.

https://www.copyrighted.com/works/view/V2NdgsE6Ufwr6rhA

*Imagen tomada de la red (editada)

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Reto literario: “Un trabajo por la felicidad”

Reto literario: “Un trabajo por la felicidad”

Un trabajo por la felicidad

Soy músico. Bueno, realmente no, porque lo cierto es que no sé tocar ningún instrumento. En realidad, soy compositor, escribo canciones para los demás. Ahora que lo pienso, si escribo música, entonces soy músico, ¿no? Pues eso, lo dicho, soy músico.

Siempre he creído que la música nos acerca a la felicidad, así que no puedo imaginar algo mejor en lo que trabajar. ¿Vosotros sí? Yo creo que no, yo trabajo por la felicidad.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

Un trabajo por la felicidad by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de febrero, del blog de Adella Brac. Las palabras de este mes son: canciones, felicidad, trabajar.

Revista Zarabanda Enero 2019

Revista Zarabanda Enero 2019

¡Buenos días! Un mes más me gustaría acompañaros con mi colaboración con la revista local Zarabanda correspondiente al mes de enero. Podéis acceder al contenido completo de la misma en este enlace.

Este mes tocó un poquito de poesía. Espero que os guste.

Despierta

Despierta.
Abre los ojos al mundo
que te quiso hacer feliz.
Aspira cada mañana
el aroma de tus sueños
y verás que en un momento
se pueden tornar realidad.
Saluda al sol que te brinda
cada mañana un suspiro
aunque las nubes lo oculten
tras un velo de ansiedad.
Cree en ti como si fueras
el héroe de mil batallas
disputadas sin honores
bajo un cielo que no es gris.
Conviértete en el piloto
que maneja tu destino
y disfruta del viaje
que darás en torno al sol.
Ríe, canta, baila, vive,
sin perderte ni un momento
de la fiesta a que acudiste
sin tener invitación.
Pero, sobre todo, despierta.
Abre los ojos al mundo
que respira para ti.
Despierta.
Los sueños están ahí afuera.

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

https://www.copyrighted.com/works/view/ANn7nyJjVXTiPFx1

*Imagen tomada de la red (editada)

Los 52 golpes – Golpe #48 – “Celos (III)”

Los 52 golpes – Golpe #48 – “Celos (III)”

Celos (I) Celos (II)

Celos (III)

Llegó un momento en que a duras penas lograba soportar la situación. De entre todas las personas que hay en el mundo, había conseguido establecer una relación sentimental con las dos más celosas que había conocido jamás. Me llegaban los reproches de todas partes. Durante el día, Fabián me torturaba en la oficina con su insistencia para que dejase a Anais y compartiese mi vida con él. Cuando llegaba la noche era aún peor. Regresaba a casa y mi compañera olisqueaba hasta mi ropa en busca de algún perfume ajeno. Llegué incluso a plantearme con seriedad el hecho de romper con los dos.

Entonces fue cuando se me ocurrió la brillante idea. Pasó por mi mente como una estrella fugaz que iluminó todo a su paso y se presentó como la solución a todos mis quebraderos de cabeza. A partir de aquel momento, enfoqué todos mis esfuerzos en hacer realidad lo que había ideado: que Fabián y Anais se conocieran. Si lo hiciesen, estaba convencida de que todo iría sobre ruedas. Llegué incluso a fantasear con una relación en la que los tres fuésemos piezas clave, viviésemos juntos y tuviésemos, juntos también, el mejor sexo que hubiese sido capaz de imaginar. Había quedado en el olvido la experiencia que tuve con Javier.

Ahora, no sé por qué, ya no me parece tan buena idea. Quizá sea por la actitud hostil que ha adoptado Anais desde que ha entrado por la puerta y ha visto a Fabián acomodado en su sillón favorito. O quizá sea por la actitud tan apocada que ha tomado Fabián ante la presencia de Anais. A pesar de que la reacción de ambos ha sido exactamente la que me esperaba, al vivir la situación he comprendido que el cuento que había imaginado no iba a tener nada que ver con la realidad. Tomo aire en profundidad y comienzo con las presentaciones.

La cena no está yendo tan mal como había imaginado hace unos instantes. Es más, parece que al final incluso han congeniado. Yo era consciente de la cantidad de intereses que tenían en común, pero, si soy sincera, no me esperaba que conectasen tan bien en tan poco tiempo. Quizá hayan tenido algo que ver las copas de vino que les serví mientras terminaba de preparar la cena para que fueran limando asperezas. Y vaya si las han limado. De hecho, no me están haciendo ni caso ninguno de los dos. Llevan como media hora hablando de filosofía, un tema que a los dos les interesa mucho y del que yo no tengo ni idea. He intentado intervenir un par de veces con algo de humor y la mirada de reproche que me han lanzado los dos ha sido tremenda.

Así que aquí estoy, viendo cómo Fabián y Anais se lo pasan estupendamente bien sin mí, mientras devoran la cena que yo me he encargado de preparar y vacían las botellas de vino que se han llevado casi la mitad de mi sueldo de un mes. Incluso parece que se están acercando un poco más de la cuenta, ¿no? Ay, ay, ay… a ver si ahora va a resultar que la celosa soy yo… ¿Qué es esto que siento, si no? No me había sentido así jamás.

El reloj roza ya la medianoche y mis dos queridos amantes deciden salir a tomar una copa. ¡Sin mí! ¿Qué os parece? Que muchas gracias por haberlos presentado, me dicen. Aquí me quedo, sola, aferrada a una enorme terrina de helado de chocolate con nueces y la última botella de vino bien cerquita. Y ahora es cuando me pregunto, ¿será esto lo que llaman por ahí karma?

FIN

Ana Centellas. Noviembre 2018. Derechos registrados.

https://www.safecreative.org/work/1811169062735-celos

*Imagen tomada de la red (editada)

Revista Intropia Nº24 Diciembre 2018

Revista Intropia Nº24 Diciembre 2018

Como en meses anteriores, os traigo el nuevo número de la revista Intropia nº 24, correspondiente al mes de diciembre. Como siempre, tras la mano de la genial Isabel di Vinci, sale a la luz un nuevo ejemplar de la revista con unos muy interesantes contenidos y un diseño espectacular. Podéis acceder al contenido de la revista en este enlace.

Y para no perder la costumbre, os traigo hasta aquí mi colaboración, que espero que os guste.

Diciembre no es más que una hoja en el calendario

Pasa el tiempo volando sobre nuestras vidas, mientras nosotros, absurdos humanos inhumanos, morimos poco a poco tratando de vivir. Obviamos las cosas importantes, las que deberíamos tratar como prioridad, y dedicamos ingentes esfuerzos en aquellas que solo nos reportan bienestar material. Miramos hacia otro lado ante todo aquello que pueda hacernos algún daño, no vaya a ser que la consciencia arruine nuestro perfecto mundo construido a base de inestables naipes jugados en una partida perfecta.

Así, viendo sin querer mirar, oyendo sin querer escuchar, vamos dejando pasar la vida, una función perfecta tutelada bajo el mejor de los maestros de orquesta. Pero nuestra música no suena, queda apagada por la sordina de las rutinas egoístas y vacías. Solo unos pocos se atreven a emitir su melodía, para observar con absoluta indefensión cómo los demás miembros de la sinfónica solo consideran que están haciendo lo que aquellos creen que sería ruido, un ruido incómodo, molesto y dañino para la silenciosa banda sonora de sus anodinas vidas.

Entonces, llega un día, uno cualquiera, uno más en el frenético devenir de las funciones orquestadas bajo vestidos de tiros largos y aforos completos, en el que, de pronto, la música comienza a sonar. Y todos, músicos y espectadores, se alzan en pie y entonan al unísono la más bella de las melodías. Sus voces y sus músicas se elevan hacia el cielo y quieren ser escuchadas, necesitan ser oídas. Voces de diferentes tesituras que proclaman el mismo cántico, de paz, de armonía, de felicidad.

De pronto, cual si de una carrera se tratara en lugar de una banda orquestal sincronizada, el día primero del mes de diciembre es cuando claman todas las voces juntas, en un revuelo de algarabía e ilusión. Gritos de paz, de solidaridad con un prójimo hasta entonces ignorado, buenos deseos que vuelan de hogar en hogar, que esperan cumplirse con devoción. Parece que la caridad envuelve las calles, las sonrisas, los abrazos se prodigan con efusividad durante treinta y un días, quizás alguno más, en un intento de compensar el resto de días del año, que quedaron atrás en la más absoluta indiferencia.

Y yo me pregunto, ¿acaso no os dais cuenta de que diciembre no es más que otra simple hoja en el calendario?

Diciembre no es más que una hoja en el calendario by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Khaled

Khaled

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

Khaled

Entre losescombros de lo que un día fue su escuela, Khaled se sienta en el suelo y juegaa amontonar piedrecitas. Las amontona con las manos sucias y, cuando la pilaestá haciendo equilibrios a punto de derrumbarse, las derriba con un golpe demisil improvisado con el brazo derecho. Hace tiempo que ya no puede ir a laescuela, pero el pequeño sigue acudiendo día tras día, para mantener vivo elrecuerdo de lo que una vez fue algo de felicidad.

Quedapoca gente en el pueblo, medio derruido y falto de alegría. Muchos murieron,otros muchos huyeron en busca de una nueva vida alejada de la guerra y eldesastre. A los que quedaron allí, rara vez se les puede ver esbozar unasonrisa. Khaled juega solo, apilando los escombros de su escuela una y otravez.

Seescucha un estruendo en la distancia. Khaled, sin alterarse, alza la mirada desu juego para ver la gran nube de polvo levantada por algún misil. El cielo havuelto a iluminarse otra vez. Como cada día. Con calma, el pequeño lanza denuevo su brazo para hacer caer una torre de piedras más.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

No nos queda ni París

No nos queda ni París

Os dejo con una de mis últimas colaboraciones con la fantástica página de escritores El Poder de las Letras. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

No nos queda ni París

Se murieron las promesas que algún día nos hicimos, se quedaron enterradas para siempre en un cajón junto con aquellas cartas mojadas por el olvido, donde las palabras, por estar escritas, parecían resultar eternas. Qué ingenuos fuimos al creer en una perpetuidad que resultó ser tan efímera como la estela que queda en el cielo tras el paso de una estrella fugaz.

Ya ni siquiera nos quedan los rincones que nos vieron abrazados por las calles de París. Se quedaron congelados por el tiempo, a la espera de otros besos que derritan la escarcha acumulada en los balcones a causa de la frialdad que nació entre los dos. Cuántos abrazos quedaron extraviados en las calles del descuido, cuántas risas apagadas al tiempo de caer el sol.

Dónde quedaron las ganas de viajar al fin del mundo subidos en un trineo a la velocidad de la luz. Las auroras boreales no se creerán la leyenda que cuenta que hubo un tiempo en que tú y yo creímos en el amor. Y nos perdieron de vista las calles de Nueva York, las de Estambul, las de Venecia, hasta la más pequeña isla que había en los mares del sur. Igual que nosotros, perdidos, sin ninguna posibilidad de aproximación. Tan perdidos que, a estas alturas, no nos queda ni París.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

https://www.copyrighted.com/works/view/qSr0ZIMNg8QeZnjH?ref=registered

*Imagen tomada de la red (editada)