A letras con los lunes: “Te llevaré a un mundo mágico”

A letras con los lunes: “Te llevaré a un mundo mágico”

Te llevaré a un mundo mágico

—¡Qué bien que estés esta noche conmigo, Marta! Ya podían tus padres salir más a menudo. ¿Querrás que durmamos juntas?

—¡Claro que sí, abuela! Pero, primero, voy a llevarte a un mundo mágico.

—¿Sí?

—¡Sí! ¡Mi mamá me lleva todas las noches!

—¿Ah, sí? ¿Y cómo lo harás, Martita?

—Tú siéntate, ponte cómoda y relájate, abuela, que voy a sacar de mi mochila el libro de cuentos.

Ana Centellas. Febrero 2019. Derechos registrados.

Te llevaré a un mundo mágico by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen tomada de la red (editada)

A letras con los lunes: “Autocomplacencia”

A letras con los lunes: “Autocomplacencia”

Autocomplacencia

Siento que los escalofríos que recorren mi cuerpo
durante toda la noche antes de la salida del sol
convulsionan y agonizan ante el calor de un recuerdo
que va derritiendo a su paso el hielo que me cubrió.
Suaves manos que en penumbra vuelven a recorrer mi piel
y despiertan los instintos que quedaron adormecidos
y encallados en el hielo que a simple vista era solo
la punta de un iceberg.
Y al calor de la memoria se van incendiando las pieles,
manos cobran vida propia para explorar los rincones
que algún día recorrieron las manos de los recuerdos,
se sumergen en pasado para evocar aquel éxtasis
que hace tiempo que murió.
Y el anhelo por el gozo de aquel remoto placer
funde el hielo sobre el lecho,
remite el escalofrío
y da paso a los estertores de la autocomplacencia
a falta de pocos minutos para el nacimiento del sol.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

Autocomplacencia by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)

A letras con los lunes: “A escasos milímetros”

A letras con los lunes: “A escasos milímetros”

A escasos milímetros

Paseas con suavidad tu dedo por mis labios entreabiertos, acariciándolos, quemándolos con la yema de tu pulgar, mientras veo cómo te acercas a ellos hasta quedarte a escasos milímetros. Siento tu aliento recorrer mi piel, mi boca, adentrarse en mi interior y la flama que provocas en mí sería suficiente para hacer arder este maldito cuarto que nos cobija.

Te mantienes ahí, distante, provocándome, haciéndome sufrir con la intensidad de tu mirada, con la calidez húmeda de tu aliento insolente y con la exquisitez del danzar de tu dedo por mis labios. Me quedo sin resuello con la mirada perdida en la lejana cercanía de tu boca, anhelando ese beso, lento y profundo, que sé que no llegará. Aún no.

Acabas de convertirnos en un juego, lo sé. Uno que solo finalizará cuando uno de los dos pierda la partida, cuando se rinda a la evidencia del deseo que nos urge a ambos desde que nuestras manos se rozaron hace unos instantes y prendió la chispa incendiaria que ahora amenaza con quemarnos juntos. Un juego en el que, tal vez, lleve todas las de perder. O no.

Y tú sigues manteniéndote ahí, en el mismo punto exacto, a escasos milímetros de mi boca, sin terminar de recorrer la distancia que nos llevaría a arder de inmediato. Y tu pulgar sigue ahí, rozándome los labios, mientras mi respiración convulsiona a cada segundo que pasa y los primeros gemidos de anticipación salen huérfanos al silencio de la noche fría.

Mis fuerzas flaquean, cierro los ojos y dudo si rendirme o hacerte creer que me has vencido. Mi lengua toma la decisión por mí, ambigua, y se escapa de mi cavidad bucal para salir al encuentro de tu dedo, ansiosa por recorrerlo, humedecerlo, succionarlo. Y yo, rendida por completo, dejo volar mi imaginación al compás de mis gemidos hacia otras zonas de tu cuerpo que me gustaría recorrer con la lengua con más fruición que tu pícaro dedo.

A escasos milímetros de tu boca el aire quema, el sonido baila, los cuerpos se hacen agua y la imaginación resbala.

Ana Centellas. Octubre 2018. Derechos registrados.

A escasos milímetros by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen tomada de la red (editada)

Miércoles de poesía: “Sentimientos (II)”

Miércoles de poesía: “Sentimientos (II)”

Sentimientos

II

Al querer el sentimiento
aflorar bajo la piel caliente
de su cobija,
se detiene temeroso,
inanimado,
al comprobar desolado
que aún se mantiene el frío,
que el hielo aún no derrite,
que le fallan aún las fuerzas
para brotar en su esplendor.

El triste envase del cuerpo
que porta tan guarecido
al sentir
se amilana en sus adentros,
pavoroso,
incapaz de mostrar al mundo
la fuerza que lleva dentro,
escondiendo bajo el alma
la sonrisa perezosa
que ya brota en su interior.

Una vez más queda cautivo
del frío cuerpo dormido
el sentimiento
que tanto pujaba por florecer,
caprichoso,
inocente cual un niño
que quiere salir al frío
sin bufanda y sin mitones
y es frenado en su huida
por la mano de un mayor.

Sentimientos guarecidos
que aún no brotan al exterior.

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

Sentimientos by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

A letras con los lunes: “Germinación”

A letras con los lunes: “Germinación”

Germinación

Hacía meses que tenían que haber nacido, tantos, que ya nadie se acordaba de ellas. Quedaron olvidadas sin remedio, a la intemperie, relegadas a un oscuro rincón donde el frío y la oscuridad reinaban a sus anchas. Nadie se acordó de cuidarlas, de mimarlas, de aportarles un poquito de calor. Lejos quedaron la ilusión y las atenciones de los primeros días, cuando vivieron un sueño tan bonito en el que eran el centro de todo cuidado.

Eran varias y os puedo asegurar que todas, sin excepción, tenían miedo. Yo las acogía en mi seno con la mayor diligencia posible, con todo el cariño de que fui capaz, pero aquel invierno estaba siendo especialmente duro y una persistente sequía tampoco nos ayudaba nada. Aun así, en ningún instante tiré la toalla, pues sabía que en algún momento llegarían tiempos mejores. Como así fue.

La primavera llegó casi por sorpresa unas semanas antes de lo previsto, como si intuyese que de ella dependía la supervivencia de las pequeñas. Después de tantos días de frío intenso, aquella ligera subida de las temperaturas fue algo así como encontrar un oasis en un desierto. Los rayos de sol, aunque tenues y vergonzosos, llegaban hasta mí y yo los acogía a todos con agrado, procurando un ambiente más cálido para que ellas tuviesen un refugio un poco más acogedor.

A los pocos días ocurrió lo que llevaba tanto tiempo esperando. La llegada de las primeras lluvias supuso un punto de inflexión en todo aquel proceso de guarda y custodia al que estaba dedicada desde hacía meses. Las gotas caían sobre mí casi con ternura y yo me empapaba de ellas, las absorbía todas con esmero para que mis pequeñas tuviesen todo aquello que precisaban.

Yo guardaba nutrientes en mi interior, lo sabía. Los había estado almacenando durante todo este tiempo junto a ellas, en el lugar más resguardado y protegido del frío, para poder utilizarlos cuando llegara el momento. Y ya había llegado. Dejé que la magia se obrara.

Poco a poco, con timidez, los primeros brotes comenzaron a salir de mí, deseosos de que la luz del sol les diese un cálido baño después de tanto tiempo aislados en oscuridad. Animadas por estos, las demás hicieron lo mismo. Fueron perdiendo el miedo que las había arrinconado y saliendo a la luz, hasta que me cubrieron por completo. Nunca antes me había sentido tan bien, la sensación de bienestar en mí era plena.

No os podéis imaginar la alegría y el orgullo que sentí cuando María, la niña que las había depositado en mí tiempo atrás, me mostró su carita sonriente y, a voz en grito y con algarabía, le decía a su madre:

—¡Mamá, mamá! ¡Han brotado! ¡Las semillas que sembramos han brotado!

Hoy me siento verdaderamente como una madre: la madre tierra.

Ana Centellas. Enero 2019. Derechos registrados.

Germinación by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

El relato del viernes: “Abril”

El relato del viernes: “Abril”

Abril

Aún recuerdo el momento exacto en el que, acurrucados bajo las sábanas que hacía unos instantes habían sido testigos mudos de nuestro amor, decidiste cambiarme el nombre. Nuestra respiración todavía estaba desordenada, inhalábamos el aire con esfuerzo, como si acabásemos de ser arrollados por un tsunami desolador, y pequeñas gotas de sudor permanecían remanentes en nuestros cuerpos, ansiosas por mezclarse de nuevo en el crisol en que ambos nos convertíamos cuando nos dejábamos llevar por la pasión.

—A partir de ahora te llamaré Abril —dijiste, en un cálido susurro que me erizó la piel al instante, sin dejar de mirarme a los ojos, perdido en ellos como si hubieses sido víctima de un embrujo. Una vergüenza súbita se apoderó de mí tan pronto como pronunciaste aquellas palabras y, sin ni siquiera preguntarte el motivo de aquella decisión, la asumí y me acurruqué contra el calor de tu pecho, al amparo de aquel dulce ronroneo que surgía de tus adentros y del que, desde aquel momento, me sentiría una parte importante.

Abril. Desde aquel día me llamaste Abril. Y yo me sentí la lluvia que nos cubría a los dos cada mañana, que limpiaba nuestros cuerpos y refrescaba nuestras mentes cuando ambos abríamos los ojos a un nuevo amanecer. Me sentí el frescor que los dos necesitábamos para no caer en la desidia. Me sentí cálido refugio al que regresar siempre al final de cada día, el que guarece del frío y reconforta cuando lo sientes entre unos brazos que no son los propios. Me sentí la brisa fresca que te alborotaba el pelo y estiraba las comisuras de tus labios hasta deshacerte en sonrisas. Me sentí tisana ardiente en la que tú te sumergías al final de cada día para emerger renovado y siempre empapado en mí.

Aquella noche me llamaste Abril y, desde entonces, dejamos de caminar sobre el asfalto para hacerlo por grandes alfombras de encarnadas amapolas. Dejamos atrás el invierno para vivir en una eterna primavera.

Ana Centellas. Abril 2019. Derechos registrados.

https://www.copyrighted.com/works/view/NJEemO68oaBaa3Bc

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Miércoles de poesía: “Sentimientos (I)”

Miércoles de poesía: “Sentimientos (I)”

Sentimientos

I

Se cobijan los sentimientos
bajo una gruesa capa
de hielo
que aún no se derrite,
que permanece estática,
inalterable,
colgando de los flecos
que caen deshilachados
de un nuevo mes del año
tejido con desgana.

Sentimientos helados,
protegidos por fiel coraza,
como acero
forjado en la batalla,
inmunes
al lento devenir del tiempo
que cubre con su escarcha
los pensamientos vanos
de una mente ensimismada.

Dejadme que me guarde
el alma congelada,
insensible,
hasta que el amor vuelva,
cariñoso,
a hacer acto de presencia
en la primavera lejana
y se curen las heridas
bajo la cubierta helada.

Sentimientos helados
cargados de esperanza.

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

Sentimientos I by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License

*Imagen: Pixabay.com (editada)