A letras con los lunes: “Huellas”

A letras con los lunes: “Huellas”

Huellas

Pasó toda su vida tratando de dejar su huella. Una que fuese indeleble, imperecedera, que durase para siempre en el corazón de aquellos a quienes había querido.

Menos mal que no pudo ver cómo sus huellas se borraban con la primera ráfaga de viento que sopló tras su partida.

Ana Centellas. Octubre 2021. Derechos registrados.

Huellas por Ana Centellas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

A letras con los lunes: “Silencio”

A letras con los lunes: “Silencio”
Fuente: Pixabay

Silencio

En silencio, amaba el silencio. Todos la llamaron rara, por guardarse las palabras con que callaba las dudas que escribía con la bruna tinta de su corazón. Y, mientras todos parloteaban, ella se dedicaba a a encontrar respuestas.

Ana Centellas. Febrero 2021. Derechos registrados.

Silencio por Ana Centellas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

A letras con los lunes: “La siembra”

A letras con los lunes: “La siembra”
Fuente: Pixabay

La siembra

Cada uno cosecha lo que siembra, le dijeron. Y se lo tomó tan al pie de la letra que, junto al pequeño huerto de hierbas aromáticas, sembró corazones humanos. Estaba muy necesitado de amor.

Ana Centellas. Enero 2021. Derechos registrados.

La siembra por Ana Centellas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

A letras con los lunes: “Infidelidad”

A letras con los lunes: “Infidelidad”
Fuente: Pixabay

Infidelidad

La tacharon de infiel. Todos. Sus amigos, su familia, los vecinos. La señalaron con dedos acusadores y algunos, incluso, llegaron hasta a retirarle la palabra. Pero lo que nadie sabía era que ella tenía un concepto mucho más elevado de fidelidad. Se era fiel a sí misma. Siempre.

Ana Centellas. Noviembre 2020. Derechos registrados.

Infidelidad por Ana Centellas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

A letras con los lunes: “Regalo al viento”

A letras con los lunes: “Regalo al viento”
Imagen: Pixabay (editada)

Regalo al viento

Se lo entregaron al viento, envuelto en un cálido soplo, para que la última ráfaga lo hiciese llegar hasta el más alejado confín. Pero el viento, caprichoso, lo envolvió con hojas secas, le puso un lazo de olvido y, en un ágil remolino, lo dejó arrinconado, lejos de la luz del sol.

Fue el día en el que los hombres se quedaron sin amor.

Ana Centellas. Marzo 2020. Derechos registrados.

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A letras con los lunes: “Tránsito”

A letras con los lunes: “Tránsito”
Imagen: Pixabay (editada)

Tránsito

Uno, dos, tres, ya no me ves…

A los oídos de Judith llegaba con suavidad un sordo rumor de una musiquilla infantil mientras aferraba su pecho con las dos manos. Todos los sonidos que la rodeaban habían desaparecido para dejar paso únicamente a aquella canción que vibraba en la lejanía.

Cuatro, cinco, seis, nunca lo sabréis…

Las voces se habían vuelto cada vez más nítidas. Podía apreciar con claridad los cánticos agudos de varias niñas, como si estuvieran acercándose mientras reían y cantaban. Sus rodillas habían perdido toda su fuerza, dejándola caer contra el suelo mientras con una mano trataba de aferrarse a algo que nunca llegó a sostenerla.

Siete, ocho, nueve, Judith ya no se mueve…

Estaban allí. Ahora las podía ver con nitidez. Eran tres niñas las portadoras de aquellas voces. Judith las reconoció al instante. Habían sido sus compañeras en la escuela. Desaparecidas hacía varias décadas, nunca regresaron con sus familias y todo el mundo aventuró lo peor, a pesar de que jamás lograron encontrar sus cuerpos o su paradero. Y estaban allí…

—Bienvenida, Judith —le dijo una de ellas, dejando de cantar—. Te hemos echado de menos. ¿Juegas con nosotras?

Mientras, el cuerpo de Judith yacía, sin vida, en un rincón de la habitación.

Ana Centellas. Febrero 2020. Derechos registrados.

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A letras con los lunes: “En mi isla”

Fuente: Pixabay (editada)

En mi isla

Aquí, en mi isla, tengo todo lo que necesito para ser feliz. Aquí encuentro el sosiego, el cariño, las risas, la soledad cuando la necesito. Ahora es una isla, pero no siempre ha sido así. Algunas veces ha sido un pequeño pueblo perdido en las montañas. Otras, una gran ciudad repleta de gente. Ha habido veces en las que incluso ha llegado a ser un lejano planeta deshabitado. Sea como sea, lo que tengo claro es que este es mi lugar. Si algún día me perdéis de vista, ya sabéis dónde podéis encontrarme. Siempre estaré aquí, en mi pequeña isla, entre las páginas de un libro.

Ana Centellas. Enero 2020. Derechos registrados.

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A letras con los lunes: “Delirios noctámbulos”

Fuente: Pixabay

Delirios noctámbulos

Siempre preferí el cálido rubor encarnado del anochecer a la fría y flemática palidez que me aportaban los amaneceres. Quizá por eso siempre fui una persona nocturna, un crápula de la noche, que alcanzaba el éxtasis con la simple contemplación del lento y agónico extinguir del sol. Fue tan grande mi delirio por el ocaso, que fantaseaba con el mío propio, envuelto también en una cortina de tornasolada incandescencia en la que mi cuerpo trascendía al nirvana con una exquisita sonrisa de deleite.

Ahora que me encuentro envuelto en llamas, que las flamígeras lenguas del fuego pugnan por devorar hasta la última partícula de mi materia, solo puedo cuestionarme si no hubiese sido preferible vivir prendado de una sosegada y tibia alborada.

Ana Centellas. Enero 2020. Derechos registrados.

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Reto literario: “Adiós, abuelo”

Reto literario: “Adiós, abuelo”

Adiós, abuelo

Hoy se ha ido el abuelo. Se ha marchado sin hacer apenas ruido, llevándose consigo el cofre donde guardábamos nuestros sueños. No supe ver el reloj que medía el tiempo que nos restaba juntos, que dejaba caer de manera serena, pero sin pausa, la arena blanca y suave de algún que otro verano perdido.

Hoy se ha ido el abuelo y solo él y yo sabemos cuánto le voy a echar de menos.

Ana Centellas. Mayo 2019. Derechos registrados.

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Microrrelato para el Reto escribir jugando del mes de mayo de nuestra compañera Lídia Castro, basado en la siguiente imagen

Khaled

Khaled

Aquí os dejo con una de mis últimas aportaciones a Desafíos Literarios, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

Khaled

Entre losescombros de lo que un día fue su escuela, Khaled se sienta en el suelo y juegaa amontonar piedrecitas. Las amontona con las manos sucias y, cuando la pilaestá haciendo equilibrios a punto de derrumbarse, las derriba con un golpe demisil improvisado con el brazo derecho. Hace tiempo que ya no puede ir a laescuela, pero el pequeño sigue acudiendo día tras día, para mantener vivo elrecuerdo de lo que una vez fue algo de felicidad.

Quedapoca gente en el pueblo, medio derruido y falto de alegría. Muchos murieron,otros muchos huyeron en busca de una nueva vida alejada de la guerra y eldesastre. A los que quedaron allí, rara vez se les puede ver esbozar unasonrisa. Khaled juega solo, apilando los escombros de su escuela una y otravez.

Seescucha un estruendo en la distancia. Khaled, sin alterarse, alza la mirada desu juego para ver la gran nube de polvo levantada por algún misil. El cielo havuelto a iluminarse otra vez. Como cada día. Con calma, el pequeño lanza denuevo su brazo para hacer caer una torre de piedras más.

Ana Centellas. Septiembre 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)