Os acompañan mis letras

OS ACOMPAÑAN MIS LETRAS

Para este último miércoles de otoño, he decidido traeros algo diferente. Esta tarde no os traigo ningún relato, aunque tenga guardaditos en el cajón. Hoy quiero despedir al otoño y darle la bienvenida al invierno con una serie de vídeo-poemas de mis letras, para que os acompañen en el tránsito. No os preocupéis que solo serán tres. Ahora sí que sí. ¡Ya llega la Navidad! Espero que os gusten.

Un poquito más de mí

Un poquito más de mí
Imagen propia

Fijaos qué idea más tonta he tenido, será que me sobra el tiempo jajajaja. Pero la verdad es que me apetece mucho y me parece una experiencia muy bonita el poder compartir con vosotros algo más sobre mí, aunque creo que ya lo debéis de saber todo… o casi todo…

En primer lugar, lo primero que os quiero contar es algo muy trivial, pero, por algún motivo que desconozco, me da una rabia tremenda. Lo voy a soltar así, de golpe, como quien no quiere la cosa, sin anestesia, esperando que nadie se sienta ofendido:

Sí, lo confieso delante de todos vosotros: odio que me llamen Anita. Siempre he tenido una especial tirria a ese nombre y, aunque hay determinadas personas muy especiales a las que se lo permito, que son muy pocas y contadas con los dedos de una mano, aunque no os lo diga lo odio, y de qué manera.

Quizá ahora pueda resultarme ridículo utilizar ese diminutivo para mi nombre, ya que alcancé la tan temida cuarentena y, oye, no se está tan mal, pero que me llamen Anita a mi edad parece que me chirría un poco. Aunque lo cierto es que es algo que vengo arrastrando toda la vida, era oír decir Anita y mi mente, rauda y veloz cual centella (fijaos qué bien hilado, ¿eh? jajaja) en el cielo, respondía con acento de retintín, Anita dinamita. Jajajaja.

Os invito y os pido por favor que me llaméis Ana, Anuski, Anuchi… como prefiráis, pero siempre mejor que Anita

Así que, como  alguien vuelva a llamarme  Anita, tarde o temprano, ¡tarjeta roja y expulsión! Jajajaja, es broma.

Esto es todo por hoy, la semana que viene más. Y lo cierto es que me siento como en una partida de streap-póker, hasta que me quede sin prendas que me cubran, y me muestre tal cual soy. Al natural.

PD: A raíz de mi entrada de hace unos días, en la cual realizaba un ejercicio literario que trataba sobre tu vida diez años después, he recibido bastantes felicitaciones por mi cumpleaños. Os lo agradezco de corazón, en serio, pero solo quiero aclarar una pequeña cosa:

UN POQUITO MÁS DE MÍ

¡Era solo un ejercicio! Si todo lo que escribo estuviese basado en mi realidad, apaga y vámonos, jajajaja. Y es que, por si no tuviera yo suficiente con la crisis de los 40, que me echéis 50 ya es para ponerse a llorar directamente…

Así que repetid conmigo: Te llamas Ana y tienes 40 años, te llamas Ana y tienes 40 años…

Sorpresas: Un pequeño adelanto, porque no me aguanto

Sorpresas: Un pequeño adelanto, porque no me aguanto

UN PEQUEÑO ADELANTO.pngLa semana pasada os contaba acerca de una serie de cambios que iba a introducir en mi vida, en mi actividad y que tenía todas mis ilusiones puestas en ellos.

Poquito a poco iréis viéndolas, pero la más importante de ellas es esta, que lo he intentado, de verdad que lo he intentado, pero es que no me aguanto.

En la foto de arriba veis una pequeña muestra de lo que me traigo entre manos. Y sí, el pasado lunes firmé mi primer contrato de edición. No sé qué saldrá de todo esto, quizá sea una gran locura, pero al fin me tiré a la piscina, que hacía tiempo lo tenía que haber hecho. Y hasta aquí puedo leer…

Y, por supuesto, más proyectos, colaboraciones e ideas que me bullen en mi loca cabecita.

Prometo manteneros informados. ¡Muchísimas gracias por todo el apoyo mostrado en estos días! ¡Mil besos!

Preparando sorpresas, ¡qué ilusión!

Preparando sorpresas, ¡qué ilusión!


Aunque parezca que estoy de vacaciones, ya veis que no, que sigo aquí al pie de cañón todos los días. Y aunque estoy disfrutando de largos descansos, que bien hacían falta, estoy trabajando en segundo plano en algo que es muy especial para mí.

De momento, vamos ampliando colaboraciones, ya iréis viendo. Pero para después del verano, os traeré una sorpresa que a mí, personalmente, me hace mucha, mucha, mucha, pero que mucha ilusión. Y a mi padre más, jajajaja.

Hasta aquí puedo leer, pero de verdad espero que os gusten todas las novedades que se avecinan, y espero seguir contando con todo vuestro cariño y apoyo, como hasta ahora. 

Parar, no paro. Pero con calma y mucho amor. 

Seguiremos informando…

CONTINUARÁ…

Sunshine Blogger Award

Silvia

SUNSHINE BLOGGER AWARD.png

De la mano de mi queridísima Silvia, me llega este premio que no tengo más que agradecer y agradecer. Yo, novata completamente por estos lares, estoy encontrando personas estupendas con infinidad de recursos geniales que te hacen la vida más fácil.

Imagino que ya conoceréis todos a Silvia, pero por si hay por ahí algún despistadillo, os recomiendo indiscutiblemente que os paséis por su blog, que os llenará el corazón de alegría, risas, poesías preciosas, relatos estupendos… todo ello se da cita en el blog de mi queridísima Silvia.

Creo que en algún momento me ha llegado alguna otra nominación de este tipo, pero el lío cotidiano hay veces que no te deja llegar a todo lo que quisieras, así que no me lo tengáis en cuenta, por favor, y desde aquí os hago llegar mi más sincero agradecimiento por ello. ¡Me hacéis super feliz!

Y en cuanto a nominaciones… Daros todos por nominados, todos esos blogs increíbles que visito cada noche… Nunca me pasa el día sin pasar por todos y cada uno de vosotros, y si no os dejo un comentario es porque el wordpress no me lo ha mostrado, que ya me ha pasado en alguna ocasión… Todos, todos, todos vosotros, sois merecedores de este premio. Así, que con todo mi cariño, ¡va por vosotros!

Aprovecho para desearos que tengáis una semana fantástica, llena de emociones, cosas positivas y alegría, mucha alegría.

¡Se os quiere a todos! ¡Besos!

Atrévete con “A este lado del Estrecho”

¿Quién no querría perderse en el paraíso natural de la playa de Bolonia? Adéntrate en las páginas de “A este lado del Estrecho” y lo descubrirás… ¡Animaros a hacer realidad mi sueño!

Puedes conseguirla en Amazon, pinchando en el siguiente enlace:

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SINOPSIS

Marina lleva una vida rutinaria con su novio de toda la vida, Hugo, en la que se ha acabado la pasión. Se acercan las vacaciones y piensa utilizarlas para darle la chispa que le falta a esa relación. Pero en el último momento, Hugo le deja plantada por una oportunidad laboral de oro. En ese momento, Marina abre los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sentido continuar así… Así que inicia un viaje hacia el paraíso, la playa de Bolonia, en Cádiz, donde su madre se enamoró de su padre durante unas vacaciones y fruto de su amor nació ella. Aunque la separación tras las vacaciones hizo que sus padres nunca se volvieran a encontrar. Un recorrido precioso por ese maravilloso rincón del sur de España, donde Marina conocerá a una persona muy especial, Víctor, que hace que su vida dé un giro radical. ¿Queréis saber lo que ocurre entre Marina y Víctor? ¿O si volverá con Hugo? ¿Cuál será el giro que da la vida de Marina? ¿Qué sorpresas les tiene preparadas el destino? Adéntrate con Marina en el paraíso, y descubre todo eso y más. Seguro que no querrás volver a salir.

La pasada semana os dejaba como adelanto el capítulo 1, a continuación os ofrezco el capítulo 2:

  1. La ilusión

48 horas antes

Jueves, 2 de julio de 2015. Madrid.

  • – ¡Mírala qué contenta viene hoy! ¡Cómo se nota que mañana te vas de vacaciones, jodía!

Marina dedicó su sonrisa más radiante a su compañera Carla. Llevaba varios años trabajando en el departamento de contabilidad de una empresa constructora y le conocía desde que entró. Desde el primer momento supo que serían buenas amigas y siempre que podían se escaqueaban un ratito juntas a tomar un café o para comer. Carla trabajaba en la recepción y aquel día estaba guapísima con un veraniego vestido de tirantes que habían comprado juntas el día anterior.

No podían ser más distintas. Mientras que Carla era un bellezón en toda regla, alta, rubia, super estilizada, con unos preciosos ojos azules, Marina se consideraba una chica del montón, no muy alta con su apenas metro sesenta y cinco, con el cabello y los ojos castaños, aunque también era consciente de que si se esmeraba un poquito también podía atraer bastantes miradas del género masculino.

Habían hecho amistad tan rápidamente que a las dos semanas de conocerse Carla ya participaba de la noche de chicas de los jueves. Esa noche era sagrada para Marina, todas las semanas sin faltar ninguna salía a cenar y a tomar unas copas con Sofía y Elena, sus amigas de toda la vida. Habían crecido juntas en el barrio, había ido al colegio y al instituto juntas y, hasta el día de hoy, eran inseparables. Inmediatamente aceptaron a Carla como una más del grupo.

  • – ¡Ni te imaginas las ganas que tengo! – Los últimos meses en la oficina habían resultado agotadores y Marina necesitaba imperiosamente un descanso. Incluso se le había resecado el cutis debido al estrés y había adquirido una sospechosa adicción a los tranquilizantes que tenía un poco preocupadas a sus amigas. – Estoy deseando poder pasar unos días a solas con Hugo, en el mar, no haciendo nada más que sombra y tomar mojitos. A ver si recuperamos un poquito de chispa…

Pensó en Hugo, su Hugo. Era su novio de toda la vida, como quien dice. Se conocieron cuando Marina tenía dieciocho años y él veinte. Ella ahora estaba a punto de cumplir los treinta y llevaba casi media vida con él. Hacía dos años que vivían juntos y, a pesar de que no habían cedido ante la insistencia de sus padres por que se casaran, Marina siempre había pensado que sería para siempre. Hasta ahora.

  • – Anda, súbete. – le animó Carla, sacándola de sus pensamientos. – Mr. Potato lleva ya un rato en su despacho gruñendo y ya me ha preguntado por ti un par de veces. ¡Ánimo, guapetona!, piensa que van a ser sólo dos días.

La expresión relajada de Marina cambió completamente. Mr. Potato era el nombre que ellas utilizaban para referirse a su jefe, el Sr. Díaz, como quería que le llamasen. Marina siempre pensó que era porque no quería que nadie utilizase su nombre de pila, Robustiano, ya que se avergonzaba de él. El señor Robustiano Díaz era un personaje curioso. Pasaba con creces de los cincuenta años y también de los cien kilos. Llevaba unas gafas de pasta negra horrorosas y todos los días sin excepción lucía una estrecha corbatita negra con rayas blancas. Ella nunca le había visto sin su sempiterno corbatín. Tenía la teoría de que a los burros se les hacía avanzar más dándoles palos que ofreciéndoles zanahorias, como se había encargado de recordarle en más de una ocasión, lo que se traducía en un humor insoportable y constantes gritos hacia Marina, así como en un nivel de exigencia desproporcionado. Para colmo de males, era soltero, y como no tenía a nadie esperándole en casa, las jornadas laborales se hacían interminables en demasiadas ocasiones, aunque aquello a ella últimamente tampoco parecía importarle demasiado. En el fondo sentía lástima por él, pero muy en el fondo, porque la realidad era que estaba deseando que se desintegrase en un holocausto nuclear o que lo abdujeran los extraterrestres para experimentar con su cuerpo.

  • – Te juro, Carla, que como me suelte un grito más, cojo la puerta y le dejo solo con sus papeles. En fin, que hoy estoy de buen humor y nadie me va a estropear el día. ¿Nos vemos luego en el café?
  • – Claro, cariño, luego te veo. – le contestó Carla mientras atendía una llamada telefónica.

Marina subió las escaleras que llevaban a la oficina como quien iba al matadero, pero decidida a que nadie le estropease su alegría prevacacional, se puso su mejor sonrisa y entró en la oficina.

La oficina era un espacio abierto con grandes mesas agrupadas de cuatro en cuatro formando islas, que ocupaban sus compañeros de los departamentos comercial, compras y estudios. Los suelos eran de tarima y amplios ventanales rodeaban dos de los laterales, permitiendo una vista asombrosa del céntrico barrio madrileño donde estaba ubicada. Era muy luminosa y el ambiente laboral era estupendo. A aquellas horas de la mañana, apenas pasados unos minutos de las ocho y media, ya hervía en actividad. Dos grandes despachos estaban separados por cristaleras del resto del personal. Uno de ellos pertenecía al director general; el otro, al Sr. Díaz, director financiero. Junto a él, codo con codo a diario, en una mesa algo más pequeña situada en uno de los laterales del despacho, estaba situada Marina. La única ornamentación consistía en una planta de aspecto descuidado que colgaba de uno de los armarios del archivo. Ella soñaba con salir de aquel despacho que siempre tenía las persianas cerradas y poder relacionarse con el resto de compañeros, que parecían tan felices de trabajar allí.

  • – ¡Buenos días, Sr. Díaz! – exclamó Marina fingiendo un entusiasmo que realmente no sentía mientras entraba por la puerta del despacho.

Mr. Potato levantó la vista con el ceño fruncido, como siempre, echó un vistazo desaprobador al corto vestido gris de tirantes que había elegido aquella mañana, demorándose un poco más de la cuenta en su escote (bufff, eso le puso los pelos de punta), y sin dirigirle ni siquiera un saludo le increpó el haber llegado tres minutos tarde y le exhortó a ponerse a trabajar inmediatamente con la producción y los balances que tenían que presentar aquel día al director general. Así que Marina colgó su bolso en el perchero, encendió su ordenador y, sin mediar palabra, se enfrascó en su rutina de cifras mientras su mente volaba a destinos paradisíacos con playas de ensueño en los que los preciosos ojos azules de Hugo le hacían promesas de amor y le derretían el corazón.

No fue consciente del tiempo que había transcurrido ni de los rugidos que emitía su estómago, hasta que sonó su móvil. Era Carla. Echó una ojeada a la mesa de Mr. Potato, que siempre gruñía cuando atendía llamadas personales, y se sorprendió mucho al no verle allí. ¿Cuándo demonios se había marchado aquel hombre? Se sintió agradecida porque por lo menos no le había dado la paliza aquella mañana y llevaba el trabajo bastante avanzado. Su intención era no quedarse hasta demasiado tarde aquel día. Cuando miró la hora en el ordenador se quedó boquiabierta. ¡Eran las dos y cuarto! Descolgó el móvil y ni siquiera tuvo oportunidad de decir nada, porque Carla empezó a parlotear.

  • – Pero bueno, ¿qué pasa contigo? ¡Me has dejado plantada para el café! Por poco no me lo tomo porque se me había pasado la hora de tanto esperarte, pero al final me he ido sola. ¡SO – LA! No te he querido llamar porque he pensado que Mr. Potato te tendría secuestrada. ¿No has salido ni a fumar? Niña, que a este paso no vas ni a irte de vacaciones, ¡te vas a poner mala antes! Venga, deja lo que sea que estés haciendo y bájate corriendo que te estoy esperando ya con el bolso en el hombro. Bueno, mejor te espero fuera que tengo unas ganas locas de fumar. ¡aaaaaah, que ansiedad, madre mía! Oye, ¿nos vamos a comer al italiano de detrás de la ofi? Bueno, venga, bájate, mejor lo hablamos fuera, un besote, ¡chao! – y sin darle tiempo a contestar, colgó sin más.

Se quedó mirando el teléfono con una estúpida sonrisa en la cara. ¡Ni siquiera le había dejado hablar! Había momentos en los que Carla padecía de una verborrea incontrolable, y ya habían pasado por alguna circunstancia más que bochornosa por no saber mantener la boquita cerrada. Se levantó de la silla estirándose como un gatito, cogió su bolso y bajó las escaleras.

Salió al sol abrasador de principios de julio en Madrid. Bajo la sombra de un arbolito estaba Carla esperándole con el cigarrillo en la mano y las gafas de sol de Dolce & Gabanna. Destilaba glamour por los cuatro costados, debía haberse dedicado al modelaje. Ella en las mismas circunstancias estaría roja como un tomate, sudando a chorros y resoplando por culpa del intenso calor.

  • – Vaya, vaya… Dichosos los ojos, bonita. Ya era hora de que me honrases con tu presencia.
  • – ¡No me he dado ni cuenta! Perdona, Carla, pero no me he levantado ni para ir al baño en toda la mañana, ya sabes que hoy tenemos que entregar balances y no quería salir muy tarde, así que me lié y casi tengo el trabajo terminado… Además, ni siquiera he tenido casi llamadas hoy, así que he avanzado un montón, no he mirado ni el mail para no distraerme… – contestó Marina encendiendo su cigarrillo y cerrando los ojos de placer al dar la primera calada. – Mmmmm, ¡cómo necesitaba uno de estos!
  • – Bueno, ¿qué? ¿Vamos al italiano de detrás de la ofi? ¡Me muero por una lasaña!
  • – ¡Claro! Para compensarte por el plantón, hoy comemos donde tú quieras, corazón.

Cogidas del brazo caminaron hacia el restaurante intentando resguardarse del sol. Estaba sólo a un par de manzanas, pero las sandalias de tacón que había elegido Marina aquel día para acompañar al vestido le comenzaban a pasar factura. Para Carla, sin embargo, los tacones parecían su medio de caminar natural.

El restaurante era pequeño y luminoso, bastante funcional. Apenas tenía seis o siete mesas y siempre estaba lleno y había que esperar. Habían entrado por primera vez hacía un par de semanas, a pesar de que llevaba abierto más de un año, y desde entonces habían ido bastantes veces a comer. El dueño era italiano y, aunque la cocinera, que era su mujer, era española, la comida que preparaba era auténtica italiana y los platos eran muy sanos y saludables. Para Marina fue una auténtica alegría descubrirlo, porque siempre tenía que estar haciendo malabares con su dieta para no coger rápidamente unos kilitos de más. Por suerte, aquel día había una mesa libre en el rincón más luminoso de la sala, junto al ventanal, y pronto estuvieron pidiendo la comida. Carla se pidió la lasaña que tantas ganas tenía de comer y Marina optó por una ensalada con vinagreta de frutos rojos y una hamburguesa de calabacín. Para beber, dos cocacolas zero.

La comida transcurría amena, tenían la costumbre de no hablar de temas laborales a la hora de la comida, esa era su hora para desconectar, hasta que Carla tocó el tema de Hugo.

  • – ¿Y qué tal con Hugo? ¿Seguís en la misma línea? – preguntó mientras mordisqueaba una rebanada de pan integral. Marina pensó que iba a tener una sobredosis de hidratos de carbono.
  • – Sí, hija, yo ya no sé qué hacer. Le noto tan frío últimamente… Por eso estoy tan ilusionada con estas vacaciones, creo que los dos necesitamos darnos un respiro del trabajo y dedicarnos un tiempo para los dos solos. Por cierto, ¿te he dicho ya que me voy un mes? ¿Qué vas a hacer sin mí tanto tiempo?

Carla sonrió. Llevaba varias semanas recordándoles a ella y a las chicas que se iba un mes de vacaciones siempre que tenía oportunidad, así que ya debería haberlo repetido como un millón de veces. Ciertamente Mr. Potato debía encontrarse bajo la influencia de alguna droga cuando le firmó el pedido de vacaciones, porque a él nunca le venía bien quedarse sin ella. De hecho, Marina había ido acumulando vacaciones desde hacía varios años y después de tomarse ese mes de descanso, bien merecido por cierto, todavía le quedaba cerca de otro mes por disfrutar. El problema de su relación con Hugo en los últimos tiempos era, bajo su punto de vista, precisamente esa adicción al trabajo que parecían tener los dos. De hecho, le sorprendió bastante que Marina hubiese decidido tomarse tantos días de descanso y aún más que hubiese sido capaz de convencer a Hugo para hacer lo mismo. Ambos eran claramente workaholics.

  • – Bueno, no te preocupes. Esta noche en la cena lo comentamos con las chicas y estoy segura de que entre todas seremos capaces de darte unas cuantas buenas ideas para volver a hacer que tu relación con Hugo vaya viento en popa otra vez. De hecho, a mí se me están ocurriendo varias… – dijo Carla con expresión pícara.

Marina comenzó a morderse el labio inferior y a desviar la vista hacia la mitad superior derecha del techo. Era algo que siempre hacía cuando algún tema le preocupaba o no sabía cómo decir algo. Carla le miró levantando una ceja perfectamente delineada con mirada inquisidora.

  • – ¿Qué? – preguntó.
  • – ¿No hace un poco de frío aquí? – contestó Marina en un vano intento por desviar la conversación hacia otros derroteros menos turbulentos.
  • – ¿Cómo que nada? Mira Marina, a mí no me engañas, y sabes perfectamente que no voy a parar hasta que me lo cuentes, así que déjate de tonterías y dime qué ocurre.
  • – Es que esta noche no voy a poder quedar con vosotras… – masculló entre dientes mientras veía cómo la cara de Carla iba cambiando de expresión paulatinamente en un tiempo récord. No podría decir bien si se le veía enfadada, desilusionada o simplemente estupefacta. – Jo, no me mires así, Carla, no me lo hagas más difícil. Es que queremos irnos mañana justo cuanto salga del trabajo, vendrá Hugo a buscarme, va a ser un viaje largo… Y no tenemos hechas las maletas. Esta tarde he quedado con Hugo en que saldremos prontito para hacerlas juntos y dejar todo preparado para mañana… – dijo, haciendo un puchero y poniendo la cara tan apenada que ni el gatito de la película Shrek lo hubiese hecho mejor.
  • – ¡Sabes que la noche de los jueves es sagrada Marina! Es nuestra primera regla, que pase lo que pase no se puede romper. Nunca, nunca, nunca, y repito, nunca, hemos fallado ninguna de nosotras. Sabes muy bien que incluso cuando alguna de nosotras ha estado enferma, allí que hemos ido las demás para hacer la reunión en su casa. No me puedo creer que vayas a hacer esto, no me lo puedo creer. – Sabía que se estaba pasando con su reacción, pero ya había comenzado y ya no podía echarse atrás. – ¿Y cuándo pensabas decírnoslo, eh? ¿Cuando estuviésemos sentadas a la mesa? Porque sabes perfectamente que teníamos mesa reservada en La Vaca Argentina desde hace por lo menos tres semanas para hacerte la despedida. ¡Y sabes muy bien además que me encanta el lomo de Black Angus y que llevo días esperando que llegue este día!
  • – Jo, entiéndeme, Carla. Me lo dijo Hugo el otro día y fui incapaz de decirle que no, ya sabes que quiero arreglar las cosas entre nosotros y se le veía tan dispuesto e ilusionado… Y luego no sabía cómo decíroslo, porque sabía que os ibais a enfadar, y al final se me ha ido de las manos, y ya llegaba la hora pero no me atrevía, y si no llegas a sacar tú el tema no sé qué hubiese hecho y… – Parecía estar contagiándose de la verborrea de Carla y estaban a punto de saltársele las lágrimas de la culpabilidad.
  • – Vaaaaale, tontorrona. – se apiadó Carla de ella. – Venga, no te preocupes, si es una tontería, es sólo que no me lo esperaba, como no nos habías dicho nada… De verdad que lo entiendo y que no hay problema, y estoy segura de que las demás también lo entenderán, así que no te preocupes, ya me encargo yo de decírselo.

Marina se levantó de la silla y le dio a su amiga un abrazo lleno de sentimiento.

  • – Lo siento muchísimo, cariño, de verdad. A lo mejor terminamos pronto y me puedo reunir con vosotras para tomar una copita.
  • – Anda, tonta, quédate con Hugo y aprovecha para empezar a arreglar las cosas entre vosotros, ya me entiendes. – dijo Carla con un guiño.

Regresaron a la oficina cinco minutos después de su hora. Marina estaba tranquila, al fin y al cabo, también habían salido quince minutos después, podría decirse que habían comido en tiempo récord. Pero al parecer Mr. Potato no estaba al tanto de ello, a juzgar por la mirada de reproche con que le repasó cuando llegó al despacho. “Que le zurzan”, pensó, “a ver qué dice cuando le entregue los balances antes de las cinco y le diga que me tengo que ir antes hoy, después de todo él no ha hecho nada en todo el día”. El resto de la tarde pasó sin pena ni gloria y, aunque Marina consiguió entregar su trabajo a las cuatro y media de la tarde, no fue hasta cerca de las ocho cuando consiguió salir de su puesto de trabajo, sin ni siquiera una palabra de agradecimiento. Aquel pequeño tirano podía ser realmente insufrible. Apenas quedaban un par de personas del departamento de estudios sentadas a sus mesas, absortos en las pantallas del ordenador, y Carla debía hacer más de una hora que ya no estaría allí.

Caminó hasta su casa con una sonrisa en la cara, ahora sí agradeciendo la calidez del recién estrenado verano y la inminente llegada de sus vacaciones. Fue un paseo relajado, vivía a unos quince minutos caminando de la oficina y se lo tomó con calma. Necesitaba relajarse para darle una sorpresa a Hugo cuando llegase a casa. Seguramente él ya estaría allí, esperándole, probablemente escuchando música de Cold Play y tomando una copa de vino, siempre lo hacía cuando llegaba a casa. Sonrió picaronamente, no pensaba darle ni un margen de respiro antes de ponerse al día en el aspecto más primario de su relación.

Ni siquiera se le había pasado por la cabeza pensar que quizá él no habría llegado todavía, así que estaba exultante mientras subía en el ascensor hasta el ático que compartía con él. Se había soltado el pelo en el ascensor, ya que casi siempre lo llevaba recogido para ir a la oficina, lo peinó con los dedos para resaltar las ondas castañas y se retocó el labial. La expresión de decepción de su cara debió ser todo un poema cuando introdujo la llave en la cerradura y ésta dio dos vueltas completas, revelando que no había nadie en su interior. Abrió la puerta y entró en su apartamento.

Efectivamente, estaba vacío. No había nadie esperándole cuando llegó a casa, como tantos otros días. Las luces apagadas y las persianas a medio bajar conferían a la vivienda una apariencia que en aquellos momentos se le antojó casi tétrica. El piso era pequeño, un salón con cocina americana constituía la estancia principal, que finalizaba en un pequeño pasillo con dos puertas. Una de ellas era el dormitorio que compartía con Hugo. La otra, el cuarto de baño. La decoración era sencilla, en tonos tierra, ocres y naranjas que le daban una apariencia bastante acogedora, sin apenas elementos decorativos, salvo algunas láminas que cubrían las paredes. Lo que enamoró a Marina de aquel piso fue la terraza. En la pared más alejada de la puerta de entrada, justo enfrente de la barra americana que separaba la cocina, había una amplia puerta acristalada que ella había cubierto con unas cortinas semitransparentes con intrincados calados, que daban paso a la terraza. De un tamaño mayor incluso que la vivienda, se había encargado de rodearla de bonitas flores en maceteros que colgaban de la barandilla, que ella misma se ocupaba de cuidar y regar todas las noches, como terapia de relajación. En uno de los rincones habían colocado una gran maceta con un pequeño abeto que juntos adornaban para Navidad. Y junto a él, Marina había dispuesto su pequeño rincón chill out, como le gustaba llamarlo. Muchas veces había recordado los buenos momentos que había pasado junto a Hugo cuando restauraron juntos aquellos palets que rescataron de los escombros de una obra cercana y los convirtieron en una coqueta mesa y dos comodísimos sillones cubiertos con unos gruesos cojines acolchados. Ella misma se había encargado de tapizarlos en blanco y negro, consiguiendo el aspecto visual de un gran damero de ajedrez. Sobre la mesa había dispuesto un precioso cenicero que habían comprado en una de sus escapadas a Ibiza, tres pequeñas plantas y decenas de velas aromáticas que conseguían un ambiente mágico en las calurosas noches de verano.

Cerró la puerta a sus espaldas y fue directamente a subir la persiana de la puerta del salón. El ya tenue sol del atardecer inundó la estancia, confiriéndole un aspecto algo más cálido que a su llegada. Lanzó su bolso sobre el cómodo sofá chaise-longue y entró en el dormitorio para ponerse cómoda, al fin y al cabo tenía unas maletas por hacer para poder comenzar sus vacaciones al día siguiente, y no era momento para ponerse melancólica. Alzó también la persiana del dormitorio y sacó de la cómoda su pijama rosa de verano, un cómodo conjunto de algodón de pantalones cortos y camiseta de tirantes. El dormitorio parecía sacado de un cuento de hadas. No había parado hasta que Hugo había consentido en colocar la cama de sus sueños, una amplia cama de dos metros con un precioso cabecero de forja y un dosel con finos tejidos de tul color blanco roto cubriendo la cama, ahora mismo recogidos desde que ella había hecho la cama aquella misma mañana. Sobre la cama colgaba un gran lienzo que su amiga Sofía había pintado para ellos, un fiel reflejo de un apasionado beso entre Marina y Hugo.

Desplegó su maleta sobre la cama y comenzó a meter su ropa con desgana. Siempre había pensado en coger toda prenda que mereciese la pena de su fondo de armario, pero había decidido en el último momento que llevaría pocas cosas, total, no pensaba salir de la playa y de la cama en contadas ocasiones, así que puso sus tres bikinis, los vestidos de la playa, dos conjuntos de pantalón corto y camisetas de tirantes, un par de pijamitas de verano y la ropa interior. En la maleta pequeñita le podría entrar todo. Tenía una cuca maleta de mano de tamaño cabina decorada con una encantadora muñeca de Gorjuss, regalo de su amiga Elena para su último cumpleaños. Añadió unas chanclas, un par de vestidos largos y un mono de vestir, y sus más bonitas sandalias de tacón. La bolsa de sus cosméticos no podía faltar y los más imprescindibles para la ducha. Listo. En un pis pas.

Extendió la maleta de Hugo sobre la cama y la dejó ahí, no sabía qué iba a querer llevarse él, así que fue hacia la cocina y se sirvió una copa de vino mientras esperaba su llegada. Encendió el equipo de música y las notas de Enia inundaron la habitación, creando una atmósfera perfecta para la relajación. Puso el aire acondicionado bajito y se recostó en la chaise-longue a esperar a su hombre. Pronto el cansancio se apoderó de ella, eran casi las nueve de la noche, seguramente las chicas estarían ya preparándose para la cena de los jueves. La música relajante y la copita de vino fueron haciendo su efecto y notó cómo su cuerpo y su mente se iban relajando poco a poco. Disfrutó de esa sensación de tranquilidad que hacía mucho tiempo no se había permitido sentir, y con una sonrisa en los labios ante la perspectiva del romántico mes que tenía por delante, se fue quedando poco a poco plácidamente dormida.

Hasta aquí puedo leer…

“A este lado del Estrecho”

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¡Hola amigos! Vuelvo a pasarme por aquí para recordaros, que ya sé que muchos estamos muy despistados, que mi primera novela “A este lado del Estrecho”, ya está a la venta. ¡Me encantaría que la leyeseis y me ayudaseis a cumplir mi sueño, ¡ser escritora!

Una novela romántica, en un paraje incomparable y con alguna que otra sorpresa. ¡Animaros a leerla!

La podéis encontrar en las siguientes plataformas, ¡no me digáis que no os doy opciones!

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Para los que no tengáis la oportunidad de acceder a la obra en formato digital, estoy barajando opciones para hacer la publicación en papel, que al fin y al cabo es el sueño de todo autor, así que ¡no os preocupéis, que todo se andará!

Mil gracias a todos por dedicarme unos minutitos.

“A este lado del Estrecho” en Amazon

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¡Hola a todos! Hacía tiempo que no hablaba con vosotros nada más que para publicar la reseña de los miércoles y el relato de los viernes, pero hoy tengo una novedad importante para mí: ¡Ya podéis encontrar mi primera novela, “A este lado del Estrecho”, en Amazon!. Desde hoy está disponible para todos vosotros en versión Kindle. Os paso el enlace para los que queráis echarle un vistazo:

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Os animo a todos a su lectura, y recordaros que también lo podéis encontrar como hasta ahora en La Casa de Libro, El Corte Inglés y Cegal. Os recuerdo los enlaces:

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Cegal:

http://www.todostusebooks.com/ebook/a-este-lado-del-estrecho_E1000190259

No os entretengo más, únicamente animaros nuevamente a su lectura y por favor dejadme vuestras impresiones, ¡que es lo que más ilusión me hace!

Por supuesto, estoy fraguando un nuevo proyecto totalmente diferente, que aún está muy en pañales pero que ya os iré contando cómo va creciendo…

¡Se os quiere!

 

 

 

VERSATILE BLOGGER AWARD

1. Agradecer a la persona que te ha nominado.

2. Nominar a blogs excelentes que recientemente has descubierto o lees regularmente.


En primer lugar, agradecer a Buscando a Casiopea por su nominación. Ha sido algo totalmente inesperado para mí, que soy nueva en esto, y la ilusión que me ha hecho ha sido tremenda. ¡Muchísimas gracias! ¡Ni te imaginas lo que esto significa para mí!

En estos últimos meses mi vida está dando un giro radical, encontrando viejas pasiones que nunca me había atrevido a realizar, y aquí me tenéis, principiante total en esto de los blogs, intentado ofreceros lo mejor que puedo de mí a través de reseñas, relatos… que espero que os gusten porque la ilusión que he puesto en ellas ha sido grandísima. También me he adentrado en el apasionante mundo de la escritura, que era mi sueño de niña, y llevo mi primera “novela”, el principio de una larga serie que espero que gusten, pero que escribo simplemente por el placer de crear mundos paralelos a mi antojo.

Ahora sí, me dejo de divagaciones, que si no, no paro, y aquí van mis nominaciones:

Tikka Tomba

La lagartija, el blog de Luis Juli Aydillo

El Escritorio Mágico

misskudach

Hellen Cauldron

La caricia del gato negro

La nación de las bestias

No están todos los que son, ni tampoco son todos los que están, pero en principio me quedo con ellos.

¡Besitos para todos!

A este lado del Estrecho

portada2

Hoy tenemos una entrada muy muy especial para mí. Por fin mi pequeñín ha visto la luz, autopublicado eso sí, pero todo el esfuerzo, trabajo, dedicación y cariño que he puesto en él durante los últimos meses, ha salido a la luz.

Mi primera “novela”, humilde, ligera, fresca y romántica, ¡ya está a la venta!

Os dejo el adelanto de la sinopsis de la novela, para que podáis saber un poquito acerca de ella:

Marina lleva una vida rutinaria con su novio de toda la vida, Hugo, en la que se ha acabado la pasión. Se acercan las vacaciones y piensa utilizarlas para darle la chispa que le falta a esa relación. Pero en el último momento, Hugo le deja plantada por una oportunidad laboral de oro. En ese momento, Marina abre los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sentido continuar así… Así que inicia un viaje hacia el paraíso, la playa de Bolonia, en Cádiz, donde su madre se enamoró de su padre durante unas vacaciones y fruto de su amor nació ella. Aunque la separación tras las vacaciones hizo que sus padres nunca se volvieran a encontrar. Un recorrido precioso por ese maravilloso rincón del sur de España, donde Marina conocerá a una persona muy especial, Víctor, que hace que su vida dé un giro radical. ¿Queréis saber lo que ocurre entre Marina y Víctor? ¿O si volverá con Hugo? ¿Cuál será el giro que da la vida de Marina? ¿Qué sorpresas les tiene preparadas el destino? Adéntrate con Marina en el paraíso, y descubre todo eso y más, seguro que no querrás volver a salir.

Podéis encontrarla en formato digital en las siguientes plataformas:

Casa del Libro:

http://www.casadellibro.com/ebook-a-este-lado-del-estrecho-ebook/9788483265833/3103656

El Corte Inglés:

https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788483265833-a-este-lado-del-estrecho-ebook/

Cegal:

http://www.todostusebooks.com/ebook/a-este-lado-del-estrecho_E1000190259

Desde aquí os animo a su lectura, y me dejaseis vuestras impresiones, para mí sería una alegría impresionante. ¡Espero que os guste!

Y muchas gracias a todos por vuestra ayuda y vuestros ánimos en este pequeño proyecto tan especial para mí, que espero sea el primero de muchos.