Mi jueves de poesía: “Si tú me amas”

Mi jueves de poesía: “Si tú me amas”

 

SI TÚ ME AMAS
Imagen: Pixabay (editada)

 

SI TÚ ME AMAS

 

Si tú me amas, como dices,

déjame tan solo hacerte una pregunta,

por qué me dejas tan sola,

por qué ya no me acompañas

tirando del carro que me sepulta.

 

Si tú me amas, como dices,

por qué no estás inhalando el aire que yo respiro,

por qué ya no me abrazas,

por qué ya no me besas,

dejando a mi ilusión morir en un suspiro.

 

Si tú me amas, como dices,

por qué me siento tan sola.

Dime nada más que eso,

por qué estando acompañada

me siento en el amplio mar, simple ola.

 

Si tú me amas, como dices,

regálame tu sonrisa,

fúndete conmigo en abrazos,

en besos sin despedida.

Sal conmigo de este sitio donde nos llevaron las prisas.

 

Si tú me amas, como dices,

acompáñame en mi huida.

No quiero volver a estar sola,

quiero perderme en caricias

que nos lleven hasta amarnos durante toda la vida.

 

Si tú me amas,

como dices.

 

Ana Centellas. Septiembre 2017. Derechos registrados.

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Recordatorio: Premios blogosfera 2017

Recordatorio: Premios blogosfera 2017

PREMIOS BLOGOSFERA 2016

Paso por aquí simplemente para recordaros que continúan abiertas las inscripciones para los Premios Blogosfera 2017. Hasta el momento hay un total de 94 blogs inscritos y aún tenéis plazo hasta el próximo día 3 de noviembre para presentar vuestras candidaturas.

Os recuerdo las categorías a las que podéis inscribir vuestro blog, seguro que encontráis al menos una, si no más de una, en la que encajéis. Además, este año las categorías se amplían, lo que lo va a hacer más interesante aún:

  • MEJOR BLOG PERSONAL
  • MEJOR BLOG COLABORATIVO (DOS O MÁS COLABORADORES)
  • BLOG CON MEJOR INTERFAZ GRÁFICA (DISEÑO MÁS ATRACTIVO)
  • MEJOR BLOG DE GASTRONOMÍA
  • MEJOR BLOG DE CINE/TV
  • MEJOR BLOG DE NOTICIAS/PERIODISMO
  • MEJOR BLOG DE VIAJES/EXPERIENCIAS
  • MEJOR BLOG DE CIENCIA/TECNOLOGÍA
  • MEJOR BLOG DE MÚSICA
  • MEJOR BLOG LITERARIO
  • MEJOR BLOG DE OPINIÓN/CRÍTICA
  • MEJOR BLOG DE ARTE/CULTURA (PINTURA, ESCULTURA, DANZA, TEATRO, ENTRE OTROS)
  • MEJOR BLOG DE SALUD
  • MEJOR BLOG DE FOTOGRAFÍA/ILUSTRACIONES
  • MEJOR BLOG SOCIAL/BENÉFICO
  • MEJOR BLOG DE ECONOMÍA
  • MEJOR BLOG DE POLÍTICA
  • MEJOR BLOG DE BELLEZA/MODA
  • MEJOR BLOG DE HUMOR
  • MEJOR BLOG DE MARKETING/EMPRENDIMIENTO
  • MEJOR BLOG DE EDUCACIÓN
  • MEJOR BLOG DE SEXO
  • MEJOR BLOG INFORMÁTICO/VIDEOJUEGOS
  • MEJOR BLOG DE RECURSOS WEB/TRADUCCIÓN
  • MEJOR BLOG DE DEPORTES

 

En las siguientes categorías los postulación y elección de nominados estará a cargo de nuestro JURADO, teniendo en cuenta los blogs postulados en las anteriores categorías:

  • BLOGUERO DEL AÑO
  • BLOGUERA DEL AÑO
  • MEJOR NUEVO(A) BLOGUERO(A)

Si os apetece recordar o conocer los ganadores de la anterior versión de estos premios, podéis hacerlo en el siguiente enlace.

¡Animaos! Que es gratis y seguro que resulta una experiencia inolvidable. Recordad, el plazo para inscribiros finaliza el próximo día 3 de noviembre. ¡Os esperamos!

 

Los 52 golpes – Golpe #39 – “Prohibido enamorarse (II)”

Los 52 golpes – Golpe #39 – “Prohibido enamorarse (II)”

 

PROHIBIDO ENAMORARSE (II)
Imagen: Pixabay

 

PROHIBIDO ENAMORARSE (II)

Hola a todos. No sé si os acordaréis de mí. Soy Samantha. Estuve hace unas semanas con vosotros para contaros mi adicción al sexo.

Pues bien, esto va de mal en peor. Esta misma mañana me he estado preparando con especial esmero para una cita muy particular. Incluso he comprado un diván, como esos que suelen ocupar los psicólogos en sus consultas. Es negro, de cuero y con tachuelas. Me enamoré perdidamente de él en cuanto lo vi y tuve que traerlo a casa. A lo que iba, que me voy por las ramas.

 Como os estaba comentando, mi adicción va de mal en peor. Ya no solo me dedico al sexto telefónico, que lo sigo disfrutando igual o más que antes. Ya no solo me dedico a seducir a cualquier hombre que osa asomarse a la puerta de mi casa, ya sea el cartero, el repartidor de pizzas o los que vienen haciendo publicidad para instalarme la fibra. ¿Cómo os lo diría? No quiero que me instaléis la fibra, pero sí sé de otra cosa que me podéis instalar. En fin, ¿qué os voy a contar que no os haya contado antes?

La cuestión es que ahora recibo también visitas en casa y he comenzado a cobrar por ello. ¿Ya que tengo una adicción por qué no sacarle provecho? Eso sí, solo lo hago con personas muy selectas, con las que tenga gran confianza. Esta mañana tenía una de esas visitas muy especiales y he dedicado casi dos horas en prepararla. He acomodado mis rebeldes rizos, con su color rojo tan llamativo y que tanto interés despierta en los hombres, en un desenfadado moño que hacía que algunos mechones rebeldes cayeran sobre mi cara, casi por casualidad. Me he maquillado con cuidado, resaltando con una sombra oscura mis párpados y delineándolos con una gruesa línea que me diera un aspecto más exótico. Un corpiño de encaje negro con seda roja, que realzaba mis pechos de una manera espectacular, pidiendo guerra a gritos. Unas medias sin liguero, también negras, con una cinta roja en la parte de atrás de la pierna. Y unos zapatos negros de tacón espectacular. Por supuesto, no voy a obviar la ausencia de bragas… Ya con ese simple hecho, mi humedad mojaba el diván, sobre el que me había tendido para “vestirme”.

El toque final lo he dado con mis pendientes y el collar de perlas que, además de aportar un toque sofisticado al conjunto, son uno de los fetiches preferidos de mi acompañante de hoy. Prefiero llamarlo acompañante a cliente, porque lo cierto es que yo lo siento como un acompañante, recordad que es una persona de confianza… Una persona de confianza que ni os imagináis lo que es capaz de hacer con un collar de perlas… Entre la sensualidad que me provoca el conjunto de hoy y la expectativa de las perlas, estoy deseando que suene ya el timbre de mi casa de una vez.

Faltan dos minutos para la hora prevista cuando suena su característico ding-dong. Me he hecho instalar un pulsador para poder abrir la puerta desde mi diván, de manera que pueda dar a mis visitar el recibimiento que se merecen: unas espectaculares vistas de mí, excitada, en actitud provocativa, tumbada sobre el diván.

Es lo que he hecho hoy con Roberto. En el mismo instante en que he oído el timbre, mi estado de excitación a llegado a un nivel tal que me ha hecho abrir las piernas por instinto, mostrando mis encantos más ocultos al recién llegado, así como la humedad que ya recubría el asiento del diván.

Hemos tenido una sesión de sexo espectacular. La virilidad de Roberto me ha hecho alcanzar la luna con las manos en más de diez ocasiones, en las más variadas posturas llevadas a cabo encima de mi nuevo diván. Le he acogido en mi interior las tres veces que se ha derramado en mí.

El broche de oro lo ha puesto una llamada telefónica que ha entrado en mi móvil del trabajo, el de la línea erótica. La he atendido, mientras Roberto observaba, muy atento, cómo mis gemidos eran tan reales como lo habían sido hacía solo unos minutos antes. Cómo eran mis manos las que se encargaban de darme placer, además de las palabras susurradas al oído por un extraño. Cómo me despedía de él con un sensual “hasta pronto”.

En ese momento, cuando justo terminaba de colgar la llamada. Roberto se ha abalanzado hacia mí, me ha arrancado de cuajo el collar de perlas y me ha hecho llegar al paraíso por enésima vez en la mañana, mientras volvía a derramarse en mi interior, junto a las perlas, que ahora brillaban más que nunca.

Sé que estoy jugando con fuego porque lo cierto es que Roberto me gusta, y mucho. Y mi máxima siempre ha sido fundamental: prohibido enamorarse. Pero el último detalle ha sido el que me ha hecho volver a retomar la terapia: dos billetes de más de los convenidos, esparcidos sobre mi diván, como agradecimiento al espectáculo estelar, en sus propias palabras.

Ahora no me siento bien, y me ha dado por pensar. Por eso estoy aquí. Para los que no me conozcan, me presento de nuevo:

“Hola, soy Samantha, soy adicta al sexo y, además, soy prostituta.”

Me acerqué a una de las personas que estaban en la reunión y, de un suave tirón, lo levanté de la silla.

“Él es Roberto, es adicto al sexo y creo que me estoy enamorando de él”.

Roberto y Samantha quedaron mirándose frente a frente, como en un duelo de miradas, mientras el resto del grupo coreaba:

“Bienvenida Samantha, bienvenido Roberto.”

Ana Centellas. Septiembre 2017. Derechos registrados.

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Este es mi relato nº 39 para Los 52 golpes. Como cada semana, os recomiendo pasaros por la web, donde podréis encontrar magníficos textos y poesías, además de mis golpes nº 40 y 41. Y creo que ya tengo una idea para el nº 42… ¡Solo quedan diez semanas!

“El taxidermista” – Desafíos Literarios

“El taxidermista” – Desafíos Literarios

EL TAXIDERMISTA

 

Aquí os dejo con mi aportación a Desafíos Literarios del pasado viernes, en mi columna Letras a la Deriva.

EL TAXIDERMISTA

El pequeño Alberto se queda mirando fijamente al techo de la cocina durante largos instantes. No sabe cómo ha podido ocurrir, pero allí está, y le parece preciosa.

Su pequeña mente infantil elucubra con rapidez un plan para hacerse con ella. Esa pequeña lagartija marrón, veteada con alegres rayas de un amarillo brillante en la zona de la cola, lleva parada en la misma situación desde que él notó su presencia. Permanece inmóvil sobre el techo encalado de la cocina de la casa que su abuela Uge tiene en el pueblo. Durante un breve instante, Alberto duda sobre si estará viva o si, por el contrario, pertenecerá ya al fructuoso cementerio de reptiles que aumenta, día sí, día también, sus ya de por sí abundantes filas.

Necesita cogerla. Es una necesidad superior a cualquier otra cosa. Ya no le importa no poder salir con sus amigos, que pasaron a llamarle hacía ya un buen rato. Su única misión en esa tarde de verano es conseguir recoger al pequeño reptil. Es una cría y en su colección no tiene ninguna. Pero está demasiado alta. Los techos de la antigua casa de la abuela son mucho más altos que los de su casa, en la ciudad.

De repente, una idea se ilumina dentro de su cabecita infantil. Sube corriendo de dos en dos las escaleras hasta llegar a su habitación. Rebusca entre los cajones de su cómoda, la que perteneció a su tío cuando era joven y que ya tiene los cajones desvencijados, hasta que logra encontrar el tan anhelado objeto. Su abuela le ve pasar como si fuera una estrella fugaz en el firmamento del atardecer estival.

El pequeño vuelve a bajar las escaleras con la fuerza de un tifón que asolase todo a su paso. El abuelo, que subía en ese momento, estuvo a un palmo de sufrir las consecuencias del tornado en que se había convertido su nieto. Le pica la curiosidad y le sigue, en un recorrido veloz que termina en la cocina.

Alberto sonríe cuando ve que su tan ansiado tesoro continúa allí, inmóvil, en la misma posición exacta en que lo dejó. Su abuelo aún no ha logrado comprender lo que está ocurriendo, hasta que su nieto abre la mano, dejando al descubierto el arma tan codiciada. Un profesional tirachinas ejerce su función a la perfección, haciendo que la pequeña salamandra saliera de su ensimismamiento y se lanzara en una desesperada carrera en busca del escondrijo perfecto. Alberto prepara de nuevo su arma, pero el escurridizo reptil ya ha conseguido esconderse por el hueco que hay entre los altos armarios de la cocina y el techo. Al niño le parece que, en el último momento, se vuelve a mirarle y le lanza un guiño burlón.

La cara de decepción se muestra con nitidez en el rostro del pequeño, pero el abuelo interviene con rapidez, llevando a Alberto a ver por enésima vez su colección de reptiles disecados, que él mismo le había enseñado a preparar.

No en vano, veinte años después Alberto es el mejor taxidermista del país y su colección de reptiles disecados es visitada a diario por cientos de curiosos que llegan de todos los lugares imaginables.

Ana Centellas. Octubre 2017. Derechos registrados.

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Los 52 golpes – 2018: Abierto el plazo para la presentación de candidaturas

Los 52 golpes – 2018: Abierto el plazo para la presentación de candidaturas

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¡Hola a todos! Como sabéis, llevo todo el año participando en el proyecto “Los 52 golpes” , que consiste en que 52 participantes nos comprometemos a escribir un texto, relato, poesía, o cualquier otro formato, durante cada semana. En total 52 aportaciones al año.

Como diría Ray Bradbury, ‘Escribe una historia corta cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas’. Los 52 golpes pretende ser un homenaje a Ray Bradbury, del que seguro se sentiría orgulloso.

Pues bien, ya está abierto el plazo para la presentación de candidaturas para la edición 2018. Una experiencia que os aconsejo disfrutar. Tenéis hasta el 15 de noviembre para presentar vuestra candidatura, rellenando un formulario al que deberéis adjuntar tres textos de los que os sintáis especialmente orgullosos. El listado con los 52 participantes se publicará el día 15 de diciembre.

Podéis encontrar toda la información necesaria, junto con el formulario de inscripción en http://los52golpes.com/2018

Como os digo, una experiencia altamente recomendable con la que yo estoy disfrutando un montón. Así que desde aquí os cedo el testigo y os animo a presentar vuestra candidatura. Ray Bradbury se sentirá orgulloso de vosotros.

 

Reto literario: “Jamás detengas mi avance”

Reto literario: “Jamás detengas mi avance”

 

JAMÁS DETENGAS MI AVANCE
Imagen: Pixabay (editada)

 

Hoy os traigo el nuevo relato para el reto actual de Psheda, en sus miércoles de #escribirparaliberar. Para esta semana consistía en lo siguiente:

‘Identifica y describe los límites que no te dejan dar paso hacia adelante.’

Aquí lo tenéis.

JAMÁS DETENGAS MI AVANCE

Quiero avanzar y no puedo. Por más que lo intento, por más esfuerzos que haga, quedo en el mismo lugar. Creo encontrarme siempre en un eterno punto de partida y veo cada vez más lejano el camino de salida, encerrada en un laberinto del que no puedo escapar. Quiero, quiero, quiero. Pero no puedo, no puedo, no puedo. ¿Qué extraña fuerza me ancla siempre a este maldito lugar?

De veras lo intento, no es que me quede impasible viendo mis sueños volar. Mas por mucho que lo intente, cualquier esfuerzo es en vano, me anclo, puedo sentirlo. Es una fuerza que tira de mí hacia abajo, como un enorme magnetismo. Mis pies se hayan firmemente sujetos al suelo como si fueran de plomo, cual si llevara unas botas de acero imposibles de mover.

Igual me pasa en la voz, que aunque quiera gritar no puedo. Mis labios se hayan sellados, parecen cosidos por un hilo invisible que me impide decir lo que quiero. Y es que tengo tantas cosas por decir, tantos gritos que contestar, tantas palabras no dichas que murieron en mi garganta, que incluso llegué a enfermar.

Sé que parece un sueño, una típica pesadilla de esas en las que quieres correr, salir huyendo, pero por más que haces el gesto de salir corriendo, no avanzas. Y corres, y corres y corres, pero siempre permaneces en el mismo sitio. Y por mucho que intentes gritar, tus palabras salen mudas y no puedes ni pedir auxilio. Parece una pesadilla, pero no lo es. Es la vida real. Es mi vida real.

Ya son muchos años experimentando estas situaciones. He tenido tiempo más que de sobra para analizarlas, después del bloqueo inicial, cuando no sabía qué era lo que me estaba ocurriendo. Pero ahora las tengo bien definidas, sé por qué se producen. Lo que no sé es cómo evitarlas.

Siempre es el miedo, el maldito miedo el que me paraliza en el sitio, el que impide que alce la voz, que tan siquiera pronuncie las palabras que me gustaría escuchar de mi boca. Un miedo irracional, sin sentido. Miedo a equivocarme, miedo a no agradar a los demás, miedo a que mis sueños no se cumplan, miedo a perder, miedo a vivir. Quisiera coger mis miedos y lanzarlos bien lejos, echarlos fuera de la puerta que siempre mantengo abierta y cerrarla con un fuerte portazo para que no vuelvan a entrar.

¿Lo conseguiré? Sí, por supuesto, estoy convencida de ello. Jamás detengas mi avance. Porque soy más cabezota que mi miedo. Porque el miedo me ha hecho luchadora.

Ana Centellas. Octubre 2017. Derechos registrados.

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Reto literario: “Una carta para Anita”

 

UNA CARTA PARA ANITA
Imagen: Pixabay (editada)

 

Os traigo hoy mi participación en el anterior reto #escribirparaliberar, de Psheda. En este caso se solicitaba lo siguiente:

Escribe una carta a tu yo pasado. Expresa todo lo que te quede por decirle. Despídete describiendo lo que mantendrás y lo que no.

Y he aquí la carta que ha salido. Quizá sea el reto más complicado al que me he enfrentado.

A los demás que no estáis participando, os animo a hacerlo. Es un reto muy terapéutico, además de innovador.

UNA CARTA PARA ANITA

Querida Anita,

Hoy te escribo esta carta, un diecisiete de octubre del año 2017, porque me quedaron algunos temas que no pude hablar contigo, y la velocidad a la que pasan los años me han situado en este momento sin que hasta ahora haya podido hacerlo.

En primer lugar, quería contarte un pequeño secreto. Eras feliz. Así de simple, sin más. Sí, ya sé lo que vas a decirme, que hace poco ha muerto mamá, que la empresa en la que trabajábamos cerró, que si estamos en paro… Bla, bla, bla, palabrerías. Hazme caso, que sé de lo que te hablo. Eras feliz. A pesar de todo, lo eras, lo éramos. Sabes que tienes un pequeño precioso y un niño mayor encantador, un marido que te quiere, tienes salud… Perdona si me lío un poco, pero es que hay veces en las que no sé si hablar de ti o de nosotras. Bueno, en cualquier caso, y a pesar de que la pérdida de mamá nos afectó tanto, te puedo asegurar que éramos felices. Disfrútalo, porque van a venir tiempos muy duros. Sí, mucho más duros de los que estás viviendo ahora. O de los que estábamos viviendo en tu época… Vaya lío que me estoy haciendo, pero tú me entiendes.

En segundo lugar, quería prevenirte de algo. No te preocupes, vas a encontrar trabajo. Así que deja de preocuparte por el tema del paro, porque el trabajo no te va a faltar. Además eres joven, mujer… Eso sí, si pudieses hacerme un favor enorme, te lo agradecería en el alma. Si te llaman para el departamento financiero de una constructora, por favor, sal por patas. No aceptes el empleo, hazme caso. Porque si lo aceptas, esta carta va a ser mucho más larga de lo que yo pretendía.

Vale, ¿a quién queremos engañar? Lo vas a aceptar, ambas lo sabemos. Tú, porque estás desesperada por volver a trabajar y yo porque ya lo he vivido. Porque si no lo hubiese vivido no estaría aquí sentada escribiéndote esta carta. A lo mejor estaría aquí sentada escribiéndote otra, pero esta seguro que no. A ver, me centro, que ya me estoy yendo por las ramas. Esa es otra cosa que ha cambiado mucho de ti, o de mí… pero no es lo que nos ocupa ahora, así que iré al grano. Lleva mil ojos con la directora financiera porque no es trigo limpio, para nada. Su nombre comienza por I., así que la reconocerás enseguida. Esa mujer es un lobo disfrazado con piel de cordero que te la va a colar doblada, y cuando ya estés allí, encerrada, te las va a hacer pasar muy mal. No hagas ni caso de todo lo que te diga, anda, deja de ser tan estúpida. Porque si una cosa puedo enseñarte desde los siete años que nos diferencian, es que tú eres la única que tiene el poder para dejar o no que otros te hagan daño. Y tú a esta persona la vas a dejar hacerte más daño incluso del que puedas soportar. Por favor, no lo permitas. No, si no quieres pasar por quirófano dos veces y pasarte cerca de dos años con tratamiento antidepresivo. Yo aviso y el que avisa no es traidor. Tú vales mucho, nena, mucho más de lo que piensas.

Como en la familia nos vamos a llevar algún que otro sustillo, para abreviar y no alargar esta carta más de la cuenta, te diré que no te preocupes, que todo va a salir bien. Por lo menos hasta este momento. A ver si tengo un ratito para hablar con mi yo del futuro y que me cuente algo. En cuanto sepa algo, vengo y te lo cuento, ¿vale?

¡Ah! Por cierto, un último consejo. Si de verdad te da tanta rabia como a mí que te llamen Anita, ¿por qué no dices a la gente que dejes de hacerlo de una puñetera vez? Que a mí hay alguno por ahí que todavía me lo sigue llamando y me da un coraje… Ya podías ayudarme con eso, que me he tenido que encargar de todo yo sola.

Y bueno, mi querida Anita (a que jode, ¿eh? Pues eso), ya solo me queda despedirme de ti. Ya nos encontraremos en otro momento, cuando tú llegues al año dos mil diecisiete por lo menos. Por cierto, quería decirte que no te he cambiado tanto como te puedas imaginar, así que puedes estar tranquila. Solo he cambiado las cosas que nos hacían daño. Por ejemplo, he perdido muchísimos de los miedos que nos tenían bloqueadas y, aunque queda un gran trecho por recorrer, yo confío en que al final, juntas, lo consigamos. He comenzado a valorarme un poquito y a dedicarme un tiempo a mí, solo a mí. A que te parece imposible, ¿eh? Pues sí, chica, así que acelera para pasar muy rápido por la etapa mala y recorrer conmigo la buena. Salgo con mis amigas, no estoy tan pendiente del nosotros que engloba la familia… Espero que nuestro yo futuro sepa continuar con la labor que le dejamos.

Por otro lado, todo permanece igual. Seguimos teniendo exactamente los mismos sueños que en la niñez, las mismas ganas de ayudar, el mismo entusiasmo en hacer las cosas… Seguimos siendo buena gente, sin ganas de hacer mal a nadie, altruistas por naturaleza.

Y, ahora sí, mi querida Anita, me despido. Te ruego tengas en cuenta cada uno de los puntos de la carta, porque son esenciales. Y ahora me voy a visitar a mi yo del futuro, a ver si la pillo despierta cuando llegue, que hay unas cuantas horas de diferencia, creo…

¡Mil besos, querida Anita!

Ana Centellas. Octubre 2017. Derechos registrados.

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