El reencuentro – El Poder de las Letras

El reencuentro – El Poder de las Letras

 

Imagen: Pixabay

 

 

Me gustaría compartir con vosotros, como cada domingo, mi colaboración de esta semana con El Poder de las Letras. Se nos termina abril, esto cada vez va más deprisa… ¡Bienvenido mayo! ¡A ver si te portas bien y solo nos traes cosas buenas!

Buenas tardes, buena gente.

EL REENCUENTRO ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Quién he sido? ¿En qué me he convertido? Mírame, mírate, ¡míranos! ¿Recuerdas cuando nos daban las tantas de la madrugada medio borrachos hablando en el jardín? El tequila corría por nuestras venas como fuego ardiente, y terminábamos haciendo el amor de manera apasionada y sensual. ¿Por qué hemos hecho…

a través de El reencuentro — Relatos,poesías,poemas y literatura

RadioBlog

RadioBlog

Excelente iniciativa! Grande Antonio!

antoniadis 9

Dejadme que dé a conocer un nuevo proyecto en el que estamos trabajando un grupo de amigos. Se trata de RadioBlog. Y pretende ser un canal para dar a conocer vuestros blogs.

Fijaos que cada uno de nosotros sigue a un buen número de bloggers, y que muchos de ellos exponen unos trabajos realmente magníficos en ámbitos diferentes: viajes, literatura, fotografía, moda, aunque no reciben el reconocimiento que merecen, simplemente porque el canal de difusión que utilizamos, nuestro blog, es mucho más lento del que nos gustaría.

Hemos pensado en abrir el abanico de recursos, y utilizar las ondas hertzianas virtuales…de momento, y preparar un formato radiofónico en el que dar a conocer vuestros blogs de forma más rápida.

Que lo consigamos o no, depende enteramente de vosotros y de vuestros blogs.

http://tublogradio.com/

¿QUÉ ES RADIOBLOG?

Radioblog es una tertulia familiar celebrada en…

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El vídeo del domingo: “Quiéreme”

El vídeo del domingo: “Quiéreme”

 

MAYO - QUIÉREME
Imagen: Pixabay

 

Después de la avalancha de peticiones que recibí para que mi colaboración en la revista Intropia de este mes, que podéis ver en este enlace, fuese recitada por mi dulce y aterciopelada voz de niña de cuatro años…

Vale, lo reconozco, el único que lo pidió fue mi amigo Carlos , pero por el cariño que le tengo y que yo soy muy bien mandá, aquí os lo dejo de regalo. Eso sí, hecho por la tarde para que la cazalla de la mañana no se notase tanto… ¡Ups!

Con todo mi cariño, para todos vosotros:

Hasta la próxima! Que seguro que no es muy tarde, porque le estoy cogiendo el gustillo, jajajaja.

Tierra y libertad

Impresionantes letras…

cronicas del poeta

La Tierra, esa sábana arrugada cubierta de seres vivos, de historias, de miedos, amores y castillos viejos. De mentes viajeras, prisioneras de lo imposible, liberadoras de ideas, como fallas y volcanes transformando el paisaje.

Tierra y agua, decían, añadieron libertad por amor al arte, porque no hay amor más grande que el brindado para liberarse.

Tierra, agua y arte dónde quemarse hasta consumirse, hasta quererse libre, hasta creerse parte del indomable sueño en el que nacen los ideales.

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Por capítulos: “El misterio de la montaña” (Parte III)

Por capítulos: “El misterio de la montaña” (Parte III)

EL MISTERIO DE LA MONTAÑA

 

La pareja de ancianos no podía mantener el ritmo que llevaban los muchachos jóvenes, y estos se ponían nerviosos porque cada dos por tres tenían que dar la vuelta para ponerse a la altura del matrimonio o esperar a que estos llegasen a su altura. Un trecho que normalmente les hubiese llevado un par de horas, lo habían recorrido finalmente en unas cuatro horas. Ahora que la espera mereció la pena. Lo que encontraron allí los cuatro chavales los dejó sin respiración. Uno de ellos sacó el móvil para hacer una foto a aquel paisaje tan maravilloso, pero un gesto del anciano le convenció para que desistiese de hacerlo.

Ante ellos se extendía el paisaje más increíble y hermoso con el que habían podido soñar jamás.

El camino, cuidado con un esmero asombroso, estaba ribeteado de matorrales y pequeños abetos que en unos años se habrían convertido en grandes ejemplares. La montaña, que en aquellas zonas del interior, aún conservaba parte de las nieves del invierno, se habría ante sus ojos formando una especie de circo. En el interior del circo se había formado un hermoso lago, en el que los rayos solares incidían de forma casi directa, a pesar de ser ya la última hora de la tarde. Y lo más llamativo, un enorme y precioso ojo dominaba todo el promontorio, del que manaba una cascada que iba a caer de manera directa sobre el lago, cual si fuese el llanto del gran ojo de la montaña.

Los ancianos les animaron a sentarse en un semicírculo a las orillas del lago y comenzaron a contarles la historia del ojo de la naturaleza, de cuya existencia solo ellos conocían y eran los guardianes de preservar aquel lugar de miradas indiscretas.

Los niños mostraron su curiosidad acerca de por qué vieron el ojo al entrar en la zona de montaña para ir al campamento, a lo que los ancianos contestaron que el ojo podía cambiar de ubicación cuando sentía que una posible amenaza llegaba a la zona. Por eso, cuando alguien entra en la zona montañosa, el gran ojo de la naturaleza siempre se asoma para ver quién entra en sus dominios y, si sospecha una amenaza para la zona, nos avisa.

Parece que aquello satisfizo la curiosidad de los muchachos, que observaban la imagen que tenían delante de sí como si fuera el paisaje más precioso que habían tenido frente a si en toda su vida, como probablemente así había sido y así sería siempre. Realmente era digno de ver. Daban ganas de no cerrar los ojos ni para realizar el más leve pestañeo y ninguno se atrevía a elevar la voz, por si acaso la magia que ofrecía aquel lugar se rompía.

Sin embargo, aunque no dijeron nada, los cuatro muchachos se miraron con complicidad cuando la pareja de ancianos les dio la explicación. A aquellas alturas ya podían creer en casi todo, ¡estaban presenciando un enorme ojo que lloraba una cascada en una laguna en pleno corazón de las montañas! Pero de ahí a creer que si el ojo notase alguna amenaza avisase a aquella pareja de ancianos… ¿Qué podrían hacer ellos, a su edad, contra cualquier amenaza? A pesar de todo, callaron sus dudas para no ofender a sus anfitriones. Tiempo tendrían más adelante para conversar y poner en tela de juicio lo que considerasen conveniente.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Abril 2017. Derechos registrados

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El relato del viernes: “La fuga”

El relato del viernes: “La fuga”

 

LA FUGA
Imagen: Shutterstock.com

 

 

LA FUGA

Cualquiera que lo viese, se daría cuenta en seguida del caos reinante. Cuatro figuras, escondidas tras una duna, observaban el panorama con desolación. Cada una de ellas tenía el uniforme de un vistoso color, y aquel enorme desierto estaba sembrado de cientos de figuritas como aquellas, de variados colores, dispersas por doquier, inertes.

Cada una de estas figuras maldijo al que había creado aquellos estúpidos uniformes de colores brillantes, en lugar de proporcionarles unos de camuflaje, como hubiese sido lo normal. Estaba claro que habían sido saboteados y ninguno se había dado cuenta de ello, lo que no les dejaba en muy buena posición. Uno de ellos vestía de rojo brillante, otro de verde reluciente, un tercero de amarillo y un cuarto vestía de verde, que aunque era más vivo que el de su anterior compañero, no llamaba tanto la atención debido a su tamaño.

Ninguno de los cuatro se atrevía a dejar su posición detrás de aquella duna que tan caprichosamente se había formado y que les había proporcionado el destino, seguramente para protegerles de sí mismo. La arena esa gruesa y resbaladiza. Las condiciones de la zona dificultaban enormemente las posibilidades de salir de allí con vida. Al menor paso, te hundías en aquella pringosa arena como si de arenas movedizas se tratase.

Y además estaba demasiado fría. Parecía que azotaba un sol de justicia, en vista de la gran iluminación del lugar, aunque por más que miraron hacia el cielo ninguno de los cuatro fue capaz de encontrarlo. Pero aquella arena estaba fría como si el clima fuese totalmente diferente. Solo el hecho de estar parados allí detrás de la duna podría provocarles que se helasen sus pequeños pies. Y si intentaban algún movimiento, con gran posibilidad fuesen engullidos por aquella arena gruesa y siniestra.

Ninguno de los cuatro recordaba con exactitud qué había ocurrido, ni cómo habían llegado hasta allí. Solo recordaban cómo habían sido atacados por unas armas metálicas gigantes, como si de rayos de metal se tratase, que habían caído sobre ellos sin previo aviso y sin hacer ningún ruido. Parecía como si la ira de algún dios hubiese caído sobre ellos, aunque ignoraban el motivo.

Ahora, aquel desierto de arenas movedizas, que a sus ojos parecía tener límites por los cuatro costados, estaba sembrado por los cadáveres de sus compañeros de batalla, que yacían inertes por doquier. Algunos permanecían sobre aquella fría arena, mientras que otros habían sido sepultados y habían quedado ocultos en su interior.

Entre los cuatro trazaron un plan. Dado que aquel extraño desierto parecía tener unos límites bien definidos por los cuatro costados, solo tendrían que llegar hasta uno de ellos para conseguir escapar de allí. El problema mayor residía en las arenas movedizas, que les engullirían sin duda en cuanto intentaran dar un paso. El del uniforme rojo, que sin duda parecía tener más experiencia que ninguno de los otros tres, y al parecer ya se había visto en alguna otra situación semejante, les convenció de que el secreto estaba en la velocidad con la que emprendieran la huída. A mayor velocidad, menor posibilidad de ser engullidos por las arenas y podrían llegar al borde con presteza y huir. Los otros tres estuvieron de acuerdo en hacerle caso, ya tendrían tiempo después de hacerle todas las preguntas necesarias para satisfacer su curiosidad, siempre tan ávida. Así que emprendieron una huida rauda y veloz hacia el extremo que parecía estar más cercano.

En aquel preciso instante, yo pasaba por allí para dejar la barra de pan sobre la mesa, cuando vi la maniobra de escape. En un principio me quedé sorprendida, ¡cuatro verduras de mi tabulé estaban intentando escapar del plato! Menos mal que reaccioné enseguida, cogí el tenedor y las mezclé con el cuscús y el resto de verduras. ¡Con lo que me gustan a mí el pimiento, rojo y verde, la cebolla y la menta de mi tabulé! ¡Como para dejarlas escapar!

Ana Centellas. Abril 2017. Derechos registrados.

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