Reseña de “A este lado del estrecho”, de Ana Centellas

Os dejo con la reseña que mi gran amigo Javier L. García Moreno ha tenido la gentileza de realizar para mi pequeña obra. Ahora que nadie nos escucha, en petit comité, os adelanto que será el prólogo para la próxima edición en papel.

¡Mil gracias, Javier! Eternamente agradecida…

Javier L. García - Escritor y novelista

RESEÑA “A ESTE LADO DEL ESTRECHO”, de ANA CENTELLAS

 

Javier L. García

Escritor

Como escritor de novelas que raramente se amoldan a un género, he de confesar que a veces soy reticente a leer obras fácilmente encasillables dentro de un género concreto. Y más si cabe, si el género podría definirse puramente como romántico. Sin más adjetivos ni matizaciones.

Pues reconozco que particularmente considero el romanticismo como una tragicomedia. Me cuesta concebir, literariamente hablando, romances con epílogos que no concluyan en fracaso.

Y esto es fácilmente visible en obras mías, como “El príncipe de Lentiscar” o algunos relatos de “Los amantes del mar”. Amores desgarrados, romances anómalos, pasiones excesivas y mal encauzadas, que no pueden más que derivar en fracasos frustrantes o estrepitosos. Algunos de buen recuerdo, en el mejor de los casos, y otros todo lo contrario.

Pero hete aquí que mi buena amiga Ana Centellas, de…

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Por capítulos: “Aventura en Escocia (I)”

Por capítulos: “Aventura en Escocia (I)”

 

AVENTURA EN ESCOCIA
Imagen: Morguefile (editada)

 

¡Feliz sábado, amigos! Comienza hoy una nueva serie de relatos por capítulos: “Aventura en Escocia”. Espero que os guste.

AVENTURA EN ESCOCIA (I)

Por fin había llegado el momento. Llevaba meses preparando aquella aventura, porque para mí era una auténtica aventura. Para mis dieciséis años recién cumplidos, viajar al extranjero y pasar fuera unos meses no podía ser considerado de otra manera. Por mucho que mis padres se empeñasen en creer que era un viaje para mejorar mi inglés.

He de decir que mi nivel de inglés ya era casi perfecto. Esto mis padres no lo sabían, pero yo había dedicado buena parte de mis últimos años, desde los trece más o menos, a visualizar vídeos y escuchar grabaciones en ese idioma. Autodidacta, sí, pero de las buenas. No solo mi pronunciación era prácticamente perfecta, sino que había absorbido como una esponja todas las expresiones habituales de las que había sido capaz.

Por eso, aquel viaje a Escocia que iba a realizar, supuestamente para mejorar mi inglés, para mí no era tal, sino una aventura en la que podría ser libre por primera vez en mi vida. Había hablado varías veces con la familia vía Skype, y parecían un matrimonio tranquilo, ya entrado en años. Podrían ser mis abuelos, así que les consideré la familia perfecta para poder salir de casa sin límites. Por fin iba a poder vencerlos, cosa que en mi casa no conseguía. En mi mente, durante meses, se había urdido el plan perfecto. Y mis padres no solo picaron de inmediato, sino que además corrieron con todos los gastos.

Ya en el aeropuerto, entre abrazos sentimentales y lágrimas por parte de mi madre, que veía cómo su niña pequeña iba a dejar el país durante tres largos meses, yo esperaba ansiosa a pasar el control y dar comienzo a mi aventura. Dormí durante todo el vuelo, mientras soñaba con mis nuevos amigos escoceses, esas amistades que me había encargado de forjar durante este tiempo. Y también con noches de fiesta, alcohol corriendo sin medida por mis venas e incluso con perder mi triste virginidad con Andrew, ese pelirrojo tan guapo que se encontraba entre mis nuevas amistades. ¿Por qué no? Ya era mayor y, por fin, sería libre durante unos meses.

Quizá incluso encontrase trabajo y me quedase allí, libre de las ataduras de mi familia, en una pequeña casita que alquilaría con mi sueldo. Al fin y al cabo, solo me faltaba un año para la mayoría de edad. ¿Por qué no adelantar mi sueño un poquito? Solo un poquito. Total, soñar es libre.

Reconocí a la perfección a la pareja de ancianos que me iban a dar alojo durante estos meses. Les abracé con efusividad, cosa que no esperaban y les sorprendió, aún no sabían que iban a ser mi tabla de salvación. Viajamos en coche hasta Pitchlory, al norte de Edimburgo, el bello pueblo en el que residían, al igual que mis hasta ahora virtuales amigos. Sabía que residían en una bonita casa de ladrillo rojo en las afueras del pueblo. Las fotografías que me habían enviado del lugar eran casi idílicas.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Agosto 2017. Derechos registrados.

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Un poquito más de mí

Un poquito más de mí

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Bueno, pues siguiendo con el juego que yo misma me he montado, hoy me toca desnudarme ante vosotros otro poquito más. Y pienso, a ver, ¿qué os podría contar acerca de mí que no sepáis ya?

Se me ocurre una cosita que todavía no sé si es una virtud o un defecto. Os dejo a vosotros mismos que juzguéis, si queréis hacerlo. Yo hace tiempo que dejé de hacer juicios de valores, así que… Es lo que hay y punto. Dicen las malas lenguas, sobre todo la de mi psiquiatra jajajaja, que soy una persona excesivamente metódica y exigente. Sobre todo exigente conmigo misma. Y lo cierto es que lleva razón, ¿qué queréis que os diga? Tengo un nivel de auto exigencia muy elevado, planifico todo lo que tiene que ver con el trabajo al detalle, y  me da muchísima rabia si no llego a alcanzar los objetivos propuestos. Que, por supuesto, tiene que rozar la excelencia. Alguna marca tenía que dejar en mi vida mi trabajo de números, donde la exactitud es primordial y el mínimo fallo trae consecuencias nefastas. Y mis objetivos son siempre muy ambiciosos, como os he dicho, a mí misma me exijo demasiado, tanto en el terreno laboral como en el personal. Hay veces que creo que soy superwoman, y… no lo soy, para naaaada.

Pero os cuento un secreto. Paradójicamente soy desordenada por naturaleza. Vivo dentro de un caos en el que me siento segura, porque dentro del desorden yo encuentro mi orden. Mil y una veces me he propuesto ser más ordenada, y mil y una veces he terminado fracasando, así que, ¿qué me queda? Pues aceptarme tal y como soy. Eso sí, siempre sé donde están las cosas, faltaría más jajajajaja. Si es que para mí es orden… aunque no lo parezca…

Por cierto, y dejando ya de desnudarme, hoy me he dado cuenta de que ya sois 990 personas maravillosas las que me estáis acompañando en mi particular aventura, que es mi mayor ilusión. Por eso había pensado ofreceros una sorpresa especial para cuando lleguemos a esa cifra tan bonita… ¡mil! Y fijaos que, teniendo una profesión en la que los números te saturan, fuera de ella no quiero verlos ni en pintura, así van las cuentas de mi casa, de culo… Pero ha dado la casualidad de que hoy me he fijado en esta cifra, ¿por casualidad? ¿O por causalidad? Bueno, el caso es que me apetece prepararos una sorpresa, que me habéis pillado generosa.

Os doy las gracias a todos y cada uno de las 990 maravillosas personas que ya sois parte de mi familia. Con vosotros es con quien puedo desnudar mi personalidad.

¡Besazos! ¡Se os quiere!

El relato del viernes: “Solo una vez al mes”

El relato del viernes: “Solo una vez al mes”

 

SOLO UNA VEZ AL MES
Imagen: Pixabay (editada)

 

SOLO UNA VEZ AL MES

Te espero en el lugar en el que hemos quedado, como siempre. En ese bonito hotel a las afueras de la ciudad que parece nos está transportando a lugares llenos de magia muy lejos de aquí. Y en verdad lo hace. El primer lunes de cada mes, lo hace. Ese primer lunes de cada mes en el que los dos jugamos a ser quienes no somos, o quienes deseamos ser. Cuando nos olvidamos del resto del mundo y solo estamos tú y yo.

Solo una vez al mes. Ese fue el trato que hicimos. Durante el resto de días seguiremos cada uno con nuestra vida, con la realidad, como  siempre, en la rutina marcada por la cotidianidad de nuestros días. Me conformo con solo una vez al mes, con ese primer lunes que da sentido a mi existencia.

Hoy me he preparado con especial esmero para ti. Quiero que este lunes sea especial, algo que quieras recordar durante todos y cada uno de los días que quedan hasta el próximo lunes en que volvamos a encontrarnos. Que te deje con ansias de que llegue ese momento de nuevo.

Me he puesto una peluca morena de melena corta, en la que puedo esconder mis rebeldes rizos pelirrojos. Es otoño, ya comienza a hacer frío, pero bajo mi larga gabardina negra mi única vestimenta es un liguero que sostiene los negros panties y unos guantes de seda que mantienen al descubierto mis dedos. Camino segura con mis zapatos negros de tacón a través del pequeño hall del hotel y solicito una habitación en recepción. Pido una copia de la llave para que se quede allí. Mientras voy camino de ella, envío un único mensaje a tu número de móvil: 133. Sonrío al imaginar que solo tú sabrás lo que significa.

Entro en la habitación, coqueta, como todas las de este pequeño hotel. Me he asegurado de que estuviese orientada hacia el norte y por la ventana se puede contemplar la cercana montaña cubierta de pinos. He recorrido casi cien kilómetros hasta llegar aquí, como cada mes, pero te aseguro que me merece la pena cada uno de los kilómetros recorridos.

Cuelgo la gabardina en el armario de la habitación y me contemplo durante unos instantes en el espejo del cuarto de baño. Me gusta lo que veo. Me gusta mucho. Me excito solo con pensar lo que sentirás tú al verme.

Excitada ya por completo, me dirijo a la cama. Me arrodillo sobre ella, con las piernas abiertas, y mis dedos comienzan solos un descenso por mi cuerpo. Parten de los pechos, donde se entretienen un rato jugueteando con mis pezones, asegurándose de que parezcan pequeñas rocas puntiagudas. Los retuercen, pellizcan, tiran de ellos con fuerza. Tras esto, la siguiente etapa es prácticamente inevitable.

Continúan deslizándose por mi abdomen, con deliberada lentitud, hasta llegar a instalarse en mi sexo, húmedo, lubricado, preparado para ti. Una de mis manos separa los labios, mientras los dedos de la otra resbalan por mi humedad, deslizándose con una facilidad pasmosa. Soy incapaz de reprimir el primer gemido.

La puerta de la habitación se abre con lentitud y apareces tú, tan guapo como siempre. No puedo evitar que mi cuerpo reaccione ante tu visión, al saber que no has faltado a nuestra cita. Te quedas paralizado al observarme con el nuevo look que hoy te ofrezco, aún sin terminar de cerrar la puerta, cuando contemplas el espectáculo que se está desarrollando ante ti. Porque mis manos, inquietas, y mi cuerpo, caliente, han continuado con su suave deslizar hacia dentro de mi sexo. Sé que has dejado la puerta abierta con deliberación, lo que hace que me excite aún más. El orgasmo me sobreviene sin previo aviso, haciendo que mis jadeos se escuchen con probabilidad hasta la misma recepción del hotel. No me importa. Lo único que me importa es que has acudido a nuestra cita.

Me dejo caer sobre la cama, rendida ante el inesperado orgasmo. Observo cómo te vas desnudando con lentitud, mientras noto cómo mi sexo continúa humedeciéndose más y más a cada prenda que cae al suelo de la habitación. Ante mí se extiende, gloriosa y apetitosa, tu gran erección. Jugueteo con ella, recorriéndola en toda su longitud con mis manos y mi lengua, pero el deseo me puede y tiro de ti hasta hacerte caer sobre mí. Mis piernas, ya abiertas, te acogen en su centro, haciéndote deslizar dentro de mi cuerpo. Durante un buen rato solo se escuchan gemidos en nuestra habitación. Ni una sola palabra ha salido aún de nosotros.

Con agilidad, decido invertir los papeles, dejándote bajo mi cuerpo, prisionero, cabalgando sobre ti hasta alcanzar mi tan deseado orgasmo, una vez, y otra, y otra, hasta que te derramas en mi interior con fuerza y un jadeo entrecortado.

No recuerdo la cantidad de veces que hemos podido repetir esa experiencia esta noche. Solo recuerdo tu cara de sorpresa cuando, al ver que continuaba sin rastro de ropa sobre mi cuerpo, salvo el liguero y los guantes, colocaba sobre mí la ligera gabardina. Me coges de la cintura, intentando abarcar algo de lo que el abrigo intenta cubrir, sin éxito. “Me encanta tu peluca”, me susurras al oído. Y juntos, abrazados, mientras nos besamos con cariño y delicadeza, salimos del hotel con los primeros rayos de luz del día. Montamos en nuestro coche y regresamos a nuestra casa, donde nos espera la rutina. Hasta el primer lunes del siguiente mes.

Ana Centellas. Septiembre 2017. Derechos registrados.

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Mi jueves de poesía: “Me convertiste” (Soneto)

Mi jueves de poesía: “Me convertiste” (Soneto)

 

ME CONVERTISTE
Imagen: Morguefile

 

 

ME CONVERTISTE

 

Tú me convertiste en rosa de fuego

cuando no era más que un junco vacío,

roto por dentro, en el margen del río,

sin ínfulas vanas, libre de ego.

 

Llegaste a mi vida a darle ilusión,

te recibí con mis brazos abiertos,

recibí tus besos, dulces y expertos,

lo llenaste todo de amor y pasión.

 

Todo en este día te lo debo a ti.

Mis pétalos rojos que brillan al sol

son tuyos, mi vida, solo para ti.

 

Y nuestras pasiones que hoy mezclo en crisol,

vivirán por siempre si estoy junto a ti

amándote, fuego al salir el sol.

 

Ana Centellas. Septiembre 2017. Derechos registrados.

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Los 52 golpes – Golpe #36 – “Recuerdos”

Los 52 golpes – Golpe #36 – “Recuerdos”

RECUERDOS

 

RECUERDOS

Quisiera poder poner dentro de una botella todos esos recuerdos que deambulan perdidos por mi mente, sin saber a dónde ir, sin saber si quedarse o marchar. Preciados recuerdos que vagan sin rumbo, como desahuciados de la memoria, perlados por el sudor de la lenta agonía.

Una botella de esas que arrastran mensajes hacia una isla desierta, o como las que encierran preciosos barcos como símbolo de un recuerdo más. Igual que en esas botellas, guardar mis recuerdos errantes, no sea que los vaya a olvidar.

Guardaría en ella todas las gotas del océano, recuerdo impreciso de vidas mejores, de tiempos mejores, de lugares mejores. Guardaría todas las que pudiesen entrar en mi pequeña botella, dejando que el oleaje que forman altere mi sensibilidad en forma de hermosos recuerdos. Recuerdos de los baños en el mar, de los saltos divertidos que ahora no puedo dar, de peces esquivos llevados por la corriente y enredados entre mis pies.

Guardaría en ella un pedacito de arena con aroma a felicidad, un castillo con almenas, preciosas conchas traídas por la marea, escupidas por el océano y que llegaron a mis manos como un presente de infinito valor. Conchas brillantes, perladas, onduladas, para decorar mi castillo y no olvidar jamás que algún día fui princesa. Metería junto a ellas el recuerdo del suave tacto de la arena bajo mis pies, de largos paseos por la orilla, de vientos abrasadores y jornadas de alegría. Muy dentro de ese castillo, al fondo de la botella, guardados con celo, para que no se pierdan en la marabunta indeseada de malos recuerdos que enviaré directamente al buzón del olvido, sin destinatario ni remitente.

Cogería mi botella y terminaría de llenarla con las bellas puestas de sol que un día vieron mis ojos llenos de vida. La belleza del ocaso, entre abrazos y sonrisas, surcada por dulces besos mientras el sol se escondía. Las guardaré en mi botella, la de los buenos recuerdos, la que no quiero olvidar ni cuando mi vida sea un sueño, eterno para más datos, ni cuando llegue mi averno.

Y si quedase un huequito, guardaría en él el aroma a vacaciones, a tiempos compartidos, a felicidad proscrita, a sol esperanzador, a lunas que siempre acompañan, a estrellas que mantienen vivo. Para que cuando lo olvide, pueda abrir mi botellita y rescatar los recuerdos de ese pozo de vacío.

Si pudiese guardar todo ello en mi botella, poner a buen recaudo los buenos recuerdos, asegurarme de que no irán al buzón de los no deseados, poder disfrutar de ellos en cualquier momento, en cualquier lugar, con cualquier compañía… Si tan solo pudiese hacer eso, viviría tranquilo hasta que el monstruo alemán venga a visitarme. Porque cuando llegue, ya no le tendré miedo.

Ana Centellas. Septiembre 2017. Derechos registrados.

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Este es el relato número 36 elaborado para Los 52 golpes y orgullosa de no haber faltado a ninguno de momento. Con lo poquito que queda ya… En la web ya tenéis disponibles los relatos 37 y 38, por si queréis ir echándoles un vistazo. ¿Qué nos deparará el 39?

“Llegó el vacío a nuestro mundo” – Desafíos Literarios

“Llegó el vacío a nuestro mundo” – Desafíos Literarios

 

LLEGÓ EL VACÍO A NUESTRO MUNDO
Imagen propia. Derechos registrados.

 

Comparto con vosotros mi colaboración como columnista en Desafíos Literarios de la semana pasada. No dejéis de pasaros por la página. ¡Es espectacular!

 

LLEGÓ EL VACÍO A NUESTRO MUNDO

Fuimos muy felices en aquel recóndito rincón apartado del resto del mundo. Vivíamos en nuestro propio mundo, ese que tú y yo construimos juntos, solo para nosotros. Nada importaba, solo éramos tú y yo, alejados de la gente en un mundo de fantasía e ilusión, en el que no cabían las penas, en el que derrochábamos a raudales cantidades ingentes de amor y pasión. Sin ruidos que nos molestasen, sin compañías que nos separasen, sin veranos ni inviernos, sin frío, solo calor.

Todavía no comprendo bien los motivos por los que hoy has decidido abandonar nuestro mundo. Mi cerebro no atiende a estúpidas razones ininteligibles para mi corazón de analfabeto, que no entiende más palabras que no sean tú, yo y nosotros. Se ha quedado sin sus palabras, sin conocer otra anatomía que no sea la tuya, sin motivos para seguir bombeando de forma automática minúsculos ríos de sangre acobardada con los que regar a mi cerebro insano.

Ahora me encuentro solo, aquí, guarecido en nuestro rincón, viendo cómo te alejas de mi vida y de nuestro idílico mundo. Te veo atravesar la arena de nuestra playa, ya desierta, con una confianza y un coraje que nunca antes te había conocido. No te reconozco mientras te marchas. No sé bien si esa silueta que localizo ya en la lejanía eres tú o una parte de ti que nunca había conocido hasta ahora. Mientras, yo, cobarde y melancólico, te observo bien escondido tras las murallas del que ayer mismo era nuestro propio mundo, parapetado tras las sombras de un amor que fue y ya nunca más volverá a ser.

Ya no te distingo en la lejanía. En verdad te fuiste y ahora solo me queda replantearme mi vida aquí, en un mundo que ya no es tuyo, ni mío tampoco, porque siempre fue de nosotros. Mi cerebro abotargado ya no puede discernir ni la luz ni la oscuridad, ni siquiera si es hoy, ya es mañana o todavía fue ayer. Ojalá todavía fuera ayer… Mientras, mi corazón resquebrajado y herido, deja de insuflar la poca sangre que enviaba a circular por las venas de este cuerpo ya inerte. Un corazón sano, apasionado, feliz y vivaracho, convertido en simples migajas de melancolía y desamor. ¿Qué voy a hacer ahora que mi corazón pierde sus latidos? Ven y dime, ¿qué voy a hacer ahora sin ti?

Mi alma en pena vagará sin rumbo fijo por nuestro pequeño rincón del mundo. Recorrerá nuestra playa, volverá a morir mil veces recordando tus bellos ojos grises, saciará sus deseos volviendo a todos aquellos lugares en los que nos amamos. Mi cuerpo sin vida queda en nuestro rincón, esperando a que lo encuentren. Pero mi alma seguirá esperando a la tuya en nuestro mundo, anhelante, expectante, deseando revivir.

Ana Centellas. Septiembre 2017. Derechos registrados.

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