Reto literario: “La menor de las hijas del rey”

Reto literario: “La menor de las hijas del rey”

LA MENOR DE LAS HIJAS DEL REY

LA MENOR DE LAS HIJAS DEL REY

Alonso no podía permanecer ni un solo segundo sentado. Se asomaba al balcón una y otra vez, con un nerviosismo, bien patente en su rostro, que solo logró controlar cuando vio a la menor de las hijas del rey descender de su carroza. Bajó al vuelo las escaleras, a tiempo para comprobar cómo esta escapaba con su hermano  Gonzalo por la puerta de detrás.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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La hija menor del rey by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de junio, del blog de Adella Brac

182. TRABAJAR

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Reto literario: “El destino”

Reto literario: “El destino”

 

RETO ESCRIBIR JUGANDO

 

Nuestra querida compañera Lìdia Castro ha comenzado un nuevo reto de escritura mensual, basado en juegos de mesa, llamado Escribir jugando. La idea es fantástica, ¿os animáis? Aquí va mi pequeña colaboración para este mes de julio, espero que os guste.

EL DESTINO

La princesa había sido encerrada en el Templo de la Luna para protegerla de la profecía que marcaba su destino a la edad de quince años. Nadie sabe cómo logró llegar hasta ella el espejo que había sido enterrado bajo el castillo en un cofre con cien cadenas, pero cuando la princesa se miró en él, logró escapar del templo y llegar hasta allí, cayendo al foso de aguas envenenadas donde vivía la gran serpiente utilizada para defenderse de los enemigos. Desde entonces, todos en el reino saben que nadie puede escapar a su destino.

Ana Centellas. Julio 2018. Derechos registrados.

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JULIO_18 - EL DESTINO       JULIO_18 - EL DESTINO (II)

 

 

Reto literario: “Si tuviera elección”

Reto literario: “Si tuviera elección”

 

SI TUVIERA ELECCIÓN

SI TUVIERA ELECCIÓN

Si yo tuviera elección, si me dieran a elegir, escogería, sin duda, aquello que fuese mejor para mí.

 

Elijo amor sobre odio.

Elijo alegría en vez de penas.

Elijo la noche en lugar del día.

Elijo quedarme, no quiero partir.

 

Elijo melón antes que sandía.

Elijo café, siempre elijo café.

Elijo luz en vez de tinieblas.

Elijo ser tuya, me muero sin ti.

 

Elijo en la cama o tumbada en el suelo.

Elijo descalza y sentir mis pies.

Elijo cariño en lugar de los celos.

Elijo la arena resbalar en mí.

 

Elijo la paz sobre todas las guerras.

Elijo el rojo, mi color pasión.

Elijo hogueras en lugar de cenizas.

Elijo el camino que me lleve a ti.

 

Si yo tuviera elección, si me dieran a elegir, elegiría a tu lado o dejarme morir. Si yo tuviera elección.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Este texto ha sido trabajado para el reto literario de El bic naranja, los viernes creativos de Ana Vidal.  Espero que os guste.

Reto literario: “Perdió la cabeza”

Reto literario: “Perdió la cabeza”

PERDIÓ LA CABEZA

PERDIÓ LA CABEZA

Desde pequeño siempre me ha gustado repasar el viejo álbum de fotografías que hay en casa de los abuelos. Me encantaba ver desfilar ante mí a todas aquellas personas de otros tiempos, sin color, siempre vestidos en tonos oscuros. Hasta no hace mucho tiempo pensé que la vida por aquel entonces era así, en blanco y negro, no que estuviera repleta de colores que las máquinas de fotografiar no eran capaces de reflejar. Me quedó una sensación extraña en el subconsciente que aún permanece ahí, y cuando miro estas fotografías tengo que hacer un reseteo y recordar que aquellas personas vestían ropas de color, que los árboles eran verdes y no grises.

De entre todas ellas, hay una en especial que me gusta repasar. Es una imagen marcial de un hermano de mi bisabuelo, con ese regusto añejo que guardan las cosas por las que los años han pasado como un maremoto asolador. Cada vez que la veo, la saco con cuidado de la desgastada funda de plástico del álbum, y me recreo en su tacto, en los bordes agrietados y envejecidos, pero, sobre todo, en la imagen.

La historia de esa fotografía me la contó muchas veces mi abuelo, sentados frente al fuego, cuando iba a visitarle. Era mi momento preferido, mis ojos se abrían como platos y no pestañeaba ni un segundo hasta que el abuelo terminaba de contar tan rocambolesca historia. Nunca fui capaz de saber si aquella historia fue real, en cuyo caso sería asombrosa, o si solo se trató de un macabro foto montaje para recordar al vetusto señor Oria. En cualquier caso, el secreto se fue a la tumba con mi abuelo, al parecer, y yo, a estas alturas de mi vida, ya me inclino más por la segunda de las opciones. Pero según observo la fotografía soy capaz de detectar tanta vida en aquella mirada que hay momentos en los que dudo.

Según me contaba el abuelo, mi tío bisabuelo, si es que existe ese grado de parentesco, había llevado siempre una correcta vida de trabajo que le había impedido conocer el amor. A sus casi cincuenta años, seguía sin pareja, a pesar de ser uno de los solteros más codiciados de la ciudad, incluso por las damas más jóvenes. Pero él, siempre centrado en su trabajo de científico, prefería los laboratorios y los tubos de ensayo a cualquier otro acto de relaciones sociales que, de hecho, evitaba a toda costa.

Cierto día conoció, casi por casualidad, a una dama de alto linaje que logró traspasar las férreas corazas auto impuestas y quedó prendido locamente de ella. La dama en cuestión era una mujer casada entre cuyos planes no figuraba en ningún caso una posible infidelidad a su marido. Cuentan que el hermano de mi bisabuelo dedicó tanto esfuerzo, tanto físico como en pensamiento, a conquistar a la dama de sus sueños, que llegó un día en que perdió la cabeza. De manera literal. Pasaron horas buscándola, hasta que al final apareció a la puerta de la casa de aquella dama, con lágrimas en los ojos.

Una vez recuperada, quiso hacerse fotografiar. Y hasta el día de hoy, que permanece entre mis manos, el porte adusto del señor Oria, sujeta bajo su brazo una cabeza de melena revuelta y grandes mostachos que parece mantener una actitud mucho más relajada, incluso sorprendida, que la del resto del cuerpo.

¿Realidad o ficción? Eso jamás lo sabremos. Pero yo no consigo apartar la vista de la mirada de mi tío bisabuelo que, con un gesto apenas perceptible, parece querer decirme, «cuídate del amor, hijo».

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Tomada de la red

Este relato ha sido trabajado para el reto literario de El bic naranja, los viernes creativos de Ana Vidal.  Espero que os guste.

Reto literario: “Cenicienta”

Reto literario: “Cenicienta”

CENICIENTA

CENICIENTA

Sueño que voy por el camino de baldosas amarillas sin necesidad de pedirle a nadie la vez. Sueño que no voy corriendo a todos lados, que la prisa ya no es mi compañera. Ya me cansé de tanto ir y venir, me cansé de ser una triste Cenicienta que en lugar de regresar a las doce, tiene que volver cada mañana, siempre a las nueve. Es cuando se deshace el hechizo.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Comparto con vosotros mi aportación al Reto cinco líneas del mes de junio, del blog de Adella Brac.

Reto literario: “Interferencias”

Reto literario: “Interferencias”

INTERFERENCIAS

INTERFERENCIAS

Luis llevaba un buen rato sentado en el sillón de la sala de estar, con su bata bien atada y las zapatillas de andar por casa. Había llegado la hora de su merecido descanso que, a su edad, significaba que ya había caminado lo suficiente por aquel día. Jugaba con sus gafas, apoyadas sobre el puente de la nariz, poniéndoselas y quitándoselas de manera alternativa. En su mano derecha, el mando de la televisión sufría las consecuencias de su desesperación, pues más que pulsar los botones parecía que los estuviese aporreando ya con furia.

Manuela entró en la sala con gesto cansado, en busca de un pequeño momento de relajación mientras hacía algún crucigrama. Vio a Luis alterado, pero, encogiéndose de hombros, fue a acomodarse en su mecedora.

—Manolita, esta televisión ya se ha vuelto a estropear —gruñó Luis, sin dejar de mirar a la pantalla.

—Te he dicho mil veces que no me llames Manolita, que no me gusta —reprochó, con resignación—. A ver, ¿qué te pasa ahora con la tele?

Manuela veía a su marido pulsar frenéticamente el mando, mientras se colocaba las gafas para verlo mejor. La televisión, al fondo, cambiaba una y otra vez de canal, sin respiro.

—¿Es que no lo ves? La imagen se ha quedado fija, por más que pulso los botones no cambia. Además, tiene interferencias. Mira, mira.

Manuela se levantó de su mecedora sin haber llegado a coger el cuadernillo de crucigramas. Se acercó a su marido y, girando el sillón sobre el que estaba sentado, le dijo, tras lanzar un sonoro suspiro:

—Pero Luis, que estás mirando otra vez el cuadro que compramos en el rastro. Qué manía tienes con darle la vuelta al sillón.

Luis, asombrado, vio cómo la televisión respondía a la perfección a las pulsaciones sobre el mando. Giró la cabeza para observar el dichoso cuadro:

—¡Anda! Ni me había dado cuenta. Oye, Manolita, ¿y por qué compramos un cuadro que tiene interferencias?

Manuela, con infinita paciencia, regresó a su mecedora. Tomó entre sus manos el cuadernillo de crucigramas y, con una sonrisa, recordó aquel día, no tan lejano, en el que Luis se empeñó en comprar aquel dichoso cuadro, alegando que era una auténtica obra de arte, cuando ella no veía más que una pintura estropeada.

—Porque es una obra de arte. ¿Acaso no lo ves?

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

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Interferencias by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Rafa Rollón

Este relato ha sido trabajado para el reto literario de El bic naranja, los viernes creativos de Ana Vidal.  Espero que os guste.

 

Reto literario: “Dos pérdidas y un destino”

Reto literario: “Dos pérdidas y un destino”

DOS PÉRDIDAS Y UN DESTINO

DOS PÉRDIDAS Y UN DESTINO

Edward acaba de cumplir noventa años en soledad en la residencia para la tercera edad que le ha visto ya cumplir dos décadas, el mismo tiempo que hace que perdió a su familia. Su mujer y su único hijo, Charles, perdieron la vida en un accidente de tráfico mientras este conducía para llevar a aquella a un reconocimiento médico. Ambos fallecieron en el acto.

Sin embargo, a pesar de la tristeza que le produjo quedarse solo en el mundo, él ya venía arrastrando ese sentimiento desde mucho tiempo atrás. Cada mañana, desde hacía más de cincuenta años, revisa la misma fotografía. La encontró por casualidad una tarde lluviosa cuando regresaba a casa por un recorrido distinto del habitual. En el escaparate de una tienda de fotografía, decorado con cientos de imágenes antiguas, llamó su atención en cuanto la vio. ¿Cuántos años tendría él en aquella fotografía? Siete u ocho, no creía que más. Ya ni recordaba el motivo por el que los habían condenado, pero así fue, a todos. Y de camino al patíbulo, los obligaron a llevar aquellos estrafalarios disfraces para escarnio y mofa de los que estaban a su alrededor. En su mente todavía resonaban los ecos de las risotadas a su paso de aquellos que habían sido sus vecinos. Él, adornado con aquellas gafas que no recordaba del material que estaban hechas. Y los morados en los brazos de su hermana y de su madre, a la que aún en aquellas circunstancias todavía se le escapaba una cierta risa nerviosa.

Él consiguió escapar entre el revuelo que se produjo cuando la comitiva llegó a la plaza del pueblo. Huyó, corrió con todas las fuerzas que sus pequeñas piernas le permitieron, dejando a su familia atrás, condenada. El resultado de aquella proeza fue un sentimiento de culpa que le acompañaría durante toda la vida, aunque al menos debía sentirse agradecido por tenerla, la vida.

Tras una ardua negociación, consiguió hacerse con aquella fotografía, por lo visto la única que existía de aquel día. Eso sí, le supuso un fuerte golpe para su cuenta bancaria. Le daba igual, no podía permitir que aquel crimen se exhibiese por ahí disfrazado de una falsa alegría de carnaval. Además, era el único retrato que tenía con su familia, por más tétrico y cómico que fuese.

Aquella mañana, en la residencia, mientras repasaba una y otra vez con sus arrugados dedos los contornos de aquellos rostros que un día fueron tan queridos para él, no pudo evitar que un pensamiento cruzase por su cabeza. ¿Por qué él, que había perdido a su familia por dos ocasiones, seguía a su edad disfrutando del milagro de la vida? Cansado, guardó la fotografía y salió a pasear como cada mañana, mientras pedía en silencio a la muerte que también le llevase a él.

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

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Dos pérdidas y un destino by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

*Imagen: Nereo López

Este relato ha sido trabajado para el reto literario de El bic naranja, los viernes creativos de Ana Vidal.  Espero que os guste.