Hoy os presento este blog…

Hoy os presento este blog…

HOY OS PRESENTO ESTE BLOG

¡Ahora sí que sí! ¡Última tarde del año, amigos! Pero no por ello voy a dejar de traeros un nuevo blog que creo merece la pena que conozcáis. Hoy voy a ser breve, que tenemos todos que prepararnos para la última noche del año.

Hace unos días contactó conmigo Ana Peraza, una chica venezolana que ha tenido que dejar su país, y me habló de su blog. Es nueva por estos lares y creo que se merece una calurosa bienvenida, que se sienta bien arropada por su nueva familia aquí, en la blogosfera.

Podéis acceder a su blog haciendo clic en el enlace que os he dejado, pero, de todas formas, me traigo para acá una de sus publicaciones que más me gustaron. “Hiciste que me enamorara de mí” es el título de la poesía que os muestro, para que comprobéis vosotros mismos por qué me gustó tanto. Como siempre, va el enlace directo a la entrada.

Me enamoré de ti por la forma en que logras hacerme feliz.
Me enamoré de ti por como equilibras mi desastre con tu calma.
Porque te diste cuenta antes que yo de lo bonitos que son mis defectos
y me enseñaste, sin querer hacerlo, a darme cuenta de ello.
Me enamoré de ti porque hiciste que me encontrara.
Por cómo me hiciste entender que,
aunque no me hacía falta nadie más,
se siente mucho más bonito compartir todo con alguien.
Me enseñaste que puedo ser más que todos mis problemas,
Que soy capaz de lo imposible,
que la sonrisa más bonita me la pongo yo.

Me enamoré de ti

porque hiciste que me enamorara de mí.

¡Bienvenida a la familia, Ana! Verás que te vamos a cuidar muy bien.

Ahora sí, ¡feliz Año Nuevo a todos! ¡Hasta 2018! (o eso creo)

HAPPY NEW YEAR

 

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas XX – Carlos Banks”

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas XX – Carlos Banks”

 

SUÉÑAME EN NY O CALIFORNIA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

¡Por fin ha llegado el día! Último día de este año 2017 y no quería faltar a mi cita con vosotros de todos los domingos. Aunque mi voz todavía está un poco perjudicada, no podía dejar pasar la ocasión y no he encontrado mejor manera de felicitar el nuevo año a nuestro queridísimo amigo Carlos Banks que con esta colaboración, que sé que lleva tiempo esperando.

No es la primera colaboración con Carlos y yo encantada. Siento mucho que mi voz esté dando tanta guerra, amigo, pero tómalo como mi pequeño regalito de año nuevo. Espero que te guste. Está hecho, como siempre, con todo el cariño del mundo.

En esta ocasión, Carlos nos trae un maravilloso poema titulado “Suéñame en NY o California o París o la Plaza Roja”. Podéis acceder a la entrada haciendo clic en el título.

Y nada, aquí os lo dejo. Espero que os guste.

Esta tarde volveré a pasar por aquí, así que mis deseos para el año que viene los dejo para después. ¡Besos! ¡Se os quiere!

HAPPY NEW YEAR

Reto literario: “Respira”

 

RESPIRA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

RESPIRA

Virginia llegó a su casa con un auténtico nudo en el estómago, un nudo que estaba tan alto que le impedía hasta la respiración. Había tenido un día desastroso, más que eso, juraría que había sido el peor día de su vida.

Por ponernos un poco en antecedentes, podemos decir que comenzó con un tremendo atasco en el camino del trabajo que la hizo llegar más de dos horas tarde. Cuando, al fin, consiguió llegar, se encontró con una carta de despido sobre su mesa, como consecuencia de los retrasos acumulados. Recogió las pocas pertenencias que tenía en la oficina y fue directa a casa de Ricardo, su novio. Trabajaba por la noche y a esas horas seguro estaría en casa. Lo que más necesitaba en aquellos momentos era un poco de consuelo y un abrazo de su chico. Pero, al llegar, Ricardo no estaba solo. Una guapísima rubia que debía medir unos veinte centímetros más que ella le acompañaba en el silencio de la mañana. Salió de allí sin detenerse a mirar atrás y, en el camino hacia su casa, su coche decidió dejarla también tirada en el carril central de la carretera. Varias horas después, cuando por fin llegó la grúa y tras haber organizado otro monumental atasco, consiguió llegar a su casa. La encontró más vacía y oscura que nunca.

Cerró la puerta tras de sí y permaneció allí apoyada durante unos instantes. Estaba comenzando a hiperventilar y un fuerte dolor le oprimía el pecho. Dudó durante un segundo si llamar a atención médica, pero decidió que ya era lo último que le faltaba aquel día, y reconoció los síntomas como lo que realmente eran: un ataque de ansiedad en toda regla. Demasiadas emociones juntas en un mismo día. Y ninguna buena.

Las lágrimas resbalaban por su rostro mientras se esforzaba por hacer que el aire entrara con regularidad en sus pulmones. Tenía que hacer algo, no contaba con ninguna ayuda para que aquel ataque pasase. Entonces recordó las recomendaciones de su amiga Ana cada vez que se ponía nerviosa. Decidió hacerla caso por una vez en la vida. Quizá no estuviese tan equivocada.

Allí mismo, sentada sobre el suelo de la entradita, cerró los ojos. Tomó aire por la nariz lentamente, mientras iba contando mentalmente hasta cuatro. Sentía cómo su tripa se inflaba como un globo, recordaba que no eran los pulmones los que se tenían que inflar, sino que debía dirigir todo el aire hacia la tripa. Aguantó la respiración durante el tiempo que tardó en contar hasta siete. Después, fue dejando salir el aire por la boca mientras contaba hasta ocho. En la tercera de las respiraciones ya notó cómo el ritmo cardiaco se le estaba normalizando. Las respiraciones eran menos atropelladas a cada momento. Continuó así durante un buen rato, hasta que se sintió por completo relajada. Tan, tan relajada que se quedó dormida allí mismo.

Al despertar, lo único que pudo sentir fue alivio. Alivio por no tener que volver a ese trabajo que tanto odiaba. Alivio por no tener que seguir manteniendo una relación que no funcionaba. Alivio porque por fin iba a tener la excusa perfecta para cambiar de coche.

Después de todo, quizá la vida le había sonreído aquel día.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Respira by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

Por capítulos: “El pacto (II)”

 

EL PACTO
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

El pacto (I)

EL PACTO (II)

Se dejó caer a plomo en su cómodo sillón de cuero. Jamás se habría podido imaginar algo así. Creía que su pequeña reliquia se encontraba tan a salvo que no se había dado ni cuenta de que alguien caminaba tras ella. Aún no eran ni las nueve de la mañana, pero la sensación que tenía era la de haber permanecido entre aquellas cuatro paredes durante varios días. Era una sensación asfixiante, de falta de aire, de sentirse recluso en su propia casa, de haber sido profanado. Cerró los ojos con fuerza y exhaló con sonoridad todo el aire de que fue capaz.

—Solo quiero despertar de esta pesadilla —dijo, para sí mismo, mientras se frotaba el rostro con ambas manos como si esperase que de esa forma pudiese salir de aquel mal sueño que, al parecer, estaba viviendo.

Volvió a mirar por la ventana. Aquello siempre le calmaba cuando se encontraba estresado, cansado o furioso. A lo lejos, el mar daba brincos estallando contra las rocas de la costa, como correspondía a aquella época del año. Sentía que en aquellos momentos era una de aquellas olas que iban a romper con dureza contra las rocas.

Decidió inspeccionar de nuevo su despacho, pero con mayor meticulosidad. Buscaba cualquier pista que al ladrón se le hubiera podido pasar desapercibida, el más mínimo cambio en la colocación de los enseres, cualquier cosa. Podría haberse dedicado a inspeccionar cualquier mota de polvo que hubiese quedado depositada sobre los muebles, y habría sabido que todos sus esfuerzos eran en vano. Lo notó cuando entró al despacho, como cada mañana, con el ceño fruncido. Para él, que era tan metódico y obsesivo con el orden, cualquier cosa desplazada de su lugar le hubiese llamado de inmediato la atención, pero no había sido así. Además, contaba con el mejor sistema de alarma del mercado, con lo que cualquier intruso hubiese sido detectado inmediatamente. A no ser, claro está, que la persona que hubiese entrado pudiese desactivar la alarma.

En su mente comenzó a dibujarse un rostro que cumplía con todos los requisitos para ser el posible autor del robo. Solo había una persona que se hubiese ganado su confianza de tal manera como para no solo haberle hecho entrega de las llaves de la oficina, sino que además poseía las llaves de su despacho, las de la caja fuerte y la clave para desactivar la alarma. Solo una persona cumplía con esos requisitos, pero había algo que no encajaba. No comprendía el motivo que podía tener aquella persona para robar el documento más valioso para él, pero que para los demás no tenía valor alguno. ¿Para qué iba a hacer aquello? En fin, no le quedaba más remedio que entrevistar a esa persona para intentar sonsacarle información. Si esa persona le demostraba que no había sido ella, no le quedaría más remedio que intentar adivinar.

Las manos de Natalia no dejaban de temblar desde que el Sr. Gutiérrez la había llamado a su despacho con urgencia y, pidiéndole que cerrara la puerta tras de sí, la invitó a sentarse en una de las tradicionales butacas que, reservadas para los clientes, estaban situadas en la parte de fuera de la gran mesa de madera de nogal de aquel hombre.

Aquel gesto no pasó desapercibido para el Sr. Gutiérrez, pero no sabía si interpretarlo como una muestra de miedo a haber sido descubierta o temor a que la fuese a echar una bronca por haber irrumpido sin llamar en su despacho una media hora antes. Quedó muy confuso, pues él siempre se había jactado de conocer las intenciones de una persona con solo una mirada, así como de saber cuándo alguien le estaba mintiendo o no. Pero con Natalia tenía dudas, y eso comenzó a ponerlo nervioso.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

El pacto by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

A este lado del Estrecho: ¡Feliz 2018!

A este lado del Estrecho: ¡Feliz 2018!

A ESTE LADO DEL ESTRECHO - FELIZ 2018

Quedan pocos días, casi horas ya, para que termine este 2017 que nos ha dejado muchas cosas buenas y otras no tanto. Pero de eso se trata, ¿no?

Los personajes de “A este lado del Estrecho” y yo queremos desearos un muy feliz año nuevo 2018. Que todas vuestros sueños se cumplan, vuestras ilusiones os alumbren y la vida os sonría siempre.

Aprovecho para recordaros que la edición en papel de “A este lado del Estrecho” ya está disponible, a un precio muy asequible y además os la envío sin gastos a donde me digáis (en península) con dedicatoria personalizada. Parece un buen regalo, ¿no? ¡Aún estáis a tiempo de que os lo traigan los Reyes Magos!

También podéis pedirlo directamente a la editorial Círculo Rojo, en el siguiente enlace.

Todo el que la ha leído coincide en una cosa, la historia engancha y no puedes parar de leer, así que, si te gusta el género romántico, es ideal para ti.

Hoy, para finalizar el año, os dejo con el booktrailer que la editorial Círculo Rojo ha realizado:

¡Feliz 2018 desde el paraíso!

El relato del viernes: “Amigo de la luna”

 

AMIGO DE LA LUNA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

AMIGO DE LA LUNA

Adrián apenas juega. Hace pocos meses que comenzó a caminar, pero apenas juega. Él se levanta temprano para llegar a la escuela cuando el sol aún no ha roto la intensa oscuridad de la noche. Su mamá se despide de él con un cariñoso beso, un abrazo de los fuertes y una lágrima asomando de sus tristes ojos grises. Su papá hace un buen rato que salió de casa, ni siquiera ha llegado a verle. Así cada mañana.

Cae la tarde y sus amigos van abandonando la escuela. Él les ve marchar felices, en brazos de sus familias, mientras ríen y reciben besos. Adrián nunca dice nada, está más que acostumbrado a ser el último en irse. No es mal lugar la escuela, hay millones de juguetes, podría pasar horas y horas jugando, pero Adrián solo espera en silencio a que mamá venga a recogerle, igual que han hecho las otras mamás.

Solo cuando ya es de noche de nuevo, cuando la escuela está a punto de cerrar sus puertas, llega mamá apurada. Le colma de besos, le achucha en abrazos y Adrián sale, por fin, de la escuela, con una sonrisa de orgullo en los cálidos brazos de su madre. Llegan a casa juntos, papá aún no ha regresado. Adrián quiere jugar con ella, pero siempre hay cosas por hacer. Y ve cómo mamá, con cara de infinito cansancio, pone la lavadora, recoge el fregadero, plancha sus camisetas y comienza a preparar la cena.

A la hora de la cena es cuando papá regresa y él sale corriendo a abrazarle. Resguardado entre sus brazos, es testigo del suave beso que sus papás se dan cada noche. Y Adrián pide jugar, ahora que ya están todos. Pero la cena está lista.  A cenar todos juntos, a lavarse los dientes, mamá le pone el pijama y le lleva a su habitación. De pie, aún en su cuna, espera el beso de buenas noches que los dos juntos van a darle.

Su cuarto está decorado con miles de lunas y estrellas que flotan sobre su cabeza mientras Adrián, poco a poco, va dejando que sus ojos se cierren, presas del cansancio.

Y entonces Adrián sueña, y en sueños llama a la luna. La luna hasta él se acerca. «¿Quieres jugar conmigo?». «Claro», responde la luna, y le entrega un globo rojo que él siempre ata a un extremo de la media luna que aparece en sus sueños. Y la luna sube y baja, y Adrián ríe y ríe, se abraza a su amiga la luna, juega con ella toda la noche, a caballito, al escondite, al pilla pilla, al veo veo. La risa de Adrián se oye en todo el firmamento, hasta que la luna baja y lo deposita suavemente en su cuna. Entonces su madre le despierta, con cariño, con dulzura. Hay que volver a la escuela.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Amigo de la luna by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

Mi jueves de poesía: “Vivamos”

Mi jueves de poesía: “Vivamos”

 

VIVAMOS
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

 

VIVAMOS



Besémonos en los labios.

Besémonos en la boca.

Abracémonos bien fuerte.

Sube conmigo hasta el cielo.

Bajemos juntos al infierno.

Volemos por el firmamento.

Bailemos hasta quedar muertos.

Riamos por todas las cosas.

Lloremos cuando apetezca.

Comamos lo que nos guste.

Por favor, cómeme a mí.

Bebamos, porque el agua es vida.

Bebe también de mi cuerpo.

Deslumbremos a las estrellas.

Bajemos la luna en pedazos.

Apaga junto a mí el sol.

Disfrutemos de las olas.

Naveguemos por cien mares.

Inventémonos un cuento

o cien fábulas maravillosas,

que Esopo se sienta orgulloso

de aquello escrito entre dos.

Saltémonos todas las normas.

Corramos hacia el horizonte.

Corrámonos juntos sin tregua.

Amémonos dentro del agua.

Crucemos el arcoíris.

Desordenemos el orden.

Soltémonos la melena.

Abracemos la locura.

Pintémonos la sonrisa.

Saltemos sobre la cama.

Hagamos guerras de almohadas.

Hablemos hasta la noche.

Vivamos juntos la vida,

pues la vida es para eso.

Pero vivámosla hoy,

porque mañana quién sabe

si alguno estaremos muerto,

si nos gane la rutina

o se nos muera el amor.

 

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Vivamos by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

Los 52 golpes – Golpe #49 – “El balcón”

EL BALCÓN

 

EL BALCÓN

Adornaba su pequeño balcón como solo saben hacerlo las personas que lo han perdido todo en la vida. A ella ya no le quedaba nada, solo sus plantas y su viejo minino, que tenía tantos años que con gran seguridad la dejaría más sola todavía. Había enviudado hacía muchos años, más de diez, pero ya había perdido hasta la cuenta. Eso sí, vestía desde aquel instante un luto riguroso que ningún evento social, léase bodas, bautizos o comuniones de los muchachos del barrio, había conseguido romper.

Dos hijos se habían engendrado en su vientre un día fértil y que ahora ya no era más que tierra yerma. El primero de ellos, Jesús, había fallecido pocas horas después del parto que la comadrona le había practicado en su propia casa. Recibió sepultura y jamás se volvió a pronunciar su nombre en aquella casa, pero su sonrisa se volvió un poquito menos amplia. El segundo, de nombre Salvador, había llegado a sus vidas en menos de un año y su nombre fue para la familia como el presagio de que había llegado para salvarles de la pena constante en la que vivían. Nació un niño sano, robusto e inteligente que más de una vez se metió en grandes líos debido a su extrema picardía.

La desgracia llegó a su vida una vez más en forma de accidente de tráfico, que sesgó la vida de su hijo Salvador tan solo un par de años después de que su marido la dejara. Había dado sepultura a las tres únicas personas que había querido en su vida. Desde entonces, todo giraba en torno a su luto más crudo aún si cabe, su pequeño gato y las flores de su balcón.

Por eso dedicaba todos sus esfuerzos en mantener con vida las preciosas flores con las que revestía su pequeño balcón, en un intento de demostrar que en ella todavía quedaba vida, que había un resquicio de esperanza, de alegría. Cuidaba de su gato con el mayor esmero del mundo, sabía que pronto la dejaría sola también, y quería que sus últimos meses de vida fueran lo más agradables posible para él.

Pero sus flores lucían con un gran resplandor bajo los rayos de sol que llegaban de forma directa, sin intermediarios, a su balconcito. Y las plantas florecían en cualquier época del año, haciendo de aquella pequeña terraza la más bonita de toda la ciudad. Todo el que pasaba por aquella callejuela se quedaba prendado de la belleza inigualable de aquel balcón.

Un par de meses fue lo que duró la vida del pequeño minino. Al verse sola en la vida, su corazón decidió partir junto a sus seres queridos tan solo un par de días después. Todo el barrio acudió a su funeral. Jamás había estado tan acompañada, pero ahora ya era tarde para saberlo. Ya descansaba junto a su querido marido y a sus dos hijos en la misma estrella que volcaría su luz sobre el balcón cada noche.

Las flores, olvidadas ya de una mano cariñosa que las cuidase, siguieron su camino ellas mismas. Su balcón continuó siendo el más bello y florido de toda la ciudad. Una brillante estrella las mimaba desde el cielo.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

Espero que os haya gustado mi relato nº 49 para Los 52 golpes. Como cada semana, os recomiendo que os paséis por la web, donde podréis encontrar magníficos textos y poesías, además de mis golpes nº 50 y 51. ¡Ya solo queda uno! ¡Qué nervios! ¡Qué ilusión! Voy con retraso compartiendo porque en principio no iban a ser visibles, pero como mi intención es continuar al año que viene, puede que os ponga al día en esta semana y comencemos el año desde el golpe nº 1. ¡A ver cómo ando de tiempo!