Y otro poquito más de mí

Y otro poquito más de mí

RECIÉN LEVANTADA

No os asustéis… solo soy yo, jajajaja. Continúo desnudándome un poquito más y hoy os traigo una imagen que nunca más se repetirá por mucho que me roguéis. Esa que veis ahí soy yo recién levantada. Me he permitido la pequeña licencia de aplicarle algún filtro a la imagen, que al menos disimule las ojeras, porque si no… jajajaja.

Pues os cuento. Creo que podría calificar mi vida con cualquier adjetivo menos con “tranquila”. Eso implica todo el día corriendo de aquí para allá, y con dos hijos, imaginaos, sobre todo las tardes son frenéticas.

Muchos de vosotros me comentáis asombrados de mi gran capacidad para ser prolija en relatos y demás. Pues aquí os cuento mi secreto. Cuando llega la noche y toda la casa está en calma, cada mochuelo en su olivo y no se oye ni una pequeña vocecita, es cuando yo me cojo el portátil y me explayo a gusto. ¿Qué ocurre? Que me encanta lo que hago, por lo que cada día le araño un poquito más a las horas de sueño. Esta entrada, por ejemplo, os la estoy escribiendo a la 1:05 de la mañana y creo que tendré para dos o tres horitas más.

Pero, ¡ay, amigos, cuando suena el despertador! No digo que lo cogería y lo mandaría bien lejos de una patada, porque lo cierto es que hay días en que ni lo escucho. Así que ya veis como termina mi carita después de sus ínfimas horas de sueño, y eso que he intentado esbozar una tímida sonrisa.

Ahora que lo pienso, claro, ¿quién me manda a mí hacer entradas como esta, por ejemplo? Si es que me va la marcha, para qué negarlo.

Más de una noche me he quedado dormida sobre el portátil, y he desarrollado la valiosísima habilidad de dormir sin caerme, lo cual es muy cómodo para cuando te entra la pájara y estás sentada frente al teclado. Eso sí, lo curioso es que continúo escribiendo, pero debo hacerlo en algún idioma que llega a mi cerebro subliminalmente durante el sueño, porque no entiendo ni papa. Intentaré enterarme algún día, para ponerlo en mi currículum, que seguro que da caché, oye.

Y ahora que ya os he contado mi secreto para sacar tiempo de debajo de las piedras, os dejo que tengo mucho por hacer y ngaghohgbrtb briigtitrjjkññññññññññññ

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Un poquito más de mí

Un poquito más de mí

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Bueno, pues siguiendo con el juego que yo misma me he montado, hoy me toca desnudarme ante vosotros otro poquito más. Y pienso, a ver, ¿qué os podría contar acerca de mí que no sepáis ya?

Se me ocurre una cosita que todavía no sé si es una virtud o un defecto. Os dejo a vosotros mismos que juzguéis, si queréis hacerlo. Yo hace tiempo que dejé de hacer juicios de valores, así que… Es lo que hay y punto. Dicen las malas lenguas, sobre todo la de mi psiquiatra jajajaja, que soy una persona excesivamente metódica y exigente. Sobre todo exigente conmigo misma. Y lo cierto es que lleva razón, ¿qué queréis que os diga? Tengo un nivel de auto exigencia muy elevado, planifico todo lo que tiene que ver con el trabajo al detalle, y  me da muchísima rabia si no llego a alcanzar los objetivos propuestos. Que, por supuesto, tiene que rozar la excelencia. Alguna marca tenía que dejar en mi vida mi trabajo de números, donde la exactitud es primordial y el mínimo fallo trae consecuencias nefastas. Y mis objetivos son siempre muy ambiciosos, como os he dicho, a mí misma me exijo demasiado, tanto en el terreno laboral como en el personal. Hay veces que creo que soy superwoman, y… no lo soy, para naaaada.

Pero os cuento un secreto. Paradójicamente soy desordenada por naturaleza. Vivo dentro de un caos en el que me siento segura, porque dentro del desorden yo encuentro mi orden. Mil y una veces me he propuesto ser más ordenada, y mil y una veces he terminado fracasando, así que, ¿qué me queda? Pues aceptarme tal y como soy. Eso sí, siempre sé donde están las cosas, faltaría más jajajajaja. Si es que para mí es orden… aunque no lo parezca…

Por cierto, y dejando ya de desnudarme, hoy me he dado cuenta de que ya sois 990 personas maravillosas las que me estáis acompañando en mi particular aventura, que es mi mayor ilusión. Por eso había pensado ofreceros una sorpresa especial para cuando lleguemos a esa cifra tan bonita… ¡mil! Y fijaos que, teniendo una profesión en la que los números te saturan, fuera de ella no quiero verlos ni en pintura, así van las cuentas de mi casa, de culo… Pero ha dado la casualidad de que hoy me he fijado en esta cifra, ¿por casualidad? ¿O por causalidad? Bueno, el caso es que me apetece prepararos una sorpresa, que me habéis pillado generosa.

Os doy las gracias a todos y cada uno de las 990 maravillosas personas que ya sois parte de mi familia. Con vosotros es con quien puedo desnudar mi personalidad.

¡Besazos! ¡Se os quiere!

Un poquito más de mí

Un poquito más de mí
Imagen propia

Fijaos qué idea más tonta he tenido, será que me sobra el tiempo jajajaja. Pero la verdad es que me apetece mucho y me parece una experiencia muy bonita el poder compartir con vosotros algo más sobre mí, aunque creo que ya lo debéis de saber todo… o casi todo…

En primer lugar, lo primero que os quiero contar es algo muy trivial, pero, por algún motivo que desconozco, me da una rabia tremenda. Lo voy a soltar así, de golpe, como quien no quiere la cosa, sin anestesia, esperando que nadie se sienta ofendido:

Sí, lo confieso delante de todos vosotros: odio que me llamen Anita. Siempre he tenido una especial tirria a ese nombre y, aunque hay determinadas personas muy especiales a las que se lo permito, que son muy pocas y contadas con los dedos de una mano, aunque no os lo diga lo odio, y de qué manera.

Quizá ahora pueda resultarme ridículo utilizar ese diminutivo para mi nombre, ya que alcancé la tan temida cuarentena y, oye, no se está tan mal, pero que me llamen Anita a mi edad parece que me chirría un poco. Aunque lo cierto es que es algo que vengo arrastrando toda la vida, era oír decir Anita y mi mente, rauda y veloz cual centella (fijaos qué bien hilado, ¿eh? jajaja) en el cielo, respondía con acento de retintín, Anita dinamita. Jajajaja.

Os invito y os pido por favor que me llaméis Ana, Anuski, Anuchi… como prefiráis, pero siempre mejor que Anita

Así que, como  alguien vuelva a llamarme  Anita, tarde o temprano, ¡tarjeta roja y expulsión! Jajajaja, es broma.

Esto es todo por hoy, la semana que viene más. Y lo cierto es que me siento como en una partida de streap-póker, hasta que me quede sin prendas que me cubran, y me muestre tal cual soy. Al natural.

PD: A raíz de mi entrada de hace unos días, en la cual realizaba un ejercicio literario que trataba sobre tu vida diez años después, he recibido bastantes felicitaciones por mi cumpleaños. Os lo agradezco de corazón, en serio, pero solo quiero aclarar una pequeña cosa:

UN POQUITO MÁS DE MÍ

¡Era solo un ejercicio! Si todo lo que escribo estuviese basado en mi realidad, apaga y vámonos, jajajaja. Y es que, por si no tuviera yo suficiente con la crisis de los 40, que me echéis 50 ya es para ponerse a llorar directamente…

Así que repetid conmigo: Te llamas Ana y tienes 40 años, te llamas Ana y tienes 40 años…

Una pequeña nota de márketing

Una pequeña nota de márketing

PORTADA2

Queridos amigos, me paso por aquí tan solo un momento para recordaros que mi pequeña novela, “A este lado del Estrecho” verá la luz en papel dentro de muy poquito. Estoy ya dándole los últimos retoques y en breve lo enviaré a la editorial.

En cualquier caso, si os apetece vivir la historia de Marina y Víctor, sigue estando disponible en formato Kindle en Amazon, casi, casi, por menos de lo que cuesta un café. ¡Y lo feliz que me haríais!

Cuando tenga los ejemplares en papel estaré encantada de enviarlos dedicados personalmente de mi puño y preciosa letra, jajajaja.

Perdonad, pero es que si no lo digo yo… ¿Quién lo va a decir por mí?

¡Mil besos!

A este lado del Estrecho, pronto en papel

A este lado del Estrecho, pronto en papel

PORTADA2

Bueno, chicos, quería aguantar un poquito más para daros esta noticia, pero es que o la cuento o me da un patarraque. ¿Qué no sabéis lo que es un patarraque? Que me muero de las ganas.

Y sí, como habéis leído en el título, mi pequeña novela “A este lado del Estrecho”, en unos meses verá la luz en papel. ¡Tengo unas ganas de tenerla entre mis manos! De momento, me estoy dedicando a hacer revisiones, revisiones, revisiones, revisiones… ¡Que ya me estoy cansando de tantas revisiones! ¡Me la sé de memoria! Creo que ya voy por la última, así que…

En cuanto termine de hacer todas las correcciones y me hagan llegar el prólogo (que sí, va a tener prólogo, pero eso no os voy a contar todavía quién lo va a hacer jejejeje), sale en marcha para la editorial. ¿Que qué editorial? Adivinad.

A ESTE LADO DEL ESTRECHO, EN PAPEL

He apostado por ellos porque las referencias que me han dado han sido buenísimas, así que… Me lié la manta a la cabeza y dije, vamos Ana, que tú puedes. Y después de un añito, ¡al fin!, me he lanzado al papel. Como ya sabéis firmé el contrato de edición hace unos meses, así que ya solo queda que termine de perfilar mi novelita para que se pongan a trabajar. ¡Y qué ganas tengo!

La verdad es que estoy muy ilusionada, y espero poder compartir esta alegría con todos vosotros dentro de muy poquito. De momento, para el que la quiera, sigue estando disponible en Amazon. Pero, advierto, habrá cambios. Nada que altere la historia original, pero sí habrá algunos cambios. De algo me habrá tenido que servir este año que llevo aprendiendo, y lo que me queda…

De todas formas, os dejo el enlace a Amazon, por si os animáis. Tiene cuatro opiniones de cinco estrellitas… Lo digo por si os anima, jajajajaja.

Seguiré informando. ¡No os preocupéis!

Por último, pero no menos importante, quería aprovechar la ocasión para felicitar a nuestra amiga María del Mar Ponce, del blog Versos con vida propia, que hoy es su cumpleaños. ¡Muchísimas felicidades, amiga! En nombre de toda la comunidad bloguera, ¡te queremos un montón! Mil gracias por ser como eres y esperamos que hayas tenido un día muy, muy especial. Miles de besos para tu alma.

 

 

Sorpresas: Un pequeño adelanto, porque no me aguanto

Sorpresas: Un pequeño adelanto, porque no me aguanto

UN PEQUEÑO ADELANTO.pngLa semana pasada os contaba acerca de una serie de cambios que iba a introducir en mi vida, en mi actividad y que tenía todas mis ilusiones puestas en ellos.

Poquito a poco iréis viéndolas, pero la más importante de ellas es esta, que lo he intentado, de verdad que lo he intentado, pero es que no me aguanto.

En la foto de arriba veis una pequeña muestra de lo que me traigo entre manos. Y sí, el pasado lunes firmé mi primer contrato de edición. No sé qué saldrá de todo esto, quizá sea una gran locura, pero al fin me tiré a la piscina, que hacía tiempo lo tenía que haber hecho. Y hasta aquí puedo leer…

Y, por supuesto, más proyectos, colaboraciones e ideas que me bullen en mi loca cabecita.

Prometo manteneros informados. ¡Muchísimas gracias por todo el apoyo mostrado en estos días! ¡Mil besos!

Preparando sorpresas, ¡qué ilusión!

Preparando sorpresas, ¡qué ilusión!


Aunque parezca que estoy de vacaciones, ya veis que no, que sigo aquí al pie de cañón todos los días. Y aunque estoy disfrutando de largos descansos, que bien hacían falta, estoy trabajando en segundo plano en algo que es muy especial para mí.

De momento, vamos ampliando colaboraciones, ya iréis viendo. Pero para después del verano, os traeré una sorpresa que a mí, personalmente, me hace mucha, mucha, mucha, pero que mucha ilusión. Y a mi padre más, jajajaja.

Hasta aquí puedo leer, pero de verdad espero que os gusten todas las novedades que se avecinan, y espero seguir contando con todo vuestro cariño y apoyo, como hasta ahora. 

Parar, no paro. Pero con calma y mucho amor. 

Seguiremos informando…

CONTINUARÁ…