Los 52 golpes – Golpe #23 – “Pinceladas sobre mi piel”

PINCELADAS SOBRE MI PIEL

 

PINCELADAS SOBRE MI PIEL

Permanezco sentada según me has pedido. Llevo ya más de media hora en esta posición y no sé si podré aguantar mucho más tiempo. He de reconocer que cuando vine estaba un poco nerviosa, es la primera vez que hago un trabajo de este estilo, pero lo que jamás me hubiese imaginado era que me pasase lo que me está ocurriendo.

“Se necesita modelo para pintura erótica”, ponía en el anuncio que encontré por casualidad, tirado en el suelo frente a mi portal. No sé qué me impulsó a llamar al teléfono que venía impreso, supongo que me venció la curiosidad. Pero la curiosidad mató al gato, y ahora me encuentro en la situación que me encuentro.

Sentada sobre un pequeño taburete, por completo desnuda, llevo ya casi cuarenta y cinco minutos posando para ti. Las piernas abiertas, dejando mi sexo depilado completamente al descubierto. La espalda arqueada, empujando mis pechos hacia delante en una clara invitación. Y las manos enredadas en mi pelo, casi por casualidad. No me había sentido tan expuesta en la vida. Pero lo cierto es que me gusta.

Veo tus fuertes músculos realizar trazos tras el caballete y solo puedo desear que acabe este sufrimiento. Acalorada a más no poder, siento las gotas de sudor deslizarse por mi cuerpo. Mis pechos muestran unos pezones duros como piedras que apuntan hacia el cielo, esperando con ansia ser lamidos. Y mi sexo más mojado a cada minuto que pasa. Siento mis flujos recorrer mis piernas hacia abajo, y solo espero que no lo estés notando. O que sí lo notes y vengas hacia mí, no lo sé. Solo sé que nunca antes había llegado a tal nivel de excitación.

Te observo de reojo mientras continúas con tus pinceladas, con parsimonia, casi como si quisieras alargar mi sufrimiento. Debes tener unos diez años menos que yo, pero qué importa. Ahora mismo lo único que necesito es sofocar este calor que me está consumiendo por dentro. Creo que podría licuarme en el sitio. El sudor sigue mojando mi piel, resbalando y empapándome por completo en miles de diminutas gotas. Imposible disimular mi estado, ¿qué pensarás de mí?

Cuando oigo las palabras mágicas, “ya está terminado”, yo continúo en la misma posición de ofrecimiento, porque no sé si realmente ya puedo cambiar la postura. Te veo salir de detrás del caballete, pincel en mano, y compruebo con alegría que determinada parte de tu anatomía también se alegra de verme. Mi respiración se agita más, ya es prácticamente un jadeo, mientras te acercas con lentitud hacia mí.

“Eres una diosa, ¿sabes?”, me susurras al oído mientras recorres mi cuerpo con tu pincel cargado de la pintura roja que has estado usando sobre el lienzo. Suaves pinceladas sobre mi piel que me excitan aún más. De pronto te agachas, y comienzas a recoger con tu suave lengua los rastros de mi propio flujo que habían resbalado por mi pierna, lentamente, suavemente, hasta llegar al mismo centro de mi deseo.

No puedo evitar emitir un suspiro de satisfacción al sentir tu lengua juguetear conmigo. Pero tu malicia es evidente, porque continúas subiendo, muy, muy, despacio, deteniéndote en mi ombligo, hasta alcanzar mis pechos. Recibo tus caricias en uno de ellos mientras te introduces el otro en la boca, mordiendo con fuerza mi duro pezón. Creí llegar al clímax en ese mismo instante. Pero tu maldad no para y continúas subiendo, lamiéndome el cuello, hasta llegar a mi boca y mezclar tu lengua con la mía, mientras me incorporas de mi obligada postura.

Aprovecho la ocasión para quitarte la camiseta, mientras tú te vas despojando de pantalones y bóxer. ¡Por fin! Terminamos rodando por el suelo, mientras te alojas en mi interior con la fuerza de tu juventud. Como animales, restregándonos en pintura, logro alcanzar un orgasmo tan brutal que por poco rezo al Dios en que no creo. Aún así tú continúas con tu fuerza, haciéndome resbalar por el suelo, hasta que por fin logras alcanzar el clímax en mi interior mientras yo te acompaño con una réplica más modesta del anterior.

“¿Quieres ver la pintura?”, me preguntas mientras descansamos, recuperando respiraciones. “Claro”, le contesto. Se pone pie con un salto felino y me tiende una mano para acompañarme hasta el lienzo, hasta este momento de espaldas.

Un nuevo jadeo se me escapa cuando veo por primera vez la pintura. Ahí, representada de manera magistral estaba yo, en la postura que tanto tiempo había mantenido. Pero también estaba él, escondido tras de mí, besándome el cuello mientras acaricia mi pecho izquierdo e introduce un par de dedos en mi interior.

No puedo llegar a expresar con palabras lo que supuso para mí aquella primera experiencia. Eso sí, como imaginaréis, no fue la única vez que ejercí de musa para él. Nuestros encuentros se fueron repitiendo, y en breve vamos a inaugurar una exposición de pintura erótica solamente con mis cuadros.

Para que luego digan que no te puede cambiar la vida un pequeño papelito tirado en el suelo, frente a tu portal.

Ana Centellas. Junio 2017. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

Este relato es el número 23 para los 52 golpes, que espero os haya gustado. Los relatos 24 y 25 ya están disponibles y ya ando maquinando el 26…

Anuncios

8 comentarios en “Los 52 golpes – Golpe #23 – “Pinceladas sobre mi piel”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s