El relato del viernes: «El propósito»

Fuente: Pixabay

El propósito

Faltan tan solo unas horas para que termine el año y Cristina, encerrada en su habitación, se esmera en arreglarse. Tendido sobre la cama, el vestido elegido para la ocasión languidece a la espera mientras ella, tras aplicar una gruesa capa de máscara en sus pestañas, se observa en el espejo. Se sabe la misma, pero se siente diferente, de la misma forma en que también se ve distinta. Alguna arruguita nueva en torno a la mirada, quizás, pero también esta es más profunda, más madura, más enigmática. Y, sobre todo, con un brillo especial. Un brillo que transmite tranquilidad.

Termina de maquillarse y, antes de ponerse el vestido, que la espera impaciente, abre el primer cajón de la mesilla de noche. Su pequeña libreta, de hojas desgastadas y cubiertas descoloridas, lleva más tiempo esperándola que el pedazo de tela que hay sobre la cama. Es el mismo cuaderno que la acompaña desde la adolescencia. Un superviviente de sus múltiples mudanzas y de sus continuos cambios de vida. Hace tiempo que lo utiliza poco. Solo una vez al año, en un día como hoy, cuando revisa sus propósitos para el año que está a punto de terminar y escribe los nuevos.

Cristina toma entre sus manos la vieja libreta y le echa una ojeada antes de buscar la última página escrita. Frente a ella se van deslizando todas esas listas que ha ido elaborando año tras año. Cada vez son menos extensas. Pronto se dio cuenta de que la mayoría de aquellos buenos propósitos que se hacía continuaban pendientes un año después. Por eso, comenzó a reducir el listado de sus aspiraciones, centrándose cada vez más en logros muy concretos y que verdaderamente estuviese interesada en cumplir. Pese a ello, casi nunca lo lograba. Por no decir nunca. De hecho, jamás ha conseguido marcar como cumplida una lista completa de buenas intenciones.

Con el sutil nerviosismo que siempre la acompaña en este momento, por fin pone ante ella la lista del pasado año. Reconoce su cuidada caligrafía, esos trazos practicados con tanto mimo sobre el papel, y, por un instante, la invade la nostalgia. Suele ocurrirle, como si realmente fuese consciente del paso del tiempo justo en ese momento. El listado es breve y lo encara con una sonrisa. En silencio, se dispone a repasar cada uno de los puntos.

“Cuidarme más”, lee. Se levanta con una pícara sonrisa a echarse una mirada en el espejo. Gira sobre sí misma. Los cambios en la alimentación y el ejercicio físico que comenzó a hacer hace unos meses han contribuido a que su figura luzca más torneada y se sienta con más vitalidad. Además, cada semana ha reservado algo de tiempo para ella y ahora parece haberse reencontrado. Se sienta de nuevo sobre la cama, toma un bolígrafo del mismo cajón en el que guardaba la libreta y hace una anotación al lado. “Cumplido”.

“Formar una familia”. Ahora se le escapa una pequeña lágrima. Escucha con atención, entre las letras de los villancicos que se cuelan a través de la puerta cerrada, las voces felices de sus hijos que, en la planta baja, esperan la celebración de la Nochevieja con ilusión. Habían pasado varios años solos desde que su padre se marchó al extranjero sin volver a preocuparse por ellos. Cuando conoció a Damián, no imaginó que, en tan solo unos meses, iba a ganarse no solo su corazón, sino también el de sus pequeños. Sin duda, se sentía afortunada por ello. Tras limpiarse las lágrimas que amenazan con estropearle su recién estrenado maquillaje, anota, esta vez con mayúsculas: “Cumplido”. Y subraya su anotación con orgullo.

Solo queda un último propósito en su lista del año pasado. “Leer más”, dice su antigua caligrafía. Toma de la mesilla el libro que está leyendo, a falta de un par de capítulos para terminar, y echa un vistazo a su hermosa librería, que hizo instalar a comienzos de año y que se ha encargado de rellenar con decenas de títulos que siempre había querido leer. A un lado, reposan en el suelo los títulos pendientes. Así que toma de nuevo el bolígrafo y vuelve a anotarlo como cumplido.

La sonrisa de Cristina no puede ser más intensa. Por primera vez ha logrado cumplir todos esos propósitos que arrastraba de un año para otro. Ha llegado el momento de definir los del que está a punto de comenzar. Sin abandonar la sonrisa y sin pensarlo demasiado, apunta, con letras bien grandes y en una hoja nueva, un único deseo para la nueva vuelta al sol.

Cristina se siente bien. Se siente tranquila y, a la vez, poderosa. Toma el vestido, que continúa descansando sobre la cama, se lo pone y, tras un suspiro de satisfacción, abre la puerta de la habitación dispuesta a finalizar el año cumpliendo el único objetivo que se ha fijado para el que está a punto de comenzar: ser feliz.

Ana Centellas. Noviembre 2021. Derechos registrados.

El propósito por Ana Centellas se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

6 comentarios sobre “El relato del viernes: «El propósito»

  1. Durante el año he podido disfrutar, a mas no poder, de tus relatos. Por eso me siento complacido que me hayas dado la oportunidad de estar en tu blog. Te deseo un nuevo año que elimine todo mal para dar paso a la salud y la felicidad! Que el nuevo año sea especial, sorprendente y feliz. Un gran abrazo con el cariño de siempre.
    Manuel Angel

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